lunes, 5 de noviembre de 2012

El tiempo pasado - II


Les sucede exactamente igual que al que tiene una pesadilla nocturna y la vive de tal manera que despierta con taquicardia, sudores y otras manifestaciones carac­terísticas de quien ha afrontado una lucha horrible y descomunal. Asimismo, estas personas reviven en su imaginación historias tormentosas, hasta el punto de que quisieran justificarse y dar explicaciones a aquellas personas ante las que se sienten culpables, con el fin de recuperar la estima que perdieron. Reviven fragmentos de una historia que, al hacerse presentes, les vuelven a provocar, en mayor o menor grado, sentimientos de autocompasión o de culpabilidad.
Es un torbellino insensato e irracional. Una recorda­ción y escenificación de una cabeza loca. Todo es mentira. Hay que despertar, liberarse de esas quimeras y respirar en paz. ¡Basta de sufrir!
            Ya hemos dicho que los hechos consumados están anclados para siempre como muros inamovibles e indestructibles. Déjalos estar allí donde estén. Al recor­darlos, te estás destruyendo. Ten piedad de ti mismo y no seas tu propio verdugo. Suelta todo, respira y sé feliz.
    ¿Qué le diríamos a alguien que tomara una brasa ardiente en sus manos? Le diríamos: ¡cuidado, suelta esa brasa, porque te vas a quemar! Eso mismo es lo que uno se ve obligado a gritar muchas veces para desper­tar a quienes estén dormidos sobre carbones encendi­dos. Y “soltar” quiere decir retomar el control de la mente, desligar la atención de aquellas escenas o perso­nas, tranquilizar los nervios y recuperar la serenidad del espíritu.

* * *

            Lo que acabamos de decir les sucede sobre todo a quienes tienen tendencias marcadamente subjetivas. Pero, en general, para la mayoría de las personas, los archivos de su vida se convierten en surtidores de agua hirviente: estén tristes porque recuerdan cosas tristes, y al recordarlas, les dan vida, abriendo de nuevo las viejas heridas, que nunca dejan cicatrizar totalmente.
            Por obra y gracia de una fantasía siempre activa, re­piten una y otra vez los platos más amargos de la vida, lo que acaba cegándoles las fuentes de la alegría de vivir.

            En todo momento, estas personas deben estar aten­tas a sí mismas, porque, al menor descuido, vuelven a “dormirse” y regresan a los campos minados de los recuerdos más ingratos, y su corazón comienza a san­grar de nuevo.
            Es indispensable estar alerta y advertir que es una insensatez revolver los archivos que contienen una historia irremediablemente muerta. Es lo que expresa muy bien el refranero popular: “Agua que no has de beber, déjala correr”, o, como aconseja el Evangelio:
    “Deja que los muertos entierren a los muertos”. Deja que las hojas caídas se descompongan y mueran. Tú mira hacia adelante, y cada mañana comienza a vivir de nuevo.
    Aquellas personas que influyeron tan negativamente en momentos decisivos de tu juventud, aquellas equivocaciones que más tarde tanto lamentaste..., déjalas, que las arrastre la corriente del olvido.
Aquel fracaso, que, por ser el primero, te hirió tan mortalmente que por muchos años respiraste por esa herida, aquellas hostilidades nacidas de ruines envidias, aquella zancadilla artera, aquellas incomprensiones, aquellas medias verdades, más perniciosas que la ca­lumnia, que arruinaron tu prestigio..., déjalo todo, que lo arrastre la corriente a la región del olvido.
            Los que nunca te apreciaron, los que siempre te des­preciaron, aquella crisis afectiva que fue como un vendaval para el proyecto de tu vida, aquel descalabro en tus negocios que remeció la economía doméstica, aque­llos ideales que nunca pudiste realizar..., déjalo todo en la paz de los muertos, y tú, vive.
            Las aguas que pasaron, no vuelven a pasar. Requiem sobre las hojas muertas y los archivos olvidados. Tú levanta la cabeza, abre los ojos, mira hacia adelante y avanza hacia un mundo de alegría y esperanza

