lunes, 4 de abril de 2016

Tres males que produce la impaciencia

Todos nos hemos sentido impacientes alguna vez.

Tal vez mientras esperamos un autobús que llegaba con retraso, o cuando un bebé no dejaba de llorar (y nada lograba traquilizarlo), o quizás aquel día que esperamos durante lo que pareció una eternidad en la fila del supermercado.

Lo cierto es que aprender a esperar no siempre resulta fácil. Pero hacerlo es importante, incluso para la salud.

Cuando nos impacientamos, sentimos frustración y aumentan los niveles de estrés y adrenalina.

Según un reporte de la BBC Mundo existen otros peligros vinculados a la falta de paciencia que, al menos a primera vista, no resultan tan evidentes.

1. Obesidad

Expertos han señalado que las personas impacientes tienen más probabilidades de ser obesas que aquellas que saben esperar, pues suelen alimentarse peor y consumir mayores cantidades de comida rápida, sobre todo cuando tienen fácil acceso a ella.

Según los economistas Charles Courtemanche, Garth Heutel y Patrick McAlvanah, que publicaron un estudio ("Impaciencia, incentivos y obesidad") en 2015 en el Economic Journal (EJ), el fácil acceso a alimentos poco saludables es una de las causas principales, que afecta especialmente a quienes tienen un carácter impaciente.

"Quienes son más impacientes se ven más afectados por la disponibilidad a corto plazo de alimentos asequibles, lo cual supone un aumento de la obesidad en esta parte de la población", indica la investigación.

2. Hipertensión

La Asociación Médica Estadounidense (JAMA, por sus siglas en inglés) incluye la impaciencia como un factor de riesgo de la hipertensión, incluso entre adultos jóvenes.

Un estudio, llevado a cabo por especialistas de la Escuela Feinberg de Medicina de la Universidad Northwestern de Chicago, reflejó que el tipo de personalidad A (aquel que corresponde a personas impacientes y hostiles) tiene un 84% más de riesgo de sufrir hipertensión, en comparación con quienes tienen un carácter más calmado, después de analizar más de 3.300 casos a lo largo de 15 años.

3. Envejecimiento

Por último, un estudio de la Universidad Nacional de Singapur y de las universidades norteamericanas de Berkeley y Pensilvania, recientemente publicado en Proceeding of the National Academy of Science, reveló que ser impaciente también puede acelerar el envejecimiento.

Y es que los telómeros (extremos de los cromosomas del ADN) son más cortos en las personas impacientes.

Estas estructuras, que protegen al ADN de su degradación, están asociadas a la longevidad, y los científicos creen que cuanto más rápido desaparecen, antes envejecemos.

Tan pendientes de nosotros mismos

Cuando los ciudadanos de la antigua Grecia acudían a consultar el oráculo al templo de Delfos, se encontraban con una frase en el frontispicio que decía: “Conócete a ti mismo”. ¿Qué es lo que quería decir? ¿Acaso se exigía a sus visitantes un examen pormenorizado sobre sus defectos y virtudes? Por supuesto que no.

Más bien se trataba de un imperativo de prudencia, una exhortación a ser mesurados a la hora de pedir al oráculo. Había que tener cuidado con las grandes expectativas y esperanzas, con los deseos de sanación, con esperar una excesiva generosidad. En definitiva, venía a decir que mejor no pedir la luna porque al fin y al cabo somos mortales y no dioses. Entonces, indagar en el interior de cada uno es llegar a conocer los límites propios, no presumir de nada en exceso ni confrontarse como lo hizo el titán Prometeo con los que habitaban en el Olimpo.

Cientos de años después, el consejo se puede seguir aplicando: llegar a entenderse es como alcanzar los secretos del universo y de los dioses, pero tal conocimiento se encuentra oculto, como un tesoro, dentro de cada uno de nosotros.

