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miércoles, 31 de mayo de 2017

Conoce el método infalible para detectar mentirosos

¿Cómo funciona?

Durante 69 capítulos, divididos en 12 temporadas, Peter Falk interpretó al detective Columbo en la serie homónima y logró traspasar la pantalla chica. A tal punto que el método predilecto del personaje, siempre sagaz y deductivo, pasó a formar parte de la realidad y hoy, algunas décadas después, se lo considera como el sistema más efectivo para desenmascarar mentirosos.

Un informe procedente del cuerpo psiquiátrico de la Escuela de Medicina de Harvard describe al método Columbo como el modo a seguir a la hora de detectar mentiras de sus pacientes. El doctor Scott Beach dijo que los pacientes mienten por diversas razones. Sobre cuánto alcohol beben o cuánto ejercitan, están aquellos que ocultan el dolor o los síntomas de una enfermedad mental por temor a que los etiqueten y están también quienes los exageran. En ellos reparó.

"Para los pacientes que se sospecha que están exagerando los síntomas, el método Columbo, llamado así por el detective de televisión, puede ser una estrategia particularmente útil", señaló Beach.
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La técnica consiste en repetir preguntas, en apariencia triviales, en medio de intervalos de tiempo mientras se finge confusión y olvido. Se trata de atraer al mentiroso a que revele o pase por alto un detalle antes mencionado y así descubrir el engaño. "Es un esfuerzo por detectar inconsistencias en la historia, así como una confrontación suave facilitada por el papel de entrevistador ingenuo", explicó el especialista.

El doctor Beach, en su escrito, brinda el ejemplo de un paciente que asocia su depresión a la muerte de su hermano. "Uno podría preguntar de una manera curiosa -dice-. Sólo quiero asegurarme de que estoy entendiendo correctamente. Parece que estás tremendamente triste por la reciente muerte de tu hermano, pero noto en los archivos que tu hermano también murió en 2006, 2008, 2011 y el año pasado. ¿Eran hermanos diferentes?". Al presentarla como una pregunta gentil, alineado al paciente, dispuesto ayudarlo, se puede reconocer el estrés ante la consulta y hacerlo caer en un furcio en su relato.
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Más allá de que es una táctica especialmente utilizada por médicos y detectives, bien se puede aplicar al día a día, para descubrir mentiras en quienes incurren en un engaño.

¿Cómo usar el método Columbo?

-Usar preguntas casuales para que la otra persona hable abiertamente.

-Ser confuso cuando uno habla, lo que sugerirá incompetencia.

-Siempre ser amable y acogedor a pesar de las potenciales amenazas.

-Utilizar la charla sin sentido para distraer a la persona que está hablando y llevarlo a una falsa sensación de seguridad.

-Cuando se logre el punto suficiente de relajación, repetir una pregunta para encontrar el furcio.

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Cómo identificar a un mentiroso

El equipo de oficiales de seguridad de Thomas Ormerod enfrentaba una tarea aparentemente imposible. Se les pidió entrevistar a pasajeros en los aeropuertos de Europa, con el objeto de descubrir a un puñado de falsos viajeros "plantados" entre la multitud.

De hecho, sólo una de 1.000 personas que tenían que entrevistar intentaría engañarlos. Era como encontrar una aguja en un pajar.

¿Qué hicieron? Una buena opción era concentrarse en el lenguaje corporal o los movimientos de los ojos, ¿correcto? ¡Incorrecto! Eso hubiera sido, de hecho, una mala idea.

Estudio tras estudio han encontrado que los esfuerzos –incluso por parte de policías profesionales- de leer las mentiras en el lenguaje corporal y las expresiones faciales rinden frutos similares a dejarle la cuestión a la suerte.

En una de las investigaciones, sólo 50 de 20.000 personas lograron hacer un juicio correcto con más de 80% de precisión.

El equipo de Ormerod trató una estrategia diferente y logró identificar a los pasajeros falsos en la vasta mayoría de los casos. Para ello tuvo que botar a la basura las claves generalmente aceptadas del engaño y comenzar de cero.
Clinton y la nariz

Durante los últimos años, la investigación sobre el engaño ha estado plagada por resultados decepcionantes.

La mayoría del trabajo previo se ha concentrado en leer las intenciones del mentiroso en su lenguaje corporal o su rostro, a partir de pistas como el sonrojo, la sonrisa nerviosa o los ojos distraídos.

El ejemplo más famoso es el de Bill Clinton, que se tocó la nariz cuando negó su affair con Monica Lewinsky, lo que entonces se tomó como un signo seguro de que estaba mintiendo.
La idea detrás de esto, dice Timothy Levine de la Universidad de Alabama, en Birmingham, es que el acto de mentir provoca algunas emociones fuertes –nervios, culpa, quizás la excitación del desafío- que son difíciles de contener.

De acuerdo con la teoría, incluso si creemos que tenemos cara de póker, es posible que nos descubramos con movimientos muy sutiles, conocidos como "micro expresiones", que pueden entregarnos.

