Qué importante es comprender que todos tenemos derecho a unas vacaciones, sobre todo en esta época. Sin embargo, a veces, sin darnos cuenta nos convertimos en máquinas de trabajar y, con el paso del tiempo, comenzamos a vivir para trabajar, cuando el objetivo original era otro: trabajar para vivir.
Querida amiga, hoy quiero invitarte a que pienses en que todo el esfuerzo que haces como trabajadora, como madre y como ama de casa requiere, de tiempo en tiempo, una pausa y en que, con tu esfuerzo y sacrificio, te has ganado unos buenos días para despejar la mente. No tienes idea de cuán saludable es para ti que dejes la computadora, la escoba y los pañales por unos días.
Entiendo que muchas veces el sentido de responsabilidad nos lleva a no tomarnos ese respiro porque sentimos culpa, porque creemos que deberíamos seguir produciendo, organizando o cuidando de la familia, pero también es importante que comprendas que te has ganado esos días de libertad.
Quizás pienses que vacacionar requiere de un alto presupuesto, para ti o para toda tu familia, pero no es así. Con un poco de creatividad e imaginación, estoy más que seguro de que puedes —y pueden, si decides hacerlo en familia— pasar unos días diferentes, interesantes y divertidos.
Nuestra ciudad de La Paz tiene, por ejemplo, varios lugares de descanso que implican viajes cortos y no demasiado costosos (Copacabana, Coroico, Zongo, Sorata, etc.) También están aquellos lugares para visitar durante el día, como Mallasa, Achocalla y el mismo Parque Urbano Central. Si tu presupuesto te lo permite, piensa en lugares más lejanos y vete a alguna ciudad o país vecino.
El punto está en salir de la rutina, en compartir momentos de calidad con tu familia, en darte un espacio para pensar, para renovarte y para descansar del día a día.
Si lo que te preocupa es el trabajo, recuerda que es sólo eso: trabajo. La empresa debe encontrar la forma de llenar el espacio que dejarás cuando pidas vacaciones. Considera este tiempo para que tus superiores tomen conciencia de lo importante que es tu trabajo en la institución. Sobre este punto, es muy importante también que conozcas que la ley te da ese derecho y que no existe motivo para que te lo quiten.
Al pasar de los años, la vida se resume en recuerdos y suele ocurrir que esas fotos del día de campo, del viaje familiar o de la visita a la prima de Cochabamba suelen ser aquellas que mejor grabadas se quedan, no sólo en la cabeza, sino también en el corazón.
Querida amiga mía, la vida se resume en dos días y hay que disfrutarlos. No esperes al próximo año y, antes de pensar en “¿para qué?”, piensa en “¿por qué no?”. ¡Lánzate de una vez! Espero que, a mediados de enero, yo reciba muchas cartas de amigas contándome lo divertidas que fueron sus vacaciones y que tú seas una de ellas. ¿Te animas?
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miércoles, 26 de diciembre de 2012
“Cómo generar positividad y entusiasmo en cada uno de sus momentos presentes”
• Podría decirse que nuestra vida es una sucesión de momentos presentes en los cuales o somos felices o estamos negativos y nada más.
• Sé que esto es una simplificación deliberada; sin embargo, podemos aprender a configurar, modificar y experimentar un estado de ánimo mental que sea positivo, feliz y constructivo.
• Nuestra vida es una sucesión de momentos presentes que pueden ser felices o infelices de muchas maneras; la mayor parte de nuestros momentos presentes son negativos e infelices por la calidad de los pensamientos que pensamos que de muchas maneras suelen ser negativos.
• Los pensamientos negativos tienen que ver con los temores, con la ausencia de una filosofía de vida positiva, con personas que se resisten a la invitación de la vida respecto al hecho de vivir aprendiendo cada día algo valioso, algo importante; también los pensamientos tienen que ver con querer cambiar las cosas de manera negativa siendo que cuando así se hace, solo se llega a producir un gran desastre para el pensador que está queriendo crear de esta manera.