Industria

Llevamos unos años inmersos en una floreciente industria destinada al autoconocimiento. Hoy día vende mucho todo lo que está relacionado con dedicarse a uno mismo, ya sea en el ámbito de la estética, la dietética o para cuestiones más trascendentales, psicológicas o espirituales. David R. Hawkins (1927-2012), doctor en Medicina y Filosofía, describía este contexto social en el que prevalece el autoconocimiento: “Cuando tienes molestias, vas al médico o al psiquiatra, al psicólogo o al astrólogo. Te haces de una religión, estudias filosofía, te das un empujoncito con las técnicas de liberación emocional (EFT). Equilibras los chakras; pruebas con reflexología, acupuntura, con iridología o luces y cristales. Meditas, recitas mantras, bebes té verde, aprendes programación neurolingüística (PNL), trabajas visualizaciones, estudias psicología, haces yoga, pruebas lo psicodélico, cambias la nutrición, llevas joyas psíquicas. Expandes la conciencia, haces bio-feedback, terapia Gestalt. Visitas a tu homeópata, quiropráctico y naturópata. Pruebas la kinesiología, descubres tu eneatipo, equilibras tus meridianos. Te reúnes con chamanes, practicas el feng shui. Encuentras a un nuevo gurú. Escribes afirmaciones. Pruebas el re-nacer. Tiras el I Ching, el tarot. Estudias y practicas zen. Aprendes magia. Te preparas para la muerte. Vas a retiros. ­Ayunas…”.

¿Se reconoce en alguno de estos puntos? Quizá, sin darse cuenta, es un adicto más a esa sociedad entregada al materialismo espiritual. Esta clase de personas andan detrás de respuestas a cuestiones como estas: ¿por qué no acabo de ser feliz? o ¿por qué, a pesar de practicarlo todo, mi vida sigue siendo igual? Pueden existir diferentes explicaciones, pero hay una respuesta que es evidente: porque hoy día se vive demasiado centrado en uno mismo. De tanto buscar ese tesoro escondido en el alma, uno se olvida de vivir la vida que tiene ante sus narices.

Paradoja

Podría decirse que la paradoja de este estado es que cuanto más te centras en ti, más fácil es perderse. Y eso no solo les ocurre a los buscadores espirituales, sino a todo aquel que intenta rendir en todos los ámbitos de su vida. Tenemos tantas tareas que resolver, tantas cosas en las que pensar y estímulos a los que responder, que solo vivimos para nosotros mismos, creyendo equivocadamente que lo hacemos por culpa de un mundo que no nos deja en paz.

La sociedad del autoconocimiento es un ­indicativo de la tendencia que se da en todo el mundo que consiste en desarrollar una conciencia más extensa y plural que potencie la capacidad de cada uno de desarrollar nuevas dimensiones. Para ello hay multitud de técnicas y metodologías como las anteriormente descritas. La técnica, sin embargo, debe venir acompañada de una ética y una estética del vivir. No todo vale, no todo funciona; hay mucho engaño, falsos profetas, mucho negocio y discursos. Mucha gente confunde los fenómenos psíquicos con estados iluminativos, o se practica la incongruencia de vivir estresados durante la semana y conectar con uno mismo de viernes a domingo.

Para los apasionados del alma humana y del espíritu universal es bueno tener en cuenta que el mayor de los enemigos es un ego espiritualizado. Una vida plena y en paz requiere de un proceso de transformación personal. Uno va dejando de ser como es para convertirse en lo que quiere ser, integrando en su vida esa dimensión del “conócete a ti mismo”. Uno anda a su encuentro, allá en lo más profundo. La paradoja consiste en que para encontrarse se necesita del otro, se precisan espejos que muestren cuál es la realidad que estamos experimentando. Se requiere una manera de vivir, de relacionarse con el mundo y los demás.

Salir de uno mismo

Dicho de otro modo, hay que salir de uno mismo, descentrarse, para desvelar lo que pueda existir más allá de nuestras programaciones mentales y emocionales. Quienes lo logran son los que se asientan en el silencio o la contemplación, los que se entregan a un arte, los que se dan a los demás. En cada caso hay un olvido de sí mismo para que penetre el bien, lo bello y lo verdadero. Es eso lo que buscamos con tanto ahínco. En resumen: descentrarse para encontrarse.