Pero mientras más investigaban los psicólogos, más poco confiables y elusivas parecían estas pistas.

El problema es la enorme variedad del comportamiento humano. Con la familiaridad, es posible que identifiques los tics de alguien cuando dice la verdad, pero otras personas actuarán de manera muy diferente: no hay un diccionario universal del lenguaje corporal

"No hay signos consistentes que se presenten siempre con el engaño", dice Ormerod, quien tiene su base en la Universidad de Sussex (sur de Inglaterra).

"Yo me río en forma nerviosa, otros se ponen más serios, algunos hacen contacto visual, otros lo evitan", explica.
Y dependemos de ellos

A pesar de estos resultados, nuestra integridad con frecuencia depende de la existencia de estos signos míticos.

Toma por caso los chequeos a que algunos pasajeros pueden enfrentarse antes de un viaje de larga duración (un proceso que Ormerod investigó para los Juegos Olímpicos de 2012). Típicamente los funcionarios utilizan un cuestionario de respuesta cerrada ("sí" o "no") sobre las intenciones del viajero y son preparados para observar "señales sospechosas" (como un cierto nerviosismo en el lenguaje corporal).

"Esto no da la oportunidad de escuchar lo que están diciendo y pensar en su credibilidad, ni de observar cambios en el comportamiento, que son aspectos críticos del engaño", dice.

Los protocolos existentes también tienden a la subjetividad, dice el especialista. Por ejemplo, los funcionarios con frecuencia encuentran a más sospechosos entre ciertos grupos étnicos. "El método actual de hecho evita que se identifique el engaño", asegura.
Claramente, se necesita un nuevo método. Pero dados los resultados pobrísimos en el laboratorio, ¿cuál puede ser la respuesta?

Según Ormerod, es increíblemente simple: deja de concentrarte en detalles sutiles y enfócate en lo que la gente está diciendo, sondeando con gentileza los puntos de presión correctos para lograr que la fachada del mentiroso se desmorone.
Un cuestionario para destapar el engaño

Ormerod y su colega Coral Dando de la Universidad de Wolverhampton identificaron una serie de principios conversacionales que deberían incrementar tus posibilidades de descubrir la mentira:

Usa preguntas abiertas. Esto obliga al mentiroso a ampliar su historia hasta que se ve atrapado en su propia red de engaños.
Utiliza el factor sorpresa. Los investigadores deben tratar de incrementar la "carga cognitiva" del mentiroso, por ejemplo, haciéndole preguntas que no anticipaba y que pueden resultar confusas, o pidiéndole que cuente un evento de atrás para adelante. Estas técnicas le hacen más difícil mantener su fachada.
Fíjate en los detalles pequeños y verificables. Si un pasajero dice que está en la Universidad de Oxford, pídele que te cuente cómo va de la casa al trabajo. Sin embargo, si encuentras una contradicción no entregues tu juego: en vez de corregirlo, es mejor permitirle al mentiroso que gane confianza mientras suelta más mentiras.
Observa los cambios en la confianza. Fíjate con cuidado en si el estilo del mentiroso potencial cambia cuando se lo desafía: un mentiroso puede mostrarse muy elocuente cuando se siente en control de la conversación, pero si su zona de confort se ve limitada, puede que se cierre.

El objetivo es lograr una conversación casual más que un interrogatorio intenso. Bajo esta presión suave, el mentiroso se descubrirá contradiciendo su propia historia o volviéndose obviamente evasivo o errático.

"Lo importante es que no hay una bala de plata, una respuesta definitiva. Estamos tomando lo mejor y juntándolo para lograr una aproximación cognitiva", dice Ormerod.
El simple arte de conversar

El especialista admite abiertamente que su estrategia puede sonar como simple sentido común.

"Un amigo me dijo que estaba tratando de patentar el arte de conversar", relata.

Pero los resultados hablan por sí mismos.

En el experimento que reseñamos al principio, el equipo preparó a un puñado de pasajeros falsos con tickets realistas y documentos de identidad.

Les dieron una semana para crear su historia y se les pidió alinearse con pasajeros genuinos en aeropuertos europeos. Los funcionarios entrenados en la técnica de entrevista de Ormerod y Dando tuvieron 20 veces más posibilidades de detectar a los pasajeros falsos –que identificaron en el 70% de los casos- que las personas que usaron las señales sospechosas.

"Es realmente impresionante", dice Levine, quien no participó en el estudio, y quien piensa que es particularmente importante que el experimento se efectuara en aeropuertos de verdad.
El arte de la persuasión

Los experimentos de Levine, por su parte, han arrojado resultados igualmente poderosos.

Como Ormerod, Levine cree que entrevistas inteligentes diseñadas para exponer los agujeros en la historia del mentiroso son mejores que tratar de identificar signos en el lenguaje corporal.

Por ejemplo, recientemente organizó un juego de trivialidades en el que un grupo de estudiantes competía en pareja por un premio en efectivo de US$5 por cada respuesta correcta.