• Vemos este ejemplo a veces en nuestros hijos que se empeñan en cometer errores a pesar de las advertencias y de las peticiones para hacer las cosas correctas; ellos no se dan cuenta de que la sumatoria de los errores llega a producir un efecto especial conocido también como, metafóricamente hablando, “el momento en que la pita se rompe” y así se ven nuestros hijos enfrentados a la suma de sus errores y no les queda más remedio que tomar la decisión de aprender o de seguir mintiéndose a sí mismos.
• De una o de otra forma, lo que nos interesa es aprender a convertir muchos momentos presentes en momentos felices, en momentos positivos y en momentos veraces porque sólo la verdad libera y edifica de manera perdurable.
• Ahora vamos al método, comience por en rectar su cuerpo, rote los hombros por favor y levante las cejas tres veces; ahora imagine que todo el aire se ha vuelto de color naranja y haga una gran inhalación profunda y luego exhale lentamente y a continuación diga en voz alta:” Este es mi momento presente y lo declaro puro, perfecto y feliz; estoy lleno de buena salud y de actitud positiva; todo está mejor que antes y eso también se aplica a mis hijos (en caso de tenerlos) por lo tanto, podré generar puntos de vista positivos que me permitan respirar profundo y con alivio y me permitan saber que la ley de atracción ha funcionado en el pasado, sigue funcionando en el presente y va a seguir funcionando en el futuro, por lo tanto me declaro un ser feliz, creativo y lleno de positividad; estoy en paz y sé que todo va a seguir mejorando en mi vida, en la vida de mi familia y en la vida de todos”.
• Con este pequeño ensayo ha podido darse cuenta de que su momento presente, de alguna manera se ha vuelto más positivo, más lleno de esperanza y de que tiene el poder de revisar todos sus momentos presentes y hacerles ciertos cambios para que sean más felices pues se trata de momentos que de alguna forma, son su propia vida; al aprender a revisar sus momentos presentes también puede revisar la polaridad de los pensamientos que piensa y la liberación que está emitiendo con su campo áurico que es el campo que activa su ley de atracción.
• Afirmación constructiva para escribir diez veces o más: “Me concentro en la abundancia de sensatez en mi vida”
• Si desea hacer algún comentario o alguna pregunta llámeme a los teléfonos del pie de página (2488284-72513317)
• Sé que esto es una simplificación deliberada; sin embargo, podemos aprender a configurar, modificar y experimentar un estado de ánimo mental que sea positivo, feliz y constructivo.
• Nuestra vida es una sucesión de momentos presentes que pueden ser felices o infelices de muchas maneras; la mayor parte de nuestros momentos presentes son negativos e infelices por la calidad de los pensamientos que pensamos que de muchas maneras suelen ser negativos.
• Los pensamientos negativos tienen que ver con los temores, con la ausencia de una filosofía de vida positiva, con personas que se resisten a la invitación de la vida respecto al hecho de vivir aprendiendo cada día algo valioso, algo importante; también los pensamientos tienen que ver con querer cambiar las cosas de manera negativa siendo que cuando así se hace, solo se llega a producir un gran desastre para el pensador que está queriendo crear de esta manera.
• Vemos este ejemplo a veces en nuestros hijos que se empeñan en cometer errores a pesar de las advertencias y de las peticiones para hacer las cosas correctas; ellos no se dan cuenta de que la sumatoria de los errores llega a producir un efecto especial conocido también como, metafóricamente hablando, “el momento en que la pita se rompe” y así se ven nuestros hijos enfrentados a la suma de sus errores y no les queda más remedio que tomar la decisión de aprender o de seguir mintiéndose a sí mismos.
• De una o de otra forma, lo que nos interesa es aprender a convertir muchos momentos presentes en momentos felices, en momentos positivos y en momentos veraces porque sólo la verdad libera y edifica de manera perdurable.
• Ahora vamos al método, comience por en rectar su cuerpo, rote los hombros por favor y levante las cejas tres veces; ahora imagine que todo el aire se ha vuelto de color naranja y haga una gran inhalación profunda y luego exhale lentamente y a continuación diga en voz alta:” Este es mi momento presente y lo declaro puro, perfecto y feliz; estoy lleno de buena salud y de actitud positiva; todo está mejor que antes y eso también se aplica a mis hijos (en caso de tenerlos) por lo tanto, podré generar puntos de vista positivos que me permitan respirar profundo y con alivio y me permitan saber que la ley de atracción ha funcionado en el pasado, sigue funcionando en el presente y va a seguir funcionando en el futuro, por lo tanto me declaro un ser feliz, creativo y lleno de positividad; estoy en paz y sé que todo va a seguir mejorando en mi vida, en la vida de mi familia y en la vida de todos”.
