jueves, 19 de enero de 2017

Cinco razones para ser optimistas en 2017



A menos que te dediques a escribir obituarios, 2016 fue un año sombrío. En el Reino Unido, la mitad de los votantes estaban tan horrorizados por el estado de la nación que votaron por salir de la UE; la otra mitad de los votantes quedaron horrorizados con el resultado del voto. Si mi colega Gideon Rachman tiene razón, ambos lados quedarán decepcionados con la negociación tortuosa del Brexit.

En EEUU, existe una situación similar: la mitad de los ciudadanos están horrorizados por el prospecto del presidente Trump, mientras que la otra mitad lo eligió como presidente porque estaban horrorizados por el estatus quo.

Podríamos pensar que las cosas serían mucho peores si viviéramos en Siria, pero mientras esto es algo de lo cual podríamos estar agradecidos, no es muy reconfortante.

Sin embargo, hay muchas situaciones positivas en el mundo. Reconocer las buenas noticias tanto como las malas no sólo es reconfortante, también es esencial para crear políticas razonables.

Por lo tanto, a continuación hay cinco razones para ser optimistas en 2017.

1. Estamos más saludables que nunca. Hace un siglo, la esperanza de vida global al nacer era de sólo 35 años. Cuando yo nací, era de 60 años. Recientemente subió a 70. Aun en África y la anterior Unión Soviética, donde la esperanza de vida bajó en 1990, la tendencia alcista ha continuado y la longevidad en esas regiones se encuentra en sus niveles más altos.

Estos avances se deben en parte al acceso cada vez más amplio al saneamiento. Y en parte porque actualmente existen tratamientos médicos —vacunas y antibióticos, por ejemplo— que no estaban disponibles por ninguna cantidad de dinero hace 100 años pero que ahora sólo cuestan unos centavos. Charles Kenny, el autor de "Getting Better" (2011), escribió: "Aun los países pobres y devastados como Haití, Birmania y la República Democrática del Congo tienen tasas de mortalidad infantiles mucho menores que cualquier país en 1900".

Hay una excepción notable. En 2015, los economistas Anne Case y el ganador del Premio Nobel, Angus Deaton, encontraron que ha incrementado de manera significativa la mortalidad de las personas de mediana edad de raza blanca en EEUU. Esta noticia es importante porque la falta de progreso en cuestiones de salud es tan inusual.

2. A pesar del incremento en la esperanza de vida, el número de personas que viven en el planeta está incrementando mucho más lentamente que en el siglo XX. El crecimiento de la población mundial, el cual era insostenible a 2 por ciento por año en la década de 1960, ha estado reduciéndose constantemente y está a punto de caer por debajo de 1 por ciento por año. Esto es una buena noticia para el planeta.

3. La economía mundial sigue creciendo, y a pesar de una década de crisis económicas en EEUU y Europa, las tasas de crecimiento mundial han excedido 3 por ciento. A este ritmo de crecimiento, la economía mundial se duplica cada 20-25 años. Este tipo de crecimiento representa una amenaza ambiental pero, en general, es mejor que el estancamiento. Según los datos recopilados por el economista Max Roser, el porcentaje de la población mundial que vive en condiciones de extrema pobreza ha bajado de 95 por ciento hace dos siglos a cerca de 60 por ciento hace 50 años a 10 por ciento en este momento.

4. Los frutos de este crecimiento no han sido distribuidos tan desigualmente como algunos han aseverado. No hay una simple fórmula para medir la desigualdad de ingresos en el mundo pero es razonable asumir que se está reduciendo: después de todo, China e India son países grandes y pobres que están creciendo rápidamente.

En EEUU, ha aumentado la desigualdad de ingresos. Pero no en el Reino Unido, al menos no en esta generación. La desigualdad sigue siendo alta en el Reino Unido, pero es un problema viejo, no un problema creciente.

5. Finalmente, ha habido una declinación en las guerras, los homicidios, la tortura y muchos otros tipos de violencia a través del tiempo, sin duda desde 1945 y probablemente hace mucho tiempo más. Fue documentado en 2011 por Steven Pinker en su libro "Los ángeles que llevamos dentro". ¿Seguirá esta tendencia? Tal vez no en un mundo en el que la guerra nuclear es una posibilidad. Sin embargo, hasta el momento, todo bien.

Claro que nada de esto sugiere que no enfrentemos profundos problemas. Hay mucho que debe preocuparnos, desde el auge del nacionalismo en Europa, y la aparente beligerancia de Donald Trump hasta los alarmantes cambios climáticos en nuestro planeta y la habilidad de los terroristas para atacar las capitales de Europa.

Así que estoy preocupado por lo que nos traerá 2017. Pero no porque pienso que el mundo se vaya al diablo sino porque creo que hay muchos avances que celebrar y, por ende, mucho que perder.

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