Los estudiantes no lo sabían, pero sus compañeros eran actores. En un momento dado, el coordinador del juego abandonaba la habitación y la tarea del actor era sugerir al estudiante que echara una miradita a la respuesta correcta.

Algunos estudiantes aceptaron la oferta. A continuación, agentes federales reales los interrogaron sobre si habían hecho trampa. Usando preguntas tácticas para sondear sus historias, sin enfocarse en lenguaje corporal o pistas, lograron identificar a los tramposos con más de un 90% de precisión.

Un experto logró un 100% de aciertos en 33 entrevistas. Un resultado sorprendente que hace una enorme sombra a la idea de la exactitud del análisis del lenguaje corporal.

Aún más importante, un estudio de seguimiento encontró que incluso entrevistadores novatos podían lograr hasta un 80% de precisión simplemente utilizando las preguntas abiertas indicadas; por ejemplo, cómo contaría la historia la pareja de la persona interrogada.

De hecho, con frecuencia los investigadores persuadieron a los mentirosos a admitir abiertamente su engaño. "Los expertos fueron fabulosos en este respecto", dice Levine.

Su secreto era un simple truco conocido por los maestros en el arte de la persuasión: empezar la conversación preguntando cuán honesta es la persona.
Simplemente lograr que dijeran que decían la verdad los llevaba a ser más cándidos después. "A la gente le gusta creer que es honesta, y esto los compromete a cooperar", dice Levine.

"Incluso quienes no eran honestos tuvieron dificultades para fingir que estaban cooperando, así que en la mayoría de los casos podías ver quién estaba fingiendo".
También lo puedes usar tú

Claramente es posible que estos trucos ya estén siendo utilizados por algunos detectives expertos, pero dado el folklore que rodea el tema del lenguaje corporal, vale la pena enfatizar cuán poderosa puede ser la persuasión frente a la dudosa ciencia del lenguaje corporal.

A pesar de su éxito, Ormerod y Levine están muy interesados en que se intente replicar y expandir sus hallazgos, para comprobar que se mantienen en diferente situaciones.

"Siempre debemos estar atentos a las afirmaciones grandilocuentes que lo abarcan todo", dice Levine.

Aunque estas técnicas serán de ayuda para los cuerpos de seguridad, los mismos principios podrían ayudarte a ti a cazar a los mentirosos en tu vida.

"Lo hago con los niños todo el tiempo", dice Ormerod.

Lo importante es mantener una mente abierta y no sacar conclusiones apresuradas. Solo porque alguien parece estar nervioso o le cuesta recordar un detalle crucial, no significa que es culpable. En cambio, hay que buscar las inconsistencias más generales.

No hay un método a prueba de todo para detectar la mentira, pero utilizando un poco de tacto, inteligencia y persuasión podrías tener esperanzas de que, eventualmente, la verdad saldrá a la luz.


jueves, 7 de mayo de 2015

Perfil del mentiroso

Una de las habilidades más preciadas del hombre es la imaginación. La creatividad y el ingenio tienen muchas aplicaciones en la vida diaria, pero en ocasiones la agudeza mental se pone a prueba en situaciones no siempre positivas. Un estudio elaborado por el profesor de psicología R. Edward Geiselman, de la universidad de UCLA (Estados Unidos) y publicado en el American Journal of Forensic Psychiatry analiza los indicadores de cuándo una persona dice la verdad… y cuándo echa mano de la fantasía para construir una mentira. Algo así como un perfil del mentiroso.

Uno de los principales rasgos del mentiroso es que en general quiere hablar lo menos posible. Aunque Geiselman creyó en un principio que los mentirosos contarían una historia muy elaborada, la mayoría de los sujetos de su estudio preferían ser lo más escuetos posible.

Asimismo, aunque no dicen mucho, sí que tienden a dar una justificación espontánea por lo que están diciendo, aunque no se la hayan pedido. También suelen repetir las preguntas que se les formulan, posiblemente para ganar tiempo para pensar antes de ofrecer una respuesta.

Mientras ofrece su testimonio, uno de los sospechosos parece nervioso, se toca la nariz varias veces, juega con su cabello y evita la mirada del detective; sin embargo, el otro encausado se muestra tranquilo, quieto, raramente usa gestos y mira directamente a los ojos de su interrogador. Generalmente, el primer hombre hubiese incrementado las sospechas de la policía en seguida, no obstante, un nuevo estudio realizado en universidades de dos países europeos sugiere que es mucho más probable que sea el segundo hombre el que esté mintiendo.

El órgano humano que se encarga de producir pensamientos está compuesto de materia blanca y materia gris, la primera se encarga de transmitir la información y la segunda de procesarla. Por ejemplo, los niños autistas tienden a poseer más materia gris y también se les dificulta más mentir, una situación reversa de lo encontrado en los mentirosos patológicos. “Pensamos que la materia blanca extra en los cerebros mitómanos provee a la persona con la capacidad cognitiva para mentir”, explica el médico Yaling Yang, director de otro estudio.

Pero en la misma línea, investigadores en las universidades de Portsmouth en Gran Bretaña, y Bergamo en Italia, descubrieron que los mentirosos mantienen la calma porque necesitan de una mayor concentración para adulterar la verdad.

