viernes, 4 de enero de 2013

Una manera de pensar positivamente

Todos tenemos varios niveles de vida y uno de ellos, tal vez el más importante, es precisamente el nivel de vida mental.

En nuestra mente van pasando muchos pensamientos a lo largo de cada uno de nuestros días de vida y estos van produciendo sus efectos, consecuencias y resultados de manera tan clara que se puede leer en toda nuestra vida y hasta en nuestro rostro la manera que tenemos de pensar.

La mayor parte de esos pensamientos no son nuestros pensamientos, son pensamientos generados e inducidos desde lo externo de nuestras vidas y pocas veces nos percatamos de lo que pensamos realmente; a veces nos limitamos a escuchar y ver y con esos dos simples actos creemos que estamos pensando cuando en realidad sólo estamos recibiendo información sin pasarla por un proceso de análisis y nos convertimos en sujetos “víctimas de la sugestión” de otras personas que nos imponen sus ideas sin darnos cuenta.

Cuando no nos responsabilizamos de los pensamientos que tenemos a lo largo del día, simplemente permitimos que nuestra mente vaya creando efectos en concordancia con los pensamientos con los cuales nos alimentamos sin siquiera tomarnos la molestia de revisar la polaridad éstos.

Cuando los pensamientos son negativos, nos producen estrés, negatividad y malas actitudes al comunicarnos con las personas de nuestro hogar y con nosotros mismos; al parecer, las personas negativas tienen todas las emociones negativas menos la felicidad.

Los pensamientos positivos producen efectos y resultados diferentes; cuando se los piensa producen claridad en la mente y también una salud estable y libre de molestias y sensaciones de malestar.*

Cuando instalamos en nuestra mente un guardián interior para que analice cualquier pensamiento que llegue a nuestra percepción, nos damos cuenta o nos percatamos de inmediato de la condición o de la polaridad del pensamiento que podría entrar en nuestra mente y si detectamos un pensamiento negativo, podemos sustituirlo de inmediato por otro pensamiento que sea positivo. La forma de saber esto es a través de las sensaciones que nos ofrece nuestro cuerpo y también a través de la intuición.

Los pensamientos negativos producen contracciones en los músculos y sensaciones de temor y miedo; en cambio los pensamientos positivos producen relajación, tranquilidad y sosiego en el alma.

Para que nuestro querido lector o nuestra fiel lectora tenga un criterio de clasificación específico, diré lo siguiente: "Los pensamientos negativos producen efectos y resultados negativos y los pensamientos positivos producen efectos y resultados positivos”. El hecho de recordar este sencillo principio nos lleva a identificar todo lo que es negativo con suma facilidad y a poner un filtro en nuestra mente para pensar sólo cosas positivas, correctas y constructivas.

Afirmación del día para escribir cincuenta veces: “Cada día hay más armonía en mi vida”.

Cuando no sepa qué hacer Concéntrese en un solo pensamiento

Con mucha frecuencia, en nuestra vida individual, tenemos tiempos libres y disponibles en los que no sabemos qué hacer y con mucha frecuencia también, caemos en estados negativos y desaprovechamos esos tiempos libres y disponibles, creando sin saberlo más y más negatividad en nuestra vida.

Como bien sabemos, hay una actividad interesantísima con la cual puede aprovechar sus tiempos libres y disponibles para ir creando y atrayendo un pensamiento que usted quiere que se haga realidad de su vida.

Los pensamientos siempre se manifiestan, sobre todo los pensamientos en los que nos concentramos y rodeamos de sentimientos positivos como de gratitud o de conexión con la misma ley de atracción.

Piense en una necesidad que usted tiene y que quisiera resolver con la ayuda de un pensamiento que va ir escribiendo de forma repetitiva y luego viva repitiendo en su mente con el conocimiento de que todo pensamiento en el que se concentra, tarde o temprano llega a manifestarse.

Un amigo que estaba cansado de la negatividad que le rodeaba y vivía en su propio hogar comenzó a escribir: “La positividad aumenta, aumenta y aumenta todos los días en mi vida” y cuando le di esta afirmación se comprometió a escribir en todos los momentos posibles durante unos tres días y al cabo de un tiempo me sorprendí de encontrar a mi amigo con otra actitud, muchas cosas habían cambiado en su vida, en sus relaciones y en su persona y estaba encantado de seguir concentrándose en dicho pensamiento que le había causado muchos cambios beneficiosos y al parecer, un mundo interior predominantemente positivo.

