lunes, 6 de junio de 2016

Lecturas sutiles ¿Qué es la inteligencia?

¿Qué es la inteligencia? Pues lo que los psicólogos quieren que sea. Esta afirmación, que puede parecer arrogante, no deja de ser cierta, porque existen tantas definiciones de inteligencia como corrientes importantes hay en psicología. Además, plantea algunas aparentes paradojas, como el hecho que según estudios transversales (un corte en un cierto momento), la inteligencia disminuye con la edad; pero estudios longitudinales (a lo largo de un periodo extenso de tiempo) muestran que la inteligencia aumenta con la edad.

Para algunos autores, la inteligencia es la capacidad de resolver problemas,

y con las soluciones plantearse nuevos conflictos, así, un continuo de nunca acabar. Otro científico dice que inteligencia es la capacidad de adaptación.

Un investigador propone que es la capacidad de pensar de manera abstracta. Algunos autores hablan de la inteligencia como la capacidad de actuar con un propósito concreto, pensar racionalmente y relacionarse con el ambiente de manera eficaz.

Entre las diferentes teorías acerca de la inteligencia, algunas mencionan los factores que la componen, como aquella que enfatiza en un factor general y diferentes factores específicos, en tanto otras teorías se centran en el estudio de los procesos que intervienen en aquello que es inteligencia.

Algunos investigadores plantean dos tipos de inteligencia, una “fluida” utilizada en el relacionamiento de dos elementos o conceptos diferentes entre sí, en formar conceptos u operar con entes formales o abstractos. Se supone que este tipo de inteligencia depende de la maduración neurológica y es independiente de la educación y la cultura. Este tipo de inteligencia tiende a decaer de forma lenta pero constante desde la juventud. Otro tipo de inteligencia es la “cristalizada”, que se relaciona con la capacidad de aplicar un conjunto amplio de conocimientos e información general y se utiliza en la resolución de problemas y en el enunciado de juicios.

La información precisada se obtiene de manera específica, por tanto, está determinada por la educación y la cultura. Estos conocimientos permiten resolver problemas que no tienen una única respuesta concreta, sino muchas posibles soluciones. Este tipo de inteligencia aumenta a lo largo de la vida hasta edades muy avanzadas.

La teoría de las inteligencias múltiples afirma que todos poseen ocho tipos de inteligencia aunque en proporciones disímiles: lingüística verbal, lógico matemática, visual espacial, kinestésica corporal, musical, intrapersonal, interpersonal e inteligencia de la naturaleza. Además, cada una de las primeras siete depende de un área específica en el cerebro que la controla. Pero más aún, existiría un nuevo tipo de inteligencia que se está gestando en las nuevas generaciones, se trataría de la inteligencia digital.

Tal vez, la forma más significativa de inteligencia es la que se refiere a la “inteligencia emocional”, que

básicamente consiste en el manejo adecuado de las emociones y en la gestión propicia y satisfactoria de las relaciones interpersonales.

Los científicos coinciden en que la inteligencia emocional es responsable en un 80 por ciento del éxito social, familiar, profesional, etc. de una persona. Y el 20 restante sería atribuible a la inteligencia convencional.

NOTA: para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook : LECTURAS SUTILES

Si haces lo mismo, no esperes resultados diferentes

En algún momento, esa estrategia, recurso o solución que estás aplicando ahora a ese problema o dificultad te sirvió para obtener buenos resultados. En aquel momento, en el que estabas perdido, desolado y casi sin recursos para seguir, apareció de la nada, la aplicaste y funcionó. Por eso, has decidido utilizarla de nuevo ante esta dificultad, aunque ahora parece que los resultados no son tan exitosos.

Si bien es cierto que muchos problemas pueden solucionarse con las mismas estrategias que ya te dieron buenos resultados, hay otros en los que precisamente esta opción los complica. Así, repetir el procedimiento que ya nos sacó de una situación complicada es una forma de proceder inteligente.

Lo es siempre y cuando no lo hagamos de manera automática y contemos con que va a funcionar. Siempre que sepamos parar a tiempo y busquemos una alternativa cuando observemos que no funciona.

Así, en este artículo, te propongo una visión diferente para observar tus problemas. Tú decides si seguir haciendo más de lo mismo o probar cosas distintas. Reflexionemos.

Tu eres la persona más experta en tu problema

No hay mayor experto en un problema que la persona misma a la que le corresponde, ¿Te suena raro o puede que te encaje?