“Los mentirosos se pasan mucho tiempo cubriendo sus rastros, especialmente si son retados. Descubrimos que cuando se encuentran bajo fuerte sospecha suelen usar gestos grandiosos para reforzar sus comentarios. Estudiamos los cambios en siete categorías de gestos con la mano y los gestos metafóricos estuvieron entre ellos”, explicó la doctora en psicología, Samantha Mann, coautora del estudio de Portsmouth.

De hecho, los gestos que usualmente son achacados a los mentirosos son los llamados autoadaptadores que son usados por las personas que se sienten expuestas o vulnerables, no por los mentirosos. “Si los mitómanos se tocaran mucho la nariz ya hubieran dejado de hacerlo, la gente que miente se concentra mucho en la información que maneja para poder continuar ocultando la verdad”, explicó Peter Bull, psicólogo especializado en el vínculo entre la decepción y el lenguaje corporal.

LOS GESTOS METAFÓRICOS QUE USAN LOS MENTIROSOS

Los embusteros sí usan gestos, aunque no sean los clásicos. De acuerdo con los investigadores británicos e italianos, el mentiroso usa mucho lo que se llaman gestos metafóricos, especialmente cuando su mentira se encuentra bajo fuertes sospechas. Un gesto metafórico sería tocarse el corazón como una forma de decir amor o abrir las manos para señalar el tamaño de algo. Los mentirosos usan estas señas un 25% más que los honestos. También usan más gestos rítmicos, como repetir alguna frase para enfatizar su declaración.

Por otra parte, según el perfil psicológico que revela la investigación de la universidad de UCLA, los mentirosos a menudo suelen escrutar la reacción de la otra persona ante sus afirmaciones: “Intentan leer si les estás comprando la historia”, dice el profesor. También suelen ser lentos en su discurso, porque tienen que construir una historia y además averiguar si está calando en el interlocutor, aunque el hecho de expresarse con lentitud les pone nerviosos: “Las personas sinceras no se molestan si hablan despacio, pero los mentirosos suelen pensar que un discurso lento puede parecer sospechoso”, añade. Y es que cuando se dice la verdad “no se altera dramáticamente la velocidad del discurso”.

Además, el mentiroso de manual no acostumbra a terminar las frases, en muchas ocasiones empieza a responder y da un rodeo para no terminar la frase.

También la actitud corporal revela mucho de quien está hablando. Según el análisis, los que falsean son más propensos a presionar los labios ante preguntas delicadas y suelen moverse, tocándose el pelo. Gesticular hacia uno mismo suele ser sinónimo de mentira, mientras que hacerlo hacia afuera implica un tono sincero.

Asimismo, cuando a una persona que está diciendo la verdad se le pregunta si miente, suele negarlo y ofrecer más detalles sobre el asunto en cuestión, mientras que el mentiroso, prefiere no ser más específico. Ante preguntas difíciles, las personas que contestan sinceramente suelen mirar a lo lejos, porque la cuestión requiere una dosis de concentración, pero por otro lado, quien va a mentir lo hace muy brevemente.

Y lo más llamativo: cuando alguien que está mintiendo intenta parecer que no lo hace, las cosas se vuelven más obvias, dice Geiselman.

domingo, 26 de abril de 2015

Mentir en otro idioma no genera estrés



Aunque hablar en una lengua extranjera causa más estrés y disminuye la emotividad, mentir en esa lengua no acrecienta el nerviosismo, según una investigación llevada a cabo por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona.

El estudio, publicado en la revista Psychonomic Bulletin & Review, explora la interacción entre el engaño y el procesamiento de una segunda lengua, distinta a la nativa.

Los investigadores Albert Costa, jefe del grupo de investigación en Producción del Lenguaje y Bilingüismo en el Centro de Cognición y Cerebro de la UPF, y Jon Andoni Duñabeitia, investigador del Centro de Cognición, Cerebro y Lenguaje del País Vasco, autores del trabajo, explican que dado que la mentira requiere de un componente emocional, partieron del supuesto de que esta emotividad podría verse atenuada si la mentira se expresaba en otro idioma.

TENSIÓN. Costa y Duñabeitia partieron de la base de que mentir y usar una lengua no nativa son dos acciones capaces de producir estrés en el hablante y, para llevar a cabo su estudio, pidieron a nativos españoles con dominio del inglés que nombraran fotografías de animales en voz alta.

Dentro de cada grupo, dependiendo de las instrucciones, pidieron que describieran al animal que los participantes estaban viendo o que mintieran deliberadamente, nombrando a otro animal diferente a la imagen que veían.

Para evaluar los resultados, los investigadores midieron la dilatación de la pupila de los participantes, que es un indicador asociado con la respuesta emocional y el aumento de la carga cognitiva.