domingo, 4 de noviembre de 2012

El tiempo pasado - I


El tiempo es metafísicamente irreversible. No es po­sible hacer el viaje de regreso al pasado a lomo del tiempo. No podemos retroceder ni un minuto ni un segundo. Todo lo que ha sucedido desde este instante para atrás es un hecho consumado, un imposible. Y la rememoración del pasado puede convertirse en el ma­nantial más abundante de tristeza y sufrimiento para la mayoría de las personas. Es hora de despertar, y... los imposibles, dejarlos.
            ¿Qué diríamos de una persona que se acercara a una pared y comenzara a darse golpes contra ella? Pues ésa es la situación de quien se empeña en amargarse la vida recordando y reviviendo historias dolorosas. Historias que son tan inconmovibles como los muros de una ciu­dadela. Los muros de tu casa, aunque sean de hormi­gón, pueden ser derribados golpe a golpe. Pero los blo­ques de los hechos consumados no serán removidos ni un milímetro por los siglos.
            Avergonzarse de ellos recordándolos es como darse de cabeza contra la pared. Si nunca han de ser removidos, ¿por qué empeñarse en empujarlos? ¿Para qué re­sistirlos? Déjalos.

* * *

Hace cinco años te calumniaron. Hace dos años y medio te traicionaron. Sólo hace una semana hiciste el ridículo en un momento decisivo para tu vida profe­sional. Ocho meses atrás perdió la vida en un accidente de carretera uno de los tuyos. Hace siete semanas te viste envuelto en aquel juego de envidias y maledicen­cias y estuviste a punto de perder tu empleo.
            Los hechos ya están consumados. Aunque viertas un mar de lágrimas, aunque te encolerices derramando amargura como un volcán, todo es inútil; esos hechos no serán alterados jamás. ¿Para qué resistirlos? Déjalos en el olvido.
            Al recordarlos, les vuelves a dar vida. Es una locu­ra. Sólo tú eres el afectado, y sufres. Quienes tanto daño te hicieron disfrutan ahora de la vida alegremen­te y nada les importa de ti. Ellos viven su vida y tie­nen sus propias preocupaciones. Al removerlos en tu recuerdo, sólo tú sufres, sólo tú te quemas. Estás dán­dote de cabeza contra los muros irremediables. Es una insensatez. Despierta, y las cosas que no tienen reme­dio, relégalas al olvido. Basta de sufrir.
            Graba bien esto en tu mente: las furias de tu corazón nada podrán hacer para que lo que sucedió no hubie­ra sucedido.

Hay personalidades con las siguientes características: son fuertemente subjetivas y con tendencias pesimistas. Y, naturalmente, viven dominadas por delirios de persecución, accesos de suspicacia y de aprensión. Estas personas no viven, agonizan. A lo largo de los años me he encontrado a diario con esta clase de personas, si bien con fallas en proporciones diferentes.
            Viven recordando historias pasadas, a veces muy re­motas, en las que ellas se vieron envueltas en circunstancias desagradables; enfrentadas con personalidades importantes, por las que se sintieron despreciadas o re­chazadas, o, al menos, subestimadas. Y ahora, después de tantos años, al recordar todo aquello, se llenan de vergüenza, tristeza y confusión tan vivamente como si hubiera sucedido ayer mismo.
            Todo es una desgraciada re-creación subjetiva.
Cuando uno les dice: mira que estés metido en un sue­ño irreal, que todo es mentira, nada de eso existe ahora..., sienten un gran alivio.
            Para estos sujetos, que son muchos, los archivos de su vida son una fuente abrumadora de tristeza. Revi­ven su historia con los colores más negros. Sin darse cuenta, porque están dormidos, continúan imaginaria­mente envueltos y enredados entre los pliegues de aquellos acontecimientos, ya tan lejanos, culpando a los demás, agrediéndolos mentalmente y esforzándose por justificarse ante sí mismos y ante los demás.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Los imposibles, dejarlos


Hemos dicho que los acontecimientos-personas-cosas son mis enemigos en la medida en que yo los rechazo. Las cosas me agradan o desagradan a la vista, al oído y a los demás sentidos; y al desagrado corresponde mi rechazo o resistencia. Pero “desagrado” es un concepto relativo; hace referencia a la relación entre el objeto-agente y mi sensibilidad. Y esta sensibilidad es, o pue­de ser, terriblemente subjetiva: tornadiza, según el viento de los preconceptos, juicios de valoración, con­vicciones, fuerza de voluntad, estados de ánimo...
    En el fondo, podemos decir que todo sufrimiento es una resistencia mental; y donde hay resistencia, hay sufrimiento. Ahora bien, si el hombre acaba constituyén­dose en enemigo de todo cuanto rechaza, puede llegar a transformarse en un ser universalmente sombrío, sus­picaz, temeroso y temible a la vez. Y puede entrar en un círculo vicioso: cuanto más le desagradan las cosas, más las rechaza, y cuanto más las rechaza, más le desagradan. Urge salir de estos círculos de fuego. Busque­mos las puertas de salida. ¡Basta de sufrir!

