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viernes, 24 de marzo de 2017
¿Pánico a estar sola?
“Benditos sean aquellos que no temen a la soledad. Que no se asustan con la propia compañía…Porque quien nunca está solo, no se conoce a sí mismo y quien no se conoce a sí mismo, comienza a temer el vacío, dice Paolo Cohelo sobre la soledad.
Y es que definitivamente es necesario aprender a conocerse y a disfrutar de la compañía de uno mismo, sin embargo hay muchas personas y en especial mujeres que no saben estar solas y a la sola idea de estarlo sienten pánico.
“Más vale un día de soledad que ciento de sociedad”, dijo la psicóloga Mercedes Bermejo, directora de Psicólogos Pozuelo, docente y presidenta del IMSIS (Instituto Madrileño de Sistémica Infanto Juvenil y otros sistemas) a la revista Cosmopolitan en el artículo “¿No sabes estar sola?
Es cierto que los seres humanos somos seres sociales, que disfrutamos de la compañía, que buscamos un sentido de pertenencia hacia un grupo, ya sea de amigos, familia, pareja, pero para la especialista, estar sola, va más allá de ser una persona con mayores o menores facilidades sociales: es algo completamente necesario para el bienestar personal.
“Es importante analizar de que está hecha nuestra autoestima, es decir, qué cosas nos hacen querernos a nosotras mismas. Una reflexión importante que requiere espacios de soledad porque es la única vía para conocerte, quererte y entenderte”, dice la psicóloga.
¿Por qué ayuda estar sola?
Carla Martínez Dantí brinda algunas pautas en “Cómo aprender a estar solo”, que ayudan a comprender por qué es importante aprender a disfrutar de nuestra propia compañía. Y la respuesta es sencilla según Martínez.
“Existen algunos periodos en los que necesitamos mirarnos a nosotras mismas, pausar la vida, conocernos mejor, valorarnos, querernos y aumentar nuestra autoestima. Como en cualquier relación, debemos alcanzar la armonía con nosotras, mantener con nuestro fuero interno una relación sana, dejando a un lado nuestras propias toxicidades”, dice Martínez.
Estar solo nos ayudará a ser menos dependientes de los demás y más independientes al tomar nuestras propias decisiones. “Estar sola te permitirá no depender emocionalmente de alguien, sino poder compartir las emociones con otra persona”, asegura.
La soledad no es algo negativo o, por lo menos, deberíamos intentar no verla así. Pasar un tiempo sola es un bonito periodo de aprendizaje del que podemos sacar cosas muy positivas. Para empezar, intenta dejar de pensar en que no estar en compañía es algo malo, deja a un lado ese sufrimiento y empieza a disfrutar de la soledad. No exijas a los demás, exígete a ti mismo.
Para aprender a estar sola debes saber depender de ti misma. Al final, tu vida la creas tú, la eliges tú, la conformas tú y la decides tú y aunque parezca una carga muy pesada, tú eres la propia responsable de tus actos. No debes acarrear a otras personas con tus problemas, con tus sueños o ilusiones... Pero sí puedes llegar a compartirlos. Piensa que alguien que no es feliz consigo misma, tiene pocas probabilidades de llegar a serlo estando acompañada, dice a tiempo de dar algunas pautas para conseguirlo, como por ejemplo que te arriesgues saliendo de tu zona de confort y te enfrentes a tus propios miedos. Propóntelo como si fuera un reto, haz una pequeña escapada sola, emprende un viaje sin compañía para aprender a estar contigo y conocer gente nueva, sal un día a tomar o a comer sola o quédate sola en casa. Cualquier situación es buena para probar cómo te sientes pasando ratos contigo mismo. ¡Independízate!
¿Pánico a estar sola?
Existen muchos miedos, pero debes estar alerta si tus temores no van más allá de lo normal. Mucha gente siente miedo al fracaso, a no ser aceptado, a hablar en público, etc., y muchos de éstos pueden convertirse en una fobia que es algo más complicado: fobia al compromiso, a las arañas, a las víboras, y una de las situación en particular que asusta y hasta genera pánico es la anuptofobia, el miedo a estar solo.
Por supuesto que este miedo en particular tiene también una explicación, sobre todo para las mujeres que han crecido en sociedades como la nuestra donde desde muy pequeñas con los típicos cuentos se inculca que el ideal de la vida es encontrar al príncipe y casarse con él para poder ser feliz. Entonces quienes están solas sobre todo por un tiempo muy prolongado o llegan a “cierta edad” que según la sociedad ya se debería estar casada, entonces las presiones aumentan y el miedo por su puesto se incrementa; de hecho esta debe ser, quizá, una de las razones por las que muchas mujeres sienten pánico a estar solas.
Sin embargo y pese a todas las presiones sociales esto está cambiando poco a poco, incluso con relación a la edad en la que una ya debería estar casada para no quedarse “a vestir santos”.
Es importante que como mujer tú misma cambies este pensamiento y tener presente que definitivamente es mejor estar sola que mal acompañada. Por tanto si estás sola, es tú momento, tú tiempo.
APRENDE A ESTAR SOLA
Amaya Lacarra, en su artículo ¿No sabes estar sola?, publicado en Cosmopolitan brinda 5 pautas para aprender a estar sola y que te ayudarán a conocerte y apreciarte mejor.
Sé tú mejor amiga. ¿Con quién es la persona que más tiempo vas a pasar en la vida? Contigo. Así que ya es hora de que te convenzas que ser tu mejor amiga, es lo mejor que puedes hacer por ti. Según Mercedes Bermejo la psicóloga consulta para este reportaje, es muy importante “intentar tener un diario o papel donde escribir ciertos asuntos: cómo estás, cómo te sientes, qué necesitas... es una manera de escucharte a ti misma”, dice la psicóloga.
Debes tener un compromiso con la soledad en las buenas y en las malas. “No recurras a la soledad sólo cuando estás triste o enfadada, dedícate ratos de soledad que puedas disfrutar”, aconseja la psicóloga. Y esto es muy cierto, se suele estar sola cuando quieres llorar o algo malo te ha sucedido, cuando en realidad deberías hacerlo también cuando cosas buenas te suceden o cuando quieres reflexionar sobre algo y en lugar de correr para buscar consejos o aprobaciones, podrías consultar contigo misma.
La psicóloga recomienda que te mimes y cumplas tus caprichos.
Convéncete de que vales por ti misma. No hace falta que alguien te diga que eres linda o inteligente. Tampoco es indispensable un grupo de amigos para disfrutar de un buen baile o una buena película. Bermejo, además, enfatiza que “tienes que decirte cosas bonitas al espejo sobre todo cuando estés algo más desanimada, como si estuvieras consolando a tu mejor amiga”.
Potencia siempre lo positivo. Sé lista: tienes que sacar a relucir lo mejor de ti y el primer paso es ser consciente de cuáles son tus mayores cualidades. “Escribe en un papel las cinco cosas que más te gusten sobre ti. Si no te salen, pídele a gente de tu entorno que te las recuerde”, recomienda la psicóloga. ¿Te consideras muy buena consejera? No dejes de ser ese apoyo cuando alguien lo necesite.
¿Sabes que eres el alma de la fiesta? Exprímelo hasta que te quedes sin fuerza. Solo así podrás dar siempre lo mejor de ti misma. Muestra y potencia la mejor versión de ti misma.
Consigue una rutina. ¿Dedicas media hora cada mañana a desayunar?, ¿ocho a trabajar? perfecto, pero no te olvides que requieres también unos minutos cada día para tu tarea más importante: quererte. “Busca todos los días tu momento, donde puedas reflexionar de cómo estás, cómo está tu cuerpo, qué necesitas...”. ¿Quién crees que es mejor que tú misma para escucharte?
CONSEJOS PARA APRENDER A ESTAR SOLO:
El portal enbuenasmanos.com brinda estos consejos:
• Asiste a psicoterapia si tu temor a estar sola es muy intenso y doloroso.
• Atrévete a estar sola, realiza actividades como: emprender un viaje corto, irte a vivir sola, salir a comer sola, ir al cine o quedarte en casa, etc.
• Quédate un momento totalmente quieta sin hacer otra cosa que pensar, haciendo una introspección, autoconocimiento y autoexploración.
• Baja el ritmo de tus actividades cotidianas para estar más tiempo contigo misma.
No es fácil pero si lo intentas poco a poco lograras aprender. Qué mejor compañía que estar con la persona más importante de tu vida, aquella con la que pasas cada momento, cada instante y cada experiencia que te toca vivir. Te sorprenderá lo bien que te sentirás al aprender a estar sola.
martes, 27 de septiembre de 2016
La soledad podría ser hereditaria
Según investigaciones de la Universidad de California en San Diego, en un estudio basado en la participación de más de 10.000 personas, la soledad puede estar conectada con lo que los seres humanos heredan de sus progenitores.
Además, el análisis científico arrojó que la soledad además de estar relacionada con la mala salud física y mental, también tiene secuelas asociadas con el neuroticismo o inestabilidad emocional y síntomas depresivos.
"Entre dos personas que tengan el mismo número de amigos y familiares cercanos, puede haber una que sienta que su estructura social no es adecuada, mientras que la otra siente que sí. Y eso es lo que entendemos por ‘predisposición genética a la soledad', indicó el profesor de psiquiatría de la UCSD, Abraham Palmer.
De esta manera, el estudio estuvo dirigido a explicar por qué la sensación de querer estar solos tiene una influencia genética, comprobando que su relación consta entre un 14 y un 27 por ciento.
Incluso se determinó que la que la soledad puede vincularse, a largo plazo, con la esquizofrenia, el trastorno bipolar y depresivo, que es la producción de dopamina u oxitócica en el sistema nervioso, según el informe del estudio por la UCSD.
jueves, 22 de septiembre de 2016
La soledad crónica es más peligrosa que el alcoholismo o la obesidad
La soledad crónica es más peligrosa que el alcoholismo o la obesidad y puede incluso matar, asegura el neurocientífico argentino Facundo Manes, autor de "Usar el cerebro", un libro en el que propone conocer la mente para vivir mejor.
"Sentirse solo es un mecanismo biológico como tener hambre o sed, pero la diferencia está en que una persona puede comer o beber y se acaban sus problemas, pero no puede salir a la calle y gritar 'quiero tener amigos'" para llenar ese vacío, dice. Manes, graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y fundador del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, ambos en Argentina. En el libro se explica con un lenguaje sencillo aspectos del "órgano más complejo" del ser humano como la conciencia, la inteligencia, la memoria, la toma de decisiones y las emociones. "Usar el cerebro" (Paidós), que escribió junto al periodista argentino Mateo Niro, no es el último libro de Manes, pero sí el que ha llegado a más lectores.