La actividad de vivir manifestando pensamientos de forma deliberada es como un deporte mental y corporal pues implica la actividad de la escritura y es sencilla pues sólo hay que repetir el pensamiento que queremos manifestar por varios días y produce efectos beneficiosos de manera colateral, nos enseñan a ordenar nuestra mente, nos mantiene en una actividad constructiva y nos prueba un principio maravilloso de la vida: Todo lo que se piensa de manera concentrada o de manera desconcentrada llega a manifestarse en la vida de acuerdo a lo que dice el mismo pensamiento y de acuerdo al sentimiento que se siente en el momento de pensar dicho pensamiento, por lo tanto creamos de una o de otra manera y depende de nosotros y de nuestra actitud interna el hacerlo limpiamente, de manera ecológica, es decir que no cause daño a nadie ni haga llorar a nadie y que sea beneficioso para todos y de esta manera, podremos ir manifestando en nuestra vida valores, mejoras, aprendizajes y comunicaciones positivas y amorosas en nuestro hogar que es nuestro pequeño reino interno donde debe haber paz y felicidad, nos vemos en el artículo de mañana.

Menú de afirmaciones para ensayar: “mi salud mejora día a día, inevitablemente”; “mis estados de ánimo mejoran día a día”;

“mi relación con mi hija(o) se está sanando por completo y ahora podemos comunicarnos de manera sincera y amorosa”; “puedo atraer cualquier cosa que necesite a mi vida”.

Si desea tener una conversación o consultar acerca de su problema que le atinge puede llamar a los teléfonos del encabezado (2488284 – 72513317).

Relajación - II


Soltar los frenos.
             La relajación equivale al principio de los resortes: se estira el resorte, y, al dejarlo, vuelve automáticamente a su posición original. Si se estira o se tensa un músculo, luego que se deja de tensar vuelve por sí mismo a su estado normal, a un estado relajado.
            Este trabajo de tensar y aflojar podemos practicarlo consciente y voluntariamente. Y cuando hay dificultad para relajarse es aconsejable tensar los músculos al máximo nivel, y a partir de ahí soltar todo de un golpe.
            Sucede, sin embargo, que, sin damos cuenta, la frente está arrugada, los hombros encogidos, los brazos rígidos y, en general, todo el cuerpo tenso.
            Es igual al caso de un automóvil que avanza con los frenos puestos. En efecto, en la sociedad tecnológica, la mayoría de las personas vive con los nervios frenados:  son las tensiones musculares inconscientes.

* * *

            Hay que soltar los frenos, y es muy fácil. Se hace así:  primeramente despierta, toma conciencia de que estás con los frenos puestos, es decir, que tu sistema neuro­muscular está crispado, agarrotado. Y ahí mismo suel­ta todos los frenos, es decir, suéltate de un golpe, de arriba a abajo, todo entero. Piensa en tu corazón, y suéltalo.
            Esta operación tan simple puede hacerse numerosas veces al día, en cualquier momento, en cualquier lugar:
al detenerse ante un semáforo, en las horas de trabajo, en el metro, al llegar a casa, en un match deportivo, en una entrevista importante, en la cama, sobre todo cuando no se puede dormir...
            Cada uno tiene que ir autoeducándose progresiva­mente hasta llegar a un estado natural de descanso.
            Estatua yacente. Es un ejercicio simple en que la imagi­nación juega un papel importante.
            Te acuestas en la cama, o en el suelo, de espaldas, cómodo. Los brazos abandonados a lo largo del cuerpo, las manos sueltas.
            Tranquilízate al máximo. Toma el control de todo tu ser, parte por parte: deja caer los párpados; suelta la mandíbula; reduce al mínimo posible la actividad men­tal; respira hondo y tranquilo. Recorre con la atención todo tu organismo; y si percibes que en él hay alguna parte tensa, envía allá una orden para relajarla.
    Imagina ser una estatua yacente: siéntete pesado como el mármol, vacío de emociones y pensamientos como una piedra. Siente los brazos sumamente pesa­dos; también las piernas; finalmente, todo el cuerpo. Vacíate por completo de actividad mental. Y sólo con la percepción pura de ti mismo, siéntete como una es­tatua de piedra que no piensa, ni imagina, ni se emo­ciona.
    Permanece así largo rato. Regresa a tu estado normal lentamente, con movimientos suaves.