AUTOCENTRARSE

Que quede claro entonces que autocentrarse es poner la atención en uno mismo pero en exceso, observarse continuamente, escuchar y enredarse en las dialécticas mentales, atender a los movimientos de su mente y de sus emociones. Para los practicantes de cualquier disciplina que requiera interiorización, el autocentramiento es un estorbo. Dicho de otro modo, pasarse el día pendientes de todo lo que sentimos o pensamos tiene un impacto en el cuerpo y conlleva algunas dificultades:

Obsesión. Dar vueltas y más vueltas a las cosas, pasarse el día analizando lo que le sucede a uno y a los demás. Este estado de alerta permanente a cualquier señal emocional y del cuerpo suele acarrear hipocondría.

Confusión. Llega un momento en que ya no se sabe si lo que se siente es de verdad o lo que pasa es que se está tan pendiente que es fácil caer en la sugestión.

Disociación de la realidad. Se vive tanto en la introspección propia y en los fenómenos interiores que se desatiende lo que sucede fuera, o se interpreta como si no fuera con nosotros. La consecuencia directa de esto es un alejamiento de lo que nos rodea.

Dificultades de convivencia. Estar tan centrados en nosotros mismos incrementa las necesidades propias y desatiende las de las personas próximas hasta el punto de distorsionar el sentido de la relación.

Posesión. Cuando uno solo se preocupa por lo suyo, acaba siendo poseído por sus propios fantasmas o por los llamados “demonios interiores”, es decir, que puede acabar arrastrado por sus propias pulsiones y fantasías.

Parálisis por análisis. Es el resultado de todos los puntos anteriores. Estar muy pendiente de uno mismo acaba por acarrear una parálisis de todo el sistema cognitivo, incapaz de tomar decisión alguna. En ese momento, la persona queda bloqueada.

domingo, 3 de abril de 2016

Diez métodos demuestran que la psicología positiva sí funciona

La maestra Mariana Cubas Montaño, del departamento sicopedagógico CONTIGO de la Universidad Panamericana de México, explica 10 métodos de trabajo que demuestran que la psicología positiva sí funciona, informó Salud180.

Según Cubas Montaño la psicología positiva ayuda a las personas a disfrutar de una vida plena, a aprender a sonreír, perdonar, confiar, aceptar, agradecer, regalar, entre muchas otras acciones.

1. Aprende a vivir intensamente.

2. Comprende que después de la salud, la paz interior es una fuente de bienestar.

3. Valora lo que tienes sin añorar lo que piensas que te hace falta.

4. Recuerda que la felicidad está hecha de pequeños detalles.

5. Centra tu energía en aquello que puedas controlar y depende exclusivamente de ti.

6. Tu felicidad y la que puedes dar a otros debe basarse en tu mundo interior, que es lo único que posees.

7. Haz un recuento de tus experiencias, aprende a agradecer, así como de los aciertos y errores.

8. Identifica tus fortalezas y desarrollalas en tu vida diaria.

9. Establece metas y crea un plan para concretarlas. Visualízate lográndolo y actúa.

10. Crea un proyecto en tu vida que te entusiasme y construye mentalmente aquello que deseas atraer.

El psicólogo Mihály Csíkszentmihályi, añade que el grado de bienestar depende de cada uno, no es un tema de mala o buena suerte.

Nuevas Tendencias

La psicología positiva es una nueva tendencia que ayuda a las personas, grupos y organizaciones a alcanzar una vida más plena y satisfactoria. Tal como lo afirma Marisa Salanova, presidenta de la Sociedad Española de Sicología Positiva, es una “manera más digna de vivir”.

