"Cualquier persona que tenga un sueño, cualquier sueño que venga a la mente, se puede realizar en el futuro si esa persona tiene la oportunidad de recibir una educación". Quien así habla es Shahed Habbad; tiene 10 años y es refugiada siria en Líbano. Juan tiene 9 años y es de Madrid, para él "lo que intentan las personas que hacen la guerra es que (los niños y las niñas) no tengan derechos". Ambos, Shahed y Juan, forman parte de un proyecto educativo que une rincones del mundo y enlaza las vidas y sueños de estos pequeños.
Estos proyectos requieren comprensión, análisis, compromiso y articulación. Una receta sencilla pero con propiedades esenciales para el mundo complejo en el que vivimos. Se conoce como "Educación para la Ciudadanía Global" y su objetivo es formar personas que comprendan que la teoría del batir de alas de mariposa nos afecta directamente, y que nuestras vidas están irremediablemente unidas por hilos invisibles que precisan ser identificados.
Se trata de ofrecer herramientas que permitan analizar de forma crítica cómo se han tejido las interdependencias desiguales e injustas que rigen los ámbitos político, económico, social o cultural en el mundo. Un análisis que lleva a conciencia ciudadana y, de ella, al compromiso personal y político por la justicia. Y es de ahí de donde surgen las redes ciudadanas supranacionales que presionan contra los efectos nocivos de la globalización.
Parece lógico pensar que este tipo de educación es esencial en un contexto mundial que asiste a la peor crisis de migración y refugio desde la Segunda Guerra Mundial. 60 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares. Mientras, la Europa que da lecciones al mundo, parece haber perdido sus valores en el camino y atenta sistemáticamente contra los derechos humanos de miles de personas.
Europa se mira al ombligo. Olvida que la situación que se vive en nuestras fronteras es una realidad cotidiana en otros lugares del mundo. Países con condiciones peores que las nuestras acogen a cientos de miles de personas. Tal es el caso de Líbano, donde el 25% de su población, son personas refugiadas -un millón-, de las que la mitad son menores que viven bajo el umbral de la extrema pobreza.
En Europa - la región más rica del planeta-, comienzan a surgir reacciones de rechazo, desconfianza, racismo y xenofobia. Comportamientos a menudo azuzados por declaraciones políticas y (des)informaciones en los medios de comunicación. Urge dar una respuesta que, frente al miedo, genere solidaridad; que, frente al individualismo, articule una ciudadanía comprometida con los valores que dan sentido a la identidad europea y a la identidad de habitantes de un planeta común.
Esta tarea es compleja. Una educación para la ciudadanía global debe comprender los porqués y los cómos, ponerse en los zapatos de quienes sufren las injusticias. Sin empatía nunca podremos entender que toda injusticia nos afecta. La empatía debe venir acompañada de la autoestima, el respeto, la igualdad, la justicia… elementos clave para garantizar que no miramos a "los otros" como enemigos, sino como personas con quienes caminar de la mano.
Se trata de dialogar y convivir con distintas culturas. Quien se cuestiona sus propios puntos de vista fortalece la convivencia. Es imprescindible derribar estereotipos y prejuicios; respetar, valorar y convivir con personas de diferentes culturas y orígenes; y hacerlo desde las primeras etapas de nuestra vida.
También hay que participar para construir un mundo más justo. El mundo del S.XXI exige que nuestra participación política sea internacionalista. Tenemos que articularnos porque ante problemas globales solo caben soluciones colectivas sin fronteras.
La madurez de Shahed Habbad impresiona. Afirma con un gran convencimiento que le gusta aprender "porque aprendiendo avanzamos y nos ayuda a alcanzar nuestros sueños". Shahed quiere "aprender todo lo que hay que saber". Conmueve también la entereza de Juan, quien reivindica "el derecho a hacer amigos y a aprender cosas nuevas".
Ojalá que los sueños de estos pequeños no sepan de muros, alambradas, guerras y conflictos. Que el pensamiento crítico, el aprendizaje emocional, la convivencia y la participación sociopolítica arrojen luz ante el miedo y dignidad ante las fronteras.
Miembro del Grupo de Educación para la Ciudadanía Global de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo vía Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
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domingo, 31 de julio de 2016
Lecturas sutiles ¿Se puede reestructurar los pensamientos?
Tal vez muchos de nosotros hemos escuchado alguna vez la frase “si quieres cambiar tu vida, tienes que cambiar tu forma de pensar”, y la verdad es que tiene mucho sentido, ya que cambiar la forma de pensar tiene que ver con el hecho de conocer cómo nuestro sistema cognitivo procesa la información del entorno, donde dicho procesamiento nos va a permitir interpretar la realidad de una manera y no de otra.
Así, podrán acontecer las denominadas distorsiones cognitivas o formas erróneas de procesar la información, lo cual nos llevará a interpretar la realidad de una manera disfuncional experimentando la mayor parte del tiempo sentimientos de frustración y malestar emocional.
