La psiquiatría es una ciencia que diagnóstica e interviene a través de la prevención y tratamiento de enfermedades mentales de carácter orgánico y no orgánico, haciendo énfasis en aspectos orgánicos para lo cual si es necesario se prescribe medicamentos (psicofármacos).
La psicología es una ciencia que estudia la personalidad del ser humano en tres dimensiones; en su saber (procesos mentales;
cognitivos), en su hacer (su comportamiento; conductas) y en su sentir (emoción). Algunos de los instrumentos con los que cuenta
este profesional, son los test.
El psicoanálisis no es una ciencia, es un método, una práctica a través de la palabra del sujeto, en la cual no se analiza la culpabilidad, sino la responsabilidad subjetiva.
¿Cuándo acudir a uno de estos profesionales?
Cuando pensamos una cosa y hacemos otra, experimentamos una sensación de tensión, malestar y/o incomodidad, a ello se denomina disonancia cognitiva, la cual genera síntomas, que pueden ser egosintónicos o egodistónicos. El concepto egosintónico hace referencia a malestares que son aceptables por la persona, es decir hay una incomodidad que no desgasta, lo contrario acontece cuando se presentan síntomas egodistónicos, donde esta contrariedad genera conflicto en relación a las necesidades y objetivos del sujeto. Esta inquietud, obviamente se presenta de manera inconsciente; sin darnos cuenta.
¿Malestares?
Algunos malestares psíquicos pueden ser: ansiedad, angustia, inhibición, repetición, estrés mental, tristeza, falta de sueño (insomnio), problemas con la pareja, familiares y/o con los amigos, culpa, duelo por la pérdida de algo, irritabilidad, depresión, cambios de ánimo, poca tolerancia a la frustración (agresividad, violencia), miedos (fobia), trastornos de alimentación, disminución de la actividad (deseo sexual), sentirse solo y otros. Pero también los malestares surgen cuando tenemos ideales, por ejemplo, todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, la situación es otra; somos diferentes, las oportunidades uno las sondea a través de su deseo. Estos conflictos pueden somatizar al ser hablante con estrés físico (fatiga), hiperactividad, herpes labial, parálisis facial, cáncer y otros.
Los problemas psíquicos conllevan a enfermedades físicas (orgánicas). Desde mi experiencia y solo por citar algunos ejemplos, en varios pacientes con parálisis facial la causa de esta disfunción fue por conflictos con la pareja (violencia), con la familia (agresiones). Pacientes que asisten a Fisioterapia por estrés muscular debido al trabajo, según relato del sujeto, vuelven por el mismo problema. Cuando no existe mejoría en la evolución de un paciente, uno se cuestiona y replantea su abordaje de intervención. Durante las sesiones de terapia física, aparece el discurso del paciente, que si bien no es el momento ni el espacio para trabajar a través de la palabra, surgen algunos significantes que se pueden identificar con la escucha.
En un espacio adecuado, el cual construye el sujeto, se escucha sus demandas, su sufrimiento, su goce, su deseo y más. Sobre esto se toma en cuenta que a veces sufrimos en silencio y otras nos quejamos sin dolor.
En el caso por caso se encuentra la singularidad de cada uno, es decir respondemos de diferente manera muy particularmente ante cualquier situación, nuestra subjetividad se expresa a través de percepciones, argumentos y lenguaje basados en el punto de vista de uno mismo y estos están influenciados por los intereses y deseos particulares de cada persona.
¿Garantías?
La única garantía es estar en análisis, una experiencia donde florece el sujeto y sus malestares, para posteriormente regular la intervención hacia un saber hacer con sus síntomas.
Ir al psiquiatra, al psicólogo o al psicoanalista es decisión personal, mientras yo, seguiré en mi análisis ya que siempre hay algo de qué hablar.
NOTA: para cualquier sugerencia de tema o consulta contactarse con Claudia Méndez del Carpio al correo
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domingo, 22 de enero de 2017
La ciencia lo dice: la venganza te hace feliz
‘La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena’ pero el dicho popular de que es ‘dulce y no engorda’ parece tener un respaldo científico: equilibra el estado de ánimo, según un estudio realizado en Estados Unidos.