* * *

    La resistencia emocional es una oscura fuerza subje­tiva que tiende a anular y dejar fuera de combate todo aquello que le desagrada. Un rechazo mental, con una estrategia aplicada metódicamente, puede ayudar a vencer, parcial o totalmente, a ciertos enemigos del hombre, como la enfermedad, la injusticia, la pobreza.
            Por eso, y para evitar caer en los brazos de la pasivi­dad, el caminante, frente a los obstáculos que le salen al paso en el camino, debe preguntarse: ¿Puedo anular este obstáculo? ¿En qué medida puedo mitigar su virulencia o peligrosidad? ¿Hay algo que hacer?
            Y, como respuesta, nos encontraremos con realida­des hostiles al hombre, que pueden solucionarse en un ciento por ciento; o, en algunas ocasiones, en un por­centaje menor: el 40, el 15 o el 5 por 100. En este caso hay que encender todos los motores, y poner en acción una estrategia con la plenitud de fuerzas, para dejar a los “enemigos” fuera de combate.
            Puede suceder también que tengamos que enfrentar­nos con situaciones o realidades que nos desagradan o nos provocan rechazo, y que no está en nuestras manos solucionarlas o son esencialmente insolubles. Las denominamos situaciones límite, hechos consumados o, simplemente, un imposible.
            Y dejamos constancia aquí de lo que irá apareciendo a lo largo de estas páginas: que, en una proporción mucho más elevada de lo que pudiéramos imaginar, somos impotencia; que muchas veces no hay nada o muy poco que hacer; que nuestra libertad está profundamente condicionada, a veces aprisionada y con frecuencia anulada; que somos esencialmente indigentes; que lo que podemos es muy poco o casi nada. Quien sea ca­paz de aceptar todo esto sin sublevarse, ya está a la mitad de camino de la liberación.
            Así pues, enfrentados a situaciones dolorosas, debe­ríamos preguntamos: ¿Puedo modificar esto que tanto me molesta? ¿En qué medida? ¿Qué es lo que puedo hacer? Si las puertas están abiertas y es posible hacer algo, hay que avanzar decididamente por esas puertas hasta el campo de batalla para librar allí el combate de la liberación.
    Pero si las puertas están cerradas y no hay nada que hacer, es locura reaccionar airadamente, como si pudié­ramos anular lo irremediable con actitudes agresivas.
            He aquí, pues, la puerta ancha de la liberación: los imposibles, dejarlos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Aprenda a hacer milagros necesarios en sus pensamientos

La mayor parte de las personas de este mundo necesitamos ayudar a algunos de nuestros seres queridos que sufren de desequilibrios vitales o de conducta y llevan una mala vida por esa razón.

Ha nos hemos dado cuenta, hablarles directamente o indirectamente no funciona ni tiene el menor efecto en ellos, sin embargo, hay un método sencillo con el cual podemos comunicarnos directamente con sus mentes subconscientes o mentes profundas.

Para hacer estos ejercicios debe despertarse una hora antes, en la mañana y aprovechar su relajación natural; todo lo que tiene que hacer es pensar, imaginar y tener una conversación sincera con su ser querido en la cual le hace admitir su desequilibrio, su limitación y su error.

Una vez logrado ese paso, debe hacerle imaginar la solución a su problema y hacerle ver también algunos de sus sueños realizados entendiendo que las personas estancadas de este mundo están así sólo por que recuerdan, visualizan o piensan en su estancamiento.

Cuando una persona se visualiza libre, su libertad se manifiesta; cuando sólo se visualiza un problema, éste se perpetúa o aumenta, lo que debe hacerse es visualizar dos cuadros mentales, uno al lado del otro, a nuestra izquierda la imagen del problema y a la derecha la imagen mental del problema solucionado.

Podemos sanar en el pensamiento a todas las personas que tienen padecimientos proyectándoles energía vital sin color y ver en la imaginación cómo se van sanando.

