jueves, 30 de junio de 2016

Bendecir en vez de renegar

Siempre podemos, cuando contemplamos la negatividad, bendecir en vez de renegar.

Como la visualización tiene un poder extraordinario para producir relajación, vamos a realizar un ejercicio genérico que podrá usted querido amigo o usted querida amiga realizar cada vez que sienta que la negatividad se está apoderando de su vida.

Con los ojos cerrados y después de hacer tres respiraciones profundas colocar las palmas de sus manos orientadas hacia lo alto y decir: “energía pura de Dios, ven a mí”.

Luego, con los ojos cerrados, proceder a imaginar o visualizar una enorme pirámide oscura que represente la negatividad, a continuación deberá imaginar un fuego de color violeta o morado claro que va girando desde la punta de la gigantesca pirámide y va descendiendo en cada giro que va dando hasta llegar a la base de dicha pirámide imaginaria.

Ahora debe imaginar un sol de color violeta que estará situado en la parte superior de la pirámide imaginaria y comenzará a descender por la misma quemando y consumiendo todas las energías negativas hasta que se forme un gran cráter imaginario y pueda ver cenizas que representen la purificación de todas las energías negativas que le causaban bronca, rabia o negatividad.

Este simple acto visualizativo debe repetirlo por veintinueve días, en las noches y en las mañanas y comenzará a notar una nueva sensación de paz, de armonía y de entendimiento que comienza a manifestarse en su hogar.

Cuando nuestros estados negativos nos quieren ganar, debemos visualizar y bendecir toda esa imagen que acabamos de transmutar diciendo: “bendigo a todos los seres, a todas las personas y a todas las situaciones temporales y transitorias, me declaro en paz”.

Deberemos tomar la decisión de contrarrestar constantemente nuestra costumbre de renegar para que nuestra vesícula biliar se mantenga sana y fluida y para irradiar buenos deseos y aprender que es mejor bendecir que renegar y de esta manera, nuestra salud y nuestra positividad prevalecerán.

Nota: Los ejercicios para limpiar nuestra memoria subconsciente de los recuerdos dolorosos se pueden aprender.

martes, 28 de junio de 2016

Por qué somos más groseros en la oficina que en la calle

La semana pasada de camino al trabajo, mientras esperaba cruzar una calle, a una señora de edad madura se le cayeron unas monedas en la acera. Seis personas se agacharon para recobrárselas. Un hombre en un elegante traje azul marino buscó a tientas un penique que le logró entregar. La única persona que no la ayudó fui yo, y eso fue porque estaba sosteniendo mi bicicleta.

En vez de eso, dije al grupo que lo que yo acababa de presenciar me hacía sentir feliz de ser londinense. Todo el mundo tenía prisa por llegar al trabajo. No obstante, todo el mundo, instintivamente, hizo una pausa para hacerle bien a una extraña que había perdido menos de una libra esterlina en dinero menudo. Los buenos samaritanos me miraron con recelo. Ser bondadoso es una cosa; hablar con extraños es algo muy diferente. Tan pronto como cambiaron las luces se apresuraron a sus oficinas en la City de Londres. Yo me apresuré a la mía.

Cuando llegué me dirigí directamente a mi escritorio, pasando a varios colegas enfrascados en sus pantallas, algunos de los cuales llevaban audífonos. No saludé a ninguno. Eché la taza de té sucia en el fregadero comunal y tomé una tasa limpia de la dispensa. Me senté, miré mis correos electrónicos y decidí no contestar ninguno. Me fui a la cantina, compré un pastelito grasoso que me comí en el escritorio, desparramando migajas a mi alrededor.

Ésta es mi rutina de todas las mañanas en la oficina; no me habría sorprendido si algunos de los samaritanos estuvieran haciendo algo parecido en las suyas. El comportamiento de los empleados en las oficinas no es nada agradable. Somos mucho más considerados con perfectos extraños en la calle que con nuestros colegas en la oficina. En el trabajo no le hacemos caso a la gente, apestamos su espacio con nuestros almuerzos y llegamos tarde a las reuniones. Hablamos en alta voz cuando otros están tratando de trabajar o los distraemos con susurros cuando no queremos que nadie nos escuche.

Los expertos en gestión denominan este comportamiento como “incivilidad en el lugar de trabajo”, que definen como “comportamiento desviado de baja intensidad” que no intenta dañar a su objetivo, pero lo hace de todas maneras. Yo no me propuse ser incivil con mis colegas al no saludarlos o no prestar atención a sus correos electrónicos. Esto es simplemente en lo que se ha convertido la vida de oficina.