Después publicó "El cerebro argentino", por ahora sólo en su país. En su opinión, aunque los cerebros de argentinos, rusos, chinos o españoles son biológicamente similares, paradójicamente la ciencia ha demostrado que se puede hablar de un cerebro específico de un país, de una región, una ciudad o incluso un barrio. "Hoy sabemos que la cultura, las historias compartidas, las memorias colectivas y la gente que nos rodea crean esquemas mentales", dice para explicar el porqué de "Un cerebro argentino". La ciencia ha avanzado más en el conocimiento del cerebro en los últimos tiempos que en toda la historia anterior de la humanidad.
EL "COSTO" DEL ALZHEIMER
El Alzheimer es "una epidemia con un coste también político, económico y social impresionante", dice sobre esta enfermedad para la que todavía no hay cura. Si fuera un país estaría en el número 18 de la tabla por cantidad de "habitantes". Pero además de mantener bajos los niveles de colesterol y de la glucosa en la sangre y evitar la hipertensión, el tabaco, el estrés y el sobrepeso, hay que ser asiduos a las cosas que le hacen bien al cerebro como el ejercicio, la vida social, los desafíos intelectuales (aprender un idioma o tocar un instrumento musical) y procurar dormir bien, recomienda Facundo Manes, a sus amigos latinoamericanos.
"Sentirse solo es un mecanismo biológico como tener hambre o sed, pero la diferencia está en que una persona puede comer o beber y se acaban sus problemas, pero no puede salir a la calle y gritar 'quiero tener amigos'" para llenar ese vacío, dice. Manes, graduado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), es presidente de la World Federation of Neurology Research Group on Aphasia, Dementia and Cognitive Disorders y fundador del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) y el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, ambos en Argentina. En el libro se explica con un lenguaje sencillo aspectos del "órgano más complejo" del ser humano como la conciencia, la inteligencia, la memoria, la toma de decisiones y las emociones. "Usar el cerebro" (Paidós), que escribió junto al periodista argentino Mateo Niro, no es el último libro de Manes, pero sí el que ha llegado a más lectores.
Después publicó "El cerebro argentino", por ahora sólo en su país. En su opinión, aunque los cerebros de argentinos, rusos, chinos o españoles son biológicamente similares, paradójicamente la ciencia ha demostrado que se puede hablar de un cerebro específico de un país, de una región, una ciudad o incluso un barrio. "Hoy sabemos que la cultura, las historias compartidas, las memorias colectivas y la gente que nos rodea crean esquemas mentales", dice para explicar el porqué de "Un cerebro argentino". La ciencia ha avanzado más en el conocimiento del cerebro en los últimos tiempos que en toda la historia anterior de la humanidad.
EL "COSTO" DEL ALZHEIMER
El Alzheimer es "una epidemia con un coste también político, económico y social impresionante", dice sobre esta enfermedad para la que todavía no hay cura. Si fuera un país estaría en el número 18 de la tabla por cantidad de "habitantes". Pero además de mantener bajos los niveles de colesterol y de la glucosa en la sangre y evitar la hipertensión, el tabaco, el estrés y el sobrepeso, hay que ser asiduos a las cosas que le hacen bien al cerebro como el ejercicio, la vida social, los desafíos intelectuales (aprender un idioma o tocar un instrumento musical) y procurar dormir bien, recomienda Facundo Manes, a sus amigos latinoamericanos.
viernes, 29 de abril de 2016
La soledad está detras de varios males
Un nuevo estudio muestra que el aislamiento social incrementa alrededor de un 30 por ciento el riesgo de enfermedades cerebrovasculares y cardíacas, principales causas de mortalidad en los países desarrollados. Los autores advierten que estos resultados deberán servir para diseñar políticas sanitarias que impulsen el cuidado de las redes afectivas.
La ansiedad y la presión laboral pueden estar detrás de los ataques de corazón o los derrames cerebrales. A esta lista se une ahora la falta de afecto. Una investigación añade como factores de riesgo para estas enfermedades la soledad y una mala socialización.
Los autores del estudio publicado en Heart concluyen que los efectos del aislamiento social y afectivo incrementan hasta un 30 por ciento la posibilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o padecer una enfermedad coronaria. Este porcentaje es similar al derivado de otros aspectos psicosociales, como el estrés.
"Nuestro trabajo indica que el tratamiento de la soledad y el aislamiento social puede tener un papel importante en la prevención de dos de las principales causas de mortalidad en los países desarrollados", aseguran los autores del trabajo, de la Universidad Brigham Young de Utah (Estados Unidos).
El estudio
Los resultados se extraen del análisis a más de 181.000 personas, seleccionadas desde 16 bases de datos de estudios previos. Los investigadores monitorizaron entre tres y 21 años cómo la nutrición o las horas de sueño afectaban a sus relaciones sociales.
Muchas de estas personas presentaban coincidencias con las que establecer un perfil de paciente: varón, de 55 años, con hipertensión provocada por una situación personal complicada unida al aumento de la grasa corporal por el consumo de alimentos de baja calidad fuera de casa. De esta forma, los expertos infieren que una socialización positiva está directamente relacionada con un estilo de vida saludable.
Resultados
Durante el análisis, detectaron 4.628 complicaciones coronarias –ataques al corazón, anginas de pecho e incluso la muerte– y 3.002 derrames cerebrales. Estos datos suponen un riesgo del 29 y 32 por ciento, respectivamente.
A pesar de estas evidencias, los autores advierten que no se puede establecer una relación causa-efecto, ya que no se deben excluir el impacto de factores no analizados. Además, destacan que la “causalidad inversa” –personas con pocas redes afectivas pero sin trastorno alguno– incrementa el margen de error de los resultados.
"El cambio tan rápido en las formas de interacción interpersonal requiere de estudios que aborden cuestiones como si la socialización a través de Internet puede reemplazar el cara a cara y si altera las habilidad sociales”, afirman los investigadores.
La ansiedad y la presión laboral pueden estar detrás de los ataques de corazón o los derrames cerebrales. A esta lista se une ahora la falta de afecto. Una investigación añade como factores de riesgo para estas enfermedades la soledad y una mala socialización.
Los autores del estudio publicado en Heart concluyen que los efectos del aislamiento social y afectivo incrementan hasta un 30 por ciento la posibilidad de sufrir un accidente cerebrovascular o padecer una enfermedad coronaria. Este porcentaje es similar al derivado de otros aspectos psicosociales, como el estrés.
"Nuestro trabajo indica que el tratamiento de la soledad y el aislamiento social puede tener un papel importante en la prevención de dos de las principales causas de mortalidad en los países desarrollados", aseguran los autores del trabajo, de la Universidad Brigham Young de Utah (Estados Unidos).
El estudio
Los resultados se extraen del análisis a más de 181.000 personas, seleccionadas desde 16 bases de datos de estudios previos. Los investigadores monitorizaron entre tres y 21 años cómo la nutrición o las horas de sueño afectaban a sus relaciones sociales.
Muchas de estas personas presentaban coincidencias con las que establecer un perfil de paciente: varón, de 55 años, con hipertensión provocada por una situación personal complicada unida al aumento de la grasa corporal por el consumo de alimentos de baja calidad fuera de casa. De esta forma, los expertos infieren que una socialización positiva está directamente relacionada con un estilo de vida saludable.
Resultados
Durante el análisis, detectaron 4.628 complicaciones coronarias –ataques al corazón, anginas de pecho e incluso la muerte– y 3.002 derrames cerebrales. Estos datos suponen un riesgo del 29 y 32 por ciento, respectivamente.
A pesar de estas evidencias, los autores advierten que no se puede establecer una relación causa-efecto, ya que no se deben excluir el impacto de factores no analizados. Además, destacan que la “causalidad inversa” –personas con pocas redes afectivas pero sin trastorno alguno– incrementa el margen de error de los resultados.
"El cambio tan rápido en las formas de interacción interpersonal requiere de estudios que aborden cuestiones como si la socialización a través de Internet puede reemplazar el cara a cara y si altera las habilidad sociales”, afirman los investigadores.
sábado, 26 de marzo de 2016
Disfruta de la soledad
Cada vez hay más personas en el mundo que viven solas: de 153 millones en 1996 se pasó a 277 millones en 2011. En España, el 24,8% por ciento de los hogares están compuestos por una única persona, mientras que en Estados Unidos, alrededor de 31 millones de habitantes viven sin compañía alguna. Sin embargo, aunque la soledad es un fenómeno social que no para de crecer, todavía existe una creencia irracional muy extendida que dice que “estar solo” es algo malo, y son aún muchas, las personas que todavía la evitan.
Los seres humanos necesitamos unos de otros: somos criaturas sociales a las que nos gusta vivir en comunidad y compartir experiencias con los demás, por lo que socializar y conversar con otros son herramientas imprescindibles para forjar amistades y crecer como personas. Sin embargo, no podemos estar todo el tiempo en contacto con nuestros semejantes: necesitamos retirarnos para asimilar lo que hemos vivido a través de los demás para así lograr un buen equilibrio. El problema es que no estamos acostumbrados a gestionar la soledad como algo positivo. Tenemos miedo de enfrentarnos a nuestros pensamientos, temores, dudas y frustraciones. No queremos indagar en nosotros mismos por miedo a lo que podamos encontrar en nuestro interior.
Por eso, es muy importante desarrollar la capacidad de estar solo. Aprender a estar con nosotros mismos, sin más compañía que la de nuestros pensamientos puede convertirse en una experiencia muy agradable y enriquecedora. La soledad es un estado necesario para restablecer un nuevo orden. Nos ayuda a calmar la mente y a identificar las propias sensaciones, sentimientos y necesidades. En soledad nos reconectamos con nuestras emociones, ponemos en perspectiva nuestros miedos y apegos, y descubrimos recursos que creíamos no poseer.
Además, tampoco es cierto que la soledad sea sinónimo de aislamiento. Podemos pasar mucho tiempo solos y, sin embargo, no estar aislados. Hacer actividades en solitario no implica que tengamos que quedarnos encerrados en casa y abstenernos de hacer cosas que nos hagan disfrutar. Ir solos a ver un museo, al cine o a comer a un restaurante no tiene por qué ser menos entretenido que cuando lo hacemos acompañados.
