martes, 12 de abril de 2016

Lecturas sutiles Psicosomática

El término “psicosomático” es de gran actualidad y cada vez adquiere mayor relevancia, aunque tiene casi 200 años desde su introducción. Esta expresión involucra una acción de la psique sobre el cuerpo o lo contrario, es decir, el efecto ejercido en lo psíquico por parte del organismo.

Hablar de psicosomática implica pensar en la influencia psíquica de los trastornos orgánicos, también en el impacto de los traumas infantiles que predisponen a la enfermedad psicosomática del adulto. Sin embargo la relación no es lineal ni directa;

al contrario, son muchos los factores involucrados e incluso se puede pensar en la interacción personal y social, las influencias socio-estructurales y culturales, de las alteraciones y perturbaciones en la comunicación, de los avatares del vínculo madre- hijo, y de los acontecimientos críticos y estresantes que afectan a los estados de salud

y el bienestar.

Aun más, se piensa en enfermedades que son propias de los seres humanos y quizás de los animales domésticos pero diferentes de las enfermedades que padecen los animales en libertad. El origen de estos males hay que vincularlos al desarrollo de una forma de vida humana, en la que abundan constantes inhibiciones al desarrollo natural del psiquismo y una gran sobrecarga en la actividad, además del elevado nivel de conflicto y ansiedad en la vida emocional.

Dado que en ese tipo de vida coinciden factores socioambientales propios de una determinada cultura, a sus

patologías correspondería llamarlas “enfermedades

de la civilización”, pensando en consecuencia que están ligados de forma muy peculiar al desarrollo de la vida interpersonal y laboral de nuestra cultura.

En fin, si hay diferentes causas, las consecuencias también serán diversas, teniendo en cuenta la presencia

de síntomas físicos que manifiestan la presencia de una alteración orgánica de condición médica para la que no se encuentra explicación puramente fisiológica.

Pero también se debe pensar en las enfermedades somatopsíquicas, en las cuales las funciones corporales son capaces por sí mismas de incidir sobre la mente,

tanto en el caso de dolencias transitorias y ligeras

como cuando se presentan lesiones corporales permanentes y graves.

Debemos insistir que este es un proceso interactivo muy complejo y que al afectar polos tan diferentes y distantes como lo somático (organismo) y lo psíquico (mente) no acepta interpretaciones simplistas sobre todo en lo referente a su reversibilidad, pues se creería que tras la intervención del terapeuta se podría fácilmente resolver, pero la realidad muestra que una vez que el factor psicológico actúa como provocador, una vez provocada e instalada la enfermedad, ésta ya no resulta fácilmente reversible.

Es posible entender esta relación dual entre la mente

y el cuerpo como una gran fuerza (lo psíquico) que tira

de una cadena (lo orgánico), toda cadena se rompe por su eslabón más débil, ahora bien, este eslabón puede ser la piel, el aparato digestivo, los músculos, el corazón, etc. Es obvio entonces que la enfermedad psicosomática, producida por esa tensión mental no elaborada adecuadamente, se manifestará en diferentes órganos o estructuras corporales, según sea la parte más sensible y vulnerable de la persona.

NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre

la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com

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