En este sentido, la terapia Cognitivo Conductual tendrá por objetivo identificar dichas distorsiones cognitivas para luego, a través de determinadas técnicas y estrategias, buscar la forma de reestructurar el pensamiento, es decir que es posible que las personas aprendan a cambiar sus formas de pensamiento distorsionadas por otras más adaptativas o funcionales.
Un punto importante para comenzar el proceso de reestructuración cognitiva es lograr identificar los pensamientos automáticos presentes en nuestras vidas. Los pensamientos automáticos son una forma de ideas que todas las personas experimentamos de manera involuntaria en determinadas situaciones, son pensamientos involuntarios porque solamente aparecen de acuerdo a las circunstancias, no necesitamos hacer algún esfuerzo para que se hagan presentes.
Por ejemplo, existen personas que cuando suena el teléfono y están esperando a su hijo/a o a alguien significativo, tienen el pensamiento automático “seguro tuvo un accidente” o “algo muy malo le sucedió”, pero luego se sorprenden cuando contestan el teléfono y constatan que solo era un número equivocado o era la simple llamada de un familiar para saludar.
Es importante saber que nuestros pensamientos automáticos pueden pasar desapercibidos, pues muchas veces estamos inmersos en una rutina de vida que no nos permite tomar conciencia de todo lo que pensamos o hacemos, es decir vivimos de manera automática.
Por otro lado, nuestras emociones no son algo que pasen desapercibido, pues experimentar la mayor parte del tiempo tristeza, miedo, ansiedad y enojo no es muy agradable. Así, una forma para poder detectar los pensamientos automáticos será a través de las emociones. Entonces cada vez que experimentemos alguna emoción negativa será importante preguntarnos inmediatamente qué es lo que se acaba de pensar o qué idea o pensamiento pasó por la cabeza. En el ejemplo citado anteriormente es seguro que las personas primero experimentaron ansiedad o miedo, o malestar en el estómago o dolor de cabeza antes de ser totalmente concientes del tipo de pensamiento automático que estaba produciendo ese malestar emocional y físico.
De esta manera conocer nuestros pensamientos automáticos será solo el primer paso para comenzar el proceso de reestructuración de pensamiento, el siguiente paso consistirá en encontrar creencias o esquemas de pensamiento que deberán someterse a prueba para poder lograr una verdadera y profunda reestructuración de pensamiento.
Para terminar, no olvidemos que será importante identificar nuestros pensamientos automáticos para poder comprender porqué nos sentimos mal en ciertas ocasiones, ese será un paso importante para comenzar a cambiar nuestras vidas.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez del Carpio al correo
Así, podrán acontecer las denominadas distorsiones cognitivas o formas erróneas de procesar la información, lo cual nos llevará a interpretar la realidad de una manera disfuncional experimentando la mayor parte del tiempo sentimientos de frustración y malestar emocional.
En este sentido, la terapia Cognitivo Conductual tendrá por objetivo identificar dichas distorsiones cognitivas para luego, a través de determinadas técnicas y estrategias, buscar la forma de reestructurar el pensamiento, es decir que es posible que las personas aprendan a cambiar sus formas de pensamiento distorsionadas por otras más adaptativas o funcionales.
Un punto importante para comenzar el proceso de reestructuración cognitiva es lograr identificar los pensamientos automáticos presentes en nuestras vidas. Los pensamientos automáticos son una forma de ideas que todas las personas experimentamos de manera involuntaria en determinadas situaciones, son pensamientos involuntarios porque solamente aparecen de acuerdo a las circunstancias, no necesitamos hacer algún esfuerzo para que se hagan presentes.
Por ejemplo, existen personas que cuando suena el teléfono y están esperando a su hijo/a o a alguien significativo, tienen el pensamiento automático “seguro tuvo un accidente” o “algo muy malo le sucedió”, pero luego se sorprenden cuando contestan el teléfono y constatan que solo era un número equivocado o era la simple llamada de un familiar para saludar.
Es importante saber que nuestros pensamientos automáticos pueden pasar desapercibidos, pues muchas veces estamos inmersos en una rutina de vida que no nos permite tomar conciencia de todo lo que pensamos o hacemos, es decir vivimos de manera automática.
Por otro lado, nuestras emociones no son algo que pasen desapercibido, pues experimentar la mayor parte del tiempo tristeza, miedo, ansiedad y enojo no es muy agradable. Así, una forma para poder detectar los pensamientos automáticos será a través de las emociones. Entonces cada vez que experimentemos alguna emoción negativa será importante preguntarnos inmediatamente qué es lo que se acaba de pensar o qué idea o pensamiento pasó por la cabeza. En el ejemplo citado anteriormente es seguro que las personas primero experimentaron ansiedad o miedo, o malestar en el estómago o dolor de cabeza antes de ser totalmente concientes del tipo de pensamiento automático que estaba produciendo ese malestar emocional y físico.
De esta manera conocer nuestros pensamientos automáticos será solo el primer paso para comenzar el proceso de reestructuración de pensamiento, el siguiente paso consistirá en encontrar creencias o esquemas de pensamiento que deberán someterse a prueba para poder lograr una verdadera y profunda reestructuración de pensamiento.