La persona que tiene un problema es la mayor experta en el mismo porque suele ser la que más tiempo ha convivido con esa dificultad o malestar. Incluso, la que sin querer a veces ha mantenido la situación a través de sus intentos de soluciones ineficaces, con el propósito de hacer desaparecer cuanto antes la experiencia o los resultados desagradables.

Tú eres el mayor experto en tu problema, la persona que más sabe sobre

él, aunque quizás no te habías dado cuenta de esa realidad.

En ocasiones, quedamos “atrapados” en intentos de soluciones pasadas, que quizá alguna vez surtieron efecto, pero que en otras situaciones, aunque creamos similares no tienen tanto éxito. La cuestión es que no nos damos cuenta y ahí nos estancamos.

Lo hacemos repitiendo de manera sistemática lo que creemos que puede ser efectivo, pero que resulta inútil para resolver el problema en su forma actual. Inmersos en un círculo vicioso difícil de romper.

Así, hay casos en los que los problemas comienzan cuando una solución ineficaz se hace reiterativa en el tiempo y, lejos de encontrar la solución, lo que ocurre es que se perpetúa el problema o conflicto y los resultados insatisfactorios.

Te propongo que observes al problema como si mantuvieras con él una relación de pareja. Cuando hay dificultades o discusiones, ¿qué sueles hacer para obtener resultados diferentes: seguir actuando de la misma manera o intentar llegar a un pacto o negociación con tu pareja? Normalmente, la opción es la última y ¿Qué suele implicar este pacto? Algún cambio… ¡Pacta con tu problema!

De esta manera, si te paras un momento y reflexionas sobre lo que ocurre podrás identificar qué es lo que llevas intentando durante tanto tiempo y que a pesar de ello, no ha resuelto nada. Por lo tanto, en lugar de mantenerlo, puedes modificarlo o descartarlo.

Haz algo diferente y experimenta

Prueba a relacionarte con tu problema. Me refiero a observar y analizar tu forma de actuar. Te descubrirás en muchas ocasiones atrapado en el mismo agujero generado por hacer siempre lo mismo. Por ejemplo, si tienes un problema y siempre te quejas, ¿Crees que solucionarás algo?, ¿No crees que existen varias alternativas como para enfocarte siempre en la misma?

Haciendo más de lo mismo, no esperes resultados distintos. Dale una vuelta, ¿No sería mejor optar por realizar algo diferente? Piénsalo… ¿O es que esperas que por quejarte de que las cosas no son como deberían la situación cambie por arte de magia? Cuando haces un bizcocho y se te quema, ¿Seguirás poniéndolo a la misma temperatura la próxima vez?

Si las estrategias que estás aplicando no te sirven, sal en busca de otras que sí lo hagan. ¡Haz algo diferente y comprueba lo que ocurre! No te engañes, en ocasiones hacer más de lo mismo no produce el cambio que deseamos, sino que convierte a lo que creíamos la solución, en el auténtico problema.

Por ejemplo, cuando no somos capaces de dormir y en vez de relajar nuestra atención la concentramos en gritarle al sueño para que venga, estamos haciendo todo lo contrario a lo que es recomendable: relajar y distraer a nuestra mente con estímulos que no activen a nuestro sistema nervioso simpático.

Así, si aplicamos esta solución una

y otra vez, conseguiremos espantar

al sueño para el resto de la noche:

justo todo lo contrario a lo que pretendíamos lograr.

Esto también sucede cuando anticipamos un estado de ansiedad. Justo aquellas medidas que ponemos en marcha para evitarla hacen que ésta vaya apareciendo poco a poco, ya que nos mostramos más pendientes de nuestras reacciones fisiológicas.

Incluso en las relaciones de pareja, es más común de lo que creemos: ella quiere saber la opinión de su pareja, pero no se lo pregunta porque pretende que sea un acto que salga de él y este no se lo dice porque cree que ella se molesta… Ambos creen adoptar la reacción más apropiada ante lo sucedido y lo único que hacen es aumentar el grado de tensión, mientras van construyendo un problema de

mayor calibre.

Relaciónate de otra forma con tu problema

Ya lo hemos dicho, hacer más de lo mismo, no nos lleva a resultados distintos… Abre otras puertas, conoce otras posibilidades y otros puntos

de vista, sé más consciente, arriésgate, familiarízate con las sensaciones que experimentas.

