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domingo, 25 de septiembre de 2016
Comprendiendo la ira
En una sociedad en la que la agresividad y la violencia han ganado terreno en los ámbitos de desenvolvimiento de una persona, la calma, la serenidad y el temple parecen ser un mito. Vemos la ira como algo que caracteriza a la sociedad y dicta sin discriminación la estructuración de la personalidad de los seres humanos.
Lidiar con problemas de ira (propios o ajenos) es una lucha en la cual muchos pueden identificarse, pero ¿hasta qué punto es “normal”?, ¿es realmente un problema psicológico?, ¿pueden los padres evitar que los hijos manifiesten a futuro este comportamiento negativo?
El psicólogo Germán Burgoa comparte con los lectores de Más Salud lo básico que debe saber un individuo para comprender la ira y que esta no afecte su vida ni su entorno.
¿Qué es la ira?
Para definir la ira es importante discriminar términos que suelen ser confundidos: uno de ellos es la agresividad y el otro, la violencia.
Podemos definir la agresividad como un componente innato de nuestros mecanismos de defensa, que nos permite enfrentar situaciones que sin la misma no podrían ser solucionadas, es así que la agresividad es de alguna manera necesaria para la supervivencia del ser humano y aparece solamente frente a situaciones de defensa.
Por otro lado, la violencia es un comportamiento agresivo desbordado que cuenta con plena conciencia del acto, premeditación y alevosía y que busca causar daño con o sin motivo aparente.
La ira a su vez es un comportamiento de igual manera desbordado de emociones agresivas que el sujeto difícilmente puede controlar y que termina causando daño al mismo sujeto y a su entorno. La ira tiene elementos emocionales y a su vez neurológicos como la segregación de ciertas hormonas como la adrenalina y la noradrenalina.
¿Qué hace que nos enfademos?
El enojo o “enfado” es una reacción bastante común y de baja intensidad e impacto. Puede ser motivado por diversas circunstancias, imposibilidad de entender o lograr resolver ciertos conflictos, desacuerdos entre opiniones o visión sobre un mismo tema, inclinación a posiciones políticas divergentes, fracaso, impotencia y sobre todo, frustración. Muchas de estas situaciones pueden desencadenar en ira o violencia, muy fácilmente sobre todo cuando podemos identificar focos de instigación o posiciones divergentes extremas.
¿Por qué se enojan más unas personas que otras?
Todas las personas desarrollamos mecanismos de defensa que nos ayudan a adaptarnos y a resolver problemas de manera eficaz y/o eficiente. Estos mecanismos se pueden medir por su plasticidad (flexibilidad) y relación con las secuencias de hechos y el contexto y están determinados por la debilidad o fortaleza del Yo, que es la instancia de relación entre la persona y entorno. Las personas que tienen un YO débil son más propensas a presentar dificultades para el control de impulsos y tolerar la frustración, por lo cual pueden pasar más fácilmente a estados de enojo, estas características tienen que ver con los procesos de estructuración de la personalidad que empiezan en el momento mismo en que se es concebido.
Háblenos más sobre cómo influyen los rasgos de personalidad en la intensidad de la furia. ¿Se enojan más las personas extrovertidas?
La ira es un rasgo de personalidad que responde a una estructura débil e inestable, incapaz de interpretar adecuadamente la realidad y encontrar otras formas mucho más adaptadas para resolver sus problemas, siendo la conducta impositiva y violenta la que usan con mayor frecuencia. Sin embargo hay que recalcar que estas características no tienen nada que ver directa o indirectamente con ser extravertidas o no, sino más bien, como mencionamos anteriormente, con estructuras de personalidad inestables.
Los estados patológicos de la personalidad asociados a la ira y la violencia se encuentran enmarcados en el desarrollo de la primera infancia en la que los niños son sometidos a entornos conflictivos inestables y violentos, modelos con los cuales se identifican, o por el contrario, situaciones de exceso de mimo y sobre todo, sobreprotección. Estos modelos no ayudan a madurar a los niños, siendo estos incapaces de desarrollar empatía, respeto por el otro, tolerancia a la frustración y manteniendo por el contrario un carácter impositivo, inmediatista, egocéntrico y agresivo como la única forma de lograr sus objetivos.
¿Qué efectos generan en nuestro cuerpo y mente los constantes enfados?