Para terminar, no olvidemos que será importante identificar nuestros pensamientos automáticos para poder comprender porqué nos sentimos mal en ciertas ocasiones, ese será un paso importante para comenzar a cambiar nuestras vidas.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez del Carpio al correo
La higiene mental una salud total
Hay temas que han rebasado el estigma y ahora están en boca de todos. El cáncer, por ejemplo, sigue siendo una dolencia complicada. Sin embargo, ahora es más fácil compartir sentimientos, por la compasión generalizada de la tribu. Sí, de la tribu, que al final sigue siendo nuestro estilo de relacionarnos en colectividad.
Mientras eso sucede, familias completas siguen sumergidas en el silencio y el dolor por no atreverse a compartir su batalla mental por una vida digna, productiva y con sentido. Las enfermedades mentales siguen arrastrando un fuerte estigma que provoca aislamiento, detección tardía de síntomas y falta de atención.
Hace solo unos días asistí en Houston a la Conferencia Anual de Sardaa, la asociación sin fines de lucro que ayuda a pacientes y familias afectados por la esquizofrenia y otras enfermedades. Allí pude conocer a padres, hermanos y amigos que han perdido a seres queridos por el suicidio. El encuentro fue una unión desde el dolor y la solidaridad, pero sobre todo desde la esperanza.
Hablar en público de mi historia familiar sobre la esquizofrenia me costó 43 años. Mi mayor miedo fue perder el control de la mente, debido a los suicidios de mi abuelo paterno, mi tía y el intento de mi padre. A los 15 años me tocó visitar a mi padre en un hospital psiquiátrico, después de haber recibido electrochoques. A esa edad, sin tener ningún tipo de recurso emocional para enfrentar las circunstancias, pedí a Dios un milagro de cocreación de mente y cerebro sanos, para no seguir los patrones que veía en el espejo.
Dios hizo el milagro. Gracias a su misericordia y al esfuerzo para nutrir cerebro y mente con alimentos positivos, aquí estamos alzando una voz para que el estigma acabe. Para que la compasión y la solidaridad se expandan, más allá de la atención médica correcta. El mejor complemento posible es la inclusión y la mejor medicina, el amor.
Los neurocientíficos aún tienen mucho que investigar para identificar las causas y las razones de estas enfermedades. La ciencia ya estudia que la higiene mental, entendida como el cultivo de la espiritualidad, es decisiva para paliar dichas condiciones. Ya no basta con las píldoras. Son necesarios la conciencia de la aceptación, el estímulo de la creatividad, la fe y el propósito de vivir en pertenencia.
Viví en miedo por muchos años, hasta que me di cuenta de que sólo dejándolo salir podría enfrentarlo, compartirlo y luego revertirlo en combustible para empoderarme y empoderar a otros. Usemos el miedo desde su mejor ángulo, que no es el que nos paraliza y crea ansiedad. El miedo también sirve de recordatorio y llamado a la acción.
Mira a tu alrededor y abre tu corazón a quienes temen dejar volar su mente. Sé parte de la cadena del amor, para levantar el estigma sobre las enfermedades mentales, que en realidad deberían llamarse enfermedades cerebrales. Dios es amor. Hágase el milagro.
viernes, 29 de julio de 2016
“Lo siento” ¡Basta de disculpas!
”Disculpa, pero necesitaría tener ese informe cuanto antes”, pides a tu compañero de trabajo que debería haberlo entregado ayer.
Perdona que sea tan pesada amor, pero ¿tardarás mucho todavía?”, le preguntas a tu novio después de llevar más de 20 minutos esperando.
“Seguramente será una tontería pero tengo una idea...”, intervienes en una reunión en el trabajo. Si te reconoces en una o varias de estas frases (y disculpa que seamos quien te de la noticia) eres una de las miles de mujeres en el mundo que padecen lo que muchos llaman el ‘sorry syndrome’ o esa tendencia a pedir disculpas por cualquier motivo, aunque tú no hayas cometido ningún error.
“Perdona que me meta, seguramente será una tontería lo que voy a decir...”
No todas las mujeres dan tanta vuelta y andan con tantas contemplaciones a la hora de comunicarse, sin embargo hay algunas investigaciones que respaldan la idea de que, en general, dicen “lo siento” más a menudo que los hombres. Dos estudios realizados por la Universidad de Waterloo en Canadá y publicados en la revista Psychological Science encontraron que aunque ellos están tan dispuestos como nosotras a disculparse, tardan más en sentir que necesitan hacerlo.
Amy Schumer, la atrevida y deslenguada cómica norteamericana, célebre por su humor políticamente incorrecto retrató esta realidad en un scketch titulado “I’m Sorry”: una parodia en la que varias científicas y expertas reputadas en diversas materias (entre ellas una hipotética premio Nobel) pretenden llevar a cabo un debate que promete ser de lo más interesante pero que se queda estancado antes de empezar en un hilarante embrollo de disculpas y cortesías recíprocas.