    Relajación corporal. Con este ejercicio, se obtienen los siguientes beneficios: a) se relaja el cuerpo; b) se ejercita intensivamente en la concentración o autocontrol; c) se su­pera la fatiga nerviosa, y, con el consiguiente fortalecimien­to mental, se avanza hacia el dominio de sí y la unidad in­terior.

    Este ejercicio se puede realizar sentado en un sofá cómodo o acostado.
    Siéntate correctamente: el cuerpo, erecto; la cabeza, también; los brazos y las manos cayendo naturalmente sobre los muslos. Suelta de un golpe todo el organis­mo; respira sereno; inunda de tranquilidad tu mundo interior y toma posesión completa de ti mismo. Ponte sensible y receptivo respecto de ti mismo, cariñoso e identificado con todo tu cuerpo, parte por parte, en la medida en que lo vas recorriendo. Mantén, al máximo posible, vacía tu mente de toda imagen o pensamiento durante todo el ejercicio.

* * *

            Instálate todo tú en tu brazo derecho. Recórrelo desde el hombro hasta la punta de los dedos, despacio, sintiéndolo. Siente cómo está sensible, caliente, vivo. Percibe también, si es posible, el movimiento de la sangre y de las corrientes nerviosas.
            Aprieta fuertemente, con variados y enérgicos movi­mientos, los dedos, hasta formar el puño, y suéltalos en seguida. Al mover los dedos, percibe en el interior del brazo el movimiento de los cables conductores de la corriente neuroeléctrica. Estira intensamente el brazo varias veces, y suéltalo en seguida. Finalmente, déjalo quieto. Concéntrate en él; identifícate con él: “este brazo es mío”. Siéntelo pesado, cada vez más pesado...
Pasa luego al brazo izquierdo y haz lo mismo.
            Pasa después a la pierna derecha y haz exactamente lo mismo que con los brazos. Reconócela como tuya. Recórrela desde el fémur hasta la punta de los dedos, percibiendo cómo está sensible, caliente. Aprieta los dedos y suéltalos. Siente cómo, al apretar los dedos, se tensa la musculatura de la pierna. Levántala un poco y estírala fuertemente, y déjala en seguida varias veces. Quieto, concéntrate en ella, y siéntela como tuya. Sién­tela pesada, cada vez más pesada...
            Haz otro tanto con la pierna izquierda.
            Siente ahora, de un golpe, cómo las cuatro extremi­dades están distendidas, pesadas, descansadas.
            Después, instálate en los hombros. Tranquila pero enérgicamente estira los hombros en todas direcciones, uno hacia arriba y el otro hacia abajo. Tensa y suelta toda la musculatura de la espalda varias veces. Encoge fuertemente los hombros y déjalos caer completamente.
            Instálate ahora en tu frente, zona en la que se traspa­recen las emociones. Frunce el ceño y estira la piel enérgicamente varias veces, y suéltala hasta que sien­tas que la frente queda tersa, relajada. Haz lo mismo con los párpados y con los músculos faciales. Son zonas de la expresión, y por eso muy sensibles.

jueves, 3 de enero de 2013

Relajación - I


Es el cerebro el que produce las corrientes neuro­eléctricas y neuromagnéticas, las cuales se van instalan­do en las diversas panes del cuerpo. Hay unas zonas del cuerpo más acumulativas que otras. Como efecto de esta acumulación, el organismo puede cargarse de un alto voltaje eléctrico y la persona sentirse tensa.
            Toda tensión es un esfuerzo, y todo esfuerzo, una quema de energías. Esta quema puede ser útil o inútil. Si la tensión se canaliza para el logro de un gran pro­pósito, es un esfuerzo positivo. Lo lamentable es cuan­do la energía es desperdiciada inútilmente. Y no sólo puede ser un desperdicio inútil, sino también, y sobre todo, nocivo.
    Y así nos encontramos con personas que viven día y noche en un tenso estado general, con el rostro crispado y la musculatura contraída, circunstancias ideales para que se produzcan los estados obsesivos y angus­tiosos. Y así, la persona llega a sentirse impotente, infeliz.
            La desgracia más grande es disponer de tiempo y no poder ocuparlo más que con la inquietud.