Como diría Von Foerster, “si quieres ver, aprende a actuar”. Si esperas algo diferente, haz algo diferente y comprueba lo que ocurre. Solo tú eres

el motor de tu experiencia, el amo

de tu destino y el capitán de tu alma.

jueves, 2 de junio de 2016

Revierte el mandato de la infelicidad

Que nos rasquen la espalda; recibir un abrazo de la persona amada; ayudar a quien lo necesita; transmitir conocimientos sin esperar nada a cambio; un café y unas tostadas con aceite de oliva por la mañana; que te sorprendan con un beso, de los de verdad; una siesta compartida en vacaciones; escuchar una canción que te hipnotice; bailar y cantar a solas, porque sí; hacer deporte; soñar despierto y dormido, y recordarlo; caminar descalzo sobre la hierba; investigar, descubrir; dejarse llevar en el sexo y reírse de “no es por vicio este fornicio, sino por dar un hijo a tu beneficio”; ser consciente de la buena salud; unas risas con los amigos; dormir ocho horas.

¿Qué tiene todo esto en común? Son actos que activan el circuito de recompensas del cerebro, en especial, los centros del placer. Este sistema cerebral, fruto de la evolución, ha sido diseñado para que encontremos satisfacción en funciones básicas, como la comida, la bebida y el sexo. Ya saben: la supervivencia y la propagación de la especie. A continuación, intentamos despejar la ecuación que lleva a la consecución de estos momentos de placer, que, encuadrados en un fin, conducen a la ansiada felicidad.

Al levantarse, dispone de un bono premium con 1.440 minutos. Usted decide en qué invertirlos, a sabiendas de que no se puede ahorrar ni prestar, y que vuelve a cero cuando acaba la jornada. Esto es de Perogrullo, pero es que se nos olvida: cada día vencido estamos más cerca del final. Los investigadores Ran Kivetz y Anat Keinan estudiaron en Journal of Consumer Research las quejas de algunos universitarios con respecto a sus recientes vacaciones, y tomaron nota de los ya licenciados, que recordaban nostálgicos las mismas vacaciones invernales de cuarenta años atrás. Fue curioso: los estudiantes actuales se arrepentían de no haber aprovechado el tiempo estudiando; mientras que los exalumnos lamentaban no haberse divertido más.

Fuente de beneficios

Ver una comedia durante veinte minutos reduce los niveles de estrés del mismo modo que salir a correr, según un estudio de Journal of Leisure Research. Y una hora riéndose con un vídeo divertido basta para incrementar el número de anticuerpos en el torrente sanguíneo, repercutiendo en una mejor salud, según documentaron en 2001 investigadores de Universidad de Loma Linda (California, EE UU) en Alternative Therapies in Health and Medicine.

Comer también suma. Además de deleitarnos con sabores, colores y aromas, poner atención al gozo que nos producen los alimentos ayuda a ingerirlos despacio, a valorarlos. Abuso y alegría no tienen nada que ver. Pero hágalo bien: está probado que las personas obesas disfrutan menos comiendo. Un estudio de mujeres con sobrepeso escaneó sus cerebros mientras tomaban batidos de leche, al inicio y al final de un período de seis meses. En comparación con las que no aumentaron de peso durante ese periodo, las que engordaron mostraban menos actividad en las regiones cerebrales relacionadas con la recompensa, el placer y la dopamina.

Un cerebro traicionero

Nuestra masa gris no ha evolucionado para hacernos sentir bien, ni para contar chistes o escribir poemas de amor. Se transformó para ayudarnos a sobrevivir en un mundo lleno de peligros. La prioridad del hombre primitivo era evitar aquello que pudiera dañarle; a más prevención, más viviría y más hijos tendría. En la actualidad, tras más de cien mil años de evolución, la mente moderna sigue estando en modo alerta, pero esta vez evaluando y juzgando obsesiva e ineficazmente el pasado y el futuro. Pareciera que estamos destinados, casi sin remedio, a sufrir psicológicamente: nos comparamos con los demás, criticamos, juzgamos, proyectamos, estamos insatisfechos, imaginamos todo tipo de situaciones espantosas. Tendemos a dejarnos llevar por una programación innata que se inclina más fácilmente hacia la infelicidad que hacia la felicidad.