Un estudio publicado en the Journal of Consumer Research ha comprobado que las personas disfrutan de ciertas actividades en solitario tanto o más como si las hiciesen en grupo. Además, el mismo estudio halló que el miedo que tienen las personas, de ser juzgadas y etiquetadas de forma negativa por los demás si son vistas disfrutando de tiempo libre a solas, es únicamente, un temor infundado, fruto de la tendencia que tenemos a creer que somos más observadas de lo que en realidad ocurre.
Por eso, es hora de deshacernos del estigma de la soledad y de encontrar el sentido y el placer de estar con nosotros mismos. Es imprescindible buscar un espacio donde poder parar y tomar un descanso de la interacción constante. Un espacio al que podamos recurrir para quitarnos el peso del día a día, recargar fuerzas y recuperar nuestro poder personal.
Los seres humanos necesitamos unos de otros: somos criaturas sociales a las que nos gusta vivir en comunidad y compartir experiencias con los demás, por lo que socializar y conversar con otros son herramientas imprescindibles para forjar amistades y crecer como personas. Sin embargo, no podemos estar todo el tiempo en contacto con nuestros semejantes: necesitamos retirarnos para asimilar lo que hemos vivido a través de los demás para así lograr un buen equilibrio. El problema es que no estamos acostumbrados a gestionar la soledad como algo positivo. Tenemos miedo de enfrentarnos a nuestros pensamientos, temores, dudas y frustraciones. No queremos indagar en nosotros mismos por miedo a lo que podamos encontrar en nuestro interior.
Por eso, es muy importante desarrollar la capacidad de estar solo. Aprender a estar con nosotros mismos, sin más compañía que la de nuestros pensamientos puede convertirse en una experiencia muy agradable y enriquecedora. La soledad es un estado necesario para restablecer un nuevo orden. Nos ayuda a calmar la mente y a identificar las propias sensaciones, sentimientos y necesidades. En soledad nos reconectamos con nuestras emociones, ponemos en perspectiva nuestros miedos y apegos, y descubrimos recursos que creíamos no poseer.
Además, tampoco es cierto que la soledad sea sinónimo de aislamiento. Podemos pasar mucho tiempo solos y, sin embargo, no estar aislados. Hacer actividades en solitario no implica que tengamos que quedarnos encerrados en casa y abstenernos de hacer cosas que nos hagan disfrutar. Ir solos a ver un museo, al cine o a comer a un restaurante no tiene por qué ser menos entretenido que cuando lo hacemos acompañados.
Un estudio publicado en the Journal of Consumer Research ha comprobado que las personas disfrutan de ciertas actividades en solitario tanto o más como si las hiciesen en grupo. Además, el mismo estudio halló que el miedo que tienen las personas, de ser juzgadas y etiquetadas de forma negativa por los demás si son vistas disfrutando de tiempo libre a solas, es únicamente, un temor infundado, fruto de la tendencia que tenemos a creer que somos más observadas de lo que en realidad ocurre.
Por eso, es hora de deshacernos del estigma de la soledad y de encontrar el sentido y el placer de estar con nosotros mismos. Es imprescindible buscar un espacio donde poder parar y tomar un descanso de la interacción constante. Un espacio al que podamos recurrir para quitarnos el peso del día a día, recargar fuerzas y recuperar nuestro poder personal.
lunes, 1 de febrero de 2016
Sentimientos de soledad...
La comunidad científica sabe desde hace mucho tiempo que pasar tiempo con seres queridos es bueno para la salud a largo plazo y que puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo, al contrario que la soledad, a la que se le relaciona con la hipertensión, la inflamación y un sistema inmunitario débil.
¿Por qué la soledad tiene tantos efectos negativos en la salud? Según un nuevo estudio, puede que una de las razones tenga que ver con la manera en la que la soledad provoca ciertos cambios celulares que nos hacen más susceptibles a infecciones víricas.
“Los sentimientos de soledad implican que se está en un entorno relativamente hostil y no en un entorno socialmente afín”, explicó a la edición estadounidense de The Huffington Post el doctor John Cacioppo, profesor de psicología y psicobiología de la Universidad de Chicago y coautor del estudio.
“En entornos socialmente afines la protección contra infecciones víricas es muy importante, mientras que en entornos hostiles es más importante la protección contra las bacterias”, explicó Cacioppo.
“El patrón de expresión genética en un entorno solitario disminuye la protección contra infecciones víricas y puede aumentar la protección contra infecciones bacterianas”. En otras palabras, como se explica en la revista Live Science, los cambios celulares que resultan en una tendencia hacia la protección contra las bacterias pueden suponer una disminución de la capacidad de protegerse contra infecciones víricas.
Estudio
Para este estudio, los investigadores analizaron la regulación de los leucocitos (que se encargan de proteger el organismo contra bacterias y virus) de 141 de adultos durante un periodo de 5 años, y de un grupo de macacos Rhesus que mostraban un comportamiento de aislamiento social.
Según la información que publicó el periódico The Telegraph, los investigadores se dieron cuenta de que se había producido un aumento de la actividad en los genes que producían inflamación y un descenso de la actividad en los que ayudaban a combatir enfermedades en los adultos que se sentían solos y en los macacos.
Los científicos también descubrieron que en los macacos la soledad provoca que el cuerpo produzca respuestas de estrés agudo, algo que puede afectar a las defensas antivíricas.
Según Live Science, cuando los investigadores inyectaron a los macacos el virus de inmunodeficiencia en simios, el virus se desarrolló más rápidamente en los monos identificados como aislados socialmente que en los macacos que no se sentían “solos”. Esto puede deberse a que el sistema inmunitario libera monocitos, un tipo de glóbulos blancos relacionados con altos niveles de proteínas inflamatorias y bajos niveles de proteínas antivíricas.
“Los leucocitos son los encargados de luchar contra las infecciones. Es fascinante que la soledad cause una disminución de su producción”, explico el Dr. Matthew Lorber.
Aislamiento
Los investigadores llegaron a la conclusión de que la inflamación y las respuestas antivíricas deficientes contribuyen a los efectos perjudiciales que tiene la soledad en la salud. Estos resultados parecen corroborar estudios anteriores que afirman que, para los adultos, el aislamiento social puede aumentar un 14 por ciento el riesgo de muerte prematura.
Este estudio demuestra que la soledad provoca una reacción fisiológica en las personas”, declaró a la cadena de televisión estadounidense CBS el doctor Matthew Lorber, director en funciones del psiquiátrico para niños y adolescentes del Lenox Hill Hospital (Nueva York), y que no participó en la reciente investigación.
“Es el primer estudio que he visto que ha indagado en la relación entre la soledad, la disminución de producción de leucocitos (células que participan en la defensa del organismo) y el aumento de producción de monocitos inmaduros”, afirmó Lorber. “Los leucocitos son los encargados de luchar contra las infecciones. Es fascinante que la soledad cause una disminución de su producción”.
Pero, para ser sinceros, el estudio no llega a demostrar nada. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido señaló recientemente en un artículo que “no se ha demostrado que los seres humanos aislados socialmente sean más propensos a contraer enfermedades o a morir prematuramente. [...] La soledad y el aislamiento social son unos sentimientos muy complejos que pueden verse influenciados por distintas circunstancias”.
Aun así, el centro reconoció que “según este estudio y algunos realizados anteriormente, la soledad y el aislamiento social sí que parecen estar relacionados, de alguna manera, con las enfermedades”.
Los investigadores afirman que pretenden seguir analizando cómo afecta la soledad a la salud y cómo se puede prevenir su efecto en los adultos.
En adolescentes
Un grupo de investigadores de las universidades de Gante, Lovaina (ambas de Bélgica) y Duke (Estados Unidos), han realizado un estudio en el que se hizo el seguimiento con encuestas periódicas entre 730 jóvenes belgas de entre 15 y 18 años, y se ha establecido que un pequeño grupo se siente siempre desconectado de la gente de su edad. Podría decirse que sufren “soledad crónica”.
Como han detectado los psicólogos, el problema de estas personas es que cuando reciben estímulos sociales –son invitados a una fiesta, pongamos por caso– lo atribuyen a una casualidad. El mérito propio está descartado, y creen que su soledad es una consecuencia directa de sus defectos y debilidades. Les hagan caso o no, su sensación de exclusión aumenta.
Precisamente, la adolescencia es una edad en la que las relaciones interpersonales se intensifican y se crean lazos más estrechos, lo que vuelve este problema especialmente dramático para quienes lo sufren. Su actitud negativa hace que se convierta en un círculo vicioso del que les cuesta salir.
Los investigadores ahora se proponen averiguar cuándo se convierte el sentimiento de soledad en algo permanente para poder identificar las señales y atajarlo así a tiempo. Los resultados de la investigación han sido publicados en la revista Journal of Personality and Social Psychology.
¿Por qué la soledad tiene tantos efectos negativos en la salud? Según un nuevo estudio, puede que una de las razones tenga que ver con la manera en la que la soledad provoca ciertos cambios celulares que nos hacen más susceptibles a infecciones víricas.
“Los sentimientos de soledad implican que se está en un entorno relativamente hostil y no en un entorno socialmente afín”, explicó a la edición estadounidense de The Huffington Post el doctor John Cacioppo, profesor de psicología y psicobiología de la Universidad de Chicago y coautor del estudio.
“En entornos socialmente afines la protección contra infecciones víricas es muy importante, mientras que en entornos hostiles es más importante la protección contra las bacterias”, explicó Cacioppo.
“El patrón de expresión genética en un entorno solitario disminuye la protección contra infecciones víricas y puede aumentar la protección contra infecciones bacterianas”. En otras palabras, como se explica en la revista Live Science, los cambios celulares que resultan en una tendencia hacia la protección contra las bacterias pueden suponer una disminución de la capacidad de protegerse contra infecciones víricas.
Estudio
Para este estudio, los investigadores analizaron la regulación de los leucocitos (que se encargan de proteger el organismo contra bacterias y virus) de 141 de adultos durante un periodo de 5 años, y de un grupo de macacos Rhesus que mostraban un comportamiento de aislamiento social.
Según la información que publicó el periódico The Telegraph, los investigadores se dieron cuenta de que se había producido un aumento de la actividad en los genes que producían inflamación y un descenso de la actividad en los que ayudaban a combatir enfermedades en los adultos que se sentían solos y en los macacos.
Los científicos también descubrieron que en los macacos la soledad provoca que el cuerpo produzca respuestas de estrés agudo, algo que puede afectar a las defensas antivíricas.