La experta en coaching y en comunicación asertiva, Sandra Díaz Leonardo, cree que estas frases de disculpa son parte de rutinas incorporadas desde la infancia. “La mujer, tanto en el entorno personal como en el profesional, muestra con frecuencia comportamientos enfocados a conciliar posturas, escuchar y mediar en situaciones difíciles”, asegura en una entrevista a la revista Hoy Mujer, enfatizando algo que ya sabemos: ese modo de comunicarnos es una manifestación más de esa vocación que nos inculcan desde que somos niñas de agradar y satisfacer las expectativas de los demás antes que las nuestras.
“Esta forma de mirarse, siempre imperfecta, puede hacer que se sitúe en desigualdad respecto a sus colegas, su pareja, incluso sus hijos. La mujer, con frecuencia, asume que “estar al servicio de los demás es la clave para que me quieran”, explica la coach, formadora en la Escuela Europe de Coaching (EEC).
¿Intrusas?
“Disculpa que me entrometa pero opino que…”. Comenzar una frase pidiendo perdón en definitiva resta valor a la idea que se comunicará a continuación. Así que ¡deja de hacerlo! Pues no es una mera muletilla lingüística, es la expresión de una menor autoestima y que no crees en tus ideas.
“Durante siglos, las mujeres estuvieron sistemáticamente excluidas del espacio público y confinadas al ámbito doméstico. Esta situación, que todavía hoy cuesta superar, hace que ellas se sientan como “intrusas”, sin el pleno derecho a estar allí: por eso se excusan o tratan de pasar desapercibidas”, analiza Sara Berbel, doctora en Psicología Social y autora de “Mujeres rompiendo el techo de cristal”.
Cuestión de género
Judith Baxter, sociolingüista de la Universidad de Aston (Reino Unido), señala en su libro, The language of female leadership (El lenguaje de las mujeres líderes) que en las reuniones de trabajo y en los consejos de dirección las mujeres están cuatro veces más inclinadas que sus compañeros masculinos a utilizar un tipo de discurso que ella ha calificado como de “doble voz” y que consiste en prejuzgar negativamente la respuesta de la audiencia y adaptar el mensaje en función de esa perspectiva.
Las siguientes frases son claros ejemplos de esto: “Corrígeme si me equivoco...”, “No soy ninguna experta en el asunto, pero...”, “Es posible que no lo haya entendido bien, pero...”. Y es que la falta de seguridad en un espacio que no se percibe como propio se refleja no sólo en el lenguaje verbal, sino también en el no verbal. Se ha visto que las mujeres suelen ocupar lugares extremos o poco centrales en las mesas de trabajo, incluso aunque sean las directoras.
No es modestia
Hablar claro sobre los propios méritos es importante, porque precisamente uno de los obstáculos en el camino de las mujeres hacia la cima del poder empresarial, económico o político radica en lo que la doctora Estrella Montolío (Catedrática de Lengua Española de la Universitat de Barcelona y coordinadora del grupo de investigación Estudios del Discurso Académico y Profesional) han definido como “autodisminución ritual” o “modestia ritual” que tiene su origen en la educación estereotipada que recibimos y consiste en “la inhibición de los éxitos propios, la extrema modestia, en ocasiones incluso autodenostativa, así como la tendencia a intentar mostrarse amable y poco asertiva, ensalzando las virtudes ajenas y silenciando las propias”.
Lo explica Sara Berbel en su libro, una tendencia que la autora considera “muy peligrosa porque, si bien entre las mujeres es entendida como una simple expresión de modestia (una de las virtudes en las que se educa a las mujeres), puede ser tomada al pie de la letra por los varones que la escuchen, con el consiguiente juicio desfavorable hacia ellas”.
¿Las consecuencias? Por una parte, se refuerza la baja autoestima y el temor social. Por otra, dado el diferente código lingüístico, ellos pueden entender literalmente las expresiones de inseguridad y darlas por ciertas, considerando, por tanto, que esas mujeres no son aptas para los puestos que ocupan.
¿Amabilidad vs credibilidad?
Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook, pionera en liderazgo femenino y una de las directivas que ha llegado más alto en el mundo, ha tenido que lidiar con los diferentes matices de la desigualdad en su camino a la cima. Cuando Sandberg todavía estaba en el instituto ya mostraba que sería una líder y uno de sus profesores le dijo: “A nadie le gustan las chicas mandonas”.
La pregunta que surge es: ¿Estamos obligadas a ser agradables para alcanzar el éxito? “El margen de actuación de las directivas es muy estrecho: cuando se comportan según el estereotipo masculino y son fuertes, firmes y exigentes, entonces se las considera competentes pero no gustan y se las acusa de ser “masculinas”. En cambio, cuando adoptan el rol del estereotipo femenino y se muestran amables, comprensivas y empáticas, entonces gustan más pero no son consideradas competentes. Esto es el fenómeno llamado “the double bind”, la doble atadura, y es que somos castigadas en ambos casos”, explica Sara Berbel.