• Con este pequeño ensayo ha podido darse cuenta de que su momento presente, de alguna manera se ha vuelto más positivo, más lleno de esperanza y de que tiene el poder de revisar todos sus momentos presentes y hacerles ciertos cambios para que sean más felices pues se trata de momentos que de alguna forma, son su propia vida; al aprender a revisar sus momentos presentes también puede revisar la polaridad de los pensamientos que piensa y la liberación que está emitiendo con su campo áurico que es el campo que activa su ley de atracción.
• Afirmación constructiva para escribir diez veces o más: “Me concentro en la abundancia de sensatez en mi vida”
• Si desea hacer algún comentario o alguna pregunta llámeme a los teléfonos del pie de página (2488284-72513317)
Salvarse de la ilusión del “yo”
“Felices los pobres y los vacíos de sí,
porque de ellos es el reino de la serenidad”.
Vacío mental
Escoge un lugar tranquilo. Siéntate
en una posición cómoda. El tronco y la cabeza deben permanecer erectos; las
manos, colocadas sobre las rodillas, a ser posible con las palmas hacia arriba.
Mantén los ojos abiertos y fijos (pero no tensos, sino relajados) en un punto que
esté ubicado frente a ti, a una distancia menor de un metro. Suelta todo el
cuerpo varias veces, hasta que lo sientas equilibrado.
Concéntrate
en tu respiración. A ser posible, haz la respiración abdominal. Recuerda que
toda respiración consta de inhalación (absorción de aire) y exhalación
(expulsión de aire). Respira por la nariz, inhalando tanto aire cuanto puedas,
no fuerte o ruidosamente, sino suavemente. Luego exhala
tranquila y lentamente, expulsando el aire hasta vaciar completamente los pulmones.
Al exhalar, pronuncia suavemente (mental o vocalmente) la palabra “nada”,
sintiendo la sensación de nada, que todo tu ser se vacíe, al tiempo y de la
misma manera que se vacían de aire los pulmones. Vuelve a inhalar, y vuelve a exhalar
pronunciando nada, sintiendo que todo tu ser se relaja, que tu cerebro,
brazos, estómago, piernas, quedan vacíos. Lo decisivo es
permanecer el mayor tiempo posible con la sensación de mente vacía.
Al
principio, tu mente no se vaciará tan fácilmente; al contrario, las imágenes
rebeldes te acompañarán. Es normal. No trates de expulsar por la fuerza los
pensamientos, no les des importancia, déjalos, suéltalos. Y vuelve a sentir el
vacío al pronunciar “nada” durante la exhalación. Paulatinamente irás
consiguiendo esa sensación sedante de serenidad en todo tu ser, como si la nada
te cubriera de la cabeza a los pies y te penetrara. Es un descanso profundo.
Puedes hacerlo durante unos diez
minutos después de levantarte y diez minutos antes de acostarte. Puedes
hacerlo también durante el día, cuando te sientas tenso o cansado. Y, de todos
modos, cuanto más tiempo dediques a esta ejercitación, mejor. Si al hacer este
ejercicio te sientes soñoliento o demasiado rígido, déjalo para otro día.
No me cansaré de repetirlo: el secreto
del éxito está en la práctica tenaz y perseverante, sin impaciencias y
tranquilamente. Se avanza paso a paso. La clave está en repetir y repetir el
ejercicio, mejorando cada vez un poco más los efectos. De pronto comenzarás a
percibir que las obsesiones ya no te dominan como antes, las tensiones se
sueltan, las ansiedades desaparecen, que duermes mejor, que eres más paciente y
que estás recuperando el gusto de vivir. Hay que continuar y continuar
incansablemente en la práctica diaria.