Pero, ¿hay margen para maniobrar y vencer al lado oscuro de la fuerza? Por supuesto, y mucho. Según Review of General Psychology, aproximadamente el 50% de nuestra sensación de felicidad queda determinada por los genes; un 10% se debe a circunstancias generales, como tener pareja, trabajo o buenos ingresos; y el 40% restante tiene que ver con nuestros hábitos diarios, cómo vemos la vida y qué pensamos sobre nosotros mismos y sobre los demás. Conclusión: una buena tajada depende solo de nosotros. /



EL IMPACTO DE LO NEGATIVO

El catedrático de Psicología de la Universidad Estatal de Florida, Roy F. Baumestier, junto a varios colaboradores, publicó, en 2001, el estudio Bad Is Stronger Than Good en Review of General Psychology, donde aseveraba que los sucesos negativos causan más impacto que los positivos en la mente. Es decir, nuestro coco tiene tendencia a destacar lo malo, suele atascarse fácilmente en el miedo y la desconfianza, y no da prioridad a la alegría. Para contrarrestar esta tendencia necesitamos entrenarnos deliberadamente. Percibir una realidad más equilibrada y encontrar más motivos que nos hagan sentir bien es un esfuerzo. Uno de los ejercicios que proponen los psicólogos es intentar detectar al final del día diez cosas buenas. No vaya a los grandes acontecimientos, porque no los va a encontrar; tan solo siga los consejos de Joan Manuel Serrat y quédese con aquellas pequeñas cosas: la sonrisa de un desconocido, un chiste, un perfume nuevo.

Si se ha reconciliado con el hedonista que lleva dentro, espere a recoger los frutos. Sonja Lyubomirsky, profesora del departamento de Psicología de la Universidad de California, ha enumerado los beneficios que reporta dejarse mecer por el placer puro: a medio plazo, nos hace más sociables y altruistas, aumenta lo mucho que nos gustamos y lo mucho que nos gustan los demás y mejora la habilidad para resolver conflictos. Las personas felices no son más longevas, pero gozan de una vida más satisfactoria.



EL DINERO

¿Y nadie va a hablar del papel que juega el dinero en la obtención de estos fugaces momentos de dicha? Un apunte: gástelo bien. Según Journal of Personality and Social Psychology, romper la hucha para pagar un paseo en helicóptero aumenta más nuestra dicha que comprarse un televisor de pantalla plana. Vivir experiencias nos permite compartirlas con los demás y, lo mejor de todo, revivir el acontecimiento tantas veces como queramos, sintiéndonos tan bien o mejor que cuando realmente ocurrió. Describir y adornar un suceso divertido, narrar la cita que tuvimos anoche… ¿Se puede pedir más? Quizás un poco de chocolate tras una ducha caliente. Sí, es hora de que haga el placer una prioridad en su vida.

Etiqueta empresarial

CONSEJOS PARA CUIDAR LA NUESTRA IMAGEN EMPRESARIAL

Antiguamente, se asociaba la palabra etiqueta a la realeza, a los nobles, a las familias adineradas y con abolengo. Sin embargo, actualmente sabemos que la etiqueta forma parte de todas las esferas sociales como ser gubernamentales, diplomáticas, militares, empresariales, religiosas, deportivas, etc.

Con el pasar del tiempo se ha comprobado que la etiqueta ha traspasado las barreras sociales y hoy en día se la practica en la casa, con los vecinos, en el trabajo con los colegas, en la calle, en el transporte público, el cine, el teatro, en los supermercados, en el gimnasio, en fin en todo lugar donde existan personas que deban relacionarse entre sí.

EN ESTA OPORTUNIDAD DEDICAREMOS UNAS LÍNEAS A LA ETIQUETA EMPRESARIAL

En toda empresa trabajan muchos empleadores y empleados que deben convivir día a día en una rutina que muchas veces se transforma en amistad, procurando siempre que se practique el respeto, la tolerancia y, por supuesto, la “ética profesional” que forma parte de la “etiqueta”.

La apariencia personal es muy importante por aquello que se dice “…como lo veo lo trato…”, en todo momento tanto los ejecutivos como los empleados -damas y caballeros- deben lucir impecables muy formales, sobrios y discretos. Esto significa que los caballeros deben mantener una línea de conducta ejemplar poniendo de manifiesto su educación además de lucir trajes impecables. En el caso de las damas, mostrar una exquisita educación pondrá de manifiesto su discreción al vestir sin exagerar en la altura de sus vestidos y los provocativos escotes, evitando así maliciosas miradas masculinas y tropezando con desagradables faltas de respeto. Asimismo, no se debe olvidar que una primera impresión puede ser decisiva cuando se conocen dos ejecutivos.