Aunque éste es un nuevo enfoque, profesionales sobre salud mental basan su trabajo en sustentos científicos que buscan trabajar en los aspectos positivos de las personas.


sábado, 2 de abril de 2016

Secretos del subconsciente “Todo se puede hacer cuando se descubre la razón que mueve al subconsciente”

La fuerza de la mente subconsciente es una energía digna de tenerse en cuenta; cuando el subconsciente no está motivado resulta imposible realizar cualquier acción con éxito y nuestro querido lector o nuestra querida lectora lo sabe muy bien, ¿verdad?.

Son muchas las personas que tienen durmiendo por mucho tiempo sus proyectos de tesis; son muchos los muchachos que se proponen honestamente hacer sus tareas y a la hora de emprender la acción, la energía, la palanca, la motivación real desaparece y por estos hechos podemos darnos cuenta de que si el subconsciente no está motivado, ninguna acción será efectiva y tendremos como resultado, una acción distractiva, una acción de mala voluntad o una acción nula que no sirve para nada en la vida de una persona.

Nuestro ser subconsciente es como otra persona y podemos comunicarnos con él como lo haríamos con otra persona: con una actitud de respeto y de real atención. Esta comunicación se puede lograr, simplemente cerrando los ojos y realizando una comunicación con los pensamientos internos hacia nuestra mente subconsciente donde procederemos a preguntarle cuales serían las razones o motivos por los que estaría dispuesto a colaborarnos en la realización de tal o cual actividad.

Una vez hecha la pregunta se debe proceder a esperar con atención a percibir la respuesta que nos vaya a dar el subconsciente. Tras la respuesta, debe verbalizarla o pronunciarla para que vaya conociendo las razones o motivos exactos que su subconsciente tiene para ayudarle o para no hacerlo.

Una vez verbalizadas y conocidas las razones del subconsciente se debe proceder a emprender la acción y de seguro que comenzará a realizar avances tal como yo lo estoy haciendo al escribir este artículo.

Si utilizamos el lenguaje de las metáforas podríamos decir que la mente consciente es como un vehículo y la mente subconsciente es el combustible que permite que éste funcione en cualquier sentido.

Aprender a motivar a nuestra mente subconsciente es como aprender a vender, debemos venderle a nuestra mente subconsciente lo que ella quiera o necesite como premio o estímulo para poder hacer una acción.

Cuando intentamos forzar a esta poderosa mente subconsciente, todo lo que conseguimos es experimentar los efectos de la resistencia que todo progenitor conoce; cuando el alumno no quiere aprender, se pueden hacer todas las acciones del mundo y todo lo que se logrará será un resultado nulo y negativo, por lo tanto, aprender a descubrir cuáles son las razones exactas que motivan a la mente subconsciente se convierte en una prioridad clave para poder motivar tanto a nuestra propia mente subconsciente como a la mente subconsciente de los que amamos en nuestra vida y a los que nos interesa ayudar.

Las amenazas y los ataques verbales sólo logran aumentar la resistencia y el resultado siempre suele ser un fracaso; es mejor adquirir la idea: si descubrimos qué es lo que mueve a la mente subconsciente y le damos esos elementos mentales que el subconsciente quiere, de seguro lograremos la motivación y podremos apreciar de esta forma el funcionamiento triunfante de un individuo total y completo pensando con sus dos mentes y actuando con todos sus cuerpos tanto físicos como sutiles para lograr actuar y accionar en la dirección correcta hacia su meta u objetivo deseado.

A mi mente subconsciente le motivan los compromisos que suelo hacer y también el deseo sincero de enseñar a los demás a utilizar sus propias mentes para que puedan lograr de esta manera resolver todos sus problemas personales y familiares y puedan aprender a crear con sus pensamientos infinitos todas las realidades positivas y armoniosas que quieran crear

para sí mismos y para sus seres queridos; si usted descubre esas motivaciones que mueven a su subconsciente experimentará la fluidez creativa y las acciones encadenadas que producen resultados reales en la vida.

Cómo comportarse en sociedad

Cuando vamos a un lugar público, siempre debemos tener cuidado y saber respetar las reglas de urbanidad y buenas costumbres.