Según Live Science, cuando los investigadores inyectaron a los macacos el virus de inmunodeficiencia en simios, el virus se desarrolló más rápidamente en los monos identificados como aislados socialmente que en los macacos que no se sentían “solos”. Esto puede deberse a que el sistema inmunitario libera monocitos, un tipo de glóbulos blancos relacionados con altos niveles de proteínas inflamatorias y bajos niveles de proteínas antivíricas.
“Los leucocitos son los encargados de luchar contra las infecciones. Es fascinante que la soledad cause una disminución de su producción”, explico el Dr. Matthew Lorber.
Aislamiento
Los investigadores llegaron a la conclusión de que la inflamación y las respuestas antivíricas deficientes contribuyen a los efectos perjudiciales que tiene la soledad en la salud. Estos resultados parecen corroborar estudios anteriores que afirman que, para los adultos, el aislamiento social puede aumentar un 14 por ciento el riesgo de muerte prematura.
Este estudio demuestra que la soledad provoca una reacción fisiológica en las personas”, declaró a la cadena de televisión estadounidense CBS el doctor Matthew Lorber, director en funciones del psiquiátrico para niños y adolescentes del Lenox Hill Hospital (Nueva York), y que no participó en la reciente investigación.
“Es el primer estudio que he visto que ha indagado en la relación entre la soledad, la disminución de producción de leucocitos (células que participan en la defensa del organismo) y el aumento de producción de monocitos inmaduros”, afirmó Lorber. “Los leucocitos son los encargados de luchar contra las infecciones. Es fascinante que la soledad cause una disminución de su producción”.
Pero, para ser sinceros, el estudio no llega a demostrar nada. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido señaló recientemente en un artículo que “no se ha demostrado que los seres humanos aislados socialmente sean más propensos a contraer enfermedades o a morir prematuramente. [...] La soledad y el aislamiento social son unos sentimientos muy complejos que pueden verse influenciados por distintas circunstancias”.
Aun así, el centro reconoció que “según este estudio y algunos realizados anteriormente, la soledad y el aislamiento social sí que parecen estar relacionados, de alguna manera, con las enfermedades”.
Los investigadores afirman que pretenden seguir analizando cómo afecta la soledad a la salud y cómo se puede prevenir su efecto en los adultos.
En adolescentes
Un grupo de investigadores de las universidades de Gante, Lovaina (ambas de Bélgica) y Duke (Estados Unidos), han realizado un estudio en el que se hizo el seguimiento con encuestas periódicas entre 730 jóvenes belgas de entre 15 y 18 años, y se ha establecido que un pequeño grupo se siente siempre desconectado de la gente de su edad. Podría decirse que sufren “soledad crónica”.
Como han detectado los psicólogos, el problema de estas personas es que cuando reciben estímulos sociales –son invitados a una fiesta, pongamos por caso– lo atribuyen a una casualidad. El mérito propio está descartado, y creen que su soledad es una consecuencia directa de sus defectos y debilidades. Les hagan caso o no, su sensación de exclusión aumenta.
Precisamente, la adolescencia es una edad en la que las relaciones interpersonales se intensifican y se crean lazos más estrechos, lo que vuelve este problema especialmente dramático para quienes lo sufren. Su actitud negativa hace que se convierta en un círculo vicioso del que les cuesta salir.
Los investigadores ahora se proponen averiguar cuándo se convierte el sentimiento de soledad en algo permanente para poder identificar las señales y atajarlo así a tiempo. Los resultados de la investigación han sido publicados en la revista Journal of Personality and Social Psychology.
viernes, 25 de diciembre de 2015
¿Sola en Navidad?
Nuestro imaginario asocia la Navidad a la familia pero… ¿Qué ocurre cuando estamos solos? Un experto analiza la soledad en unas fiestas en las que es necesario romper con lo establecido y con las expectativas. Hay que ponerse en pie, estar activos y disfrutar.
Ya sea por causa del trabajo, los estudios o la propia familia, miles de personas pasarán las navidades “sin los suyos”, lo que les obligará a combatir el folclore de estas fechas, asociado tradicionalmente a la familia.
“Parece que si uno se salta la norma y está solo en estas fiestas comete un sacrilegio, es hora de que cada uno piense en la Navidad sobre sí mismo”, señala el psicólogo experto en intervención social Sergio García,
Dentro del protocolo social, hay que diferenciar entre aquellos que lo incumplen, en su intención de evitar dicho compromiso, los que se ven obligados a vivirlo y aquellas personas que no pueden pasar la Navidad con su familia, aún siendo este su deseo.
En todos estos casos, disfrutar de las navidades depende del concepto de soledad que se posea, ya que para unas personas, estar solas supone una situación complicada, pero para otras, “aunque no estén con su familia físicamente, se sienten arropadas porque llevan a la familia dentro”, destaca el experto.
¿Soledad buscada o impuesta?
Cuando la Navidad se comprende como un periodo familiar, querer vivirla de forma diferente, en soledad, supone una contradicción. Sin embargo, para algunas personas, lo contradictorio se encuentra en la obligación de tener que salir de un marco de seguridad en el que están cómodos.
“Si uno se lleva bien con la familia, la Navidad hace que te reúnas con ellos, pero si uno vive solo, este compromiso puede suponer un escalón al que no se está acostumbrado”, afirma.
La imposición de una Navidad sociable puede generar estrés, ansiedad o confrontación con la persona que considera que le ha obligado a vivir este periodo de una determinada manera, debido a que los compromisos pueden evitar el “mutis vital”: una reflexión detenida sobre cómo ha transcurrido el año.
Estos síntomas también se pueden padecer cuando las personas que comprenden la soledad como abandono y las navidades como familia, se ven obligados a celebrar este periodo sin sus seres queridos.
“La ruptura de esta expectativa puede generar irritabilidad, lloros o la exteriorización de emociones con mayor frecuencia”, añade el experto.
Para eludir respuestas artificiales, como evitar cualquier elemento navideño mediante la creación de “una habitación psicológica donde no se celebra la Navidad”, el doctor Sergio García aconseja afrontar la situación y “unirse, cada uno a su modo, a lo que supone el mensaje navideño”.
Consejos para disfrutar de la Navidad con nosotros mismos
Vivir la Navidad de 2014 supone olvidarse de las navidades anteriores y, sobre todo, de la idea de cómo tiene que ser el periodo navideño, ya que no tiene que parecerse a los anuncios o a la Navidad de cuando se tenía 15 años.
Esta idea se complica cuando se vive en otro país, “donde no tienes el apoyo de las relaciones”, o en personas mayores “que ven como han cuidado más a su familia que a ellos mismos”, afirma.
La ruptura de su plan de vida, al verse solos tras dedicar todos sus esfuerzos en criar a sus hijos, supone una complicación añadida. Por ello, para sobrellevar una soledad navideña que, según la especialista en servicios de tele-asistencia Atenzia, afectará este año a una de cada cinco personas mayores de 65 años, es necesario un trabajo psicológico para paliar la frustración y la baja autoestima.
DISFRUTA DE TU COMPAÑÍA
Ya seas una introvertida o extrovertida, pasar tiempo a solas siempre es bueno y beneficioso, así que aprovecha y saca el máximo provecho de esto. Estar contigo misma y sin distracciones te da el chance de aclarar tu mente, resolver problemas y descansar esa mente que siempre esta a mil revoluciones.
En el caso de las personas jóvenes, el experto en intervención social, Sergio García, recomienda “hacer un planning” para salir de casa y disfrutar de su ocio:
Buscar eventos en teatros o conciertos.
Aprovechar la liberación del horario laboral para realizar aquello que se quería hacer pero que no se ha hecho.
Realizar llamadas a gente querida.
Mimarse, por ejemplo, con una noche en un hotel o una sesión de spa.
Disfrutar de las amistades.
“La familia en el fondo también son los amigos, por eso son fundamentales, aunque no se llamen papá y mamá”, añade.
La Navidad se trata de estar juntos, pero sobre todo de disfrutar, un aspecto al que ayudaría “relativizar el concepto de familia y el de soledad, ya que, hoy en día, con las nuevas tecnologías, estar cerca o lejos se ha desdibujado”, destaca el psicólogo.
Ya sea por causa del trabajo, los estudios o la propia familia, miles de personas pasarán las navidades “sin los suyos”, lo que les obligará a combatir el folclore de estas fechas, asociado tradicionalmente a la familia.
“Parece que si uno se salta la norma y está solo en estas fiestas comete un sacrilegio, es hora de que cada uno piense en la Navidad sobre sí mismo”, señala el psicólogo experto en intervención social Sergio García,
Dentro del protocolo social, hay que diferenciar entre aquellos que lo incumplen, en su intención de evitar dicho compromiso, los que se ven obligados a vivirlo y aquellas personas que no pueden pasar la Navidad con su familia, aún siendo este su deseo.
En todos estos casos, disfrutar de las navidades depende del concepto de soledad que se posea, ya que para unas personas, estar solas supone una situación complicada, pero para otras, “aunque no estén con su familia físicamente, se sienten arropadas porque llevan a la familia dentro”, destaca el experto.
¿Soledad buscada o impuesta?
Cuando la Navidad se comprende como un periodo familiar, querer vivirla de forma diferente, en soledad, supone una contradicción. Sin embargo, para algunas personas, lo contradictorio se encuentra en la obligación de tener que salir de un marco de seguridad en el que están cómodos.
“Si uno se lleva bien con la familia, la Navidad hace que te reúnas con ellos, pero si uno vive solo, este compromiso puede suponer un escalón al que no se está acostumbrado”, afirma.
La imposición de una Navidad sociable puede generar estrés, ansiedad o confrontación con la persona que considera que le ha obligado a vivir este periodo de una determinada manera, debido a que los compromisos pueden evitar el “mutis vital”: una reflexión detenida sobre cómo ha transcurrido el año.
Estos síntomas también se pueden padecer cuando las personas que comprenden la soledad como abandono y las navidades como familia, se ven obligados a celebrar este periodo sin sus seres queridos.
“La ruptura de esta expectativa puede generar irritabilidad, lloros o la exteriorización de emociones con mayor frecuencia”, añade el experto.
Para eludir respuestas artificiales, como evitar cualquier elemento navideño mediante la creación de “una habitación psicológica donde no se celebra la Navidad”, el doctor Sergio García aconseja afrontar la situación y “unirse, cada uno a su modo, a lo que supone el mensaje navideño”.
Consejos para disfrutar de la Navidad con nosotros mismos
Vivir la Navidad de 2014 supone olvidarse de las navidades anteriores y, sobre todo, de la idea de cómo tiene que ser el periodo navideño, ya que no tiene que parecerse a los anuncios o a la Navidad de cuando se tenía 15 años.