Ahora bien, ¿a dónde nos lleva este
vacío mental?
martes, 25 de diciembre de 2012
Salvarse
Salvarse
“Sutil, misterioso y profundo
es el verdadero sabio,
hasta hacerse inasequible,
atento como el que avanza sobre
el río helado,
rústico como un tronco de árbol,
humilde como la nieve que se
derrite,
vacío como el valle,
simple como el agua”.
Lao-Tzé
“Voy a crear un cielo nuevo y una
tierra nueva:
de lo pasado no habrá recuerdo
ni vendrá pensamiento,
sino que habrá gozo y alegría
perpetua”.
Isaías
“Si eres puro,
la cobra puede picarte,
mas tú no tendrás fiebre.
Pero ¿cómo podría picarte
si eres puro?”
Ramdranath
Para colocamos en el contexto exacto, me permito recordar algunas
precisiones.
1) Como dijimos anteriormente, al utilizar la
palabra salvarse no nos referimos a aquella obra salvífica realizada por el
Señor Jesús, por la que nos libró del pecado y de la muerte, salvación que se
consumará en la gloria eterna. Antes bien, entendemos la palabra salvarse en
su acepción corriente y vulgar.
2) Pensando que la fe de mucha gente es tan
débil que no constituye una fuerza eficaz para transformar el sufrimiento en
fuente de paz, seguimos prescindiendo todavía en este capítulo de los
presupuestos de fe y entregando medios humanos para atenuar o suprimir el
sufrimiento. No obstante, el lector habrá podido advertir que el plan que
estamos presentando es, según creemos, netamente evangélico, por su carácter
liberador.
3) Permítanos el lector recalcar otro concepto
ya expresado al principio: no estamos propiciando un hedonismo egocéntrico y
cerrado: liberar al hombre del sufrimiento y hacerlo feliz. Ciertamente, ése ya
sería un programa grandioso, y, de hecho, ése es el objetivo de todas las
ciencias del hombre. Pero, en nuestro caso, queremos trascender ese objetivo:
buscamos dejar al hombre en tales condiciones que sea capaz de amar.
4) En el presente capítulo, al hombre liberado o
que está en camino de liberación lo denominaremos sabio.
lunes, 24 de diciembre de 2012
El deporte de amar
Me dirás: si yo sufro de dispersión u obsesión, me las
arreglaré para superarlas mediante un ejercicio intensivo de relajación y
concentración. Pero si el fuego me viene del otro, ¿qué se puede hacer? ¿Quién
puede penetrar en el santuario de la libertad del otro? ¿Quién puede abstraerse
por completo de la presencia humana y refugiarse en el corazón de la soledad,
en el desierto, como un anacoreta? En suma, ¿habrá alguna forma de mitigar o
anular los inevitables impactos que nos vienen del otro?
Sí la
hay: es el deporte del amor. Pero, antes de entrar a explicarlo, aconsejaría al
lector ir adquiriendo, por sí mismo, una sabiduría personal y experimental en
base a unas cuantas líneas fuertes de este libro: despertar, relativizar,
desasirse, controlarse... Asimismo, me permitiría sugerirle tener presentes
unos cuantos apartados de mi libro “Sube conmigo”: respetarse, adaptarse,
comprenderse, aceptarse, acogerse, comunicarse...
* * *
El arte que vengo a enseñarte es
difícil, casi utópico, pero de milagrosos efectos liberadores. Son muchos los
que lo practican; así que es factible. Es un arte eminentemente cristiano,
pero no exclusivamente. Cuando uno se siente amado por Dios como hijo único,
ese arte de amar no sólo es fácil, sino casi inevitable. Pero también pueden
practicarlo los que no tienen experiencia de fe; y, de todas formas, aquí lo
recomendamos a título de terapia liberadora.
Se
trata de dedicarse a amar precisamente a aquellos de quienes has recibido
desilusión o te han traicionado.
Cada vez que recibas un impacto
negativo, concéntrate, tranquilízate y dedícate a amar a esa persona, asentir
amor por ella; a transmitirle ondas amatorias, a envolverlo, mental y
cordialmente, en ternura y cariño. Fulano te ha insultado. No importa. Retírate
y dedícate al deporte de amarlo: piensa en él, transmítele ondas de cariño y
benevolencia. Amalo inmensamente, incansablemente.