Normalmente, al llegar a un restaurante, el maître, llamado también anfitrión es quien verifica si hubo una reserva previa para guiarnos hasta nuestra mesa, si no la hubo nos asignará una y nos conducirá esta ella. Si por las características del restaurante no hay un maître, debemos elegir una mesa sin muchas vacilaciones.

Si vamos a un restaurante acompañadas por un caballero, es él quien debe conducirnos hasta llegar a la mesa que ocuparemos, usualmente somos nosotras quienes vamos por delante, pero ésta es una excepción a la regla ya que es él quien debe precedernos hasta el lugar adecuado.

En la mesa se debe procurar que la ubicación de la dama sea con la espalda hacia la pared y el caballero en frente, esto tiene un propósito… brindar seguridad y protección a la dama.

Para ordenar los alimentos de la carta o menú, es el caballero quien llama al garzón o mesero con una señal que debe ser respetuosa y muy discreta ya sea con la mano o con un movimiento ligero de la cabeza, generalmente no debería ser necesario ya que el garzón está pendiente. En todo momento es el caballero quien tiene el contacto directo con el garzón por lo que el pedido debe ser realizado por él. Es una suerte de portavoz de la dama, para este efecto la dama debe dirigirse al caballero (esposo o acompañante) cuando desee hacer algún pedido, nunca debe dirigirse directamente al garzón, a menos que se encuentre sola o en compañía de otra señora, en dicho caso la que oficia de anfitriona será quien haga las atenciones dirigiendo los pedidos respectivos.

Para realizar el pago de lo consumido, el garzón traerá la cuenta directamente al caballero o anfitrión y este deberá realizar el pago sin hacer algún tipo de alarde, debe ser discreto en todo momento, no es necesario que la dama o invitado perciba el monto que se está pagando, podría resultar una actitud sumamente ordinaria y además es un tema de delicadeza.

Si se trata de una reunión al “estilo americano”, en la que cada uno paga su cuenta, lo correcto es que uno de los comensales se encargue del pago, luego cada cual abonará lo que le corresponde. Es de muy mal gusto que se hagan cuentas y prorrateos para ver cuánto consumió cada uno y peor si es en presencia de alguna dama. Una vez concluido el pago, el anfitrión es quien debe dar la señal de partida. Entiéndase como dar por finalizado el almuerzo o cena.

Cuando vamos a una función de teatro, debemos lucir radiantes, con un atuendo apropiado para la ocasión, lo que no significa que debamos vestir necesariamente trajes caros o de marca, se debe comprender que el gusto en el momento de llevar una prenda depende de cada uno, pero debe ir acorde con la ocasión.

Una de las cosas que debemos cuidar siempre es la puntualidad, en el teatro no está permitido ingresar una vez que el acto o función haya comenzado, en este caso será necesario esperar el primer intermedio para ingresar, evitemos esta molestia.

Durante la función, si es un concierto, no se debe canturrear queriendo demostrar que se conoce la melodía o compositor, ni tampoco seguir el ritmo con las manos, la cabeza o los pies, además de incomodar a los demás, se demuestra una ignorancia propia del que no tiene educación. Tampoco se debe comer ni beber, ni siquiera caramelos, el ruido de la envoltura causará molestias, además de ser una pésima muestra de mala educación. Se debe esperar el intermedio.

Si se trata de aplausos existen reglas concretas y por desconocerlas en ocasiones nos extralimitamos. Se aplaude cuando los artistas ingresan al escenario y cuando terminan su presentación. En un concierto se aplaude solamente entre un número y otro, nunca en medio de la partitura. Si es un concierto de piano, se aplaude solo cuando el pianista se para y hace una venia. Se debe esperar que el artista se haya levantado para inclinarse ante el público, dando por finalizada su interpretación. El artista es aplaudido todas las veces que hace una inclinación hacia los espectadores. Cuando vuelve a sentarse todos deben quedar en absoluto silencio.