Anteriores investigaciones señalan que las personas sienten placer si logran vengarse de quien los maltrata. Sin embargo, científicos de la Universidad de Kentucky observaron que la sed de ‘justicia’ no es el único motivo que alimenta la venganza.
Según los resultados del estudio, publicados en la revista Journal of Personality and Social Psychology, la agresión se utiliza como un método para sentirse mejor. Los investigadores, liderados por David Chester y Nathan De Wall, analizaron la respuesta de 156 participantes quienes sufrieron un ‘maltrato’ relacionado con el rechazo social.
Para conseguir este efecto, explica el periódico español ABC, los voluntarios escribieron un ensayo y luego dejaron que otros hicieran comentarios sobre su artículo de forma anónima. Algunos recibieron respuestas falsas, escritas por los propios investigadores, diseñadas para ofenderlos: estaban llenas de comentarios hirientes.
La hora de la venganza
Chester y De Wall midieron el estado de ánimo de los agraviados y les hicieron pinchar un muñeco de vudú simbólico. Luego observaron que esa técnica hacía que se sintieran mejor de ánimo.
Pero ¿era solo un deseo de justicia o había algo más? Gracias a un placebo, con el que supuestamente no iban a sentir cambios de humor, les dieron la oportunidad de castigar, con un sonido molesto y muy alto, a quienes los habían maltratado.
Los científicos vieron que solo se vengaban aquellos que pensaban que podían mejorar su estado de ánimo. En opinión de Chester y De Wall, “las personas pueden buscar la provocación en sus vidas diarias, con la finalidad de obtener el efecto positivo ligado a la agresión”.
A partir del estudio, los autores señalan que la ira se convierte en una envenenada manera de conseguir alivio. Pero aseguran que es preferible recurrir a otros métodos, como la meditación o la reflexión, para evitar dañar a los demás y llenarse de malas emociones uno mismo
sábado, 21 de enero de 2017
Los beneficios de dar
“Ser generoso es una característica universal que transciende, la clase social, la raza o la geografía. Los estudios recientes muestran una coherencia transcultural, donde se verifica la idea de universalidad en la relación de donar a otros y el bienestar propio”, explica el Doctor en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Marcelo Mendes Facundes.
El especialista explica que es importante señalar la propia adaptabilidad de esa afirmación, ya que hay estudios que demuestran hasta ahora que la donación resulta más espontánea que la codicia, ya que esta última va a requerir una mayor capacidad de pensar, nuestro cerebro suele elegir respuestas con un criterio de "ahorro".
“Ser generoso, no es sólo una cuestión cerebral, por supuesto, aunque sepamos que nuestro cerebro funciona en base a un sistema de recompensas inmediatas, y tal y como el sexo o la comida, suscita buenos sentimientos en las personas, por esta misma lógica, podemos considerar la generosidad como una conducta que es fruto de la selección natural, que a la larga contribuyó a la supervivencia, ya que favoreció los vínculos sociales. En gran medida, la generosidad puede ser vista también como una, entre las demás estrategias que hemos desarrollado para sobrevivir”, dice Mendes.
Sobrevivir
También es importante darse cuenta que más allá de lo que alienta nuestras estrategias de sobrevivencias, nosotros estamos inmersos en una cultura judío-cristiana que ponen en la generosidad la base de sus doctrinas, y esto también favoreció a que la generosidad entrara en nuestras dinámicas relacionales como algo a ser conquistado, explica el psicólogo.
Entonces la generosidad estaría inmersa en las personas de forma casi instintiva. “Nosotros solemos comportarnos de manera generosa y el sentimiento de felicidad suele estar asociado a estas conductas, desde la biología, hasta la psicología. Son congruentes los estudios que ponen como evidencia que la generosidad es una ventaja como humanos”, dice.
La sociología también nos ha enseñado que los pueblos que fomentan la generosidad y la cooperación, suelen mantenerse mejor a largo plazo.