Más que efectos podemos identificar síntomas y signos que aparecen como un proceso de deterioro mental hasta llegar a desencadenar ira, entre estos por ejemplo están:
• Enojo
• Irritación
• Incremento en la frecuencia cardiaca y la presión arterial
• Pérdida de conciencia de realidad
• Ofuscación
• Violencia
Estas conductas desencadenan de manera progresiva el deterioro de la persona en sus diferente esferas de relación, personal, social y biológico.
¿Es bueno dar rienda suelta a la ira?
La ira es un comportamiento destructivo que debe ser controlado. Muchos de los casos de feminicidio, infanticidio, violencia de masas, etc., situaciones muy frecuentes en nuestro país y que lamentablemente nuestro departamento Cochabamba lidera las estadísticas, están también asociados lamentablemente al consumo de alcohol y drogas, factores que contribuyen a bajar las defensas dejando al descubierto los impulsos violentos incontrolables.
Hay formas de canalizar la agresividad a través de actividades positivas tales como el deporte, el arte, las relaciones sociales sanas y constructivas y las relaciones afectivas sexuales, actividades que nos ayudan a estabilizar nuestro estado emocional.
La ira, ¿aporta algún beneficio a la salud mental?
Definitivamente ninguno, más para el contrario, sólo contribuye a la destrucción de la persona y su entorno. Sus efectos se pueden ver claramente en las situaciones de violencia intrafamiliar, violencia de género, violencia contra la mujer y violencia infantil.
¿Cómo sabe una persona si tiene problemas de ira?
Existen tres elementos a tomar en cuenta para determinar si existe un problema de ira:
a. Frecuencia.- es equivalente a la cantidad de veces que una persona reacciona de manera violenta
b. Intensidad.- se puede medir por el impacto que deja el acto agresivo en el ambiente (destructividad) y las personas (daño físico y/o emocional).
c. Topografía.- El contexto en que la situación violenta ocurre, tiene mucho que ver con la secuencia de hechos.
¿Cómo puede uno mismo controlar el enojo? ¿Cómo debe expresarlo?
La plasticidad en el carácter nos da la idea que para resolver un problema contamos con un aproximado de 10 opciones de solución. Optar siempre por la misma no nos ayuda de ninguna manera, es importante saber reconocer los síntomas o signos que preceden a un acto violento, empezando por sensaciones, emociones y sentimientos. Detenerse a analizar la situación unos segundos puede ser la diferencia entre cometer un acto violento o no.
Sin embargo, la mejor opción es detectar estas características en los primeros años de vida, la primera infancia para corregirlas de manera práctica y relativamente fácil, cambiando los modelos educativos y afectivos determinados por los padres y el sistema familiar.
Aquellos niños que presentan conductas de “berrinche” las cuales pueden tener características violentas como auto agresión, agresión a las personas o figuras de autoridad (insultos, golpes, escupitajos, etc.), descalificación, enfrentamiento, llanto inmotivado, etc. Es muy importante que los padres acudan a consulta psicológica, ya que las posibilidades de solución son enormes interviniendo solamente en los modelos educativos, las relaciones intrafamiliares y la estabilidad del sistema familiar, situaciones que son en sí misma la causantes de los problemas de ira.
¿Cómo debe actuar una persona que trata constantemente con alguien que tiene problemas de ira?
Es importante tomar en cuenta que al ser la ira un acto de alta destructividad, las personas que están en contacto con personas que padecen de este problema en principio deben detectarlo a tiempo en la infancia y buscar apoyo. En caso de aquellas personas que sufren este problema con sus hijos ya mayores y pareja, deben buscar de la misma manera ayuda psicológica o de lo contrario alejarse de estas personas cuando aún es tiempo.
DOCTOR
Germán J. Burgoa Costas es licenciado en Psicología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Tiene una especialidad en Psicología infantil y sistémica y
25 años de práctica en tratamiento de trastornos de conducta, trastornos de aprendizaje, terapia sistémica y trastornos del espectro autista.
Es responsable de procesos de capacitación a maestros, personal de salud, padres de familia y alumnos en diferentes unidades educativas. Procesos dirigidos a la prevención, detección y tratamiento temprano de trastornos madurativos de la primera infancia, alteraciones de conducta en la adolescencia y prevención, detección y tratamiento de trastornos de aprendizaje escolar.
miércoles, 4 de marzo de 2015
Qué hacer ante las señales de ira reprimida
La ira es un sentimiento que puede ocasionar trastornos en la adolescencia. Si este se reprime, puede causarle desde daño emocional hasta físico. ¿Cómo darse cuenta?, ¿qué hacer en ese caso? y ¿a quién pedir ayuda? son preguntas que los expertos responden a continuación.