No se debe conversar ni aún para elogiar al artista, hablar en tales casos es falta de educación y respeto a los demás y al mismo artista.

La impaciencia puede ocasionar momentos desagradables.

“Amor es hacer las cosas bien hechas en la vida”

• Un amigo me contaba en una ocasión que su papá le odiaba y que no sentía ningún afecto por él pese a que cuando su papá estaba recostado se acercaban y le daba un beso en la frente y le decía que lo quería mucho y aún así su papá seguía disgustado con él.

• Mi amigo me preguntó si yo tenía una idea de porqué su papá tenía ese sentimiento hacia él y le dije que lo más correcto era que decida solicitar a su padre un momento de charla sincera donde ninguno de los dos pierda el control ni entren en arrebatos de ira.

• Le pedí a mi amigo que hiciera esta solicitud a su padre y que insistiera hasta lograr esa oportunidad y ese momento en el cual se pudiera hablar, preguntar y responder con absoluta sinceridad y así lo hizo.

• Cuando mi amigo volvió para contarme lo que había sucedido lo sentí y confuso, inseguro y muy contrariado pues su padre le había dicho que para él su definición de amor no correspondía con la definición que tenía su hijo de que amor era besar a una persona en la frente y decirle que se requiere mucho, para su papá amor había sido: “hacer las cosas bien hechas en la propia vida”.

• Aparentemente mi amigo no me había contado toda su verdad, no me había dicho que había fracasado en los estudios o mejor aún, que había engañado sus papás cuando ellos pagaron sus estudios y fingió que estudiaba siendo que no lo hacía; tampoco me dijo que pensaba que a sus papás él los consideraba tontos e ignorantes y que podía tomarles el pelo fácilmente haciéndoles creer que iba a clases siendo que se dedicaba a hacer otras cosas.

• Un tercer detalle que no contó es que en algún nivel de su conciencia decidió vivir vengándose de sus papás rechazándoles todo lo que ellos le ofrecían, manteniéndose distante y dándoles un trato despectivo y criticón; solo se portaba amable cuando tenía algún interés y cuando quería obtener algo de ellos.

• En los hechos mi amigo anda corto de dinero y sigue siendo mantenido por sus papás, como todo lo que está mal hecho, sus relaciones de pareja no son estables y elije a parejas mucho mayores que él como si estuviera buscando encontrar una “mamá” en vez de una mujer de su edad.

• Cuando decidimos llegar “al punto de la verdad” tuve que decirle a mi amigo que la única solución para que su vida se arregle es comenzar a admitir el problema desde su inicio hasta la fecha actual y luego de admitir su culpa y responsabilidad, hacer un plan para comenzar a hacer las cosas bien hechas comenzando por aprender el valor de la sinceridad pues mi amigo parecía sincero pero en el fondo no lo era, después llegó el segundo paso, debería buscar un trabajo como cualquier ciudadano para comenzar a ganarse la vida y dejar de ser una persona mantenida y dejar de abusar a sus padres de esa manera.

• Le sugerí que tendría que revisar muchas de sus creencias y debería comenzar a hacer muchas actividades como lavar su ropa, asear su habitación y dar un trato sincero y respetuoso a sus padres.

• El siguiente paso sería comenzar a estudiar con sus propios recursos y perseverar hasta concluir su profesión.

• A la fecha mi amigo sigue pensando e independientemente del camino que vaya elegir, ahora sabe que existe una responsabilidad existencial y que deberá responder por lo que hizo o por lo que dejó de hacer en su momento y en su hora y que el universo es una entidad real que tiene sus acciones y leyes muy precisas de las cuales no podemos escapar, que cuando vivimos desaprovechando todo tiempo y toda oportunidad, el camino del fracaso continuado y el camino de la restauración de la verdad son absolutamente posibles, nos vemos en el artículo de mañana.

• Si desea tener una conversación con el autor o una consulta acerca de cualquier problema de su vida, llame a los teléfonos del encabezado (72513317-2488284-77787203).