Los investigadores hallaron que, como era de esperar, las variables estresantes aumentaban la respuesta emocional, es decir, la dilatación de la pupila era mayor cuando hablaban en un idioma extranjero y también cuando las personas decían mentiras, aunque las profirieran en su lengua nativa. El resultado fue inesperado para los investigadores.

miércoles, 8 de abril de 2015

Las 7 mentiras que dicen las mujeres cuando quieren quedar bien

A pesar de que nadie quiera admitirlo, en algunos momentos de la vida soltamos alguna mentira que otra. Muchas personas son exageradas por naturaleza, hay mentirosos patológicos y otras que simplemente por descuido dan datos falsos. A todos nos ocurre. Sin embargo, existen algunas trolas de género comunes. Al menos así lo plantea en 360 Nobs Sheriff Aderigbe, quien cree que hay siete grandes mentiras que las mujeres suelen decir a los hombres a lo largo de sus vidas.
Basándose en su experiencia personal y en las confesiones que le han hecho personas cercanas, Aderigbe alega que ellas inventan estas respuestas con el objetivo de “salirse con la suya y conseguir que los hombres estén detrás de ellas”. Sin embargo, lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones, estas mentiras se utilizan para no herir los sentimientos de otras personas y evitar que se comparen con anteriores parejas o ligues o porque, ante la gran cantidad de prejuicios aún presentes en nuestra sociedad, muchas mujeres no quieren que se las juzgue sin conocerlas por lo que hayan hecho o dejado de hacer en cuestiones de cama. Claro que también pueden servir de comodín para ocultar una vida sentimental nefasta. No nos engañemos, ¿a quién le gusta jactarse de ser un fracasado en el amor?
Además, tanto en el caso de hombres como mujeres, no debemos olvidar que hay muchas personas celosas de su vida íntima y personal, que no tienen ninguna necesidad de airearla y prefieren mantenerla oculta. Sea por los motivos que sean, existen una serie de mentiras comunes que casi todas las mujeres –y un gran porcentaje de hombres– suelen decir en algún momento de su vida.
1. La edad: forever young
“Quizás esta sea la mentira más común entre las mujeres y la razón no es descabellada”, comienza Aderigbe. El autor explica que a menudo muchas se quitan entre dos y tres años de su edad real porque los hombres se sienten más atraídos por las mujeres jóvenes y huyen de aquellas que les sacan unos años.
El amor no tiene edad, ya, pero ellas se hacen viejas y ellos maduritos atractivos. Algunos hombres se sienten aliviados al escuchar los “tengo veinte y” que los “treinta y”, pero a la hora de la verdad influye más la edad mental que la real. En lo que a físico se refiere, lo ideal es tratar de mantener tu atractivo cuidándote, porque mentir sobre los años que tengas no funciona. Seas del género que seas.

2. Decir que son solteras (cuando no es verdad)
Cuando se les cruza un cafre insoportable que insiste en ligar con ellas, muchas mujeres aluden a ese novio inventado para que las dejen en paz. Pero en el lado contrario también nos encontramos con aquellas personas que olvidan momentáneamente que tienen pareja cuando se topan con alguien que les resulta atractivo. Algunas no sólo lo omiten, sino que van más allá e incluso se presentan como solteras.
“He estado con dos chicas que estaban en relaciones serias y nunca mencionaban a sus novios cuando estaban conmigo. No me enteré de que tenían una relación hasta que se les escapó la información por descuido o las llamaron sus respectivos por teléfono”, ejemplifica Aderigbe. A todos nos agrada gustar y dejarnos llevar por la emoción y el entusiasmo de resultarle atractivo a alguien que acabamos de conocer, pero si no queremos vernos haciendo malabarismos para mantener dos relaciones a la vez o quedando como unos cretinos cuando se destape el pastel, es mejor no fingir que estamos libres de compromiso.
3. “Somos sólo amigos. Él no está interesado en mi”

El juego del ‘sí pero no’ no es una argucia exclusivamente femenina, pero cuando una mujer alega que un chico es solamente su amigo es porque no es una amistad al uso, y lo sabe. En opinión del autor mensajes como “te extraño” o “qué sexy sales en esta foto” son claros indicios de que saben que las personas destinatarias podrían estar interesadas en ellas y, por decirlo de algún modo, tratan de congelarlos en el tiempo por lo que pueda pasar.
Según la ciencia, los hombres y las mujeres no pueden ser “sólo amigos” y parece que Aderigbe está de acuerdo e incluso se muestra algo resentido: “Las mujeres se reservan a algunos chicos alrededor como una especie de copia de seguridad. Charlan con ellos y les mantienen cerca por si su relación actual no funciona o para tener un hombro donde llorar cuando se pelean con sus novios”.