Esta idea se complica cuando se vive en otro país, “donde no tienes el apoyo de las relaciones”, o en personas mayores “que ven como han cuidado más a su familia que a ellos mismos”, afirma.
La ruptura de su plan de vida, al verse solos tras dedicar todos sus esfuerzos en criar a sus hijos, supone una complicación añadida. Por ello, para sobrellevar una soledad navideña que, según la especialista en servicios de tele-asistencia Atenzia, afectará este año a una de cada cinco personas mayores de 65 años, es necesario un trabajo psicológico para paliar la frustración y la baja autoestima.
DISFRUTA DE TU COMPAÑÍA
Ya seas una introvertida o extrovertida, pasar tiempo a solas siempre es bueno y beneficioso, así que aprovecha y saca el máximo provecho de esto. Estar contigo misma y sin distracciones te da el chance de aclarar tu mente, resolver problemas y descansar esa mente que siempre esta a mil revoluciones.
En el caso de las personas jóvenes, el experto en intervención social, Sergio García, recomienda “hacer un planning” para salir de casa y disfrutar de su ocio:
Buscar eventos en teatros o conciertos.
Aprovechar la liberación del horario laboral para realizar aquello que se quería hacer pero que no se ha hecho.
Realizar llamadas a gente querida.
Mimarse, por ejemplo, con una noche en un hotel o una sesión de spa.
Disfrutar de las amistades.
“La familia en el fondo también son los amigos, por eso son fundamentales, aunque no se llamen papá y mamá”, añade.
La Navidad se trata de estar juntos, pero sobre todo de disfrutar, un aspecto al que ayudaría “relativizar el concepto de familia y el de soledad, ya que, hoy en día, con las nuevas tecnologías, estar cerca o lejos se ha desdibujado”, destaca el psicólogo.
martes, 15 de diciembre de 2015
Fatídica soledad: Un estudio muestra los efectos del aislamiento
Para los animales sociales como los humanos, la soledad suele ser un estado patológico. De hecho, existe una relación entre aislamiento y enfermedad confirmada por centenares de estudios. Pero no está tan claro cómo se produce esta conexión. Recientemente, un grupo de investigadores estadounidenses ha demostrado que en las personas que se sienten solas los genes relacionados con el sistema inmunitario se expresan de forma que lo debilitan ante las infecciones oportunistas.
La soledad, en el sentido de aislamiento social no escogido, se ha relacionado tradicionalmente con impactos negativos en la salud mental. Suele ir aparejada de sentimientos de angustia, depresión y estrés. En el caso de los mayores, los que viven solos muestran un 14% de aumento del riesgo de muerte prematura, según un estudio del psicólogo de la Universidad de Chicago, John Cacioppo, autor de varios libros sobre la soledad y uno de los precursores de la llamada neurociencia social.
Cacioppo, junto a colegas de dos universidades californianas, ha indagado en los cambios a nivel genético que podría provocar la soledad. En particular, se centraron en la expresión de los genes (transcripción genética) que tienen que ver con la formación de los monocitos, los glóbulos blancos más grandes de los que dispone la sangre. Generados en la médula ósea, se dispersan por el torrente una vez madurados para convertirse en el armazón del sistema inmune. En un trabajo previo, este grupo de científicos había descubierto una conexión entre la soledad y un fenómeno que ellos llamaron respuesta transcripcional conservada ante la adversidad (CTRA, por sus siglas en inglés) y que se podría ver como la reacción genética a la soledad. Esta particular respuesta se manifiesta en una mayor expresión de los genes que intervienen en la inflamación, una de las señales de alerta ante la infección. En paralelo, se produce una menor expresión de los genes dedicados a la respuesta contra el virus.
Los investigadores han estudiado ahora esta respuesta tanto en un grupo de humanos como en ejemplares de macaco Rhesus (Macaca mulatta), uno de los primates más sociales que hay y para los que el aislamiento forzado es uno de los mayores castigos. Entre los humanos, 141 ciudadanos de Chicago (EEUU), la cuarta parte se reconoció socialmente aislada en la escala de la soledad que creó la Universidad de California Los Ángeles hace unas décadas. Y entre los macacos, estudiaron la posición y relaciones sociales de varias decenas de ellos para determinar cuáles se sentían solos. Una vez identificados, los científicos analizaron la expresión de varios genes relacionados con los monocitos en variados momentos de los cinco años que abarcó el estudio. Tal y como publican en PNAS, vieron que, aquellos que decían sentirse solos reproducían el fenómeno CTRA. Es decir, mostraban una programación genética caracterizada por un aumento de la respuesta inflamatoria a la par que un descenso de la expresión de los genes relacionados con la reacción ante los virus. “También hemos visto que vivir en soledad predice una expresión de los genes tipo CTRA medida un año más tarde”, señala Cacioppo.
Aún más sorprendente, la soledad y la expresión de los genes vinculados a los leucocitos parecen tener una relación recíproca, influyéndose la una a los otros. Es como si tener glóbulos blancos debilitados pudiera predecir cómo uno va a sentirse solo meses después. “Estos resultados son específicos del sentimiento de soledad y no se pueden explicar por una sintomatología depresiva, estrés o apoyo social”, explica el psicólogo. Con los estudios con macacos creen explicar cómo se produce esta conexión entre una situación social (la soledad) y su correlato físico (la salud). En la orina de monos catalogados como en soledad, los investigadores encontraron elevados niveles de restos de un neurotransmisor conocido como norepinefrina. Esta sustancia, que también funciona como hormona, interviene en el mantenimiento del estado de alerta ante las amenazas. Su rol en el sistema inmune consiste en estimular a las células madre de la médula ósea para que generen y pongan en circulación más y más monocitos que acaban en el torrente sanguíneo antes de tiempo. Comprobado el mecanismo celular que conecta soledad con sistema inmunitario, los investigadores fueron un poco más allá. Con sus datos de conducta y de expresión de los genes, infectaron a 17 macacos con el virus de inmunodeficiencia en simios, emparentado con el VIH de los humanos. Aunque la muestra no era muy grande, comprobaron que los macacos que se sentían solos mostraron una peor respuesta contra el virus. En cuanto a los humanos, aunque harán falta más estudios, Cacioppo recuerda que ya se ha demostrado que “las personas son más susceptibles a los virus de las vías respiratorias cuando están solas”.
La soledad, en el sentido de aislamiento social no escogido, se ha relacionado tradicionalmente con impactos negativos en la salud mental. Suele ir aparejada de sentimientos de angustia, depresión y estrés. En el caso de los mayores, los que viven solos muestran un 14% de aumento del riesgo de muerte prematura, según un estudio del psicólogo de la Universidad de Chicago, John Cacioppo, autor de varios libros sobre la soledad y uno de los precursores de la llamada neurociencia social.
Cacioppo, junto a colegas de dos universidades californianas, ha indagado en los cambios a nivel genético que podría provocar la soledad. En particular, se centraron en la expresión de los genes (transcripción genética) que tienen que ver con la formación de los monocitos, los glóbulos blancos más grandes de los que dispone la sangre. Generados en la médula ósea, se dispersan por el torrente una vez madurados para convertirse en el armazón del sistema inmune. En un trabajo previo, este grupo de científicos había descubierto una conexión entre la soledad y un fenómeno que ellos llamaron respuesta transcripcional conservada ante la adversidad (CTRA, por sus siglas en inglés) y que se podría ver como la reacción genética a la soledad. Esta particular respuesta se manifiesta en una mayor expresión de los genes que intervienen en la inflamación, una de las señales de alerta ante la infección. En paralelo, se produce una menor expresión de los genes dedicados a la respuesta contra el virus.
Los investigadores han estudiado ahora esta respuesta tanto en un grupo de humanos como en ejemplares de macaco Rhesus (Macaca mulatta), uno de los primates más sociales que hay y para los que el aislamiento forzado es uno de los mayores castigos. Entre los humanos, 141 ciudadanos de Chicago (EEUU), la cuarta parte se reconoció socialmente aislada en la escala de la soledad que creó la Universidad de California Los Ángeles hace unas décadas. Y entre los macacos, estudiaron la posición y relaciones sociales de varias decenas de ellos para determinar cuáles se sentían solos. Una vez identificados, los científicos analizaron la expresión de varios genes relacionados con los monocitos en variados momentos de los cinco años que abarcó el estudio. Tal y como publican en PNAS, vieron que, aquellos que decían sentirse solos reproducían el fenómeno CTRA. Es decir, mostraban una programación genética caracterizada por un aumento de la respuesta inflamatoria a la par que un descenso de la expresión de los genes relacionados con la reacción ante los virus. “También hemos visto que vivir en soledad predice una expresión de los genes tipo CTRA medida un año más tarde”, señala Cacioppo.
Aún más sorprendente, la soledad y la expresión de los genes vinculados a los leucocitos parecen tener una relación recíproca, influyéndose la una a los otros. Es como si tener glóbulos blancos debilitados pudiera predecir cómo uno va a sentirse solo meses después. “Estos resultados son específicos del sentimiento de soledad y no se pueden explicar por una sintomatología depresiva, estrés o apoyo social”, explica el psicólogo. Con los estudios con macacos creen explicar cómo se produce esta conexión entre una situación social (la soledad) y su correlato físico (la salud). En la orina de monos catalogados como en soledad, los investigadores encontraron elevados niveles de restos de un neurotransmisor conocido como norepinefrina. Esta sustancia, que también funciona como hormona, interviene en el mantenimiento del estado de alerta ante las amenazas. Su rol en el sistema inmune consiste en estimular a las células madre de la médula ósea para que generen y pongan en circulación más y más monocitos que acaban en el torrente sanguíneo antes de tiempo. Comprobado el mecanismo celular que conecta soledad con sistema inmunitario, los investigadores fueron un poco más allá. Con sus datos de conducta y de expresión de los genes, infectaron a 17 macacos con el virus de inmunodeficiencia en simios, emparentado con el VIH de los humanos. Aunque la muestra no era muy grande, comprobaron que los macacos que se sentían solos mostraron una peor respuesta contra el virus. En cuanto a los humanos, aunque harán falta más estudios, Cacioppo recuerda que ya se ha demostrado que “las personas son más susceptibles a los virus de las vías respiratorias cuando están solas”.
domingo, 6 de diciembre de 2015
Aislamiento, enemigo de la salud
El daño producido por la soledad es equiparable a fumarse quince cigarrillos diarios. Lo sostiene Julianne Holt-Lunstad, autora del estudio Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review. La razón, apunta, se encuentra en que la falta de relaciones sociales y afectivas hace aumentar el estrés y empuja a la persona a un estilo de vida menos saludable. Por el contrario, "cuando alguien se siente conectado a un grupo, se sabe responsable de otras personas y ese sentimiento de tener un objetivo, de tener un propósito, se traduce en cuidarse más y tomar menos riegos", afirma.