• Los problemas sólo se resuelven cuando se los afronta con seguridad.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Walter Riso: Las 10 claves que te ayudarán a ser feliz

Walter Riso es doctor en Psicología especializado en terapia cognitiva. Durante sus 30 años de profesión ha compaginado su trabajo con la escritura de libros para vacunar a la sociedad contra el sufrimiento humano proponiendo estilos de vida saludables en distintos órdenes de la vida. En su último libro, “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” explica las 10 premisas liberadoras que pueden transformar la vida de forma radical.

¿Por qué hay gente que se siente infeliz teniendo cubiertas todas sus necesidades básicas y no teniendo motivos aparentes para ello?

Estamos todos engullidos en una ambición desmedida y está demostrado que la riqueza, el dinero, las propiedades, etc., no dan felicidad.

A partir de las condiciones básicas para vivir, lo que suele hacer que las personas logren la felicidad son tres circunstancias.

En primer lugar, tener una vida hedonista, que la persona esté rodeada de un ambiente motivacional, que haga aquello que le guste y produce placer (ir a ver una película, tomar un aperitivo cuando le apetezca...). Sin embargo, no sucede esto porque vivimos en una cultura donde dar a entender que hacemos lo que nos gusta y sentimos placer es negativo y, además, porque nos encanta la cultura del sufrimiento. Somos tacaños con nosotros mismos.

En segundo lugar, es necesario sentir que se tiene una vida realizada vinculada con la vocación de cada uno y el desarrollo de los talentos naturales para sentirse gratificado.

Éstos son aquellos que pagarías por poderlos hacer, aquellos que surgen sin necesidad de aprenderlos en la universidad, con los que se pierde

la noción del tiempo cuando estás haciéndolos.

El tercer aspecto es tener una vida con significado más allá de lo que eres tú, que se puede interpretar como tu pertenencia al cosmos, si no eres muy religioso, o por una vida muy trascendente si lo eres. Lo importante es que la vida tenga un sentido. Lo curioso es que cuando preguntas a las personas sobre el sentido de su vida, no saben qué responder.

El sentido de la vida se encuentra explorando en uno mismo, buscando con autoconsciencia y estando tranquilo con el arte de la serenidad, el sosiego. Se puede descubrir a cualquier edad y no hace falta escaparse a un monasterio ni subir a la cima

de una montaña para averiguarlo. Hay gente que encuentra su realización en un pequeño bar de su barrio.

¿No cree que estamos muy condicionados por lo que nos dicen los demás, por las comparaciones?

La envidia y la comparación es mala siempre. Se ha escrito poco sobre este tema. Cuando uno se compara siempre busca el más y el menos respecto a los demás. Es una tasación personal y las personas no tienen precio, no se pueden medir.

Si a un niño de pequeño le dicen que tiene que copiar a los grandes y exitosos porque le marcarán el camino, puede caer en algo terrible que es la imitación, y eso es una forma de corrupción psicológica porque destruye la propia identidad.

Los modelos sirven, pero para inspirarse, no para imitarlos. Esa comparación habría que eliminarla siendo auténtico y aceptándose a uno mismo. Se habla mucho de la perfección física, pero la psicológica no existe. Alguien puede decir que ha llegado a ser el mejor en su género y que no tiene defectos, pero eso no es real.

El problema es que estigmatizamos el error. Los drogodependientes muchas veces dicen “no quiero una copa,

es que fui alcohólico”, y no lo esconden, muestran sus imperfecciones, pero porque las están superando. Es extraordinario. Lo maravilloso no

está en no tener defectos (está muy bien no tomar alcohol), sino en tener algún defecto y ser capaz de mostrarlo. Y, al que no le guste... que no mire.

En la sociedad actual, cada vez más exigente, es muy difícil conseguirlo, ¿no?

Sí, pero porque no se intenta.

¿Cómo se consigue esa valentía?

Esa valentía no solo requiere intención, necesita esfuerzo y auto aceptación.