Por otra parte, jamás se debe confundir la amistad con el deber. Como todo en la vida, cada cosa tiene su lugar y en el trabajo no es la excepción, nuestro primer deber es saber respetar y mantener distancias, los jefes tienen su lugar y los subalternos el suyo, ambos son importantes y necesarios más no insustituibles.

Es importante que tanto las damas como los caballeros que se desempeñan como ejecutivos sepan cómo lidiar en momentos desagradables, mostrando en todo momento buen humor y optimismo.

Trabajar en equipo es una cualidad cada vez más lejana, la competitividad profesional impide una relación desinteresada y confiable. Esto puede ocurrir si los ejecutivos no valoran a sus subalternos de manera independiente, por ello es bueno estimular y mostrar su satisfacción por el buen desempeño de los empleados.

No existe nada peor en una empresa, que trabajadores que pretendan obtener ventaja a su favor de todo cuanto tiene la empresa, como ser el abuso del teléfono, la fotocopiadora, la computadora, el internet, el material de escritorio etc.

Es necesario mostrar conocimientos sobre etiqueta durante las reuniones, almuerzos, cenas de negocios u otros eventos. Atender correctamente a los anfitriones o a los invitados, además de un vasto conocimiento empresarial que aseguren mayores posibilidades de éxito

Todo ejecutivo debe contar con tarjetas de visitas, pero debe ser selectivo al momento de entregarlas, ya que ellas contienen información personal. No es bien visto intercambiar tarjetas durante un almuerzo o cena aunque sean de negocio. Es mejor esperar que la otra persona sea quien primero le entregue.

No se debe olvidar que las jerarquías existen y deben ser respetadas. No se debe confundir el respeto a la autoridad con su amistad, menos aún durante reuniones empresariales y en presencia de otros ejecutivos.

Se debe prestar oídos sordos a los comentarios o chismes de pasillos y de ser posible amonestar a quien los propicie y los difunda. Es perjudicial para la imagen de una empresa permitir actos tan bajos.

Tener siempre presente que hay vida fuera del trabajo, llevar los problemas laborales fuera de la empresa solo contribuirá a provocarle estrés y posiblemente deteriorar la relación familiar.

Las penas se van bailando

Dicen que las penas se van bailando, porque danzar no sólo libera tensiones, sino que además despeja la mente y llena el cuerpo de energía. Los entrenadores aseguran que es un excelente ejercicio porque tonifica los músculos, reduce el colesterol, quema calorías, mejora el sistema respiratorio y, por si fuera poco, libera el estrés. Además, según estudios neurocientíficos, los beneficios que aporta practicar algún tipo de baile son múltiples: estimula áreas del cerebro que regulan la memoria, libera endorfinas, lo que provoca una sensación de bienestar y buen humor; y trabaja la coordinación del cuerpo. Por eso muchos terapeutas recomiendan practicar un ritmo a cualquier edad y en algunos hospitales de nuestro país se brindan talleres de danzaterapia para adolescentes y adultos.

Investigaciones sobre gerontología arrojaron que tener la rutina de bailar rebaja la posibilidad de sufrir demencia senil porque aumenta la capacidad intelectual y reduce el riesgo de deterioro de la función cognitiva en la vida adulta, ya que al seguir una coreografía se le exige al cerebro que recuerde pasos y secuencias, lo que estimula el poder mental y mejora la memoria.

Pero no sólo interviene la memoria a corto y largo plazo, necesarias para recordar la secuencia de movimientos, sino que se requiere también percepción visual y auditiva, coordinación motriz, equilibrio, comunicación y empatía para predecir los movimientos de la pareja o del grupo. Como ejercicio aeróbico ayuda al fortalecimiento cardiovascular y en los niños favorece la concentración, la atención, la memoria,trabajar y pensar más rápido, y formar nuevas interconexiones neurales.

Todas las personas pueden bailar, más allá de la edad y las condiciones físicas que posean. Se estima que un adulto de 75 kilos puede quemar aproximadamente 150 calorías practicando un baile en forma moderada durante 30 minutos.

Además es apto para todos los estados civiles, porque se puede hacer sola, con amigas o en pareja. Y si todavía no te animas, prueba con bailar un rato por la mañana en tu casa antes de comenzar el día.

¡SAL A LA PISTA!

Según la bailarina y profesora de baile de flamenco, Andrea Zotta, “este ritmo tiene un impacto muy positivo en la salud emocional. Se recomienda a personas que padecen depresión y soledad ya que este género es fuerza, ritmo, arte,seducción y no importa la edad para practicarlo”.