“No podemos, por supuesto, negar que en el juego de la vida, hay siempre un contrapunto, donde hay generosidad, también habrá egoísmo, donde hay cooperación, también hay individualidad. Lo importante no es negar los sentimientos y actitudes contrarias a la generosidad, que cohabitan en cada uno de nosotros, sino conocer su dinámica de interacción para poder vivir mejor y hacer un ejercicio hacia la generosidad, que como hemos visto, nos vendrá mucho mejor”, concluye Mendes.
EL ESPECIALISTA
Marcelo Mendes Facundes es Doctor en Psicología, graduado de la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor de Procesos Psicosociales Básicos y Psicología de la Salud en el Real Centro Universitario Escorial - María Cristina y Psicólogo Docente de Práctica Clínica - Facultad de Psicología, en España.
viernes, 20 de enero de 2017
¿Quién dijo fuerza de voluntad?
Todos los lunes la misma idea y los mismos pensamientos: dejar de fumar, aprender inglés, apuntarse al gimnasio, ordenar nuestro armario, llevar una dieta equilibrada… ¿Cuántas veces nos hemos planteado objetivos que no cumplimos? BJ Fogg es un profesor de la Universidad de Stanford que se ha dedicado al estudio del comportamiento humano durante los últimos 20 años, y ha dado con la fórmula definitiva para entrenar la fuerza de voluntad. Lo avalan 28.000 personas que han concluido con éxito su programa de 5 días Tiny Habits, disponible online de forma gratuita. Su metodología es un esquema de 5 pasos que, según afirman quienes lo han probado, no sólo nos llevará a conseguir nuestro propósito, sino que en ocasiones nos conducirá más allá.
5 pasos
PASO: 1 Identificación: Como en la resolución de cualquier problema, identificarlo siempre es el primer paso.
PASO: 2 Tiny habits: El paso que da nombre al proyecto es el paso clave: establecer pequeñas metas alcanzables que nos mantengan motivados y alimenten nuestro espíritu ganador.
PASO: 3 Cebo: Elemento detonador para que nos lancemos a conseguir nuestros Tiny Habits y no perdamos de vista nuestro objetivo.
PASO: 4 Celebración: Refuerzo positivo por cada pequeño logro.
PASO: 5 Consecución: Al final del camino, veremos cómo podemos conseguir el principal objetivo e incluso otros que no esperábamos lograr.
Este paso a paso tiene un por qué. Por extraño que suene, estas pautas de comportamiento humano son exactamente las mismas que han seguido gigantes como Google, Facebook o Instagram para colarse en nuestras vidas. De las herramientas para compartir ubicación a Instagram Stories, las plataformas 3.0 también han ido formando parte de nuestras rutinas hasta conseguir ser esenciales en nuestras vidas. ¿Acaso no tiene sentido seguir un proceso similar para conseguir no irte a la cama sin desmaquillar o comer 2 piezas de fruta al día?
Asegura el profesor Fogg que intentar adquirir una costumbre y fallar es más perjudicial para nuestra autoestima que no hacer absolutamente nada. De ahí que para crear un hábito (que dure para siempre) nuestra mente necesita entrenamiento a través de pequeñas dosis de éxito. Al ganar confianza, conseguiremos la motivación suficiente para andar un paso más en la carrera de fondo que nos hayamos propuesto.
Poco a poco
Si tu propósito es comenzar a entrenar, pero nunca antes has practicado deporte, entrenar 5 días a la semana tal vez se antoje demasiado. Sin embargo si, siguiendo los consejos de Fogg, te marcas un objetivo asequible, como caminar 30 minutos diarios, tal vez con el tiempo puedas proponerte andar un poco más, o convertir el paseo en carreara y, poco a poco, ampliar tus metas. El cebo, en este caso, pueden ser tus zapatillas: tenerlas a la vista al llegar a casa te recordaran que media hora no requiere tanto esfuerzo y que tú puedes lograrlo. Al volver de tu sesión de tu paseo, date una palmada en la espalda. Dite a ti misma que lo has logrado, porque no sólo se trata de modificar tus rutinas, sino tu mentalidad. De convertirte en una mujer de éxito. Y hacer algo que nunca has hecho por un beneficio a largo plazo.