Las investigaciones sugieren que este tipo de rudeza se ha generalizado y hace verdadero daño. Provoca que la gente odie su trabajo, nos vuelve menos creativos y más estresados. Tal vez (aunque tengo mis dudas) nos vuelva más propensos a sufrir infartos.

No es inmediatamente obvio por qué las oficinas se están volviendo menos civiles. La naturaleza humana no ha cambiado mucho. En mi experiencia cuando algo grande va verdaderamente mal en la oficina, la gente es en realidad muy atenta. Pero seis cosas han cambiado que pueden habernos vuelto más groseros cuando se trata de pequeñeces.

El primero es el correo electrónico. Ya que hay más correos de los que podemos contestar, hemos aprendido a no hacerlo o a enviar respuestas bruscas de una sola palabra; ambas son reacciones groseras. Y habiendo dominado el arte de ignorar a los correos electrónicos ahora estamos aprendiendo a ignorar todo lo que no queremos hacer. Contestar el teléfono en el trabajo se está convirtiendo en algo opcional, lo cual es descortés no sólo con la persona al otro lado de la línea sino con los colegas sometidos al interminable timbre.

La segunda incitación a la incivilidad es el teléfono inteligente, que nos ha convencido que dar la impresión de escuchar cuando alguien habla (hasta ahora un pilar de los buenos modales) ya no es necesario. Este mes estuve en una conferencia donde no sólo tres cuartos del público (yo incluida) estaban mirando sus celulares, sino que la mitad de las personas en el panel tuiteaban o "whatsappeaban" mientras que el hombre detrás del atril hablaba monótonamente.

Las oficinas abiertas también fueron hechas para causar la incivilidad. Ahora que hemos sido llevados en manada a espacios públicos, lo que hubiera estado bien en oficinas privadas (comer ruidosamente, hablar por teléfono en alta voz, etcétera) ya no es aceptable. Gracias a las oficinas abiertas, tenemos el invento de oficina más descortés de todos: los audífonos. Éstos proclaman a gritos: Aquí estoy, pero preferiría no estarlo.

Los “escritorios compartidos” y las horas flexibles han empeorado las cosas aún más. Cuando no te sientas con la misma gente todos los días y ni siquiera conoces a la persona que está a tu lado, no hay incentivo para ser particularmente agradable ya que no los vas a ver mañana.

Probablemente peor que todo esto es el culto de estar ocupado, el cual ha hecho que la rudeza sea no sólo aceptable sino admirable. Si es admirable estar ocupado, entonces es bueno hacer que la gente espere, bueno llegar tarde a las reuniones y bueno estar tan preocupados que ya no vemos a las personas en el pasillo.

Todo esto es fundamental, y no está claro cómo recobrar la civilidad.

Una forma (que es en sí ruda) es tomar videos en secreto de la gente que se porta mal y enviárselos, o compartirlos más ampliamente. Casi cualquiera es decente en realidad. A pocas personas les gusta considerarse rudas. Un video de 10 segundos de alguien ignorando a un colega como si estuviera muerto o comiendo de manera asquerosa podría tener un efecto agradablemente correctivo.

jueves, 23 de junio de 2016

El precio de la “última palabra”

Prácticamente todo ser viviente sobre este planeta pretende tener la razón en lo que dice y lo que hace, al fin y al cabo, es la forma más común del género humano de satisfacer nuestro descomunal ego propio. Da igual si se hiere a otras personas.

¿Has vivido esta situación? Y seguramente no sólo una vez, es habitual pasar por esto. Cuando creemos estar en posesión de la verdad, nos empeñamos en querer llevar razón por encima de todo, y esto puede provocar conflictos y deteriorar las relaciones de pareja.



Recordar discusiones

Más de alguna vez nos pasa que en el momento de recordar una discusión con tu pareja, ambos tienen dos puntos de vista distintos, y ambos creen que son ciertos.

Esto no se trata de que alguno de los dos esté engañando o distorsionando la realidad acerca de lo vivido, sino que los dos pueden estar equivocados. Así que, cálmate mientras estás intentando de recordarle “la verdad” a tu pareja, solo por querer ganar un argumento.