Haga la prueba, durante un mes resuelva todos sus problemas y triunfe en el pensamiento, anote su fecha de inicio, haga una lista de sus problemas, de sus penas, de sus aflicciones y haga sus ejercicios de triunfar y solucionar en el pensamiento durante un mes y después vuelva a su análisis y entonces podrá ver la diferencia.

Ejercicio de ejemplo: Piense en una persona joven de su familia que tenga conductas y estados mentales negativos, en la mañana al despertar deberá evocar su imagen delante de usted y proyectarle energía verde color naturaleza durante cinco o diez minutos hasta que el color de su aura se vuelva limpia y positiva y eso es todo, solo debe repetir el ejercicio durante dos o tres días y observar algunos pequeños cambios y si lo desea puede hacer el mismo ejercicio por todos los días que sea necesario hasta que vayan apareciendo las actitudes sanas y positivas, nos vemos en el artículo de mañana.

Si desea hacer algún comentario o alguna pregunta solo llámeme a los teléfonos del pie de página.

Interesante:”Los programas de cambio y mejoramiento del carácter de 22 días pueden modificar muchos hábitos negativos y autodestructivos y crear hábitos de autogobierno personal perdurables en las personas que los experimentan”.

Si desea tener una conversación con el autor o una consulta acerca de cualquier problema, llame con confianza a los teléfonos del encabezado desde las 7.30 de la mañana (2488284 – 72513317 ó 788-9-4080), los problemas sólo se resuelven cuando se los afronta con seguridad.

Los focos luminosos - II


Por este camino, llegamos a una halagüeña conclu­sión: en nuestras manos están las llaves de oro que pueden transformar los males en bienes y los enemigos en amigos.
            La primera condición para esta portentosa alquimia es, una vez más, despertar sacudirse el sueño, liberarse de esa confusión nocturna, abrir los ojos y darme cuen­ta de que, si acepto a ese vecino desagradable, lo convierto en un buen amigo.
    Como estoy irritado, todo me irrita. Como estoy des­asosegado, todo me molesta. Las cosas-personas que me rodean son buenas, limpias, luminosas. Es mi ópti­ca particular, son mis ojos los que las contemplan a través del prisma oscuro de mis descontentos; y por eso me resultan irritantes y hostiles. El problema está ahí.
            La primera llave de oro consiste en contemplar y apreciar los lados positivos de las cosas-personas.
            Si esas manos no son bonitas, ellas, en cambio, reali­zan millares de prodigios; tantos, que una tercera parte de la producción cerebral está dirigida y es consumida por las manos. ¿Pensaste alguna vez qué sería de ti sin esas manos? ¿ Has visto alguna vez una persona sin ma­nos? Es una fatuidad monstruosa avergonzarse de ellas porque no tengan bellas proporciones, cuando, en rea­lidad, son una maravilla de la creación. Nos dejamos deslumbrar por la envoltura de las cosas, que nos impi­de ver los tesoros interiores. Somos fatuos, y estamos dormidos.
            Puede ser que tus ojos no sean hermosos, pero ¿qué sería de ti sin esos ojos, ventanas por donde penetra el resplandor del mundo? Es tan asombrosa su anatomía que los sabios enmudecen cuando logran captar toda su complejidad y precisión. ¿Qué sería de ti sin esos ojos? Una noche eterna.
            Puede ser que esa dentadura no sea uniforme y blan­ca; pero ¿pensaste alguna vez con qué orden y sabiduría están dispuestos y articulados esos dientes y qué admirable función desempeñan en el sistema digestivo?
            En este tu modo de ser, tal vez te pesen y opriman ciertas tendencias negativas, como el rencor o la impaciencia. Hasta es posible que la cruz, pesada cruz, seas tú mismo para ti mismo. Pero ¿pensaste alguna vez que, si tienes siete defectos, dispones, en cambio, de sesenta cualidades?
    Fracasaste en este último intento; pero ¿por qué no piensas en todos los intentos que te resultaron exito­sos? ¿Por qué no fijar los ojos en los focos luminosos? Mientras los demás te consideran como un hombre de suerte y de éxito, tú, en cambio, te sientes descontento y abatido, porque fijas la atención precisamente en los episodios más negativos de tu vida.