Dibujos. El psicólogo, Christian Andre, indica que los padres pueden fijarse en los dibujos extraños o violentos que el adolescente realiza en las esquinas de su cuaderno.
Silencioso. La psicopedagoga, Nadia Rocabado, señala que “generalmente son muchachos que siempre están callados que no emiten alguna respuesta, que no son lo suficientemente comunicativos. No cuentan a sus padres, ni a los profesores lo que les está pasando. Ellos se lo van guardando”.
Contestones. Rocabado explica que cuando el adolescente llega a su límite, puede explotar, "va a contestar de mala manera, tira las cosas, quiere estar solo y se muestra intolerante ante la frustración". Andre sostiene que los padres pueden darse cuenta por la conducta extraña con sus hermanos.
Constante irritabilidad. Para Andre, la adolescencia es una etapa de cambio, pero si él o ella están constantemente irritables es una señal de que se encuentran molestos por algo.
Aislamiento excesivo. La experta explica que los adolescentes se van a aislar totalmente, no hablan con nadie, están con mal ánimo. Agrega que ellos se identifican con la música que escuchan, cambian su forma de vestir y de actuar. "De por sí la adolescencia es una etapa de cambios, pero la ira puede causar estragos. Se debe estar atento", apuntan los especialistas.
¿Qué hacer?. Rocabado recomienda que se debe apelar al diálogo, por más que el hijo no quiera hablar. Hay que buscar mecanismos para que los muchachos se desahoguen, pueden recurrir al deporte, pero si ellos se niegan o se cierran y no quieren hablar con los padres tienen que buscar ayuda profesional.
Problemas de salud. "Los problemas gastrointestinales como la gastritis son provocados por el mal manejo emocional", declara Andre. Comenta que existen estudios tanto en adolescentes, jóvenes y adultos, entre 20 y 22 años de edad, que presentan dolores de cabeza frecuentes, más conocido como jaqueca, producto del mal manejo emocional.
viernes, 4 de mayo de 2012
Controla la ira con ‘tiempo fuera’
Si no quieres que tus hijos vivan los nefastos efectos de la violencia familiar como si fuera algo normal, empieza por controlar tu ira practicando lo que en psicología se conoce como “tiempo fuera”.
Según la psicoterapeuta familiar Scherezada Exeni, la violencia física y psicológica no son buenas y pueden traer repercusiones lamentables. “Se ha comprobado que gran parte de los niños que se han criado en hogares muy violentos son inseguros, miedosos, dependientes, tienen sentimientos culposos, no tienen éxito y terminan en hospitales mentales”.
La técnica del “tiempo fuera” da muy buenos resultados y tiene la finalidad de conseguir eliminar aquellas conductas que son consideradas negativas. Si tú, como papá o como mamá, estás hablando con un tono de voz muy elevado, insultando, tirando las cosas y finalmente sientes que vas a actuar de manera agresiva, opta por salir de ese ambiente por unos minutos hasta que puedas controlar la rabia que tienes.
“Para que esto realmente funcione, lo primero es que tengas la voluntad de querer hacerlo y no usar pretextos como: ‘ella merece que le grite’ o ‘él se lo busca por hacerme renegar tanto’, aconseja Exeni.
“Cuando sientas que estás empezando a enojarte y no quieres ser violento, sal de ese lugar —la casa, la habitación, el restaurante, el cine o el auto—, toma aire y camina para controlar tu ira y poder pensar mejor las cosas”, sugiere la terapeuta.
Otra técnica es el del “conjunto de los reguladores” que se usan para controlar la violencia. Por ejemplo, puedes pedirle a alguien de confianza, que te escuche cuando estés en esos momentos críticos —acudiendo a tu casa o atendiendo una llamada telefónica—, para que te puedas descargar lo que llevas dentro y luego puedas hablar más fríamente con tu pareja. Así, si tienes hijos, ellos no serán testigos de esos malos momentos y no lo replicarán más adelante.
Exeni aclara que los reguladores también pueden ser: la Policía, la Brigada de Protección a la Familia, algún psicólogo o un trabajador social que sea experto en el tema.
Algunos trucos útiles
Cuando la persona se enoja, le sube la presión arterial en la sangre y esto le impide pensar con claridad. “Lo mejor es mojarte con agua fría o tomar un vaso de agua, también fría, y lavarse las manos, esto ayuda físicamente. La ira baja y la persona vuelve a tener la capacidad de pensar adecuadamente”, comenta.