¿Pero la gente busca cada vez más la perfección?

Sí, y eso agobia mucho y les hace

vivir bajo una presión continua por querer ser los mejores. Yo no quiero ser el mejor, quiero ser mejor.

El artículo “el” en estas frases cambia completamente la perspectiva

de vida. Es increíble.

¿Nos estamos examinando continuamente?

Sí, es un ejercicio agotador y si uno no se acepta es muy estresante. Cada persona debe aprender a quererse a sí misma. El crecimiento personal está no solo en aprender, sino en desaprender. Hay que quitarse muchas ideas estúpidas que nos han metido en la cabeza, que nos condicionan

y no sirven para nada, solo para martirizarnos y hacernos más infelices. Si nos despojamos de ellas veremos el mundo de otra manera. La gente puede vencer esta situación.

Para evitar la inseguridad, la sociedad nos ha llevado a que nos creamos el otro extremo; es decir, que las personas seguras de sí mismas nunca dudan y siempre saben lo que quieren. Eso es mentira. Si tú no dudas eres un zombi, un idiota. Siempre hay una duda que te frena por el miedo a equivocarte, pero hay otra cuestionante que te impulsa a investigar, a explorar. Uno es como es y la gente debe aceptarlo. Uno ama lo que la otra persona es, pero si a la pareja hay que ponerle los ojos verdes, tacones y operarla el pecho, yo ya no la quiero, quiero otra cosa.

Hay que tomar conciencia de las premisas que ayudan a encontrar la felicidad siendo imperfectos. Hay que hacer campañas, igual que se hacen contra el cigarrillo, pero a favor de la salud mental, para tener una calidad de vida mejor.

¿Qué más se puede hacer para lograr hijos más felices siendo imperfectos?

Los niños madrugan demasiado, se pasan mucho tiempo en el autobús camino al colegio donde permanecen muchas horas sentados, llegan a casa casi muertos de hambre, hacen deberes y luego se acuestan. ¿Todo eso para qué? ¿Para que

vayan bien en matemáticas? Pero, ¿para qué les sirve saber la fórmula del volumen de la esfera? Yo no digo que no haya que estudiar, pero hay que hacerlo de materias que nos sirvan más para la vida.

A los niños hay que enseñarles la responsabilidad, a no tratarse mal

a sí mismos, a que no se insulten,

a que no tomen un error como

un fracaso, a levantarse y volver

a intentarlo, que cuando se critiquen lo hagan sobre su conducta, no sobre su totalidad o esencia.

También a que se feliciten y se cuelguen medallas cuando hacen las cosas bien.

Cuando tocan el timbre del colegio para el recreo gritan de la felicidad porque se escapan del aula. No entiendo por qué las políticas educativas no se percatan de esto. Es un acto sospechoso que los niños salgan corriendo del aula”.

Un niño no puede estar tantas horas sentado en una clase para insertarse en la sociedad. Dejemos que aprendan y realicen otras cosas que les hagan felices. No digo que se les quiten las clases de matemáticas o física, sino que hay que dar buena psicología, creatividad, historia (...), dice.

LAS 10 PREMISAS LIBERADORAS

1. Maltratarte porque no eres como “deberías ser” es acabar con tu potencial humano.

2. No te compares con nadie: la principal referencia eres tú mismo.

3. Las personas normales dudan

y se contradicen: las creencias

inamovibles son un invento de las mentes rígidas.

4. Desinhibirse es salud: no hagas

de la represión emocional una forma de vida.

5. La realización personal no está

en ser el mejor, sino en disfrutar plenamente lo que haces.

6. Reconoce tus cualidades sin vergüenza: menospreciarte no es una virtud.

7. La culpa es una cadena que te ata al pasado: ¡córtala!

8. No te obsesiones por el futuro: ocúpate de él, pero no dejes que te arrastre.

9. Someterte al qué dirán es una forma de esclavitud socialmente aceptada.

10. Permítete estar triste de vez en cuando: la euforia perpetua no existe.