* * *

            Salta a la vista el hecho de que las emociones fuertes, como la cólera, perturban la respiración, y las situaciones internas, como el temor, o agentes externos, como los desafíos, colocan el sistema neuromuscular en una tesitura tensa que consume grandes energías. Al que­marse tantas energías, el cerebro tiene que acelerar la producción, con lo que se produce la fatiga mental, que, en otras palabras, no es más que debilidad mental. Y éste es el terreno abonado, como dijimos, para la ansie­dad y la depresión.
            Nosotros aquí vamos a invertir el proceso. Trataremos de ubicar, mediante la concentración, las zonas crispadas, que las soltaremos mediante la relajación. Y así ahorraremos grandes dosis de energía neuroeléctrica, con lo que el cerebro no necesitará trabajar tanto, sino que descansará.
            Este descanso originará muy pronto el fortalecimien­to, y ello, con otras palabras, equivale a recuperar el dominio de sí y la unidad interior. Y así nacerá el so­siego, y habitaremos de nuevo en la región del descan­so y de la paz.
            Necesitamos tener una habitación interior a donde poder retirarnos cuando lo necesitemos; una habitación agradable, llena de riquezas: serenidad, energías positi­vas, ilusión de vivir...
            El dominio de sí, la libertad, no es un don, sino una Conquista.

Orientaciones.
1)         Al principio es conveniente prac­ticar estos ejercicios con una cierta rigidez. Pero, en la medida en que se va progresando, la misma práctica dará al ejercitante la sabiduría para realizarlos con espontaneidad creativa. Como la experiencia es maestra de la vida y cada persona experimenta un mismo ejer­cicio de diferente manera, es conveniente y lógico que cada persona vaya haciendo sus adaptaciones persona­les, introduciendo variantes en cuanto al tiempo y otros matices.
2)         Lo ideal es, pues, que cada persona experimente gran parte de estos ejercicios, se vaya quedando con aquellos que mejores resultados le produzcan y acabe por hacerse su propia síntesis vital, un método práctico para vivir en la serenidad.
3)         Nos permitimos recordar lo que dijimos al prin­cipio a propósito de la paciencia:

—   Si quieres saborear la fruta de la serenidad, es imprescindible reordenar el programa de activi­dades y reservar espacios libres para practicar diariamente los ejercicios.
—   Un mismo ejercicio, ejecutado en diferentes mo­mentos, produce diferentes resultados a una misma persona.
—   Los resultados no serán, pues, uniformes, sino imprevisibles.
—   Un mismo ejercicio hoy puede dejarte relajado, y mañana, quizá, tenso.
—   Cuando creías que todo marchaba bien, de pron­to puede tomarte una crisis de angustia.
—   El avance será, pues, lento y zigzagueante.
—   En todo caso, vale la pena dedicarse asidua y or­denadamente a estas ejercitaciones, porque en ellas se juega el problema de la calma y de la serenidad.


miércoles, 2 de enero de 2013

Ejercicios


La marcha hacia la libertad

            Muchos millones de años atrás, durante el período jurásico, alcanzaron su pleno apogeo los gigantescos brontosaurios que pesaban treinta toneladas y medían veinte metros. Estos reptiles, de largo cuello y podero­sa cola, probablemente se movían con elegancia en las aguas, pero eran torpes en la tierra y consumían gran­des cantidades de energía para desplazar su peso colosal.
            A juzgar por los fósiles descubiertos en el Colorado, su fuerza bruta debió ser abrumadora, pero estaba diri­gida por un cerebro minúsculo, que pesaba medio kilo. La organización de las señales que recibía ese cerebro y de los mensajes que debía transmitir para mantener las funciones de la inmensa musculatura debía ocupar gran parte de sus escasas neuronas, dejando un margen muy pequeño para las tareas “inteligentes”. Y así, los brontosaurios pronto se extinguieron, debido, en gran parte, a la limitación de sus facultades “mentales”. Su enorme fuerza física no bastó para sobrevivir al cam­bio del ambiente.