Según el Dr. Michael Ross en el Wall Street Journal, esto no se produce por mentiras, sino por confusiones a nivel de memoria. Los dos, en el minuto que discutían cierto tema, vivieron lo mismo, pero desde dos visiones distintas, y esta plasmará su recuerdo sobre esa ocasión, haciendo omitir ciertas objetividades, como qué es lo que realmente quería decir el otro, pues primeramente recordarás tú percepción.

Es por eso que estas dos versiones del asunto, solo se aunarán si dicen lo que piensan sobre el momento vivido. Ambos, hombres y mujeres, cuentan con la misma capacidad de recordar y retener cosas, pero nuestra mente siempre lo hará desde la subjetividad. Por lo que recordarás más claro lo que tú dijiste en una discusión, además de lo que sentiste, sin que haya sido adecuadamente transmitido a tu pareja.

A esto se le suma que, en la medida que pasa el tiempo, tus sentimientos sobre el tema discutido pueden cambiar, lo que influirá nuevamente en cómo ves las cosas. Por lo que, a fin de cuentas, no es recomendable que vuelvan a evocar pleitos previamente vividos. De cada experiencia debes sacar una conclusión como pareja y mantenerte con eso, para evitar más malos entendidos de los que ya puedes tener. ¡Relájate! Y no te enfrasques en tener la razón siempre, menos con tu novio o esposo.



¿El amor o la razón?

Según el psicólogo José María Campos, la relación de pareja gana mucho, muchísimo cuando en vez de competir por llevar razón, actuamos desde el amor, nos mantenemos en el camino del amor y nos focalizamos en que el resultado sea para el mayor bien de la pareja.

Es claro que cuando algo nos hace salir de nuestras casillas no siempre nos detenemos a pensar en lo que hacemos o decimos, sin embargo hay ambientes en los que tal vez procuramos controlarnos, como por ejemplo en el trabajo. Pero cuando se trata de nuestra relación de pareja a veces explotamos de un modo en el que el autocontrol luce inexistente, un gran error que debemos aprender a mejorar con inteligencia emocional.



CLAVES PARA DISCUTIR

A continuación, algunas claves para que sepas cómo actuar después de una discusión con tu pareja.



CLAVE 1: En primer lugar es bueno que aprendas el arte de la moderación, el autocontrol y el trabajo de la inteligencia emocional, pues puedes tener razón al molestarte pero en el momento en el sales de tus cabales y ofendes al otro has dejado de estar en lo correcto.



CLAVE 2: Si en medio de la discusión te das cuenta que en ese momento y con los ánimos tan caldeados no llegarán a ningún sitio, apela a la lógica y corta la disputa, propón que ambos se enfríen para continuar hablando del tema con más calma y raciocinio.



CLAVE 3: Evita mandar mensajes compulsivos, hacer mil llamadas o forzar al otro a hablar si no lo desea, debes permitir que ambos tengan un espacio para pensar en lo sucedido y en como lo resolverán.



CLAVE 4: Reflexiona acerca de lo que pasó y lo que motivó la pelea, es importante que sepas que nunca hay un único culpable, la relación es de dos, y en muchas ocasiones puede que uno sea más responsable que otro, pero ambos deberán excusarse.



CLAVE 5: Si quieres resolver el conflicto deja a un lado el discurso de reclamo y busca más bien las herramientas conciliadoras, no lleves los reproches hasta los extremos.



CLAVE 6: No compartas con todo el mundo el problema que acabas de tener con tu pareja, si realmente necesitas desahogarte habla con quien sepas que será discreto, finalmente no querrás que todas tus amistades conozcan con detalle la intimidad de tu relación.

Técnica para aliviar el malestar

Los estados de ánimo en que vivimos son momentos de nuestra vida en los que estamos mal o estamos bien dependiendo de la imagen mental que esté en la pantalla de nuestra mente.

En cada ocasión en que las imágenes negativas se apropian de nuestra pantalla mental, los estados negativos también lo hacen, afortunadamente, existe una técnica con la cual podemos compensar y equilibrar toda imagen negativa que nos haga sentir mal.

La idea es sumamente interesante y totalmente útil, usted querido amigo o usted querida amiga podrá comprobar lo fácil y agradable que resulta aprender esta otra manera de pensar que es una forma de administrar las imágenes que percibimos de manera tal que, podamos aprender a reconocer a cualquier imagen que nos haga sentir mal y que podamos, aplicando la

técnica para neutralizar dicha imagen en un tiempo aproximado de dos o tres minutos, recuperar las sensaciones de paz, de equilibrio y de confianza en el proceso de la vida que sabe cómo obrar.