La investigación de la profesora Holt-Lunstad alerta sobre la gran cantidad de personas que viven solas en los países occidentales, en su mayoría ancianas. Solo en España, la cifra asciende a 1,5 millones, según datos de la Fundación Amigos de los Mayores.
"El derecho a un envejecimiento activo y saludable choca con la soledad a la que muchos se enfrentan y con las barreras arquitectónicas que tienen que sortear", señala Carlos Miguélez, responsable de Comunicación de Solidarios para el Desarrollo, una organización con programas de convivencia intergeneracional. "Estas barreras, el aislamiento y el miedo a que les pase algo les impide salir de su casa para dar un paseo, hacer la compra u otras actividades que cualquiera da por sentadas en su vida diaria. Al aislarse, se van distanciando de la vida real".
Es el caso de Jesús, que lleva 13 años sin salir de su casa por problemas de movilidad que le impiden bajar o subir escaleras. "Debido a mi patología paso mucho tiempo desconectado de la vida. Me ayuda una azotea grande que hay aquí, desde la que me asomo a la calle y respiro. Así es como conecto con el espacio exterior", cuenta.
Según concluye una investigación recogida en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), las personas mayores que apenas reciben visitas tienen un 50% más de posibilidades morir de forma prematura que aquellas que mantienen lazos sociales. El estudio pone el foco en el efecto que tiene la soledad sobre el cerebro.
"La soledad y el aislamiento social están relacionados con el declive de las funciones cognitivas y el riesgo de desarrollar enfermedades mentales", alega Andrew Steptoe, del University College London (UCL) y responsable de la investigación. "Debemos empezar a entender que la salud no es solo algo relativo al cuerpo, de si todos los órganos funcionan como deben, sino que también depende de la actividad social".
Los expertos aseguran que la comunicación humana es la esencia del normal funcionamiento del cerebro.
"La soledad impide una buena estimulación cerebral y el cerebro necesita de estímulos para fomentar la aparición de espinas sinápticas y generar plasticidad neuronal", explica José Luis Molinuevo, coordinador de la Unidad de Alzhéimer en el Hospital Clínic de Barcelona y director científico de la Fundación Pasqual Maragall.
Las relaciones sociales, advierte, son un poderoso estímulo tanto intelectual como emocional. Carecer de ellas, sin embargo, aumenta el riesgo de sufrir depresiones. Además, los efectos sobre el metabolismo y el sistema nervioso pueden empeorar la calidad del sueño.
A nivel fisiológico, la soledad también afecta el sistema cardiovascular. Se ha demostrado que sentirse aislado aumenta el riesgo de padecer enfermedades coronarias y que las personas solitarias tienen mayores valores de tensión arterial y frecuencia cardiaca. Los niveles de cortisol (hormona implicada en el estrés) también muestran valores superiores. Las personas con un menor apoyo en su entorno quizá precisen estar en alerta para controlar las posibles dificultades que surjan. Si a esto le sumamos las pérdidas de capacidades propias del envejecimiento, las posibilidades de que la persona mayor perciba soledad y desamparo se intensifican.
Para la psicóloga Andrea Henning "el calor humano es como el alimento. Los vínculos son esenciales para el desarrollo. Desde que somos niños necesitamos los cuidados de otros seres humanos para sobrevivir. Si no tienes ese estímulo, merman tus capacidades cognitivas y no nace la motivación", sostiene la especialista, quien repara en que la soledad en la que viven muchas personas mayores nos concierne a todos: "Nos afecta también a nosotros, a los jóvenes, porque nos estamos perdiendo un tesoro, que es su experiencia, sus biografías".
"Jamás hallé compañera más sociable que la soledad", decía el filósofo británico Henry David Thoreau. Así pues, la soledad es agradable cuando se tiene a alguien con quien compartirla.
La investigación de la profesora Holt-Lunstad alerta sobre la gran cantidad de personas que viven solas en los países occidentales, en su mayoría ancianas. Solo en España, la cifra asciende a 1,5 millones, según datos de la Fundación Amigos de los Mayores.
"El derecho a un envejecimiento activo y saludable choca con la soledad a la que muchos se enfrentan y con las barreras arquitectónicas que tienen que sortear", señala Carlos Miguélez, responsable de Comunicación de Solidarios para el Desarrollo, una organización con programas de convivencia intergeneracional. "Estas barreras, el aislamiento y el miedo a que les pase algo les impide salir de su casa para dar un paseo, hacer la compra u otras actividades que cualquiera da por sentadas en su vida diaria. Al aislarse, se van distanciando de la vida real".
Es el caso de Jesús, que lleva 13 años sin salir de su casa por problemas de movilidad que le impiden bajar o subir escaleras. "Debido a mi patología paso mucho tiempo desconectado de la vida. Me ayuda una azotea grande que hay aquí, desde la que me asomo a la calle y respiro. Así es como conecto con el espacio exterior", cuenta.
Según concluye una investigación recogida en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), las personas mayores que apenas reciben visitas tienen un 50% más de posibilidades morir de forma prematura que aquellas que mantienen lazos sociales. El estudio pone el foco en el efecto que tiene la soledad sobre el cerebro.
"La soledad y el aislamiento social están relacionados con el declive de las funciones cognitivas y el riesgo de desarrollar enfermedades mentales", alega Andrew Steptoe, del University College London (UCL) y responsable de la investigación. "Debemos empezar a entender que la salud no es solo algo relativo al cuerpo, de si todos los órganos funcionan como deben, sino que también depende de la actividad social".
Los expertos aseguran que la comunicación humana es la esencia del normal funcionamiento del cerebro.
"La soledad impide una buena estimulación cerebral y el cerebro necesita de estímulos para fomentar la aparición de espinas sinápticas y generar plasticidad neuronal", explica José Luis Molinuevo, coordinador de la Unidad de Alzhéimer en el Hospital Clínic de Barcelona y director científico de la Fundación Pasqual Maragall.
Las relaciones sociales, advierte, son un poderoso estímulo tanto intelectual como emocional. Carecer de ellas, sin embargo, aumenta el riesgo de sufrir depresiones. Además, los efectos sobre el metabolismo y el sistema nervioso pueden empeorar la calidad del sueño.
A nivel fisiológico, la soledad también afecta el sistema cardiovascular. Se ha demostrado que sentirse aislado aumenta el riesgo de padecer enfermedades coronarias y que las personas solitarias tienen mayores valores de tensión arterial y frecuencia cardiaca. Los niveles de cortisol (hormona implicada en el estrés) también muestran valores superiores. Las personas con un menor apoyo en su entorno quizá precisen estar en alerta para controlar las posibles dificultades que surjan. Si a esto le sumamos las pérdidas de capacidades propias del envejecimiento, las posibilidades de que la persona mayor perciba soledad y desamparo se intensifican.
Para la psicóloga Andrea Henning "el calor humano es como el alimento. Los vínculos son esenciales para el desarrollo. Desde que somos niños necesitamos los cuidados de otros seres humanos para sobrevivir. Si no tienes ese estímulo, merman tus capacidades cognitivas y no nace la motivación", sostiene la especialista, quien repara en que la soledad en la que viven muchas personas mayores nos concierne a todos: "Nos afecta también a nosotros, a los jóvenes, porque nos estamos perdiendo un tesoro, que es su experiencia, sus biografías".
"Jamás hallé compañera más sociable que la soledad", decía el filósofo británico Henry David Thoreau. Así pues, la soledad es agradable cuando se tiene a alguien con quien compartirla.
martes, 1 de diciembre de 2015
La soledad nos acerca a la muerte
Sentirse o estar solo es más que un sentimiento, especialmente para las personas más mayores. De hecho, el aislamiento social es un importante riesgo para la salud que puede aumentar el riesgo de muerte prematura en casi un 14%. Lo asegura una investigación que se publica en “PNAS” y que confirman los datos de estudios anteriores que ya habían sugerido que la soledad está vinculada a un mayor riesgo de enfermedad y mortalidad crónica: y la causa puede estar en las diferentes respuestas que tienen los ‘solitarios’ ante esta situación.
Desde hace tiempo se sabe que la soledad no es ‘la mejor de las compañeras’ pero hasta ahora solo se intuían los mecanismos celulares responsables de esta situación. Ahora un equipo de investigado-res de la Universidad de Chicago (EE.UU.) parece haber dado con algunos de los mecanismos implicados en las respuestas fisiológicas relacionadas con la enferme-dad algo que, a largo plazo, nos pueden hacer enfermar y, en última instancia, morir. Según el trabajo, la soledad influye en las vías de señalización del estrés, lo que puede acabar afectando a la producción de leucocitos en la sangre.
La investigación se ha realizado en humanos y en macacos rhesus, una especie muy sociable. El equipo de John Cacioppo, y sus colaboradores de la UCLA y del Centro de Investigación de California Nacional de Primates de la Universidad de California, ya había identificado previa-mente una asociación entre la soledad y un fenómeno que denominaron “respuesta transcripcional a la adversidad conserva-da” o CTRA. Dicha respuesta se caracteriza por un aumento de la expresión de los genes que están en la inflamación y en una disminución en la expresión de los genes que se relacionan con las respuestas antivirales. En esencia, las personas solitarias tenían una respuesta inmune menos eficaz y una mayor inflamación que las que eran menos solitarias.
GENES DE LEUCOCITOS
En el nuevo trabajo los investigadores han examinado la expresión de genes en los leucocitos, las células del sistema inmunológico que están implicadas en la protección del cuerpo contra las bacterias y los virus.
Como era de esperar, los leucocitos de los humanos y macacos solitarios mostraron los efectos de la CTRA: un aumento de la expresión de genes implicados en la inflamación y una disminución en la expresión de genes implicados en las respuestas antivirales. Pero el estudio también reveló algunas nuevas piezas importan-tes de información sobre el efecto soledad en el organismo.
En primer lugar, los investigadores encontraron que la soledad predecía el futuro de la expresión génica CTRA a largo plazo, un año o más. Además, curiosa-mente la expresión de genes CTRA también predijo la soledad a este mismo periodo, lo que sugiere que parece haber una relación recíproca entre el gen de leucocitos y la soledad de forma que ca-da uno puede ayudar a propagar el otro en el tiempo. Estos resultados eran específicos para la soledad; ni la depresión, el estrés o el apoyo social podían explicarlos.