* * *

            Aunque nuestro cerebro es muy superior al de los demás mamíferos y vertebrados, de todas formas es muy limitado el control sobre nosotros mismos; y es temible que fuerzas inmensas como las que hoy posee el hombre estén manipuladas por cerebros subdesarro­llados; subdesarrollados debido al poco control que el hombre ejerce todavía sobre su mente.
            Ya se dijo en la ONU: puesto que las guerras se gestan en la mente humana, es ahí donde tendrá que iniciarse la construcción de la paz. También se ha di­cho últimamente: “El mayor problema del hombre hoy día no es dominar el mundo físico, sino conocer su mente y controlar su conducta” (Beach). De otra ma­nera, las enormes fuerzas de que dispone el hombre podrían arrastrarlo, casi inevitablemente, a su propia destrucción.
            Dicen los antropólogos, y en general los paleontólo­gos, que en el último millón de años se ha dado casi un salto en la planificación cerebral; es decir: en compara­ción con la evolución que experimentaba la organiza­ción cerebral en el período de los prehomínidos y antes, se ha producido una fantástica aceleración en el último millón de años en lo que se refiere al desarrollo cerebral.
            Según Ramón y Cajal, el conocimiento de las bases físico-químicas de la memoria, de los sentimientos y de la razón haría del hombre el dueño absoluto de la creación, y su obra más trascendental sería la conquista de su propio cerebro. No deja de haber razón en esta afirmación. No obstante, el estudio de las funciones cerebrales de ninguna manera explica y agota la comple­jidad de las actividades mentales.
            El camino que conduce a la libertad y a la felicidad está erizado de obstáculos, como hemos visto en las páginas anteriores; y no siempre el dominio de la es­tructura y funciones cerebrales coincide con el progre­so paralelo de la libertad.
            Hay que preguntarse si el hombre moderno es, o no es, víctima de la angustia y el miedo en mayor o menor grado que el hombre sumerio, por ejemplo, o el mismísimo hombre del Neardenthal. O si el profesor de Harvard está más cerca o más lejos de la paz que, por ejemplo, el hombre africano de la tribu zulú.
            Es verdad que la ciencia va obteniendo progresos es­pectaculares: en un grupo de setenta personas que sufrían angustia obsesiva, Grey Walter aplicó coagulacio­nes cuidadosamente dosificadas, hechas por medio de electrodos implantados en los lóbulos frontales, logran­do la recuperación social de un 85 por 100.
            No obstante, y hoy por hoy, la marcha hacia la liber­tad no avanza paralela a la del conocimiento científico; al contrario, esa marcha está constantemente torpedea­da, según estamos comprobando, por mil estímulos que le vienen al hombre no sólo desde fuera, sino tam­bién desde sus mecanismos internos.
            Cualquier cosa que se haga para desbrozar estos obs­táculos hace más expedita la marcha hacia la libertad. Y es eso lo que pretendemos con estos ejercicios

martes, 1 de enero de 2013

El futuro lo hace uno mismo Terapia a través de los astros

Una experta dice que la astroterapia es un nuevo proceso de curación.

El saber lo que le deparará mañana es lo que muchas personas pretenden a través de los horóscopos y, aunque estas profecías no se cumplen al pie de la letra, una astroterapeuta aclara que el futuro de los seres humanos está marcado por los planetas, pues mediante la carta astral se puede hacer curas espirituales.
Tratamiento astral. Según Fernanda Peñarrieta, astroterapeuta, este proceso no es una astrología predictiva, sino una nueva mirada para afrontar las energías psíquicas de las personas con la alineación de los astros. La experta sostiene que la astroterapia son experiencias, vivencias y rituales aplicados de un modo terapéutico, a través de la fecha de nacimiento de las personas. Aclara que la “Carta Nata”, que elabora la terapeuta, sirve como mapa para orientar el trabajo, el cual ayuda al paciente a conocer su misión en la Tierra, seguido por una carta astral que identifica los problemas y situaciones actuales, como el autoconocimiento y reconocimiento de sí mismo. La consulta termina con la sanación y la devolución de nuevas energías a través de rituales con elementos de la naturaleza.

2013 será un año de nuevas oportunidades, como la de crecer de manera espiritual.