El tango, con su abrazo intenso, propone confiar y escuchar al otro, dejarse llevar por la pareja de baile, fluir con la improvisación. Además no sólo mejora la coordinación motora, sino que estimula la sociabilidad en las personas mayores. En algunas regiones de Estados Unidos aplicaron esta danza para mejorar la movilidad funcional en pacientes con Parkinson. Para aquellos que aman los ritmos más rápidos, el rock and roll es una buena gimnasia, ya que al practicar giros y saltos, se tonifican los músculos de las piernas y los brazos. Además, divierte, relaja, quita la ansiedad y la depresión. Las danzas regionales como el folklore estimulan la sociabilización mientras que los ritmos caribeños son ideales para liberar el estrés emocional, estimular la sensualidad y mejorar el humor además de trabajar la coordinación y el equilibrio. Los bailes de salón, por su lado, apuestan por la interrelación social y ayudan a vencer la timidez. Todas recordamos el filme ¿Bailamos? donde un hombre absorbido por la rutina (Richard Geere) mejora su relación de pareja y familia con la ayuda de su profesora de baile (Jennifer López). Es que danzar es una actividad neural por la cual las emociones se fusionan con el área motriz y la razón. “Danzar es sentir; sentir es sufrir; sufrir es amar. Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!”, dijo Isadora Duncan.

10 BENEFICIOS EXCLUSIVOS DEL BAILE SEGÚN LA NEUROCIENCIA 1. Desarrolla la inteligencia. La música y la danza conducen a mayores habilidades intelectuales. Al trabajar con pasos y coreografías, el baile ejercita la memoria operativa (la capacidad de recordar) que usamos al calcular o planificar a corto plazo.

2. Aumenta la capacidad de improvisar. Cuando bailamos espontáneamente, nuestro cerebro toma decisiones rápidas para cada movimiento y lo hace sin responder a un patrón fijo, obligando al cerebro a “reinventarse” a cada paso.

3. Entrena la eficiencia. La facultad de planificar y controlar distintas tareas a la vez es otra bondad del baile, potenciando nuestra destreza multitasking.

4. Gestiona las emociones. Moverse al ritmo de la música es una vía para encauzar y expresar emociones, pero también para procesarlas y dirigirlas gracias al mismo mecanismo que usamos cuando repasamos mentalmente una canción o coreografía.

5. Potencia la empatía. Al bailar con otros, nuestras emociones están en sincronía y las experiencias emocionales se mimetizan.

6. Fortalece la autoestima. Buscar la propia expresión, a través del baile, reafirma nuestra autoestima y nos confiere seguridad.

7. Recupera el juego. Bailar es una actividad lúdica y por eso, hacerle un espacio es rescatar nuestra naturaleza más instintiva: recordemos que todos los animales juegan.

8. Mejora la plena conciencia. Al bailar, nos concentramos en el presente. No hay margen para la preocupación. Se ha demostrado que bailar puede ser tanto o más efectivo que meditar para mejorar nuestro sentido del aquí y ahora.

9. Previene la demencia. En un amplio estudio, el gerontólogo Joe Verghese concluyó que la principal actividad física que podría prever contra la enfermedad de Alzheimer es el baile.

10. Promueve la unión social. La danza es un medio de comunicación que favorece la cohesión social al permitir que la gente se una imitándose, hablándose y formando grupos. Existen estudios que confirman que cantar y bailar grupalmente tiene ventajas evolutivas y mejora la expectativa de vida.

miércoles, 1 de junio de 2016

¿Por qué llorar hace bien y levanta el ánimo?



Llorar es algo tan común que rara vez nos planteamos cuáles son las razones científicas que lo explican o qué efectos tiene esto en la salud. Y los humanos son los únicos seres vivientes que lloran en respuesta a las emociones o al dolor.

Existen tres diferentes tipos de lágrimas y cada una cumple una función diferente: Basales, reflejas y psíquicas.

"La primera es la lágrima basal, y su función es esencialmente mantener lubricado y libre de polvo al ojo", le dice a la BBC el doctor Nick Knight, del West Middlesex hospital del Reino Unido.

"El segundo tipo es la refleja. Si, por ejemplo, algo te irrita, como cuando cortas una cebolla o si el ojo entra en contacto con gases lacrimógenos". Este tipo de lágrima tiene por objetivo limpiar al ojo de partículas extrañas o sustancias irritantes.