Vamos a un ejercicio para que aprenda la técnica ahora mismo. Busque en su mente una escena desagradable que le haga sentir mal, tómese unos instantes hasta recordar o tomar contacto con dicha escena desagradable; voy a suponer que ya ha encontrado dicha escena desagradable ahora proceda a imaginar una línea vertical de color violeta o lila brillante y transfiera todo el recuerdo desagradable o la imagen negativa al lado izquierdo de su línea vertical; ahora en el lado derecho de su pantalla mental comience a imaginar y construir un imagen que represente la solución o una escena que represente un acto de justicia con el cual la imagen negativa queda anulada y neutralizada.

Ahora proceda a contemplar las dos imágenes juntas manteniendo su línea vertical y tome consciencia de cómo sus sensaciones negativas van desapareciendo y una sensación de tranquilidad va apareciendo en su mente subconsciente.

Puede usar esta técnica para neutralizar las imágenes más negativas y horrorosas que esté obligado a contemplar y también las imágenes negativas de antiguos traumas que le ocasionan momentos de tristeza o de dolor interior; en todo caso, aprenda a detectar a toda imagen negativa que se haya metido en su mente y luego, aplique la técnica con rapidez creando su

línea vertical, trasladando toda la imagen negativa al lado izquierdo de su pantalla y luego, con los ojos cerrados y utilizando su genio interior, proceder a crear una imagen opuesta que represente solución, corrección o justa retribución y para ello, no dude en imaginar lo que quiera imaginar pues son sólo imágenes mentales que le van a permitir crear un equilibrio

en su mente y la sensación de que en esta vida, todos los desequilibrios llegan a resolverse en su hora y en su momento programado de una u otra manera porque la inteligencia infinita está actuando siempre en todos los seres y en todas las situaciones del universo en que vivimos.

domingo, 19 de junio de 2016

El enfado, una emoción que seduce nuestro monólogo interior

El enfado es una emoción que seduce nuestro monólogo interior, que nos secuestra en pensamiento, palabra y acción. Un arma defensiva que, mal utilizada, puede volverse en nuestra contra y hacer verdadero daño si la dejamos crecer.

No nos gusta pero, sin embargo, hemos podido comprobar en multitud de ocasiones que no podemos evitarlo. Esto es, sin duda, porque esta es una herramienta natural de nuestra evolución para hacer frente a las injusticias que percibimos.

El hecho de que un niño reclame con potencia e insistencia que su

hermano le ha quitado un juguete

es, en esencia, una manera de hacer valer sus intereses y de evitar que se menoscabe su integridad. El problema de esta emoción llegará si el niño no sale de su protesta y no puede gestionar un avance.

O sea que si nos quedamos anclados en que “nos han quitado el juguete”, rápidamente nuestro sistema fisiológico y cognitivo se verá atrapado en una espiral de sentimientos y pensamientos negativos que no permiten

el avance.

La idea de vulnerabilidad que se esconde tras el enfado

No nos gusta mostrar enfado en público, pues entendemos que implica una condena de nuestras cualidades personales y emocionales. Nos da miedo expresarlo, por lo que tendemos a mostrarlo solo en nuestra casa, acompañados de aquellas personas que nos conocen y que, por lo tanto, cabe esperar que no nos juzguen por ello.

Esta emoción, injustamente tratada, está mal vista por nuestra sociedad. Sin embargo, como hemos destacado aquí en multitud de ocasiones, manifestarla nos ofrece información sobre lo que nos incomoda, dándonos la opción de examinarnos y de buscar el equilibrio.

Hay una razón principal por la que castigamos la expresión del enfado, esta es que confundimos la ira o la expresión desmedida y descontrolada de nuestra molestia. O sea que equiparamos el hecho de explotar y ponernos a gritar con fruncir el ceño cuando algo incomoda.

Pero realmente podemos decir que el enfado no es equivalente a la ira, sino que esta última responde a la mala gestión de aquello que nos enfada y nos atormenta. Hacemos una playa de un grano de arena por no deshacernos de este a tiempo. Ahí

es cuando se arma el lío.

¿Por qué? Porque convertimos hechos aislados en el foco continuo de nuestra atención, impidiéndonos a nosotros mismos deshacer una bola de nieve emocional que rueda y rueda logrando hacerse cada vez más y más grande.