LO DIJO:
“Cuanto más éxito tengas, más éxito serás capaz de tener en el futuro. Así que no empieces con los objetivos más difíciles; comienza con lo que quieres y puedes hacer y, simplemente, persiste. Ten paciencia y confía en el proceso”.
BJ FOGG | PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE STANFORD
5 pasos
PASO: 1 Identificación: Como en la resolución de cualquier problema, identificarlo siempre es el primer paso.
PASO: 2 Tiny habits: El paso que da nombre al proyecto es el paso clave: establecer pequeñas metas alcanzables que nos mantengan motivados y alimenten nuestro espíritu ganador.
PASO: 3 Cebo: Elemento detonador para que nos lancemos a conseguir nuestros Tiny Habits y no perdamos de vista nuestro objetivo.
PASO: 4 Celebración: Refuerzo positivo por cada pequeño logro.
PASO: 5 Consecución: Al final del camino, veremos cómo podemos conseguir el principal objetivo e incluso otros que no esperábamos lograr.
Este paso a paso tiene un por qué. Por extraño que suene, estas pautas de comportamiento humano son exactamente las mismas que han seguido gigantes como Google, Facebook o Instagram para colarse en nuestras vidas. De las herramientas para compartir ubicación a Instagram Stories, las plataformas 3.0 también han ido formando parte de nuestras rutinas hasta conseguir ser esenciales en nuestras vidas. ¿Acaso no tiene sentido seguir un proceso similar para conseguir no irte a la cama sin desmaquillar o comer 2 piezas de fruta al día?
Asegura el profesor Fogg que intentar adquirir una costumbre y fallar es más perjudicial para nuestra autoestima que no hacer absolutamente nada. De ahí que para crear un hábito (que dure para siempre) nuestra mente necesita entrenamiento a través de pequeñas dosis de éxito. Al ganar confianza, conseguiremos la motivación suficiente para andar un paso más en la carrera de fondo que nos hayamos propuesto.
Poco a poco
Si tu propósito es comenzar a entrenar, pero nunca antes has practicado deporte, entrenar 5 días a la semana tal vez se antoje demasiado. Sin embargo si, siguiendo los consejos de Fogg, te marcas un objetivo asequible, como caminar 30 minutos diarios, tal vez con el tiempo puedas proponerte andar un poco más, o convertir el paseo en carreara y, poco a poco, ampliar tus metas. El cebo, en este caso, pueden ser tus zapatillas: tenerlas a la vista al llegar a casa te recordaran que media hora no requiere tanto esfuerzo y que tú puedes lograrlo. Al volver de tu sesión de tu paseo, date una palmada en la espalda. Dite a ti misma que lo has logrado, porque no sólo se trata de modificar tus rutinas, sino tu mentalidad. De convertirte en una mujer de éxito. Y hacer algo que nunca has hecho por un beneficio a largo plazo.
LO DIJO:
“Cuanto más éxito tengas, más éxito serás capaz de tener en el futuro. Así que no empieces con los objetivos más difíciles; comienza con lo que quieres y puedes hacer y, simplemente, persiste. Ten paciencia y confía en el proceso”.
BJ FOGG | PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE STANFORD
jueves, 19 de enero de 2017
Tres pasos para crear hábitos saludables
Si quieres llevar una vida más sana, empezar a hacer ejercicios, comer mejor, controlar mejor el estrés y dejar de hacer cosas que no benefician a tu organismo o deshacerte de alguna mala costumbre, hay formas de lograrlo y aquí te contamos cómo.
Hay una gran variedad de teorías de cambio conductual. Una investigación realizada por la Universidad de Bristol y University College London, ambas en Inglaterra, identificó 83 modelos que se utilizan para tratar modificar el comportamiento de una persona. Éstas pasan por el campo de la sociología, la antropología, la economía y la filosofía.