* * *

            Puede ser que tu compañero de trabajo o tu vecina sean impacientes e irascibles; pero te olvidas de que tienen un enorme espíritu de servicio, y aun, e veces, rasgos verdaderamente conmovedores de generosidad.
            En la valoración global de una persona sucede, con frecuencia, que nos fijamos tan obsesivamente en un defecto determinado, que acabamos identificando y de­finiendo a esa persona como si ‘fuese” ese defecto, evaluando toda su personalidad a través de ese defecto y como concluyendo en la ecuación de que ella es igual a su defecto. Y muchas veces ni siquiera se trata de un defecto, sino de una reacción esporádica y aislada; y somos capaces de objetivar y retratar a la persona ente­ra por ese momento de emergencia. ¡ Una monstruosa caricatura, sin duda! Siempre dormidos. Es necesario despertar y hacer funcionar correctamente el cuadro de valores.
            De manera análoga, puede suceder otro tanto acerca de ti mismo o de tu propia historia: un defecto tuyo o un fracaso se te pueden fijar de tal manera que te pue­des ir quedando con la impresión global de que tu vida o tu persona han sido, o son, una calamidad. Despierta, haz una correcta evaluación, y verás que son infinita­mente más las joyas y los tesoros que las ruinas.
            Te defraudaron los amigos. Aquel dorado proyecto se vino al suelo estrepitosamente. Un error de cálculo hizo que el negocio fracasara. Pero, ¡cuántas lecciones aprendidas! ¡Cómo te ayudaron e liberarte de manías de grandeza y otras obsesiones que te esclavizaban! No hay en el mundo infortunio o contratiempo que no encierre aspectos positivos y lecciones de vida.

    Esta es, pues, la primera llave de oro, que más ade­lante estudiaremos a fondo: tratar de descubrir el lado positivo de las cosas.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Toda imagen mental negativa puede ser neutralizada con el poder de la visualización imaginativa

* Vivimos dentro de una esfera mental imaginaria en la cual existen toda clase de imágenes que se corresponden con las percepciones de las mismas; muchas de éstas imágenes son negativas y cada que las contemplamos internamente sentimos sus sutiles efectos que son sensaciones de desagrado y de molestia interior y todo esto repercute en nuestra actitud mental y corporal haciéndonos vivir momentos de desagrado y de negatividad interior también.

* El principio que hoy estamos trabajando y aprendiendo consiste en la idea de que podemos compensar o neutralizar en nuestra mente toda imagen negativa con la visualización imaginativa o con la visualización evocativa para lograr una disminución o neutralización del efecto destructivo de cualquier imagen mental negativa.

* Piense en cualquier imagen de una persona del mundo que le haga sentir sensaciones de desagrado y de molestia interior; ahora va a crear una escena imaginaria en la cual el ciclo de esa persona concluyó con éxito ecológico y en esa escena imaginaria contemple el triunfo y el éxito de la vida y al lado izquierdo contemple la imagen de la persona negativa empequeñecida y tranquila y sin poder causar mal ni daño a nadie.

* Recapitulando podemos ver dos imágenes: la imagen número uno es la imagen de la persona negativa y desagradable; la imagen número dos es la imagen del triunfo de la vida como un hecho positivo que genera alivio, tranquilidad y felicidad.

* Ahora que hicimos el ensayo con cualquier persona de la vida, podemos hacer un segundo ensayo con una persona de nuestro mundo de la familia, del trabajo o del hogar, vamos a la acción: Piense en esta nueva persona negativa y desagradable; ahora piense en una persona de su vida que signifique y represente positividad, amor incondicional, bondad a toda prueba…una vez que haya conseguido pensar en alguien así de su mundo, ponga esa imagen positiva al lado de la imagen negativa y vea, oiga y sienta los efectos compensadores y neutralizadores de su imagen positiva y puede tomar la decisión de hacer este ejercicio mental con todas las imágenes negativas y despreciables que estén impresas dentro de su esfera mental de percepción.

* En el caso del sistema auditivo de percepción, piense o recuerde la vez que alguien le insultó, amenazó o agredió verbalmente; tómese unos instantes y ahora recuerde una vez en que su mamá le habló con dulzura, con sinceridad y se puso de su parte, bien, ahora que tiene las dos imágenes con sonidos júntelas colocándolas en el mismo plano y vea, oiga y sienta la diferencia, ¿verdad que la nueva sensación resultante es diferente y usted se siente mejor...con esa nueva imagen que acaba de crear?, nos vemos en el artículo de mañana.