Comprensión y expresión, los primeros pasos del enfriamiento

Cuando nos hacemos conscientes de nuestros sentimientos y emociones logramos dar un paso más para manejarlos y transformarlos en útiles y no en dañinos. Digamos que pisamos el freno cuando expresamos, pues liberamos gran parte de la carga afectiva que promueve la llegada de estados de ánimo negativos y potencialmente amenazantes para nuestro equilibrio.

Volver al ejemplo del enfado del niño por el robo del juguete nos ayuda a valorar cómo es normal y adaptativo promover la igualdad por medio de la protesta y de la petición de que se restaure la libertad violada.

Pero como hemos dicho, una vez que el enfado surge ante la amenaza física o psíquica, es importante que operativicemos esos sentimientos y emociones que han nacido en nosotros. De

lo contrario nos veremos dominados por pensamientos y acciones que

solo fomentan el malestar sin preocuparse de resolverlo.

Nuestro cerebro emocional

Cuando percibimos a través de los sentidos que se ha cometido una injusticia o agravio respecto a nuestra persona o algo que es de interés personal, nuestro sistema límbico recibe un chispazo que pone en marcha la maquinaria.

En otras palabras, se activa el sistema nervioso y, con él, nuestro cuerpo

y nuestra mente se “encienden” para dar paso a la acción. Por su parte,

el neocórtex se encarga de calcular

y dar paso a una reacción más o menos ajustada a la situación.

Así, la descarga límbica supone la liberación de catecolaminas, lo que nos ayuda a reaccionar de manera decidida y rápida. Si la activación

es alta, podemos parecer fuego, nuestras mejillas pueden calentarse.

Por otra parte, la activación de la rama adrenocortical fomenta una activación prolongada que nos predispone a la acción durante más tiempo. Esta hipersensibilidad logra dominar nuestra mente, la cual tiende a alimentarse con el menú de los pensamientos negativos en espiral.

O sea que cualquier pequeño roce nos hará saltar, construyendo enfado tras enfado e incapacitándonos cognitivamente cada vez más, pues no lograremos razonar de manera adecuada, lo que nos llevará a infravalorar pensamientos que frenarían la escalada.

La distancia emocional

Como vemos, la clave para gestionar el enfado de manera correcta está en aplacar la excitación. Esto se consigue de dos maneras:

* Tomando distancia física y emocional de la situación para evitar que la descarga de adrenalina nos domine

y se alimente a través de la irritabilidad reinante.

* Frenando nuestro monólogo interno. Es decir, distraernos y no dar validez a los pensamientos que dominan nuestra mente.

Es esto lo que nos hace afirmar que el enfado es una emoción que seduce nuestro diálogo interior, promoviendo argumentos “más que convincentes” de que aquello que nos ha enfadado es el origen de todo mal.




sábado, 18 de junio de 2016

Cómo reconocer el temperamento de una persona por el aspecto físico (PARTE III - DEPORTISTAS)

En esta sección, hoy vamos a hablar de cómo reconocer el temperamento y la aptitud de la última persona de los tres distintos tipos en que se dividen según el orden natural al que pertenecen.

Los hombres y mujeres con aptitudes para el deporte, pueden ser altos o bajos.

Aunque en su mayoría este tipo de personas, tienen una muy buena estatura y son de contextura física robusta, de entre los tres tipos de temperamentos y aptitudes, estos últimos son los que mayor culto le rinden a su cuerpo, es decir viven para su cuerpo, son gente de acción, impacientes, intranquilos, torpes en su trato, les encanta estar en movimiento.

Los ejercicios físicos es lo que más les apasiona, debido a que la energía, fuerza, ganas y voluntad, es lo que predomina en su ser.

Son mandones, autoritarios, prepotentes, posesivos, gritones, y fanfarrones, pero con una gran capacidad de liderazgo, son grandes protectores de sus familias y de su pareja, son bien decididos, les gusta mandar pero no obedecer, son galanes en el amor, dulces, tiernos y cariñosos, ardientes en la cama, infieles, así como besan con dulzura, gritan con bravura. Tiernos y cálidos cuando abrazan, pero su temperamento cambiante e inestable también hace que puedan agarrarte a golpes en cualquier momento.