A continuación, el equipo investigó los procesos celulares que relacionan la experiencia social con la expresión génica de CTRA en los macacos rhesus que habían sido clasificados como asociales. Y al igual que en los seres humanos solitarios, los animales solitarios mostraron mayor actividad de CTRA y niveles más altos de un neurotransmisor, la norepinefrina.
LOS RESULTADOS SON ESPECÍFICOS PARA LA SOLEDAD; NI LA DEPRESIÓN, EL ESTRÉS O EL APOYO SOCIAL PODÍAN EXPLICARLOS
Se sabe que la norepinefrina puede estimular las células madre de la sangre en la médula ósea para fabricar un tipo particular de célula inmune, los monocitos inmaduros con altos niveles de ex-presión de genes inflamatorios y bajos niveles de expresión de los genes antivi-rales. Tanto los seres humanos como los monos ‘solitarios’ tenían mayores niveles de este tipo de monocitos en sangre.
Por último, los investigadores determi-naron la relación entre los monocitos-CTRA y la salud. Así, trabajando en un modelo de mono con la expresión de los genes antivirales deteriorada vieron que en los monos ‘menos sociales’ infecta-dos con el virus de la inmunodeficiencia del simio (la versión del VIH en maca-cos) se producía una progresión más rápida de la infección en la sangre y el cerebro.
Los investigadores consideran que es-tos resultados apoyan un modelo ‘meca-nicista’ en el que la soledad parece ge-nerar una alteración de los mecanismos de estrés, lo que a su vez aumenta la producción de monocitos inmaduros, lo que conduce a la regulación de los ge-nes inflamatorios y a un deterioro de las respuestas antivirales. Además, dicho mecanismo es de ‘ida y vuelta’, ya que esta anómala situación celular puede favorecer el aislamiento, la soledad y por lo tanto la enfermedad y la muerte.
El equipo tiene previsto continuar la in-vestigación para determinar cómo la so-ledad provoca problemas de salud y có-mo dichos efectos se pueden prevenir en las personas mayores.
Desde hace tiempo se sabe que la soledad no es ‘la mejor de las compañeras’ pero hasta ahora solo se intuían los mecanismos celulares responsables de esta situación. Ahora un equipo de investigado-res de la Universidad de Chicago (EE.UU.) parece haber dado con algunos de los mecanismos implicados en las respuestas fisiológicas relacionadas con la enferme-dad algo que, a largo plazo, nos pueden hacer enfermar y, en última instancia, morir. Según el trabajo, la soledad influye en las vías de señalización del estrés, lo que puede acabar afectando a la producción de leucocitos en la sangre.
La investigación se ha realizado en humanos y en macacos rhesus, una especie muy sociable. El equipo de John Cacioppo, y sus colaboradores de la UCLA y del Centro de Investigación de California Nacional de Primates de la Universidad de California, ya había identificado previa-mente una asociación entre la soledad y un fenómeno que denominaron “respuesta transcripcional a la adversidad conserva-da” o CTRA. Dicha respuesta se caracteriza por un aumento de la expresión de los genes que están en la inflamación y en una disminución en la expresión de los genes que se relacionan con las respuestas antivirales. En esencia, las personas solitarias tenían una respuesta inmune menos eficaz y una mayor inflamación que las que eran menos solitarias.
GENES DE LEUCOCITOS
En el nuevo trabajo los investigadores han examinado la expresión de genes en los leucocitos, las células del sistema inmunológico que están implicadas en la protección del cuerpo contra las bacterias y los virus.
Como era de esperar, los leucocitos de los humanos y macacos solitarios mostraron los efectos de la CTRA: un aumento de la expresión de genes implicados en la inflamación y una disminución en la expresión de genes implicados en las respuestas antivirales. Pero el estudio también reveló algunas nuevas piezas importan-tes de información sobre el efecto soledad en el organismo.
En primer lugar, los investigadores encontraron que la soledad predecía el futuro de la expresión génica CTRA a largo plazo, un año o más. Además, curiosa-mente la expresión de genes CTRA también predijo la soledad a este mismo periodo, lo que sugiere que parece haber una relación recíproca entre el gen de leucocitos y la soledad de forma que ca-da uno puede ayudar a propagar el otro en el tiempo. Estos resultados eran específicos para la soledad; ni la depresión, el estrés o el apoyo social podían explicarlos.
A continuación, el equipo investigó los procesos celulares que relacionan la experiencia social con la expresión génica de CTRA en los macacos rhesus que habían sido clasificados como asociales. Y al igual que en los seres humanos solitarios, los animales solitarios mostraron mayor actividad de CTRA y niveles más altos de un neurotransmisor, la norepinefrina.
LOS RESULTADOS SON ESPECÍFICOS PARA LA SOLEDAD; NI LA DEPRESIÓN, EL ESTRÉS O EL APOYO SOCIAL PODÍAN EXPLICARLOS
Se sabe que la norepinefrina puede estimular las células madre de la sangre en la médula ósea para fabricar un tipo particular de célula inmune, los monocitos inmaduros con altos niveles de ex-presión de genes inflamatorios y bajos niveles de expresión de los genes antivi-rales. Tanto los seres humanos como los monos ‘solitarios’ tenían mayores niveles de este tipo de monocitos en sangre.
Por último, los investigadores determi-naron la relación entre los monocitos-CTRA y la salud. Así, trabajando en un modelo de mono con la expresión de los genes antivirales deteriorada vieron que en los monos ‘menos sociales’ infecta-dos con el virus de la inmunodeficiencia del simio (la versión del VIH en maca-cos) se producía una progresión más rápida de la infección en la sangre y el cerebro.
Los investigadores consideran que es-tos resultados apoyan un modelo ‘meca-nicista’ en el que la soledad parece ge-nerar una alteración de los mecanismos de estrés, lo que a su vez aumenta la producción de monocitos inmaduros, lo que conduce a la regulación de los ge-nes inflamatorios y a un deterioro de las respuestas antivirales. Además, dicho mecanismo es de ‘ida y vuelta’, ya que esta anómala situación celular puede favorecer el aislamiento, la soledad y por lo tanto la enfermedad y la muerte.
El equipo tiene previsto continuar la in-vestigación para determinar cómo la so-ledad provoca problemas de salud y có-mo dichos efectos se pueden prevenir en las personas mayores.
jueves, 4 de abril de 2013
La soledad mata
Estar solo puede ser peor de lo que a simple vista parece. Diversos estudios demuestran que la soledad aumenta el riesgo de muerte y no tener amigos es más perjudicial para la salud que llevar una vida sedentaria o, incluso, ser adictos al alcohol.
Según un estudio que analizó los hábitos de vida y comportamiento de más de 6.500 personas, y que se publica en Proceedings of the National of Sciences (PNAS), la soledad puede aumentar el riesgo de muerte entre las personas de edad, pero los efectos del aislamiento social sobre la salud podrían ser mayores que los de la soledad.
Andrew Steptoe y su equipo del University College (Reino Unido), analizaron los distintos efectos que tiene el aislamiento social y la soledad en el riesgo de muerte.
Así, estudiaron a 6.500 hombres y mujeres mayores de 52 años que formaban parte del Estudio Longitudinal de Envejecimiento Inglés en 2004, y evaluaron su riesgo de muerte en marzo de 2012.
Tener un contacto limitado con familiares, amigos y vecinos se consideraba aislamiento social; para valorar la soledad se empleó un cuestionario.
Muerte temprana
Según los investigadores, tanto el aislamiento social como la soledad eran factores predictores de una muerte temprana. Sin embargo, advierten, mientras que el aislamiento social predice la muerte, independientemente de la salud de los participantes y de su entorno, el vínculo entre la soledad y la muerte se limita a los participantes que ya padecían problemas mentales o físicos.
Los autores consideran que los resultados revelan que el aislamiento social actúa de forma independiente a la hora de minar la salud, al contrario que la soledad, que necesita de otros condicionantes.
Por eso, el trabajo sugiere que las personas mayores pueden beneficiarse de estrategias para combatir tanto el aislamiento social como la soledad y, así, las intervenciones que fomentan la interacción social puede promover la longevidad.
Estudios realizados en diferentes países revelan que la soledad aumenta el riesgo de muerte y la ausencia de amigos es perjudicial para la salud
Predispone a más enfermedades
La soledad no sólo no es buena consejera, también resta eficacia a la respuesta defensiva del organismo. Investigadores de la Universidad de California (EEUU) identificaron un patrón de expresión genética en las células del sistema inmune propio de quienes padecen altos niveles de soledad. Los resultados sugieren que el aislamiento social está normalmente ligado a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, infecciones virales y cáncer.
Más riesgo de enfermedades cardíacas e infecciones virales
Empeora la calidad del sueño
Las personas que se encuentran solas son más propensas a tener un sueño irregular, según un estudio estadounidense publicado en la revista "Sleep". La investigación, liderada por Lianne Kurina de la Universidad de Chicago (EEUU), se basó en los patrones de sueño, los sentimientos de soledad y la presión arterial de 95 personas que vivían en dos colonias de Hutterites en Dakota del Sur.
Beneficios de tener amigos
La amistad es un vínculo que proporciona la posibilidad de compartir experiencias, diversión, conocimientos, entre otras muchas cosas. Numerosos estudios revelan los beneficios que representan para la salud el tener amigos.
Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Brigham Young (EEUU), y publicado en PLoS Medicine, estimaba que la falta de relaciones sociales equivale a fumar más de 15 cigarros al día. Tras realizar un seguimiento a 300.000 personas durante siete años, demostraron que no tener amigos es más perjudicial para la salud que llevar una vida sedentaria o, incluso, ser adictos al alcohol.
La amistad ayuda a aumentar la longevidad. Tras realizar un seguimiento a 1.500 personas durante una década, científicos australianos revelaron de que en los individuos con un amplio círculo de amigos el riesgo de fallecer se reduce un 22 por ciento.
Un estudio de la Universidad de Duke (EEUU) con un millar de pacientes solteros afectados por patologías cardíacas reveló que, transcurridos cinco años, sólo sobrevivía el 50 por ciento de los enfermos que no contaban con un amigo de confianza, frente al 85 por ciento de supervivientes entre aquellos pacientes que tenían al menos una relación de amistad sólida.