* Interesante:”Los programas de cambio y mejoramiento del carácter de 30 días pueden modificar muchos hábitos negativos y autodestructivos y crear hábitos de autogobierno personal perdurables en las personas que los experimentan”.

* Si desea tener una conversación con el autor o una consulta acerca de cualquier problema, llame con confianza a los teléfonos del encabezado desde las 7.30 de la mañana (2488284 – 72513317 ó 788-9-4080), los problemas sólo se resuelven cuando se los afronta con seguridad.

Los focos luminosos - I


El bien y el mal están siempre dentro del hombre. No proceden de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera. Todo hombre es poseedor de una varita mágica, capaz de transformar todo lo que toca en oro y bendición. Porque, si es verdad que en la mente huma­na se fraguan los enemigos, también lo es que la mente del hombre es el hontanar de todo bien y todo amor.
    Todo lo que resistimos mentalmente lo convertimos en enemigo. Si no me gustan estas manos, ellas son mis enemigas. Si no me gusta esta nariz, estos dientes, este color, esta estatura..., se convierten en mis enemi­gos, despiertan en mí los mismos sentimientos de re­pulsa que un verdadero enemigo. Y así, te esfuerzas por no aparecer en público, ocultas tus manos...; en suma, te tratas a ti mismo como si fueras enemigo de ti mismo, humillándote, avergonzándote. Y avergonzarse de sí mismo es lo mismo que autocastigarse.
    Muy en lo hondo de todos estos sentimientos palpi­tan un sinnúmero de fatuidades, actitudes narcisistas, truncadas escalas de valores, megalomanías y otras mil hijas de la vanidad; todo lo cual lo analizaremos más adelante. Por el momento, es suficiente con que caiga­mos en la cuenta de cómo y dónde se forjan nuestros enemigos.
            Si tu vecino te desagrada, lo transformas en un ene­migo. El problema no está en él, sino en ti. Y cuanto más lo resistas, más lo sentirás como enemigo. La ene­mistad crece en la medida que aumenta la repulsa de tu corazón.
            Si no te gusta este día triste y oscuro, este día es tu enemigo. Si te molesta la tos de quien está a tu lado, la voz de un vecino, la manera de caminar de aquél, la mirada del otro, este ruido, aquella temperatura, esta actitud, aquella reacción..., tu alma acaba convirtiéndo­se en una ciudadela rodeada de enemigos por todas partes.
            Y entonces millares de seres pueden ir despertando en ti sentimientos hostiles, reacciones agresivas y airadas. Las realidades, en tu entorno, son tal como son; y si tú las dejaras ser como son, todas ellas serían tus ami­gas. Pero los dardos parten de tus propias almenas.
            Y aquí comienza a vislumbrarse uno de los grandes capítulos de salvación, que ofreceremos más adelante:
dejar que las cosas sean lo que son; contemplar y consi­derar como buenas todas las cosas.

* * *

            En toda reacción humana hay que distinguir dos ele­mentos: el agente exterior (estímulo) y el impacto. Un agente exterior, estridente y violento, golpea en un mar de armonía, y no pasa nada, no se produce herida algu­na. Normalmente, el impacto es proporcional al estí­mulo; pero la cuantía del impacto puede depender también del receptor.
    Por ejemplo, los defectos congénitos de personalidad aumentan en la medida en que aumenta el estado nervioso de la persona. Un tipo rencoroso lo es mucho más cuando está especialmente irritado. Un temperamento irascible se coloca al borde de la locura cuando enfren­ta una crisis de nervios. En los momentos de agudo nerviosismo, una personalidad hipersensible es capaz de convenir las agujas en espadas.
            El impacto depende, por consiguiente, no sólo de una estructura determinada de personalidad, sino tam­bién de los estados de ánimo.
            Más aún, yo diría que el fenómeno de las tensiones, disgustos, furias, depresiones... no depende tanto de los agentes exteriores como de la debilidad o blandura del sujeto receptor. Porque, en último término, los agentes exteriores estimulan o impactan en la medida de la blandura de la materia receptora.
            Ningún estímulo exterior, ni aun el más violento, puede herir a quien se esfuerza por temperar su carác­ter, transformar su corazón en un acogedor regazo, ha­bituarse al autocontrol, serenar su sistema nervioso, entrenarse en la concentración y la meditación, avanzar, en fin, lenta pero firmemente hacia la tranquilidad mental y la paz.