4. “Que va. Yo no estoy coqueteando”
El autor parte de la base de que la definición de coqueteo es ciertamente ambigua. Para él, no se trata de una simple charla sino de acercarse e interesarse por una persona a la que sabemos que atraemos. Y, una vez más, el autor está convencido de que ellas son mucho más listas: “Las mujeres son muy buenas en la lectura del lenguaje corporal y pueden deducir fácilmente si están coqueteando con alguien o alguien lo está haciendo con ellas”.
En su opinión, la mayoría de las mujeres hacen uso del arte del flirteo “para matar el aburrimiento y tener planes de respaldo en caso de que su relación actual no funcione”. Pero más allá de asegurarse un repuesto, muchas personas lo hacen simplemente para subirse el ego o para demostrarse que aún saben desenvolverse en el mercado. Si se les va de las manos, como hemos visto antes, siempre tienen la opción de soltar que tienen pareja o que podrían ser súper buenos amigos.
No te engañes. Una mujer tan guapa liga a menudo, pero te dice que no para que te sientas especial. (Corbis)© Proporcionado por El Confidencial No te engañes. Una mujer tan guapa liga a menudo, pero te dice que no para que te sientas especial. (Corbis)

5. “Nunca había hecho esto antes”
Aderigbe se refiere concretamente a cuando terminas en casa de un ligue de una noche. “Es común que ellas digan que no suelen hacer esas cosas para parecer inocentes y que pensemos que son buenas chicas de tal forma que no pierdan la oportunidad de poder empezar una relación”. Está claro que en su entorno pocas defienden la soltería y buscan desesperadamente marido.
También puede ser que quieran evitar que por culpa de los prejuicios las tachen de promiscuas o facilonas, que estén tratando de evitar que el macho que se están llevando a casa se obsesione con quedar mejor que los anteriores y quieran hacerle sentir especial, e incluso ¡eh! por qué no, quizás sea verdad y es la primera vez que lo hace.
6. La última vez en la que tuvieron relaciones sexuales
“Por razones desconocidas, la mayoría de las mujeres tienden a decir que la última vez que tuvieron relaciones sexuales fue entre hace seis y ocho meses atrás. Desafortunadamente, es una mentira 4 de cada 5 veces”, comenta Aderigbe con base en estos datos estadísticos improvisados.
El autor retoma la idea de que lo que quieren es claramente casarse y, claro, qué menos que parecer unas mojigatas a las que un buen marido pueda rescatar de su vida de castidad e inocencia. Una vez más, obvia que estas mentiras puedan deberse a la visión negativa que la sociedad tiene de las mujeres con una vida sexual activa con diferentes hombres, que no quieran dar datos de su vida personal o que no quieran dejar a la altura del betún a su ligue haciéndole ver que quizás esté bastante más entrenada en cuestiones de sexo que él. Que todos sabemos cómo de mal influye la presión en algunos…

7. Número de parejas sexuales que han tenido
En la misma línea que el anterior, insiste en que ellas quieren dar la imagen de buenas chicas y prefieren no confesar con cuántos chicos se han acostado para cazar un buen hombre. De los que ya no quedan, vaya.
Hagámosle la ola al que se jacte de que se ha acostado con más de cien mujeres, pero cuidado con su contraparte femenina, probablemente no sea trigo limpio, debe pensar el autor. Sin embargo, una vez más la empatía y el hecho de no querer hacerles sentirinferiores (no vaya a ser que les superen en número) junto con la no necesidad de alardear de sus relaciones sexuales, suelen ser los motivos que llevan a las mujeres a obviar –más que tergiversar– este tipo de datos.
No obstante, hay un final feliz. Según Aderigbe detrás de que las mujeres del mundo se avergüencen de su vida sexual y privada y se vean casi obligadas a ocultarla hay un mensaje positivo y reconfortante: “Todas estas mentiras significan que ella está seriamente interesada en ti”.

¡Enhorabuena!

martes, 12 de agosto de 2014

Decir siempre la verdad mejora la salud, según un estudio

Probablemente muchos dolores y molestias repentinas como mareos o dolores de cabeza podrían tener una solución más lógica que un analgésico, de acuerdo a una reciente publicación de la psicóloga de la Universidad de Notre Dame, Anita E. Kelly, quien indicó que la mejor solución sería sólo "decir la verdad"

Para averiguarlo, tomó a 72 adultos con edad promedio 41 años divididos en dos grupos: "Sinceridad" y "Control". En el primero de ellos se les dijo que por las siguientes cinco semanas debían ser completamente honrados, honestos y decir siempre la verdad en cualquier situación que se les presentara por más trivial que fuese, mientras que el segundo grupo no tuvo ninguna instrucción específica.
Durante este tiempo los voluntarios fueron sometidos a una sesión de preguntas en el polígrafo y mediciones de salud, descubriendo que sorprendentemente, los participantes del grupo "Sinceridad" afirmaron tener menos problemas físicos que los del grupo de "Control", vale decir no se mencionaron molestias recurrentes como dolores de cabeza, mareos, irritación de garganta o tensión

La autora del estudio, quien en 2012 presentó una tesis similar en su libro The Science of Honesty (la Ciencia de la Honestidad) afirma que también realizó la prueba durante el último invierno, y que de los usuales cinco a siete resfríos y ocho horas de sueño, bajó a tres horas de sueño y ningún resfrío.
Recordemos que según varios estudios los humanos mienten al menos dos veces en una conversación de 10 minutos y 11 veces al día en promedio.