Y siendo sinceras, muchas veces somos las mismas mujeres las que criticamos una mujer ‘demasiado líder’. Es momento de acabar con esta’ ‘doble atadura’ y premiemos aquellos liderazgos que incluyan características de ambos estereotipos, masculinos y femeninos “que, por cierto, son los más eficientes y los que otorgan mayor libertad de expresión a las líderes”, añade esta experta.
La clave pasa por reconocer los propios errores y disculparse por ellos, pues es una fortaleza y muestra seguridad… eso sí, solo si lo hacemos cuando toca, no todo el tiempo.
Perdona que sea tan pesada amor, pero ¿tardarás mucho todavía?”, le preguntas a tu novio después de llevar más de 20 minutos esperando.
“Seguramente será una tontería pero tengo una idea...”, intervienes en una reunión en el trabajo. Si te reconoces en una o varias de estas frases (y disculpa que seamos quien te de la noticia) eres una de las miles de mujeres en el mundo que padecen lo que muchos llaman el ‘sorry syndrome’ o esa tendencia a pedir disculpas por cualquier motivo, aunque tú no hayas cometido ningún error.
“Perdona que me meta, seguramente será una tontería lo que voy a decir...”
No todas las mujeres dan tanta vuelta y andan con tantas contemplaciones a la hora de comunicarse, sin embargo hay algunas investigaciones que respaldan la idea de que, en general, dicen “lo siento” más a menudo que los hombres. Dos estudios realizados por la Universidad de Waterloo en Canadá y publicados en la revista Psychological Science encontraron que aunque ellos están tan dispuestos como nosotras a disculparse, tardan más en sentir que necesitan hacerlo.
Amy Schumer, la atrevida y deslenguada cómica norteamericana, célebre por su humor políticamente incorrecto retrató esta realidad en un scketch titulado “I’m Sorry”: una parodia en la que varias científicas y expertas reputadas en diversas materias (entre ellas una hipotética premio Nobel) pretenden llevar a cabo un debate que promete ser de lo más interesante pero que se queda estancado antes de empezar en un hilarante embrollo de disculpas y cortesías recíprocas.
La experta en coaching y en comunicación asertiva, Sandra Díaz Leonardo, cree que estas frases de disculpa son parte de rutinas incorporadas desde la infancia. “La mujer, tanto en el entorno personal como en el profesional, muestra con frecuencia comportamientos enfocados a conciliar posturas, escuchar y mediar en situaciones difíciles”, asegura en una entrevista a la revista Hoy Mujer, enfatizando algo que ya sabemos: ese modo de comunicarnos es una manifestación más de esa vocación que nos inculcan desde que somos niñas de agradar y satisfacer las expectativas de los demás antes que las nuestras.
“Esta forma de mirarse, siempre imperfecta, puede hacer que se sitúe en desigualdad respecto a sus colegas, su pareja, incluso sus hijos. La mujer, con frecuencia, asume que “estar al servicio de los demás es la clave para que me quieran”, explica la coach, formadora en la Escuela Europe de Coaching (EEC).
¿Intrusas?
“Disculpa que me entrometa pero opino que…”. Comenzar una frase pidiendo perdón en definitiva resta valor a la idea que se comunicará a continuación. Así que ¡deja de hacerlo! Pues no es una mera muletilla lingüística, es la expresión de una menor autoestima y que no crees en tus ideas.
“Durante siglos, las mujeres estuvieron sistemáticamente excluidas del espacio público y confinadas al ámbito doméstico. Esta situación, que todavía hoy cuesta superar, hace que ellas se sientan como “intrusas”, sin el pleno derecho a estar allí: por eso se excusan o tratan de pasar desapercibidas”, analiza Sara Berbel, doctora en Psicología Social y autora de “Mujeres rompiendo el techo de cristal”.
Cuestión de género
Judith Baxter, sociolingüista de la Universidad de Aston (Reino Unido), señala en su libro, The language of female leadership (El lenguaje de las mujeres líderes) que en las reuniones de trabajo y en los consejos de dirección las mujeres están cuatro veces más inclinadas que sus compañeros masculinos a utilizar un tipo de discurso que ella ha calificado como de “doble voz” y que consiste en prejuzgar negativamente la respuesta de la audiencia y adaptar el mensaje en función de esa perspectiva.
Las siguientes frases son claros ejemplos de esto: “Corrígeme si me equivoco...”, “No soy ninguna experta en el asunto, pero...”, “Es posible que no lo haya entendido bien, pero...”. Y es que la falta de seguridad en un espacio que no se percibe como propio se refleja no sólo en el lenguaje verbal, sino también en el no verbal. Se ha visto que las mujeres suelen ocupar lugares extremos o poco centrales en las mesas de trabajo, incluso aunque sean las directoras.