Pero para B.J. Fogg, fundador del Laboratorio Tecnológico de Persuasión de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, el modelo para cambiar hábitos puede ser más sencillo. Fogg se ha dedicado al estudio del comportamiento humano por más de 20 años y, según afirma, solo tres cosas pueden modificar el comportamiento de una persona a largo plazo. "Tener una epifanía, hacer cambios en el ambiente que te rodea y dar pasos de bebé", dijo el científico.
Como la primera es difícil de lograr, las otras dos se pueden practicar. La clave es un tanto controversial: lo que hay que visualizar y concebir no es el objetivo final, sino las acciones y el comportamiento que te llevarán a conseguir lo que quieres.
En este contexto -prosigue Fogg- la motivación y la fuerza de voluntad no son efectivas para lograr cambios a largo plazo". Y es así como llegamos a los tres pasos que, según Fogg, harán la diferencia la próxima vez que intentes introducir un hábito saludable en tu vida.
1. Sé específico. Para esto la pregunta clave es ¿Qué quieres lograr? Lo primero que se tiene que hacer es definir claramente el objetivo. Por ejemplo, tener una dieta más saludable y hacer ejercicios.
2. Hazlo simple. Es importante definir cómo lograrlo. Se deben concebir acciones sencillas que permitirán llegar a la meta. En cuanto a la alimentación, el consumo de frutas y vegetales es definitivamente una medida que acercará al objetivo de comer mejor. En lo que respecta a la actividad física, podría ser hacer abdominales.
3. Activa el comportamiento. ¿Qué te recordará la acción que tienes que tomar para acercarte a tu objetivo? Sin algún elemento que te ayude a incluir el hábito que se quiere adquirir en la rutina diaria, no se producirá ningún cambio.
Volviendo a la dieta y a los ejercicios, se traduce en lo siguiente: Si cada mañana lo primero que se haces es tomar un café, entonces deja una manzana al lado de la cafetera. Planifica el momento en el que empezarás haciendo dos abdominales, puede ser cada vez que se vayas al baño. En la medida en la que de forma automática se incluya una acción en la rutina que te acerca al objetivo sin mayor esfuerzo, se podrá ir añadiendo otras.
La suma de estos "hábitos minúsculos", como los llama Fogg, permitirá llegar a la meta. Un elemento fundamental es que cada vez que se haga una de esas acciones, se lo celebre.
Hay una gran variedad de teorías de cambio conductual. Una investigación realizada por la Universidad de Bristol y University College London, ambas en Inglaterra, identificó 83 modelos que se utilizan para tratar modificar el comportamiento de una persona. Éstas pasan por el campo de la sociología, la antropología, la economía y la filosofía.
Pero para B.J. Fogg, fundador del Laboratorio Tecnológico de Persuasión de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, el modelo para cambiar hábitos puede ser más sencillo. Fogg se ha dedicado al estudio del comportamiento humano por más de 20 años y, según afirma, solo tres cosas pueden modificar el comportamiento de una persona a largo plazo. "Tener una epifanía, hacer cambios en el ambiente que te rodea y dar pasos de bebé", dijo el científico.
Como la primera es difícil de lograr, las otras dos se pueden practicar. La clave es un tanto controversial: lo que hay que visualizar y concebir no es el objetivo final, sino las acciones y el comportamiento que te llevarán a conseguir lo que quieres.
En este contexto -prosigue Fogg- la motivación y la fuerza de voluntad no son efectivas para lograr cambios a largo plazo". Y es así como llegamos a los tres pasos que, según Fogg, harán la diferencia la próxima vez que intentes introducir un hábito saludable en tu vida.
1. Sé específico. Para esto la pregunta clave es ¿Qué quieres lograr? Lo primero que se tiene que hacer es definir claramente el objetivo. Por ejemplo, tener una dieta más saludable y hacer ejercicios.
2. Hazlo simple. Es importante definir cómo lograrlo. Se deben concebir acciones sencillas que permitirán llegar a la meta. En cuanto a la alimentación, el consumo de frutas y vegetales es definitivamente una medida que acercará al objetivo de comer mejor. En lo que respecta a la actividad física, podría ser hacer abdominales.