Mentiras, cuando dejan de ser piadosas y son dañinas

No era la primera vez. Julio se sentía decepcionado de escuchar las historias que inventaba María para exaltar sus supuestas conquistas en el trabajo. Poco a poco trataba de alejarse de ella porque ya había comprobado varias veces la falsedad de sus palabras.

Algunas personas mienten no solo por ocultar información, sino también por quedar bien ante los demás, para dar una mejor imagen de sí mismas, para conseguir lo que quieren, para excusarse de hacer algo, para postergar decisiones, para no ofender o hacer sufrir a otras personas o bien porque en definitiva no saben o no pueden decir no.

Pero detrás de cada mentira puede haber una estela de problemas que merecen atención y, en casos extremos, incluso puede requerir terapia sicológica.
Ocultar la verdad puede ser consecuencia de una baja autoestima, inseguridad, falta de confianza en uno mismo, temor al rechazo, vergüenza, miedo al castigo y a la crítica o puede encerrar un deseo de manipular a otros.

Algunos sicólogos creen que confrontar oportunamente a las personas mentirosas puede ser un buen inicio para lidiar con su mala conducta. Si bien recuerdan que uno no tiene el poder de cambiar a los demás, creen que se puede contribuir con el ejemplo o consejos. Otros insisten en que la verdad al final se impone.

Cómo lidiar con ellas
La sicóloga Dolly Medina considera que la mejor forma de confrontar a una persona que miente es dialogar con ella y explicarle que con esa actitud está perdiendo su confianza.
“Hablando directamente se puede lograr mucho. Hay personas que mienten por sentirse mejor aceptadas o por parecer más graciosas ante los demás. Uno puede conversar con ellas y explicarles que su conducta les incomoda y que están perdiendo credibilidad”, señala Medina.

Si bien aquel hombre o mujer puede sentirse enojado cuando le digan que ya no le creen ni una palabra, también puede ser que se sienta avergonzado por eso y que se comprometa a decir la verdad de ahí en adelante.

Se recomienda que ese diálogo sea en privado, porque confrontar a alguien por su mal comportamiento en público puede resultar muy frío y es poco probable que ayude a cambiar a la persona.

También se aconseja dar la oportunidad a la persona para que explique lo que le pasa. “Si él o ella admite la mentira y se disculpa, es probable que no se necesite llevar la confrontación más lejos. Discuta el asunto y dígale que espera que no vuelva a pasar. Si la persona se pone a la defensiva, pone excusas o sigue mintiendo, se pueden mostrar ciertas evidencias”, aconsejan expertos en el sitio web Wikihow.com

Riesgo de trastorno mental

Los padres de Javier creían que su hijo ya había vencido dos años de la universidad y disfrutaban con orgullo de ese logro. No sospechaban que todo era una gran mentira y cuando lo descubrieron cayeron en una profunda crisis emocional. El joven ni siquiera se había inscrito en la universidad y todo ese tiempo se había dedicado a sostener hábilmente el engaño. Esa ingrata noticia generó un gran conflicto en esa familia y el caso terminó en terapia sicológica porque se detectó que Javier tenía adicción a mentir.

Cuando una persona empieza a mentir de manera frecuente y compulsiva, puede estar enfrentando un trastorno sicológico conocido como mitomanía, que requiere una terapia especializada, alerta Dolly Medina, sicóloga clínica cognitiva conductual.

El mitómano falsea la realidad para hacerla más soportable e incluso puede tener una imagen distorsionada de sí mismo, generalmente con delirio de grandeza.

Por esa situación atravesaba Jaime, que siempre hablaba de sus viajes por el mundo y hasta los describía con emoción pero en realidad ni siquiera tenía pasaporte. “Como cualquier adicción, las mentiras pueden empezar como un juego, pero después las personas pueden ser dependientes de ellas ”, indica Medina.

Enseñando desde la niñez

Marco tenía miedo de contar a sus padres que había sacado una mala nota en química y matemáticas. El adolescente al final optó por decirles la verdad y, como castigo, le prohibieron realizar varias cosas que lo entretiene.

Es importante el ejemplo y la confianza que los adultos transmitan a los niños para enseñarles a decir siempre la verdad. “Muchas veces se miente por temor al castigo. Si la familia muestra apertura al diálogo y a aceptar los errores y fracasos, los hijos tendrán confianza de hablar”, asevera la sicóloga Dolly Medina. Por su parte, la sicóloga Liliana Zabala asegura: “Si queremos que los niños no mientan, simplemente no debemos mentirles”

Educar más con valores positivos
José Antonio Martínez - Sociólogo

Las mentiras, como las falsedades, cuando son groseras caen por sí mismas. Es algo que no debe preocuparnos.

- Las personas obsesivas por una supuesta verdad verán que la mentira es un problema y viven angustiadas por las personas mentirosas. Hay que comprender que la mentira no es una enfermedad.

- La manera efectiva de construir sociedades con comportamiento ético es formando a las personas desde su temprana edad en prácticas saludables en sus relaciones con todos los seres vivos y en valores socioculturales que respeten la vida y las diferencias socioculturales, admitiendo que hay verdades diferentes.