El tercer tipo, según el doctor Knight, "es la lágrima producto del sollozo, que es resultado de un amplio espectro de emociones, y es la más importante. Puedes llorar por un dolor intenso, por tristeza, felicidad... Se le llama lágrima psíquica y es la que genera más interés entre los científicos".

Sin embargo, la lágrima psíquica continúa siendo un misterio, según el investigador de la unidad de ciencia de la BBC Adam Rutherford. "Es un tema que no ha sido muy investigado. No se sabe por qué lloramos en respuesta al dolor físico o a un trauma emocional o incluso en momentos de felicidad. Pero ya que somos seres sociales, puede ser una forma de manifestarle a los demás nuestro estado mental y buscar consuelo", explica.

Hay evidencias de que dar una buena llorada tiene efectos positivos en la salud mental.

En 2015, el psicólogo holandés Ad Vingerhoets, de la universidad de Tilburg, en Holanda, le pidió a un grupo de voluntarios que llenaran formularios explicando cómo se sentían antes de mirar dos películas muy emotivas. Posteriormente llenaron el mismo formulario inmediatamente después de mirar el filme, 20 minutos después y dos horas después.

Los resultados fueron muy claros. Quienes no lloraron, no reportaron ningún cambio en su estado psíquico. Los que sí lloraron, señalaron que su estado de ánimo había mejorado significativamente.

En otras palabras, llorar había tenido un efecto catártico. Ese es otro ejemplo de cómo la gente se siente mejor después de una buena llorada.

Los estudios señalan que sollozar tiene efectos inmediatos en el cuerpo. "Todo nuestro cuerpo siente el efecto, los latidos del corazón se aceleran, las venas y arterias se dilatan, el cuerpo suda más y el ritmo respiratorio se desacelera", señala Adam Rutherford.

Todo esto ocurre porque el sistema nervioso simpático, el mismo que nos prepara para la acción o que responde ante una amenaza, se activa en respuesta al estímulo.

Las investigaciones señalan que hay razones culturales que también determinan cuánto lloramos. Las mujeres lloran 5,3 veces en promedio por mes y los hombres 1,3 veces por mes.

¿Qué dice de tu personalidad tu forma de caminar?

Si vieras a un hombre entrar a un bar con el estilo del actor John Wayne, es muy probable que lo describieras como seguro y rudo.

O a lo mejor, pensarías que se trata de una imitación acartonada y cómica de un vaquero.

En cualquier caso, seguro que al verlo sacarías unas conclusiones inmediatas sobre su personalidad, basándote tan solo en su manera de caminar.

Durante décadas los psicólogos han estudiado nuestras reacciones en este tipo de situaciones.

Pero, ¿realmente son acertadas?

¿Qué características de la personalidad podemos deducir de la forma de andar de una persona?
Primeras investigaciones

Una de las primeras investigaciones científicas sobre la relación entre el caminar y la personalidad fue publicada en 1935 por el psicólogo Werner Wolff.

En su estudio filmó a cinco hombres y tres mujeres sin que lo supieran, mientras realizaban una prueba de lanzar aros. Los sujetos vestían overoles de trabajo, que impedían que se vieran características adicionales sobre sus respectivas personalidades.

Luego, los participantes en la investigación tuvieron la oportunidad de ver las grabaciones, que habían sido previamente editadas para ocultar sus cabezas, y se les pidió que hicieran interpretaciones de la personalidad de cada uno de ellos de acuerdo a la manera en la que se movían.

Wolff encontró que los participantes sacaron conclusiones sobre los demás basándose en la manera en la que caminaban, y que muchas veces coincidían entre sí.

Por ejemplo, la descripción dada por los participantes sobre el individuo identificado con el número 45, incluía las siguientes frases:

"Pretencioso".

"Alguien que busca atraer atención a cualquier precio".

"Deliberadamente vanidoso, desesperado por ser admirado".

"Internamente inseguro, aunque intenta aparentar seguridad ante los demás".

"Aburrido, de alguna forma servil, inseguro".

Fue asombroso cómo los participantes formaron esos juicios sobre cada individuo.

Sin embargo, el estudio tenía fallas, como el hecho de que algunos de los participantes se conocían entre sí, aunque era difícil identificar a cada quien en los videos.

Los experimentos modernos son más sofisticados, y la tecnología permite transformar el caminar de una persona en un punto de luz en un fondo negro, o puntos blancos que demuestren la movilidad de cada parte del cuerpo humano.