El papel que juegan los amigos en la infancia es crucial. Por un lado, evita la obesidad porque, según un estudio publicado en Annals of Behavioral Medicine, “la socialización actúa como sustituto de la comida” y evita el abuso de alimentos que potencian el sobrepeso.
Según un estudio que analizó los hábitos de vida y comportamiento de más de 6.500 personas, y que se publica en Proceedings of the National of Sciences (PNAS), la soledad puede aumentar el riesgo de muerte entre las personas de edad, pero los efectos del aislamiento social sobre la salud podrían ser mayores que los de la soledad.
Andrew Steptoe y su equipo del University College (Reino Unido), analizaron los distintos efectos que tiene el aislamiento social y la soledad en el riesgo de muerte.
Así, estudiaron a 6.500 hombres y mujeres mayores de 52 años que formaban parte del Estudio Longitudinal de Envejecimiento Inglés en 2004, y evaluaron su riesgo de muerte en marzo de 2012.
Tener un contacto limitado con familiares, amigos y vecinos se consideraba aislamiento social; para valorar la soledad se empleó un cuestionario.
Muerte temprana
Según los investigadores, tanto el aislamiento social como la soledad eran factores predictores de una muerte temprana. Sin embargo, advierten, mientras que el aislamiento social predice la muerte, independientemente de la salud de los participantes y de su entorno, el vínculo entre la soledad y la muerte se limita a los participantes que ya padecían problemas mentales o físicos.
Los autores consideran que los resultados revelan que el aislamiento social actúa de forma independiente a la hora de minar la salud, al contrario que la soledad, que necesita de otros condicionantes.
Por eso, el trabajo sugiere que las personas mayores pueden beneficiarse de estrategias para combatir tanto el aislamiento social como la soledad y, así, las intervenciones que fomentan la interacción social puede promover la longevidad.
Estudios realizados en diferentes países revelan que la soledad aumenta el riesgo de muerte y la ausencia de amigos es perjudicial para la salud
Predispone a más enfermedades
La soledad no sólo no es buena consejera, también resta eficacia a la respuesta defensiva del organismo. Investigadores de la Universidad de California (EEUU) identificaron un patrón de expresión genética en las células del sistema inmune propio de quienes padecen altos niveles de soledad. Los resultados sugieren que el aislamiento social está normalmente ligado a un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, infecciones virales y cáncer.
Más riesgo de enfermedades cardíacas e infecciones virales
Empeora la calidad del sueño
Las personas que se encuentran solas son más propensas a tener un sueño irregular, según un estudio estadounidense publicado en la revista "Sleep". La investigación, liderada por Lianne Kurina de la Universidad de Chicago (EEUU), se basó en los patrones de sueño, los sentimientos de soledad y la presión arterial de 95 personas que vivían en dos colonias de Hutterites en Dakota del Sur.
Beneficios de tener amigos
La amistad es un vínculo que proporciona la posibilidad de compartir experiencias, diversión, conocimientos, entre otras muchas cosas. Numerosos estudios revelan los beneficios que representan para la salud el tener amigos.
Un estudio realizado por científicos de la Universidad de Brigham Young (EEUU), y publicado en PLoS Medicine, estimaba que la falta de relaciones sociales equivale a fumar más de 15 cigarros al día. Tras realizar un seguimiento a 300.000 personas durante siete años, demostraron que no tener amigos es más perjudicial para la salud que llevar una vida sedentaria o, incluso, ser adictos al alcohol.
La amistad ayuda a aumentar la longevidad. Tras realizar un seguimiento a 1.500 personas durante una década, científicos australianos revelaron de que en los individuos con un amplio círculo de amigos el riesgo de fallecer se reduce un 22 por ciento.
Un estudio de la Universidad de Duke (EEUU) con un millar de pacientes solteros afectados por patologías cardíacas reveló que, transcurridos cinco años, sólo sobrevivía el 50 por ciento de los enfermos que no contaban con un amigo de confianza, frente al 85 por ciento de supervivientes entre aquellos pacientes que tenían al menos una relación de amistad sólida.
El papel que juegan los amigos en la infancia es crucial. Por un lado, evita la obesidad porque, según un estudio publicado en Annals of Behavioral Medicine, “la socialización actúa como sustituto de la comida” y evita el abuso de alimentos que potencian el sobrepeso.
jueves, 7 de marzo de 2013
Soledad predispone a enfermedades
La soledad, como dice el dicho, no es buena. Somos animales sociales y estar solos deriva en consecuencias indeseadas, no solo para nuestro ánimo, nuestra psicología, sino para el organismo, para toda nuestra salud. De hecho, las personas que están socialmente aisladas desarrollan cambios en sus sistemas inmunológicos que provocan una condición conocida como inflamación crónica, lo que puede derivar en enfermedades en ocasiones con consecuencias fatales. Es lo que acaban de observar psicólogos de la Universidad de Chicago y de la Universidad Estatal de Ohio (EEUU). Ocurre que las inflamaciones temporales son necesarias para la cura de cortes o infecciones, pero si esta persiste en el tiempo puede llevar a padecer enfermedades cardiovasculares y cáncer. En un primer trabajo, los investigadores de la Universidad de Chicago descubrieron que las personas solitarias encuentran más estresantes las actividades diarias que aquellas con una vida social más activa. Los científicos creen que la hormona que el cuerpo libera como respuesta al estrés, el cortisol, causa inflamaciones y otras enfermedades./
martes, 19 de febrero de 2013
Asocian el frío con la soledad
Cuando una persona es descrita como “fría”, es que representa que es distante o poco sociable, mientras que una persona cálida es considerada alguien generosa, sociable, popular y humana. Se trata de una de varias metáforas que relacionan el frío con la soledad o la exclusión social.
Dos psicólogos de la Universidad de Toronto, Geoffrey J. Leonardelli y Chen-Bo Zhong, realizaron dos experimentos para demostrar que el aislamiento social y los sentimientos de soledad y aislamiento producen una sensación física de frío.
De acuerdo con bbcmundo.com, la privación del contacto social causa estrés, tanto en seres humanos como en animales. El rechazo no sólo produce ansiedad y depresión, sino que activa áreas del cerebro que regulan el dolor físico. La pregunta que se formularon los autores del estudio es: ¿se siente literalmente frío el estar excluido socialmente?
Clima y comportamiento. El estudio revela que la experiencia de la soledad suele estar acompañada de la percepción de una caída en la temperatura ambiental, mientras que la experiencia de la exclusión social podría no sólo evocar las metáforas conceptuales que ayudan a entender la situación, sino también a activar simulaciones perceptivas y sensoriales que cambian la percepción de esa temperatura ambiental.
Si bien el estudio se llevó a cabo con estudiantes de la Universidad de Toronto en cubículos y condiciones controladas, sus conclusiones podrían aplicarse a nivel cultural, para explicar las diferencias entre distintas sociedades.
Las conclusiones, que refrendaron las teorías de conocimiento corporal que sugieren que la experiencia social no es independiente de la percepción física y somática, fueron publicadas en la revista Psychological Science.
Dos psicólogos de la Universidad de Toronto, Geoffrey J. Leonardelli y Chen-Bo Zhong, realizaron dos experimentos para demostrar que el aislamiento social y los sentimientos de soledad y aislamiento producen una sensación física de frío.
De acuerdo con bbcmundo.com, la privación del contacto social causa estrés, tanto en seres humanos como en animales. El rechazo no sólo produce ansiedad y depresión, sino que activa áreas del cerebro que regulan el dolor físico. La pregunta que se formularon los autores del estudio es: ¿se siente literalmente frío el estar excluido socialmente?
Clima y comportamiento. El estudio revela que la experiencia de la soledad suele estar acompañada de la percepción de una caída en la temperatura ambiental, mientras que la experiencia de la exclusión social podría no sólo evocar las metáforas conceptuales que ayudan a entender la situación, sino también a activar simulaciones perceptivas y sensoriales que cambian la percepción de esa temperatura ambiental.
Si bien el estudio se llevó a cabo con estudiantes de la Universidad de Toronto en cubículos y condiciones controladas, sus conclusiones podrían aplicarse a nivel cultural, para explicar las diferencias entre distintas sociedades.
Las conclusiones, que refrendaron las teorías de conocimiento corporal que sugieren que la experiencia social no es independiente de la percepción física y somática, fueron publicadas en la revista Psychological Science.
lunes, 16 de julio de 2012
La soledad incrementa el riesgo de muerte, según estudio
La soledad puede acortar la vida de las personas significativamente, sostienen dos estudios realizados en Estados Unidos.
El primero, que contó con la participación de 1.600 sujetos mayores de 60 años, reveló que quienes se sienten solos tienen dos veces más riesgo de morir que aquellos que se sienten acompañados.
La investigación, dirigida por la doctora Carla Perissonotto de la Universidad de California en San Francisco, se centró específicamente en la soledad que sentían o experimentaban los participantes y el impacto que ésta tenía en su vida.
El primero, que contó con la participación de 1.600 sujetos mayores de 60 años, reveló que quienes se sienten solos tienen dos veces más riesgo de morir que aquellos que se sienten acompañados.
La investigación, dirigida por la doctora Carla Perissonotto de la Universidad de California en San Francisco, se centró específicamente en la soledad que sentían o experimentaban los participantes y el impacto que ésta tenía en su vida.
miércoles, 20 de junio de 2012
La soledad no beneficia a la salud
Una de las investigaciones, que siguió a personas mayores de 60 años, encontró que quienes vivían o se sentían solos tuvieron casi dos veces más riesgo de morir que los acompañados. En ambas investigaciones -publicadas en Archives of Internal Medicine (Archivos de Medicina Interna)- los autores concluyen que analizar la soledad que siente un paciente puede ayudar a los médicos a identificar a aquellos que tienen más riesgo de morir. En el primer estudio, dirigido por la doctora Carla Perissonotto de la Universidad de California en San Francisco, se llevó a cabo un seguimiento durante seis años de 1.600 personas de 60 años o más. En la investigación se utilizaron los datos del Estudio de la Salud y la Jubilación llevado a cabo por el Instituto Nacional de la Vejez entre 2002 y 2008. Los investigadores se centraron específicamente en la soledad que sentían o experimentaban los participantes y el impacto que esta tenía en su vida. Los resultados, al final de los seis años de estudio, mostraron que los que se sentían o vivían solos tuvieron 59% más riesgo de haber tenido un deterioro en la salud y 45% más riesgo de haber muerto. Pero lo que sorprendió a los investigadores fue el alto número de personas que, a pesar de vivir acompañadas, se sentían solas. Los datos mostraron que 43% de los participantes se sentían solos.
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