3. Activa el comportamiento. ¿Qué te recordará la acción que tienes que tomar para acercarte a tu objetivo? Sin algún elemento que te ayude a incluir el hábito que se quiere adquirir en la rutina diaria, no se producirá ningún cambio.
Volviendo a la dieta y a los ejercicios, se traduce en lo siguiente: Si cada mañana lo primero que se haces es tomar un café, entonces deja una manzana al lado de la cafetera. Planifica el momento en el que empezarás haciendo dos abdominales, puede ser cada vez que se vayas al baño. En la medida en la que de forma automática se incluya una acción en la rutina que te acerca al objetivo sin mayor esfuerzo, se podrá ir añadiendo otras.
La suma de estos "hábitos minúsculos", como los llama Fogg, permitirá llegar a la meta. Un elemento fundamental es que cada vez que se haga una de esas acciones, se lo celebre.
Cinco razones para ser optimistas en 2017
A menos que te dediques a escribir obituarios, 2016 fue un año sombrío. En el Reino Unido, la mitad de los votantes estaban tan horrorizados por el estado de la nación que votaron por salir de la UE; la otra mitad de los votantes quedaron horrorizados con el resultado del voto. Si mi colega Gideon Rachman tiene razón, ambos lados quedarán decepcionados con la negociación tortuosa del Brexit.
En EEUU, existe una situación similar: la mitad de los ciudadanos están horrorizados por el prospecto del presidente Trump, mientras que la otra mitad lo eligió como presidente porque estaban horrorizados por el estatus quo.
Podríamos pensar que las cosas serían mucho peores si viviéramos en Siria, pero mientras esto es algo de lo cual podríamos estar agradecidos, no es muy reconfortante.
Sin embargo, hay muchas situaciones positivas en el mundo. Reconocer las buenas noticias tanto como las malas no sólo es reconfortante, también es esencial para crear políticas razonables.
Por lo tanto, a continuación hay cinco razones para ser optimistas en 2017.
1. Estamos más saludables que nunca. Hace un siglo, la esperanza de vida global al nacer era de sólo 35 años. Cuando yo nací, era de 60 años. Recientemente subió a 70. Aun en África y la anterior Unión Soviética, donde la esperanza de vida bajó en 1990, la tendencia alcista ha continuado y la longevidad en esas regiones se encuentra en sus niveles más altos.
Estos avances se deben en parte al acceso cada vez más amplio al saneamiento. Y en parte porque actualmente existen tratamientos médicos —vacunas y antibióticos, por ejemplo— que no estaban disponibles por ninguna cantidad de dinero hace 100 años pero que ahora sólo cuestan unos centavos. Charles Kenny, el autor de "Getting Better" (2011), escribió: "Aun los países pobres y devastados como Haití, Birmania y la República Democrática del Congo tienen tasas de mortalidad infantiles mucho menores que cualquier país en 1900".
Hay una excepción notable. En 2015, los economistas Anne Case y el ganador del Premio Nobel, Angus Deaton, encontraron que ha incrementado de manera significativa la mortalidad de las personas de mediana edad de raza blanca en EEUU. Esta noticia es importante porque la falta de progreso en cuestiones de salud es tan inusual.
2. A pesar del incremento en la esperanza de vida, el número de personas que viven en el planeta está incrementando mucho más lentamente que en el siglo XX. El crecimiento de la población mundial, el cual era insostenible a 2 por ciento por año en la década de 1960, ha estado reduciéndose constantemente y está a punto de caer por debajo de 1 por ciento por año. Esto es una buena noticia para el planeta.
3. La economía mundial sigue creciendo, y a pesar de una década de crisis económicas en EEUU y Europa, las tasas de crecimiento mundial han excedido 3 por ciento. A este ritmo de crecimiento, la economía mundial se duplica cada 20-25 años. Este tipo de crecimiento representa una amenaza ambiental pero, en general, es mejor que el estancamiento. Según los datos recopilados por el economista Max Roser, el porcentaje de la población mundial que vive en condiciones de extrema pobreza ha bajado de 95 por ciento hace dos siglos a cerca de 60 por ciento hace 50 años a 10 por ciento en este momento.