Te han retirado la palabra, acabas
de enterarte de una traición. No importa. Retírate, concéntrate en ellos y
envíales fuego de amor, ámalos incondicionalmente, ciegamente; sin hacer caso
del amor herido, envuélvelos en dulzura, bondad, suavidad. Ni siquiera tienes
que dedicarte a perdonarlos, sino a amarlos. Envíales tu corazón y tus entrañas,
traspasados de ternura por ellos.
En fin, cada vez que alguien te
haga sufrir, retírate al silencio de tu cuarto, y, en lugar de enviarle ondas
agresivas (que sólo a ti te dañan), ínúndalo de dulzura mentalmente, llénalo de
cariño, ámalo incansablemente.
* * *
Esto
parece, me dirás, una locura incomprensible.
Así
será. Pero yo estoy en condiciones de afirmar que no hay en el mundo terapia
tan liberadora como ésta. Es la más sublime libertad; es, justamente, la
Perfecta Alegría.
Y es, por otra parte, el Gran
Mandamiento del Señor, pero que yo, en este momento, lo recomiendo como la
manera más eficaz de liberarse del sufrimiento que proviene del otro.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Caricaturas y otras espinas
Te vas o no te vas; haces o dejas de hacer; dices o dejas de decir; y la
gente, a tu derredor, comienza una retahíla de interpretaciones y suposiciones:
vino para encontrarse con tal persona; no vino por no comprometerse con tal o
cual cosa; se fue allí con aquella intención; dijo esto, pero quería decir
aquello... Y la gente proyecta en ti sus propios mundos, lo que ellos harían,
interpretaciones completamente subjetivas y gratuitas, que con frecuencia pisan
el terreno de la calumnia. Y así comienza a formarse una imagen distorsionada
de ti, que va tomando cuerpo y convirtiéndose en tu caricatura. Es injusto.
Te presentaste por única vez ante
determinadas personas. No estuviste feliz: salió a relucir aquel típico rasgo
negativo de tu personalidad. Desde entonces, para esas personas, tú eres aquel
rasgo, como si todo tú entero fueses ese defecto. Una burda caricatura nuevamente.
Peor aún; a veces, ni siquiera se trata de un rasgo, sino de un desacierto
incidental. Pues bien: desde ahora muchos te identificarán por aquel
incidente, olvidándose de toda la polivalente complejidad de tu personalidad.
Si
acaso hubo en ti una tardía maduración intelectual y tus estudios fueron poco
brillantes, tus compañeros de estudio conservarán para siempre una imagen
mediocre de ti, aquella imagen de tus tiempos de estudiante, aunque ahora
ocupes la presidencia del Banco Central.
* * *
El lugar de trabajo, a veces, para
mucha gente es un lugar de tortura. De pronto, se trata de un jefe inseguro,
y, por eso mismo, arbitrario y prepotente; y hay que aguantarlo, porque de otra
manera podrías arriesgar tu empleo. Otras veces estás rodeado de tipos desagradables,
que, por resentidos, no pueden dejar de disparar contra ti dardos envenenados y
cuya única satisfacción es molestar y herir. Tampoco faltarán los ambiciosos,
que, mediante intrigas y zancadillas, te hagan la vida imposible.
Otras
veces, el vecindario es un infierno de chismes, en el que apenas se puede
respirar. Llevan y traen cuentos, inventan y aumentan historias. Vigilan, fiscalizan.
Siempre el otro.
* * *
Pero
el infierno puede estar también dentro de casa. Ahí está ese mar dilatado y
profundísimo: el matrimonio. No entraremos, sin embargo, en esas aguas, con la
lupa analítica. Las alternativas de la vida matrimonial tienen, en realidad,
una complejidad casi infinita, y sólo para hacer un somero análisis
necesitaríamos largas páginas.
Tan
sólo dejamos aquí, de paso, este apunte: para mucha gente, la vida de
matrimonio constituye la fuente principal de sinsabores.
Otras
veces, el motivo de preocupación y sufrimiento son los hijos, sobre todo
cuanto están atravesando la borrascosa juventud.