La rabia no es una mala emoción, es normal y en ciertos casos es buena, porque ayuda a defenderse. Lo que es malo es no saber controlarla y dejar que salga y dañe a otra persona. Según el psicólogo Carlos Velásquez, la violencia es muy dañina pero muy habitual. No sólo lastima a la pareja, sino a terceros que, en este caso, son los hijos. “La violencia física o psicológica tiende a ser practicada más por los varones que por las mujeres, esto por razones de posición aunque puede ocurrir lo contrario”.
El enojo o la disconformidad de una persona en relación con la otra lo hace actuar muchas veces sin control. “Lo mejor es usar la técnica del ‘tiempo fuera’ para controlar la situación y que no se replique en los pequeños, que suelen copiar lo que viven en el hogar”, dice el psicólogo.
Excepción
Otra técnica para no practicar la violencia es la denominada ‘excepción’. Se trata de controlar la ira en el momento clave y la pareja debe identificar este acto para premiarlo con algo significativo.
Imagen
Si tu hijo se cría en un ambiente violento creerá que es normal que le hagan daño y buscará a futuro a una pareja violenta.
Según la psicoterapeuta familiar Scherezada Exeni, la violencia física y psicológica no son buenas y pueden traer repercusiones lamentables. “Se ha comprobado que gran parte de los niños que se han criado en hogares muy violentos son inseguros, miedosos, dependientes, tienen sentimientos culposos, no tienen éxito y terminan en hospitales mentales”.
La técnica del “tiempo fuera” da muy buenos resultados y tiene la finalidad de conseguir eliminar aquellas conductas que son consideradas negativas. Si tú, como papá o como mamá, estás hablando con un tono de voz muy elevado, insultando, tirando las cosas y finalmente sientes que vas a actuar de manera agresiva, opta por salir de ese ambiente por unos minutos hasta que puedas controlar la rabia que tienes.
“Para que esto realmente funcione, lo primero es que tengas la voluntad de querer hacerlo y no usar pretextos como: ‘ella merece que le grite’ o ‘él se lo busca por hacerme renegar tanto’, aconseja Exeni.
“Cuando sientas que estás empezando a enojarte y no quieres ser violento, sal de ese lugar —la casa, la habitación, el restaurante, el cine o el auto—, toma aire y camina para controlar tu ira y poder pensar mejor las cosas”, sugiere la terapeuta.
Otra técnica es el del “conjunto de los reguladores” que se usan para controlar la violencia. Por ejemplo, puedes pedirle a alguien de confianza, que te escuche cuando estés en esos momentos críticos —acudiendo a tu casa o atendiendo una llamada telefónica—, para que te puedas descargar lo que llevas dentro y luego puedas hablar más fríamente con tu pareja. Así, si tienes hijos, ellos no serán testigos de esos malos momentos y no lo replicarán más adelante.
Exeni aclara que los reguladores también pueden ser: la Policía, la Brigada de Protección a la Familia, algún psicólogo o un trabajador social que sea experto en el tema.
Algunos trucos útiles
Cuando la persona se enoja, le sube la presión arterial en la sangre y esto le impide pensar con claridad. “Lo mejor es mojarte con agua fría o tomar un vaso de agua, también fría, y lavarse las manos, esto ayuda físicamente. La ira baja y la persona vuelve a tener la capacidad de pensar adecuadamente”, comenta.
La rabia no es una mala emoción, es normal y en ciertos casos es buena, porque ayuda a defenderse. Lo que es malo es no saber controlarla y dejar que salga y dañe a otra persona. Según el psicólogo Carlos Velásquez, la violencia es muy dañina pero muy habitual. No sólo lastima a la pareja, sino a terceros que, en este caso, son los hijos. “La violencia física o psicológica tiende a ser practicada más por los varones que por las mujeres, esto por razones de posición aunque puede ocurrir lo contrario”.
El enojo o la disconformidad de una persona en relación con la otra lo hace actuar muchas veces sin control. “Lo mejor es usar la técnica del ‘tiempo fuera’ para controlar la situación y que no se replique en los pequeños, que suelen copiar lo que viven en el hogar”, dice el psicólogo.
Excepción
Otra técnica para no practicar la violencia es la denominada ‘excepción’. Se trata de controlar la ira en el momento clave y la pareja debe identificar este acto para premiarlo con algo significativo.