4. Los frutos de este crecimiento no han sido distribuidos tan desigualmente como algunos han aseverado. No hay una simple fórmula para medir la desigualdad de ingresos en el mundo pero es razonable asumir que se está reduciendo: después de todo, China e India son países grandes y pobres que están creciendo rápidamente.
En EEUU, ha aumentado la desigualdad de ingresos. Pero no en el Reino Unido, al menos no en esta generación. La desigualdad sigue siendo alta en el Reino Unido, pero es un problema viejo, no un problema creciente.
5. Finalmente, ha habido una declinación en las guerras, los homicidios, la tortura y muchos otros tipos de violencia a través del tiempo, sin duda desde 1945 y probablemente hace mucho tiempo más. Fue documentado en 2011 por Steven Pinker en su libro "Los ángeles que llevamos dentro". ¿Seguirá esta tendencia? Tal vez no en un mundo en el que la guerra nuclear es una posibilidad. Sin embargo, hasta el momento, todo bien.
Claro que nada de esto sugiere que no enfrentemos profundos problemas. Hay mucho que debe preocuparnos, desde el auge del nacionalismo en Europa, y la aparente beligerancia de Donald Trump hasta los alarmantes cambios climáticos en nuestro planeta y la habilidad de los terroristas para atacar las capitales de Europa.
Así que estoy preocupado por lo que nos traerá 2017. Pero no porque pienso que el mundo se vaya al diablo sino porque creo que hay muchos avances que celebrar y, por ende, mucho que perder.
jueves, 12 de enero de 2017
Cómo ser empáticos y no fallar en el intento
Los profesionales de distintos ámbitos, la gente de la calle, nuestros vecinos y amigos en las redes sociales, usan a menudo la palabra "empatizar”. Se ha convertido en un comodín, una consigna, una especie de contraseña para organizar nuestras relaciones.
En contextos educativos los buenos profesores deben "empatizar” con los alumnos, ponerse en su lugar, entender cómo se sienten. Si se consigue, todo irá mejor favoreciendo la creación de un vínculo más sensible. La empatía es en cierto modo una divisa para estar con los demás, un método para quererles y tratarles. Es la solución al problema de lo humano en el sentido del manual de instrucciones.
¿Cómo se hacen amigos? ¿De qué modo hablar bien con la pareja? ¿Cuál es la mejor vía para dialogar con los hijos? ¿Cómo ser un buen maestro? Empatizando. Decirlo es bastante sencillo, repetirlo más. Pero ¿cómo se logra empatizar? ¿De qué se trata exactamente? ¿No estaremos hablando de otra cosa?
La forma del mito
La empatía es un ideal de nuestra época que adquiere la forma del mito. Un mito es una interpretación: viene a ocupar el lugar de lo que no hay, de una ausencia. La empatía recubre el lugar del vacío entre personas en el individualismo narcisista del mundo contemporáneo que el sociólogo Bauman llamó "amor líquido”. También enmascara el lugar del malentendido que caracteriza a los lazos inciertos y frágiles con los demás.
Por ejemplo: a veces, en clase, nos encontramos con alumnos que no entienden algo y preguntan sin parar. Reaccionan como si el profesor quisiera convencerles de su perspectiva pero no la aceptan. Hay otra cosa en su cabeza que les impide pensar porqué no pueden.
El error
La empatía se equivoca al querer adivinar, cuando pretende tener la razón de un falso y certero saber, como el que se esconde en la cabeza del alumno obcecado.
Tienen miedo de comprender, no quieren saber. Siguen preguntando y siguen sin entender las aclaraciones del profesor. ¿Qué sucede en este caso con la empatía? El profesor, para ser empático, debe "adivinar” qué es lo que tienen en la cabeza estos alumnos, hacer un intento por pensar en su lugar. Se trata de intuir qué camino tomó la inquietud de la pregunta inacabable, sí, esa pregunta tan rara que no quiere disolverse en una respuesta prudente.