De esta manera quedan fuera otros elementos y nos podemos concentrar en lo que nos dice el movimiento al caminar.

Oscilar o balancear

En los años 80,psicólogos estadounidenses determinaron dos grandes formas de caminar, a través de experimentos con sensores de luz conectados al cuerpo de los individuos: un modo más juvenil y uno más viejo.

El primero implica un ritmo más dinámico, más vaivén de las caderas, movimiento de brazos más acentuado y los pasos más rápidos; mientras que el segundo es rígido y lento, con el cuerpo más inclinado hacia adelante.

La evidencia demuestra que aun cuando nuestras percepciones funcionan bien con los rostros, solemos equivocarnos al interpretar el caminar"

Por otra parte, los observadores asumieron que las personas que caminaban con un estilo juvenil, eran más felices y más potentes.

Este fue el caso incluso cuando la edad se hizo más aparente al descubrírseles la cara y el cuerpo de los participantes en los experimentos.

No es lo que parece

Para profundizar en la veracidad de estas observaciones basadas en el caminar, un estudio realizado por investigadores británicos y suizos publicado hace unos años, planteó la comparación entre la descripción que hacen las personas sobre sí mismas, con la que se formaban otros individuos basándose en los sensores de luz cuando los sujetos se movían.

Los resultados coincidieron con estudios anteriores sobre los dos grandes estilos de caminar, aunque los describieron de manera un poco distinta:

§El primer estilo es másextrovertido, despreocupado, cálido, confiable, y con un cierto toque aventurero, de acuerdo con los observadores.

§El segundo fue percibido comolento, relajado, que transmite estabilidad emocional.

Pero lo más importante de la investigación es que evidenció que los juicios de los observadores estaban equivocados:estos dos estilos diferentes para caminar realmente guardaban relación con los rasgos mencionados por las personas cuando describieron su propia personalidad.

El mensaje central de estas investigaciones es que tratamos la manera de andar de una persona como si fuese su cara, estilo de vestir o su acento al hablar.

La evidencia demuestra que aun cuando nuestras percepciones funcionan bien con los rostros, solemos equivocarnos al interpretar el caminar.

Un toque siniestro

Más allá de lo seguros o inseguros que parecemos al caminar, hay un elemento más inquietante en lo que proyectamos: el hecho deser percibidos como vulnerables.

Algunos de los primeros hallazgos en estos estudios mostraron quelos hombres y las mujeres con unas zancadas más cortas, y con un balanceo más reducido y lento de los brazos a pie, tienden a ser vistos como más vulnerables(nótese la similitud con el estilo de caminar de más edad encontrada en la investigación de la personalidad).

Un estudio japonés bastante inquietante, publicado en 2006, agregó más elementos sobre este punto.

El experimento pedía a un grupo de hombres decir qué tan probable era que charlaran con intenciones de seducir o inapropiadamente tocar a diferentes muchachas jóvenes, vistas en una pantalla a través de los sensores de luz y movimiento.

En base al caminar de las mujeres, los hombres decían sentirse más propensos a hacer avances indeseados hacia las mujeres con rasgos de personalidad más vulnerables, tales como ser más introvertidas y emocionalmente inestable.

Esta característica adquiere un rasgo escalofriante si se tiene en cuenta que otras investigaciones demuestran quesujetos que se encuentran en prisión, con amplios registros por conductas psicópatas, son particularmente precisos al detectar a personas que han sido atacadas en el pasado, solo con ver un video de ellas caminando.

Esto concuerda con evidencia aportada en casos dramáticos como los del asesino en serie Ted Bundy, quien dijo que podía "identificar a una víctima por la forma como caminaba por la calle".

Cuidado con imitar

Estas investigaciones traen a colación otro tema de estudio: ¿podemos adaptar nuestra forma de movernos, para cambiar la percepción que proyectamos a los demás?

Algunos estudios sugieren que puedes aprender a caminar de cierta forma que transmitas un mensaje de invulnerabilidad:pasos rápidos, largas zancadas y fuertes movimientos de los brazos.

Esto ha sido una recomendación para las mujeres en ambientes menos seguros.

No obstante, los psicólogos que han estudiado los perfiles de personalidad asociados con estos estilos de andar, dicen que no hay claridad sobre la posibilidad de aprender aspectos específicos del caminar.

De modo que lo más recomendable es no empeñarse con mucha intensidad en aparentar ser otro, porque lo más probable es que termines siendo una imitación cómica de John Wayne.