No es modestia
Hablar claro sobre los propios méritos es importante, porque precisamente uno de los obstáculos en el camino de las mujeres hacia la cima del poder empresarial, económico o político radica en lo que la doctora Estrella Montolío (Catedrática de Lengua Española de la Universitat de Barcelona y coordinadora del grupo de investigación Estudios del Discurso Académico y Profesional) han definido como “autodisminución ritual” o “modestia ritual” que tiene su origen en la educación estereotipada que recibimos y consiste en “la inhibición de los éxitos propios, la extrema modestia, en ocasiones incluso autodenostativa, así como la tendencia a intentar mostrarse amable y poco asertiva, ensalzando las virtudes ajenas y silenciando las propias”.
Lo explica Sara Berbel en su libro, una tendencia que la autora considera “muy peligrosa porque, si bien entre las mujeres es entendida como una simple expresión de modestia (una de las virtudes en las que se educa a las mujeres), puede ser tomada al pie de la letra por los varones que la escuchen, con el consiguiente juicio desfavorable hacia ellas”.
¿Las consecuencias? Por una parte, se refuerza la baja autoestima y el temor social. Por otra, dado el diferente código lingüístico, ellos pueden entender literalmente las expresiones de inseguridad y darlas por ciertas, considerando, por tanto, que esas mujeres no son aptas para los puestos que ocupan.
¿Amabilidad vs credibilidad?
Sheryl Sandberg, directora operativa de Facebook, pionera en liderazgo femenino y una de las directivas que ha llegado más alto en el mundo, ha tenido que lidiar con los diferentes matices de la desigualdad en su camino a la cima. Cuando Sandberg todavía estaba en el instituto ya mostraba que sería una líder y uno de sus profesores le dijo: “A nadie le gustan las chicas mandonas”.
La pregunta que surge es: ¿Estamos obligadas a ser agradables para alcanzar el éxito? “El margen de actuación de las directivas es muy estrecho: cuando se comportan según el estereotipo masculino y son fuertes, firmes y exigentes, entonces se las considera competentes pero no gustan y se las acusa de ser “masculinas”. En cambio, cuando adoptan el rol del estereotipo femenino y se muestran amables, comprensivas y empáticas, entonces gustan más pero no son consideradas competentes. Esto es el fenómeno llamado “the double bind”, la doble atadura, y es que somos castigadas en ambos casos”, explica Sara Berbel.
Y siendo sinceras, muchas veces somos las mismas mujeres las que criticamos una mujer ‘demasiado líder’. Es momento de acabar con esta’ ‘doble atadura’ y premiemos aquellos liderazgos que incluyan características de ambos estereotipos, masculinos y femeninos “que, por cierto, son los más eficientes y los que otorgan mayor libertad de expresión a las líderes”, añade esta experta.
La clave pasa por reconocer los propios errores y disculparse por ellos, pues es una fortaleza y muestra seguridad… eso sí, solo si lo hacemos cuando toca, no todo el tiempo.
jueves, 28 de julio de 2016
Dime cómo ríes y te diré quién eres…
Era tu mejor amiga, durante años siempre tuvo una sonrisa para ti; entonces, ¿por qué te traicionaría? Aunque, cueste admitirlo tras una sonrisa se puede esconder muchas emociones y rasgos de la personalidad, que no tiene nada que ver con la sinceridad ni diversión.
¡Aquí lo importante es escuchar y observar! Para empezar puedes reflexionar sobre lo que al otro le da risa. De acuerdo con Harvery Mindess, ante la American Psychological Association, señala que las personas que ríen abiertamente ante un chiste “sin sentido”, poseen seguridad en sí mismos y alta autoestima.
Por otro lado, este acto de socialización puede revelar:
1. RISA REPRIMIDA
Esta se caracteriza por un sonido forzado, y habla de que la persona vivió o vive en un entorno, donde el silencio o mantener el control es esencial. Suelen ser de carácter alegre, pero de temperamento fuerte.
2. RISA CORTA
Inhalan cada vez que tratan de reprimir este gesto. Es un gesto frecuente en personas tímidas o modestas.
3. CARCAJADAS (NO LLEGAN A LA EXAGERACIÓN)
Suele ser espontánea y refleja a una persona segura de sí misma y que tiene la capacidad de reír de sí mismo y de sus creencias, ya que las tiene muy firmes; es decir, es flexible no hipócrita.
4. MUECA SIN SONIDO
Aunque te decepcione, no es gesto de poca sinceridad, sino de buen sentido del humor; pero, tienden a ser discretos y muy reservados con sus problemas personales.
¡Ojo! Las personas que gustan de chistes con contexto sexual o que haga referencia a un problema de salud, suelen ser impulsivos, irritables o celosos.
Recuerda, no porque rían contigo todo el tiempo o porque muestren una sonrisa ante tus comentarios o acciones significa que es sincera contigo. ¡Aprende a valorar a las personas por sus actos, y eso se ve con los años, no en meses!
Conoce tu proyecto de vida
Aunque no lo sepas, tu vida ya tiene un proyecto; sin embargo, podemos volver a crear otro que te sea más satisfactorio y que te permita gustar de tu vida, del poder mágico de tus dos mentes y de tus decisiones de ser una persona buena y triunfadora en este mundo.