Sin embargo, la empatía se equivoca al querer adivinar. Encubre la inquietud del otro con una respuesta del tipo: "yo sé por qué lo preguntas de esta manera y tantas veces”. La empatía pretende tener la razón de un falso y certero saber, como el que se esconde en la cabeza del alumno obcecado.
"Sé cómo te sientes”
Se empatiza escuchando lo que el otro no está diciendo para pronunciar la frase: "sé cómo te sientes.” Esta sentencia bloquea cualquier otro sentido que la contradiga. Por eso nunca somos suficientemente empáticos, porque no podemos esperar que se diga otra cosa distinta a la que ya habíamos adivinado.
Tal vez, entonces, se trate de ser menos empáticos, de estar más abiertos a escuchar aunque lo dicho no coincida con nuestra idea previa, concediendo al otro un instante de espera y el derecho a desmentirnos. Al fin y al cabo, el lazo con los demás es eso: una sorpresa interminable, un constante malentendido que nos obliga a seguir hablando, sin que sepamos muy bien de qué.
En contextos educativos los buenos profesores deben "empatizar” con los alumnos, ponerse en su lugar, entender cómo se sienten. Si se consigue, todo irá mejor favoreciendo la creación de un vínculo más sensible. La empatía es en cierto modo una divisa para estar con los demás, un método para quererles y tratarles. Es la solución al problema de lo humano en el sentido del manual de instrucciones.
¿Cómo se hacen amigos? ¿De qué modo hablar bien con la pareja? ¿Cuál es la mejor vía para dialogar con los hijos? ¿Cómo ser un buen maestro? Empatizando. Decirlo es bastante sencillo, repetirlo más. Pero ¿cómo se logra empatizar? ¿De qué se trata exactamente? ¿No estaremos hablando de otra cosa?
La forma del mito
La empatía es un ideal de nuestra época que adquiere la forma del mito. Un mito es una interpretación: viene a ocupar el lugar de lo que no hay, de una ausencia. La empatía recubre el lugar del vacío entre personas en el individualismo narcisista del mundo contemporáneo que el sociólogo Bauman llamó "amor líquido”. También enmascara el lugar del malentendido que caracteriza a los lazos inciertos y frágiles con los demás.
Por ejemplo: a veces, en clase, nos encontramos con alumnos que no entienden algo y preguntan sin parar. Reaccionan como si el profesor quisiera convencerles de su perspectiva pero no la aceptan. Hay otra cosa en su cabeza que les impide pensar porqué no pueden.
El error
La empatía se equivoca al querer adivinar, cuando pretende tener la razón de un falso y certero saber, como el que se esconde en la cabeza del alumno obcecado.
Tienen miedo de comprender, no quieren saber. Siguen preguntando y siguen sin entender las aclaraciones del profesor. ¿Qué sucede en este caso con la empatía? El profesor, para ser empático, debe "adivinar” qué es lo que tienen en la cabeza estos alumnos, hacer un intento por pensar en su lugar. Se trata de intuir qué camino tomó la inquietud de la pregunta inacabable, sí, esa pregunta tan rara que no quiere disolverse en una respuesta prudente.
Sin embargo, la empatía se equivoca al querer adivinar. Encubre la inquietud del otro con una respuesta del tipo: "yo sé por qué lo preguntas de esta manera y tantas veces”. La empatía pretende tener la razón de un falso y certero saber, como el que se esconde en la cabeza del alumno obcecado.
"Sé cómo te sientes”
Se empatiza escuchando lo que el otro no está diciendo para pronunciar la frase: "sé cómo te sientes.” Esta sentencia bloquea cualquier otro sentido que la contradiga. Por eso nunca somos suficientemente empáticos, porque no podemos esperar que se diga otra cosa distinta a la que ya habíamos adivinado.
Tal vez, entonces, se trate de ser menos empáticos, de estar más abiertos a escuchar aunque lo dicho no coincida con nuestra idea previa, concediendo al otro un instante de espera y el derecho a desmentirnos. Al fin y al cabo, el lazo con los demás es eso: una sorpresa interminable, un constante malentendido que nos obliga a seguir hablando, sin que sepamos muy bien de qué.
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