Imagen
Si tu hijo se cría en un ambiente violento creerá que es normal que le hagan daño y buscará a futuro a una pareja violenta.
viernes, 13 de mayo de 2011
Aprende a sobrellevar sus días difíciles
Los dos en la sala, frente al televisor. Empiezan los comerciales y da uno de margarina donde una mamá sonriente unta el pan de los niños. Entonces, tu novia se pone a sollozar y dice: “Es verdad, sólo la familia te da su amor”. Luego abraza al perro y le jura que nunca lo abandonará. Está claro: tu novia se encuentra en esos días difíciles del mes.
Si hay algo que pone a las mujeres de cabeza es la menstruación, que consiste en la pérdida de sangre por la vagina desde el útero y que representa el inicio del ciclo sexual femenino, con la debida descompensación hormonal. A algunas apenas les viene alguna molestia en los días previos y pueden moverse con tranquilidad, mientras que otras se encierran en casa porque andan susceptibles y con dolores insoportables. No te creas los comerciales de toallas higiénicas: algunas van a pasarla realmente mal.
¿Cómo comportarse?
Por sus dolores y estado hormonal poco podrás hacer. Lo importante en este período es la comprensión, sugiere Paola, de 27 años. “Jamás admitiremos que estamos en esos días con facilidad, menos si te pregunta tu novio en medio de una discusión. Parecería una excusa. Y no nos gusta que nos vean frágiles cuando menstruamos, pero deberían saber que no todo lo que hacemos en ese tiempo sale de forma consciente”, advierte.
Esto va por la irritabilidad, por ejemplo. Si tu chica de pronto se enoja de nada, no la acoses con preguntas. Ella misma, al poco tiempo, puede reconocer su situación.
¿Es igual con todas?
Para Angélica (22) es muy normal. “Sólo estoy más apagada porque me preocupa mancharme, evito correr o hacer algo que implique movimiento. A veces me dan cólicos y no es bonito: es como si sintieras un hueco en el estómago. Y cuando a una le duele la panza, no está de mucho humor”.
Una tendrá antojos raros y ganas de comer, otra no querrá verte, otra dirá que las mujeres modernas no sienten nada y otra festejará porque no está embarazada. Cada mujer es un universo. Por ello, regresamos al consejo inicial: comprensión.
Para evitar desastres en esos días, trata de mostrarte interesado en cómo se siente más que en el proceso que está atravesando. Tu interés debe ser afectivo, no científico.
Además, evita proponerle tener sexo, a no ser que ella tenga la iniciativa. Si bien es posible, a veces le puede causar dolores o, simplemente, resultarle incómodo. Pero conversando, todo se soluciona.
Si hay algo que pone a las mujeres de cabeza es la menstruación, que consiste en la pérdida de sangre por la vagina desde el útero y que representa el inicio del ciclo sexual femenino, con la debida descompensación hormonal. A algunas apenas les viene alguna molestia en los días previos y pueden moverse con tranquilidad, mientras que otras se encierran en casa porque andan susceptibles y con dolores insoportables. No te creas los comerciales de toallas higiénicas: algunas van a pasarla realmente mal.
¿Cómo comportarse?
Por sus dolores y estado hormonal poco podrás hacer. Lo importante en este período es la comprensión, sugiere Paola, de 27 años. “Jamás admitiremos que estamos en esos días con facilidad, menos si te pregunta tu novio en medio de una discusión. Parecería una excusa. Y no nos gusta que nos vean frágiles cuando menstruamos, pero deberían saber que no todo lo que hacemos en ese tiempo sale de forma consciente”, advierte.
Esto va por la irritabilidad, por ejemplo. Si tu chica de pronto se enoja de nada, no la acoses con preguntas. Ella misma, al poco tiempo, puede reconocer su situación.
¿Es igual con todas?
Para Angélica (22) es muy normal. “Sólo estoy más apagada porque me preocupa mancharme, evito correr o hacer algo que implique movimiento. A veces me dan cólicos y no es bonito: es como si sintieras un hueco en el estómago. Y cuando a una le duele la panza, no está de mucho humor”.
Una tendrá antojos raros y ganas de comer, otra no querrá verte, otra dirá que las mujeres modernas no sienten nada y otra festejará porque no está embarazada. Cada mujer es un universo. Por ello, regresamos al consejo inicial: comprensión.
Para evitar desastres en esos días, trata de mostrarte interesado en cómo se siente más que en el proceso que está atravesando. Tu interés debe ser afectivo, no científico.