Las personas de este tipo de temperamento no miden consecuencias en sus acciones, su prepotencia y carácter irascible los lleva a meterse en líos casi siempre, estas personas si no tienen problema con alguien, ellos van y se los buscan. Son generosos, colaboradores, ocurrentes, sus conversaciones son animosas, ríen a carcajadas, son grandes seductores, así sean hombres o mujeres, ya que poseen la gracia y el encanto físico que todo mortal desea ver y tener para sí.

Su autoestima es la más alta de todos, no se rinden fácilmente ante el dolor y la adversidad ya que son gente de empuje, pero necesitan de un pensador para que los guíe con sus ideas, ya que sus reacciones son más hormonales que mentales.

Son buenos amigos, pero evita, en lo posible, hacerles una mala pasada porque la pasarás muy mal con ellos, aunque son muy enojones no suelen ser rencorosos. Pueden gritarte de todo y ofenderte, pero casi al instante te pueden hablar muy bonito, como si nada malo te hubieran dicho o hecho.

Si eres de las personas que te gusta el atractivo físico de alguien, quieres presumir de la belleza física de tu pareja y buscas sentirte muy segura o seguro a su lado, este tipo de personas es la adecuada para ti, pero ojo, en cualquier momento sus golpes y juegos torpes también te pueden llegar.

jueves, 16 de junio de 2016

¡Que suceda primero!



“Si tiene que suceder, entonces que suceda primero”, dice Laura Vanderkam, la experta en productividad autora de “14 cosas que hacen las personas con éxito antes de desayunar”. Su recopilación de costumbres matinales de ejecutivos de éxito incluye madrugar (el 90 por ciento se levanta antes de las seis de la mañana) hacer ejercicio o trabajar en un proyecto de máxima prioridad. La premisa fundamental es que lo que hagamos nada más levantarnos a menudo define el resto de la jornada, y no sólo para los ejecutivos. Si desea escribir un libro, perder peso, comenzar a meditar o aprender chino es importante hacer de ello un hábito mañanero. “Hay muchos buenos hábitos que puedes crear por las tardes o las noches, pero si quieres emprender algo importante, te recomiendo que lo hagas por la mañana. Haz de ello un hábito, y hazlo lo primero”, escribe Leo Babauta, creador de Zen Habits.

Cualquier cocinero conoce el ritual mise-en-place, un término francés que se refiere a la organización previa de todos los ingredientes y el equipo necesario para elaborar y servir un plato. Este término también puede usarse en el contexto que nos ocupa. Por ejemplo, en lugar de comenzar el día consultando el correo electrónico, una actividad que nos coloca en modo reactivo y donde las prioridades de otras personas toman prioridad, tiene más sentido inaugurar la jornada con un poco de planificación, lo que podríamos considerar un mise-en-place intelectual. De esta forma será más fácil distinguir entre tareas urgentes y las importantes de verdad, y diseñar un plan de ataque para finalizarlas.

Para asegurarnos de comenzar bien el día no hace falta remover cielo y tierra. Basta seguir hábitos sencillos como los seis que presentamos a continuación:

No darle al botón “cinco minutos más” del despertador:

“Hay que encontrar tiempo, aunque sean quince minutos, para nuestros rituales matutinos. Si siempre salimos corriendo, el día arranca mal”, apunta Pescador. Usar el botón de snooze o el de “remolonear” es un error. No solo porque nos quedamos sin esos preciosos minutos; también porque producimos “inercia del sueño y estaremos más dormidos el resto del día. Es mejor salir de la cama aunque cueste”, dice Pescador. El cuerpo comienza a segregar dopamina y adrenalina de forma natural entre una y dos horas antes de despertar. También empieza a aumentar poco a poco la temperatura del cuerpo, que baja por la noche. El despertador interrumpe este proceso, ya que suele sonar antes de que el cuerpo haya terminado su adaptación. El mensaje que recibe el cerebro es de falsa alarma, así que empieza un nuevo ciclo de sueño. Sin embargo, el botón de snooze hace que la inercia del sueño dure más. “Para salir de este ciclo, es importante levantarse todos los días a la misma hora y en cuanto suene el despertador. Al principio será duro, pero poco a poco tu cuerpo aprende que esa es la hora a la que debe levantarse, y el mecanismo natural empieza a prepararte dos horas antes de que suene. Al cabo de unos días verás que te despiertas incluso antes de que suene el despertador, más alerta y de mucho mejor humor”.