Con
demasiada frecuencia, lo que distingue a los hijos son esas dos típicas
características: el egoísmo y la ingratitud. Los hijos, no raramente, buscan a
sus padres siempre y cuando, y en la medida en que los necesitan, por puro
interés. No es raro encontrarse con casos en los que las madres, de edad ya un
tanto avanzada, acaban transformándose poco menos que en empleadas de sus
hijos.
Parece
que va en la esencia de padre el dar, y, por cierto, gratuitamente, y en la
esencia de hijo el recibir. Por eso, muchos hijos se sienten con todos los
derechos para exigir.
* * *
iCómo
has deseado, durante años, que tal persona te brindara su confianza y amistad;
pero ha sido inútil; ella no te abrió nunca las puertas!
El
que está a tu lado ha interpretado mal una expresión tuya. Llevas días
tratando de dar explicaciones para despejar el equívoco, pero él continúa
dolorido.
En el
equipo de trabajo te ha fallado aquella persona en la que más confiabas.
Te
dominaron los nervios y levantaste la voz. La otra se quedó en silencio. No
dijo nada. Le pediste disculpas de rodillas, pero ella continúa con la boca
cerrada; y ya han pasado tres meses.
No
hay manera de que seas aceptado y acogido en el grupo en el que vives o
trabajas. Y te sientes mal.
Nunca
hubieras esperado que tu amigo acabara de esa manera.
Pusiste
fuego y alegría, luchando durante años para formar ese grupo, un grupo de gente
responsable y valiosa. Han pasado los años, y los resultados están a la vista:
todos, casi todos, te han defraudado. ¡ Quién lo hubiera pensado!
No se
sabe por qué, pero siempre habías abrigado la ilusión de que tal persona te
aceptara y estimara; pero ella continúa distante, con su mirada fría y sesgada.
Siempre
el otro...
sábado, 22 de diciembre de 2012
Las razones de la envidia
La
envidia, amarilla y amarga, es la yerba más frondosa del huerto humano.
Dicen que es la típica reacción
de los infantiles. Así será. Y si así lo es, habría que concluir que una buena
parte de la humanidad navega todavía en las etapas infantiles.
No rara vez hay brotes de
envidia entre los hermanos de un mismo hogar. En el trabajo, en la oficina, en
los grupos humanos, en las. comunidades, en la arena de las luchas políticas y
sindicales, en el mundo de los artistas, científicos y profesionales..., la
envidia saca su estilete a cada momento para atacar por la espalda.
¡Ay
del triunfador!, muy pronto las avispas caerán sobre él. Los encantadores, los
que brillan, los que se hacen querer, que se preparen para ser acribillados a
picotazos.
* * *
La envidia existe en las relaciones
humanas en dosis mucho más elevadas de lo que comúnmente se cree. ¿Por qué digo esto? Porque la envidia es —y
se sabe— tan fea que hace esfuerzos inauditos para camuflarse. Es como la
víbora que busca cualquier disfraz para ocultarse. Cuanto más fea es su cara,
tanto más bonitos son los disfraces que utiliza.
Con otras palabras: la envidia es
sumamente racionalizante, esto es, busca “razones” para disfrazarse. Por eso
toma aires razonables, poses objetivas. Dice la envidia: aquí les presento
cinco razones para demostrar que fulano es un fracasado. Pero las cinco razones
son pura fachada; la verdadera razón es la sexta: la envidia. Dice la envidia:
fulana no lo está haciendo tan bien como ustedes dicen: no se han fijado en que
a su rostro le falta brillo, exagera esto y lo otro, no hay vigor en su
entonación... Dice la envidia: fulano no sirve para ese cargo: su pedagogía no
está actualizada, su poder de persuasión es relativo, su capacidad de
comunicación, mediocre; hoy la sociedad necesita hombres con otras ideas, etc.,
etc.
Así se disfraza la envidia. Nunca
ataca al descubierto, siempre cobijada bajo el alero de las “razones”. Así, al
amparo de la racionalización, vegeta y engorda lanzando picotazos, minimizando
méritos, apagando todo brillo.
La gente sufre mucho a causa de la
envidia.
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