- Entonces, las mentiras desaparecen. Ejemplos: en Japón los niños, junto con sus profesores y desde la casa, dedican cada día 15 minutos a la limpieza. Esas personas cuando son adultas disfrutan de sociedades saludables, limpias, respetuosas y ordenadas. En Bolivia, y especialmente en Santa Cruz, nos falta eso.

- ¿Qué tenemos que hacer? Educar con buenas prácticas y acciones saludables. Hay un refrán que dice: “La mejor manera de decir es hacer”. Tenemos que reducar a nuestra niñez, instituir normas simples en los órganos legislativos departamentales y municipales, como eso de practicar la limpieza y el orden todos los días por lo menos cinco minutos en el aula.

- Si se quiere evitar que nuestros niños se eduquen en las mentiras, debe haber un compromiso de los adultos (padres, profesores y todo nivel educativo). Tenemos que educar más en los valores sociales y culturales diferentes, en la tolerancia, en la reciprocidad, en el respeto y, sobre todo, en la confianza. Debemos hablar de valores sociales y ambientales para acabar con las mentiras y con los mentirosos.

domingo, 7 de abril de 2013

Señales del cuerpo ¿Se puede mentir?

La mentira es un medio para poder ocultar la verdad, sin embargo aunque alguien mienta verbalmente, no lo puede hacer corporalmente, ya que nuestro cuerpo delata la verdad.

Según un estudio del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Granada, cuando una persona miente le sube la temperatura de la punta de la nariz, lo que implica una pequeña dilatación y, por tanto, un signo delator de la mentira. Este es solo uno de los múltiples gestos que el cuerpo, sin nuestro consentimiento, realiza y que puede ser la confesión de una mentira. Sin embargo, mucha gente piensa que puede mentir sin que nadie lo note.

sábado, 24 de noviembre de 2012

La temperatura de la punta de la nariz sube cuando se miente

La nariz de Pinocho, cuando alguien miente, existe: fue confirmada por la ciencia, según un estudio de la Universidad de Granada publicado ayer, que sostiene que la nariz no crece como en el cuento, pero que sí se pone roja.

Mentir cambia la temperatura de la punta de la nariz, así como la de la zona del músculo orbital, en la esquina interna del ojo. Así lo revela una investigación sobre termografía, técnica basada en la detección de las temperaturas de los cuerpos, llevada a cabo por Emilio Gómez Milán y Elvira Salazar López.

Estos científicos aplicaron por primera vez la técnica al ámbito de la psicología y concluyeron que los cambios locales de la temperatura no sólo se relacionan con el estado físico, sino con el estado mental y emocional.

Ante situaciones en las que un sujeto realiza un esfuerzo mental como enfrentarse a tareas difíciles, ser evaluado o mentir sobre hechos, se producen cambios térmicos faciales.

Cuando mentimos sobre nuestros sentimientos estos cambios térmicos se producen en la nariz y se activa en el cerebro una estructura llamada “ínsula”, que forma parte del sistema de recompensa cerebral si hay sentimientos reales, pero no se activa cuando no los hay.

El deseo y la excitación sexual tanto masculina como femenina producen un aumento de la temperatura local en las zonas pectoral y genital. El estudio detectó que, a nivel fisiológico, hombres y mujeres se excitan por igual.

Los científicos también han obtenido huellas térmicas (patrones corporales de cambio de temperatura específicos) del ejercicio aeróbico y de distintos tipos de baile. “Cuando una persona baila flamenco desciende la temperatura de los glúteos y aumenta la de los antebrazos. Ésta es la huella térmica del flamenco, aunque cada tipo de danza tiene su propia huella”, señalan.

El estudio halló además asimetrías de temperatura entre ambos lados del cuerpo, así como el contagio emocional. Así, si alguien con una empatía muy alta ve a otra persona sufrir mediante descargas eléctricas en el antebrazo, se contagia y aumenta la temperatura de su antebrazo

martes, 7 de agosto de 2012

Mentir es malo, tanto para la salud mental como física

Decir la verdad mejora tanto la salud mental como la salud física, según revela una investigación de la Universidad de Notre Dame (EEUU) que ha sido dada a conocer en la 120 Convención Anual de la Asociación Americana de Psicología.

Seguimiento. Estudios recientes sugieren que, por término medio, cada estadounidense miente 11 veces por semana. Para tratar de averiguar si vivir siendo más honestos mejoraría la salud, Anita E. Kelly y sus colegas trabajaron con 55 personas durante 10 semanas pidiéndoles que redujeran al mínimo las mentiras cotidianas de forma premeditada, mientras en paralelo se hacía el seguimiento a un grupo control al que no se le había dado ninguna instrucción sobre cómo comportarse. Comprobaron que las personas que reducían su tendencia a decir mentiras estaban más sanas, menos tensas y, sobre todo, sufrían menos dolores de cabeza y menos problemas de irritación de garganta que el resto de los participantes.