Hacer la cama:

En El poder de los hábitos, el periodista Charles Duhhig asegura que hacer la cama es un “hábito piedra angular que puede provocar reacciones en cadena que ayudan a otros buenos hábitos a afianzarse”. La práctica de esta modesta actividad puede contribuir de forma importante al nivel de satisfacción personal, asegura por su parte Gretchen Rubin, autora del “Proyecto Felicidad” y de otro volumen reciente sobre el poder de los hábitos. “La felicidad es una aspiración sublime, y hacer tu cama es una actividad prosaica. ¿Por qué incrementa la felicidad de una forma tan efectiva?” se pregunta la autora. Y ofrece dos explicaciones: “Hacer la cama es una tarea que, a pesar de su rapidez y sencillez, transforma el ambiente. Todo parece más arreglado. Es más fácil encontrar tus zapatos. Tu dormitorio es un lugar que inspira mayor tranquilidad. Y, para la mayoría de las personas, el orden de fuera contribuye a la paz interior”. Por otra parte, mantenerse fiel a una resolución, sea cual sea, trae consigo satisfacción. “Si adquieres este pequeño compromiso, comienzas el día sintiéndote eficiente y productivo”.

Acabar con los desayunos dulces:

Tras una noche de sueño, señala Darío Pescador, autor del blog Transformer, el cerebro ha consumido una buena parte de las reservas de glucógeno del cerebro, y conviene reponerlas. Por otro lado, necesitamos energía para aguantar la mañana y proteínas para evitar que el cuerpo canibalice nuestros músculos. Pero comer un desayuno dulce es un error, porque produce un pico de azúcar y una caída aún más fuerte en una hora y media más o menos, que a su vez se manifiesta con una mente borrosa y ataques de hambre con antojos de cosas dulces. Por eso el desayuno ideal debe contener una buena ración de proteínas (huevos, fiambre, queso), un aporte de grasa saludable (huevos otra vez, aceite de oliva, aguacate) y carbohidratos con mucha moderación. Una pieza de fruta o una tostada de pan integral son suficientes.

Dar las gracias:

Otro ejercicio útil a primera hora es apuntar en un cuaderno tres cosas por la que estar agradecidos. Aquí se incluyen desde pequeños detalles (como el olor a café que llega desde la cocina) hasta las grandes cuestiones (por ejemplo, disfrutar de buena salud). Con unos pocos minutos podemos poner en perspectiva la vida. “Todos tenemos la posibilidad de potenciar, desde el comienzo del día, la presencia de estados positivos en nuestra mente, como alegría o serenidad, y de minimizar los negativos”, señala Taibo.

El ejercicio de las mañanas positivas:

El psicólogo Iago Taibo, director de Positivarte, propone dejar para más tarde la lectura de periódicos, habitualmente rebosantes de malas noticias, y el e-mail, que suele llegar cargado de obligaciones. Se trata, sostiene, de contrarrestar la tendencia habitual de comenzar el día pensando en cosas negativas. El ejercicio es sencillo: nada más levantarse, realizar una o varias actividades que nos proporcionen placer o bienestar y nos ayuden a generar un estado de ánimo positivo. Sirve desde repetir mentalmente un poema o frase motivadora a poner música favorita, meditar unos minutos o improvisar una nueva manera de hacer el desayuno. Puede practicarse siempre la misma actividad o ir cambiando, pero Taibo recomienda anotarlo en una tabla para tomar consciencia de lo que más ayuda.

Pensar más y hacer menos:

“Frena un momento, reflexiona sobre las tareas del día y separa el pensar del hacer. Esto te ayudará a que al final de la jornada tengas la sensación de que has terminado las tareas pendientes”, dice el experto en productividad José Miguel Bolívar. Su consejo sirve para evitar una sensación tan habitual como desagradable: “Llegas a la oficina lleno de buenas intenciones y cuando te quieres dar cuenta se te ha pasado el día y lo que es importante ni lo has tocado. Nos vamos a lo rápido e inmediato porque culturalmente parece que eso de pararte y pensar está mal visto”. Sin embargo, señala, “estamos en la sociedad del conocimiento. Y si eres profesional del conocimiento en el trabajo hay que pensar, no solo hacer, hacer, hacer. Pensar para hacer mejor”. Entre sus recomendaciones, se encuentra separar actividades rutinarias que pueden dejarse para el final del día o después de comer, cuando la energía típicamente es más baja, de otras que necesitan que uno esté despejado y creativo. Igualmente, aconseja agrupar actividades, como hacer todas las llamadas de teléfono de una vez, responder los emails, etc. Pero, lo primero, planificar.