La mala voluntad y los estados negativos de las personas les van produciendo muchas infelicidades en su vida y esas situaciones provienen en su mayor parte del desconocimiento de la idea de que podemos reordenar nuestra vida parcialmente o por completo elaborando un nuevo plan de vida.
Se trata de hacer un nuevo mapa de tu vida, de visualizar o de analizar acerca de dónde estás actualmente y de decidir a dónde quieres llegar. Para logarlo debes analizar tus problemas crónicos y decidir ponerles una solución a cada uno de ellos. Debes hacer una lista de tus deseos, otra de tus determinaciones y decidir cómo quieres vivir y cómo quieres utilizar tu poder interior para hacer que las cosas cambien o mejoren como debe ser.
Tenemos dos planos imaginarios en los que vivimos, el plano negativo y el plano positivo. Es deber nuestro decidir si optamos por lo negativo o por lo positivo; tu proyecto de vida solo funcionará adecuadamente si eliges el plano positivo, pues en el plano negativo las personas no quieren saber nada de la buena voluntad ni de una forma constructiva de vivir.
Las personas que viven en el plano negativo solo piensan en sí mismas y solo les importa su yo y nada más, y cualquier apariencia de estar interesadas en las demás personas es solo eso, apariencia e interés personal y nada más. En ese contexto es un poco difícil tomar conciencia de la realidad de la propia vida y de las consecuencias de vivir con mala actitud o practicando lo opuesto a la constructividad o superación personal.
En cualquier proyecto debes aprender a dar forma a las ideas que forman tu intención original e ir descubriendo qué es lo que quieres lograr con tu proyecto haciendo una lista de las cosas que quieres. Debes hacer una segunda lista para exponer los resultados que pretendes conseguir y, finalmente, una tercera lista en la que expongas los premios emocionales que serán la motivación del proyecto. Así que ya lo sabes, tienes las ideas fundamentales y las acciones que debes hacer para tener un registro de tu proyecto de vida y de esta manera tus ideas acerca de cómo vivir con éxito, de cómo resolver todos tus problemas y de cómo mantener una actividad de autosuperación.
La mala voluntad y los estados negativos de las personas les van produciendo muchas infelicidades en su vida y esas situaciones provienen en su mayor parte del desconocimiento de la idea de que podemos reordenar nuestra vida parcialmente o por completo elaborando un nuevo plan de vida.
Se trata de hacer un nuevo mapa de tu vida, de visualizar o de analizar acerca de dónde estás actualmente y de decidir a dónde quieres llegar. Para logarlo debes analizar tus problemas crónicos y decidir ponerles una solución a cada uno de ellos. Debes hacer una lista de tus deseos, otra de tus determinaciones y decidir cómo quieres vivir y cómo quieres utilizar tu poder interior para hacer que las cosas cambien o mejoren como debe ser.
Tenemos dos planos imaginarios en los que vivimos, el plano negativo y el plano positivo. Es deber nuestro decidir si optamos por lo negativo o por lo positivo; tu proyecto de vida solo funcionará adecuadamente si eliges el plano positivo, pues en el plano negativo las personas no quieren saber nada de la buena voluntad ni de una forma constructiva de vivir.
Las personas que viven en el plano negativo solo piensan en sí mismas y solo les importa su yo y nada más, y cualquier apariencia de estar interesadas en las demás personas es solo eso, apariencia e interés personal y nada más. En ese contexto es un poco difícil tomar conciencia de la realidad de la propia vida y de las consecuencias de vivir con mala actitud o practicando lo opuesto a la constructividad o superación personal.
En cualquier proyecto debes aprender a dar forma a las ideas que forman tu intención original e ir descubriendo qué es lo que quieres lograr con tu proyecto haciendo una lista de las cosas que quieres. Debes hacer una segunda lista para exponer los resultados que pretendes conseguir y, finalmente, una tercera lista en la que expongas los premios emocionales que serán la motivación del proyecto. Así que ya lo sabes, tienes las ideas fundamentales y las acciones que debes hacer para tener un registro de tu proyecto de vida y de esta manera tus ideas acerca de cómo vivir con éxito, de cómo resolver todos tus problemas y de cómo mantener una actividad de autosuperación.
lunes, 25 de julio de 2016
Lecturas sutiles Apuntes sobre el odio y el amor (parte 2)
4) “El amor ciertamente, hace señas, y es siempre recíproco” (Jacques Lacan, Seminario 20, p.12. 1981). De lo que se tra- ta en el amor es de los signos que lo rodean y de esperar que el otro los interprete.
El amor tiene gran parte de su gracia en los giros, en las vueltas que se hace sobre el otro amado; llevando a los seres humanos a situaciones cómicas y también dramáticas cuando se trata de la conquista y el enamoramiento.
Asimismo, siempre se espera del amado también señales de amor, reciprocidad. Es dudosa la idea de la existencia del amor incondicional, ya que en el amor se tiene como condición recibir amor; el amante siempre espera el amor del amado.