Además, evita proponerle tener sexo, a no ser que ella tenga la iniciativa. Si bien es posible, a veces le puede causar dolores o, simplemente, resultarle incómodo. Pero conversando, todo se soluciona.
viernes, 25 de marzo de 2011
Con sólo una oración puede combatir la ira
¿Furioso sobre un comentario desagradable? ¿Enojado por un desaire social? Diga una oración, incluso aunque no sea religioso, ya que nuevas investigaciones de científicos estadounidenses y holandeses demuestran que rezar puede ayudar a aliviar la ira, rebajar la agresividad y reducir el impacto de la provocación.
"La gente acude a menudo a la oración cuando siente emociones negativas, incluyendo la ira", dijo Brad Bushman, profesor de comunicación y psicología en la Ohio State University y co-autor del estudio. "Descubrimos que la oración realmente puede ayudar a la gente a lidiar con la cólera, probablemente ayudándolos a cambiar su punto de vista sobre los acontecimientos que los indignaron y ayudándolos a tomarlos de forma menos personal", agregó.
En la investigación publicada online en el Personality and Social Psychology Bulletin, Bushman y sus colegas descubrieron que rezar ayudaba a controlar la ira sin importar la afiliación religiosa de la persona o si iba a misa o rezaba de forma habitual.
En el primer estudio pidieron a 53 estudiantes universitarios estadounidenses que completaran un cuestionario que medía niveles de emociones como ira, depresión, tensión, fatiga y vigor y luego los colocaron ante una situación que pudiera provocar una respuesta colérica.
Después pidieron a los estudiantes que leyeran una noticia de un periódico sobre una paciente de cáncer y les asignaron aleatoriamente que rezaran por ella o pensaran en ella. Los estudiantes que rezaron por la paciente reflejaron posteriormente menores niveles de ira.
En otros estudios, Bushman, Ryan Bremner de la Universidad de Michigan, y Sander Koole, de la Universidad UV en Amsterdam, tuvieron resultados similares sobre el poder de la oración a la hora de lidiar con la ira, la agresividad y la provocación.
"Los efectos que encontramos en estos experimentos fueron bastante grandes, lo que sugiere que la oración realmente puede ser un modo efectivo de calmar la ira y la agresividad", dijo Bushman. Pero subrayó que los beneficios estaban relacionados con una oración benévola. "Cuando la gente se enfrenta a su propia ira, podría querer considerar el viejo consejo de rezar por los enemigos", dijo Bremner. "Puede que no beneficie a sus enemigos, pero podría ayudarlos a lidiar con las emociones negativas", agregó.
"La gente acude a menudo a la oración cuando siente emociones negativas, incluyendo la ira", dijo Brad Bushman, profesor de comunicación y psicología en la Ohio State University y co-autor del estudio. "Descubrimos que la oración realmente puede ayudar a la gente a lidiar con la cólera, probablemente ayudándolos a cambiar su punto de vista sobre los acontecimientos que los indignaron y ayudándolos a tomarlos de forma menos personal", agregó.
En la investigación publicada online en el Personality and Social Psychology Bulletin, Bushman y sus colegas descubrieron que rezar ayudaba a controlar la ira sin importar la afiliación religiosa de la persona o si iba a misa o rezaba de forma habitual.
En el primer estudio pidieron a 53 estudiantes universitarios estadounidenses que completaran un cuestionario que medía niveles de emociones como ira, depresión, tensión, fatiga y vigor y luego los colocaron ante una situación que pudiera provocar una respuesta colérica.
Después pidieron a los estudiantes que leyeran una noticia de un periódico sobre una paciente de cáncer y les asignaron aleatoriamente que rezaran por ella o pensaran en ella. Los estudiantes que rezaron por la paciente reflejaron posteriormente menores niveles de ira.
En otros estudios, Bushman, Ryan Bremner de la Universidad de Michigan, y Sander Koole, de la Universidad UV en Amsterdam, tuvieron resultados similares sobre el poder de la oración a la hora de lidiar con la ira, la agresividad y la provocación.
"Los efectos que encontramos en estos experimentos fueron bastante grandes, lo que sugiere que la oración realmente puede ser un modo efectivo de calmar la ira y la agresividad", dijo Bushman. Pero subrayó que los beneficios estaban relacionados con una oración benévola. "Cuando la gente se enfrenta a su propia ira, podría querer considerar el viejo consejo de rezar por los enemigos", dijo Bremner. "Puede que no beneficie a sus enemigos, pero podría ayudarlos a lidiar con las emociones negativas", agregó.
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