De la muerte al amor


Con la supresión del “yo” hemos conseguido la tran­quilidad de la mente. Pero no basta. Necesitamos deri­var las energías liberadas y cristalizarlas en el amor y la unidad. El Sermón de la Montaña, en sus primeros tramos, despliega el programa del despojarse; y poste­riormente, en sus instancias decisivas, nos entrega el proyecto del darse.
            La única muralla de separación entre el otro y yo es el “yo”. Al afirmarse en sí mismo y por sí mismo, el “yo” se siente distinto y, de alguna manera, opuesto a lo que no es él. De esta oposición nace una suerte de tensión o dialéctica, acompañada de un cierto senti­miento de inquietud. En definitiva, se produce algo pa­recido a un conflicto dualista, cosa que desaparece en cuanto es derribada esa muralla.
            En cuanto el hombre se siente ligado y abrazado a sí mismo, diferente y opuesto a los demás, le nace automáticamente la inseguridad, por el hecho de encontrarse solitario; y, a la inversa, al desligarse de sí mismo y dejarse arrastrar por la corriente universal, se siente in­merso en la unidad con todos los seres, encontrando seguridad y armonía.
            Ya no existen el sujeto y el objeto como polos opues­tos; desaparece también la dicotomía yo-tú, yo-mun­do. Y, en este momento, al perder los seres vivos (so­bre todo el hombre) sus perfiles diferenciantes, el hombre se siente emparentado con todos los seres en su realidad última y acaba por instalarse en una común-unidad con todos en la más entrañable fraterni­dad. Es la experiencia de la unidad universal. Que sean uno.
            Es más que amor. En el amor, una persona ama a otra persona. Pero en esta experiencia los dos sujetos acaban por sentirse uno parte del otro, como en una empatía cósmica, hasta llegar a sentir las cosas del otro como si fueran propias. Es obvio que en este contexto no caben rivalidades ni envidias.

* * *


            Cuando el hombre ha detenido la actividad de la conciencia ordinaria, no se produce un vacío “hueco”, sino que la conciencia se hace presente en sí misma. Se trata de una presencia vital de la mente que se transpa­renta a sí misma, o de la presencia vital de la realidad de la persona que se hace presente a sí misma. Es la experiencia de la “in-sistencia”, es decir, mi realidad está toda en sí y toda-en-el-universo: se experimenta a sí mismo en los demás y a los demás en sí mismo.
            Por eso el sabio respeta todo, venera todo, de tal ma­nera que en su interior no da curso libre a actitudes posesivas ni agresivas. Es sensible hasta sentir como suyos los problemas ajenos. No juzga, no presupone, nunca invade el santuario de las intenciones. Sus entra­ñas están tejidas de fibras delicadas, y su estilo es siem­pre de alta cortesía. En suma, es capaz de tratar a los demás con la misma reverencia y comprensión con que se trata a sí mismo. Ama al prójimo como a sí mismo.
            Es capaz, además, de .cargar a hombros con el dolor de la Humanidad. Sufre como suyas las llagas de los dolientes. Habiendo apagado la pasión del “yo”, ha pa­sado definitivamente a la compasión con el mundo.

* * *

            Para conseguir esta liberación se necesita, en primer lugar, una práctica intensiva y constante de mente vacía.
            En segundo lugar, es necesario que vivas despierto, atento a ti mismo. Mediante una constante introspección-meditación-intuición tienes que descubrir que el ‘‘yo” (el falso yo) es la raíz de todas sus desventuras, y debes convencerte de la falacia e inexistencia de esa imagen ilusoria de ti mismo.
            No le des satisfacciones a esa fiera hambrienta. Cuanto más la alimentas, más tiranía ejercerá sobre ti. Si hablan mal de ti, no te defiendas; deja que sangre hasta morir el amor propio. No te justifiques si tus proyectos no salieron a la medida de tus deseos. No des paso a la autocompasión, que es el bocado más apeteci­do por el “yo”. No busques elogios ni abierta ni sola­padamente. Rehúye sistemáticamente los aplausos. No saborees el éxito. Ahuyenta, en tu intimidad, los re­cuerdos halagüeños, que también son bocados exquisi­tos para el”yo”.
            Si le vas retirando el aceite, la lámpara acabará apa­gándose. Esta es la batalla de la libertad.

            Recuerda también las consignas tantas veces repeti­das: no te hagas ilusiones, el progreso será sumamente lento; pasarán años hasta que puedas saborear la deli­ciosa fruta de la liberación; y en el camino habrá vacilaciones, retrocesos y desalientos. Así es la naturaleza humana; comienza por aceptarla tal como es.