El odio, en cambio, es más directo, no precisa de rodeos ni de pretensiones que buscan que el otro traduzca las acciones. Podría decirse que es de traducción inmediata. Es más difícil dudar del odio que alguien nos profesa que de su amor, que siempre
tiene un velo que no deja entrever las intenciones.
El odio no pretende la reciprocidad, ya que no se
dirige a un semejante del cual se espera recibir lo mismo. El odio es destrucción del semejante y si ese es su fin, por supuesto, que no se espera nada a cambio; puesto que no se puede recibir nada de aquello que está destruido.
5) Se ama creyendo encontrar en el otro esa parte faltante que podría complementar la propia existencia. El amor es un buen recurso para cubrir las propias faltas, los propios defectos. Se anhela que el amado sea eso que uno no es, lo que uno quiere ser o lo que uno fue y dejó de ser. Como fuese, el amor siempre apunta a completar el ser, pero a la vez es un velo para no saber de lo que falta en el propio ser o de lo que uno realmente es. Por eso Lacan dirá que el amor es siempre ignorante.
El odio no es velo, es revelación, no se trata de ocultar las faltas del otro; se las desenmascara. Pero el odio también conlleva un nivel de ignorancia: en el hecho de odiar la persona no descubre nada sobresaliente de su ser, se sigue desconociendo los propios deseos y satisfacciones. Tanto amor como odio, al estar tan comprometidos con el otro, al estar tan anudados al semejante, llevan al sujeto que ama o que odia a desconocer la esencia de su propio ser. Tanto es así, que solo los que rodean al amante o al que odia pueden percibir cambios que los vuelven irreconocibles, incluso pueden apreciar como el amor o el odio terminan consumiendo al sujeto.
6) Por último, otra idea común que se posee sobre el amor y el odio es que son sentimientos, en realidad se tratan de pasiones –a decir de Lacan. Una pasión es un afecto con representación discursiva, un afecto del cual se puede hablar, pero con la característica de que se trata de un afecto que excede al lenguaje. Afecto y lenguaje son irreconciliables en una pasión, el afecto aparece como desbordante; así, el amor y el odio, conllevan una fuerza pasional que puede no tener límites. Se pueden cometer los más grandes crímenes cuando uno es tomado por la pasión amorosa o por el odio.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez del Carpio al correo
claudiamen@hotmail.com.
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El amor tiene gran parte de su gracia en los giros, en las vueltas que se hace sobre el otro amado; llevando a los seres humanos a situaciones cómicas y también dramáticas cuando se trata de la conquista y el enamoramiento.
Asimismo, siempre se espera del amado también señales de amor, reciprocidad. Es dudosa la idea de la existencia del amor incondicional, ya que en el amor se tiene como condición recibir amor; el amante siempre espera el amor del amado.
El odio, en cambio, es más directo, no precisa de rodeos ni de pretensiones que buscan que el otro traduzca las acciones. Podría decirse que es de traducción inmediata. Es más difícil dudar del odio que alguien nos profesa que de su amor, que siempre
tiene un velo que no deja entrever las intenciones.
El odio no pretende la reciprocidad, ya que no se
dirige a un semejante del cual se espera recibir lo mismo. El odio es destrucción del semejante y si ese es su fin, por supuesto, que no se espera nada a cambio; puesto que no se puede recibir nada de aquello que está destruido.
5) Se ama creyendo encontrar en el otro esa parte faltante que podría complementar la propia existencia. El amor es un buen recurso para cubrir las propias faltas, los propios defectos. Se anhela que el amado sea eso que uno no es, lo que uno quiere ser o lo que uno fue y dejó de ser. Como fuese, el amor siempre apunta a completar el ser, pero a la vez es un velo para no saber de lo que falta en el propio ser o de lo que uno realmente es. Por eso Lacan dirá que el amor es siempre ignorante.
El odio no es velo, es revelación, no se trata de ocultar las faltas del otro; se las desenmascara. Pero el odio también conlleva un nivel de ignorancia: en el hecho de odiar la persona no descubre nada sobresaliente de su ser, se sigue desconociendo los propios deseos y satisfacciones. Tanto amor como odio, al estar tan comprometidos con el otro, al estar tan anudados al semejante, llevan al sujeto que ama o que odia a desconocer la esencia de su propio ser. Tanto es así, que solo los que rodean al amante o al que odia pueden percibir cambios que los vuelven irreconocibles, incluso pueden apreciar como el amor o el odio terminan consumiendo al sujeto.
6) Por último, otra idea común que se posee sobre el amor y el odio es que son sentimientos, en realidad se tratan de pasiones –a decir de Lacan. Una pasión es un afecto con representación discursiva, un afecto del cual se puede hablar, pero con la característica de que se trata de un afecto que excede al lenguaje. Afecto y lenguaje son irreconciliables en una pasión, el afecto aparece como desbordante; así, el amor y el odio, conllevan una fuerza pasional que puede no tener límites. Se pueden cometer los más grandes crímenes cuando uno es tomado por la pasión amorosa o por el odio.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez del Carpio al correo
claudiamen@hotmail.com.
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