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viernes, 24 de marzo de 2017
¿Pánico a estar sola?
“Benditos sean aquellos que no temen a la soledad. Que no se asustan con la propia compañía…Porque quien nunca está solo, no se conoce a sí mismo y quien no se conoce a sí mismo, comienza a temer el vacío, dice Paolo Cohelo sobre la soledad.
Y es que definitivamente es necesario aprender a conocerse y a disfrutar de la compañía de uno mismo, sin embargo hay muchas personas y en especial mujeres que no saben estar solas y a la sola idea de estarlo sienten pánico.
“Más vale un día de soledad que ciento de sociedad”, dijo la psicóloga Mercedes Bermejo, directora de Psicólogos Pozuelo, docente y presidenta del IMSIS (Instituto Madrileño de Sistémica Infanto Juvenil y otros sistemas) a la revista Cosmopolitan en el artículo “¿No sabes estar sola?
Es cierto que los seres humanos somos seres sociales, que disfrutamos de la compañía, que buscamos un sentido de pertenencia hacia un grupo, ya sea de amigos, familia, pareja, pero para la especialista, estar sola, va más allá de ser una persona con mayores o menores facilidades sociales: es algo completamente necesario para el bienestar personal.
“Es importante analizar de que está hecha nuestra autoestima, es decir, qué cosas nos hacen querernos a nosotras mismas. Una reflexión importante que requiere espacios de soledad porque es la única vía para conocerte, quererte y entenderte”, dice la psicóloga.
¿Por qué ayuda estar sola?
Carla Martínez Dantí brinda algunas pautas en “Cómo aprender a estar solo”, que ayudan a comprender por qué es importante aprender a disfrutar de nuestra propia compañía. Y la respuesta es sencilla según Martínez.
“Existen algunos periodos en los que necesitamos mirarnos a nosotras mismas, pausar la vida, conocernos mejor, valorarnos, querernos y aumentar nuestra autoestima. Como en cualquier relación, debemos alcanzar la armonía con nosotras, mantener con nuestro fuero interno una relación sana, dejando a un lado nuestras propias toxicidades”, dice Martínez.
Estar solo nos ayudará a ser menos dependientes de los demás y más independientes al tomar nuestras propias decisiones. “Estar sola te permitirá no depender emocionalmente de alguien, sino poder compartir las emociones con otra persona”, asegura.
La soledad no es algo negativo o, por lo menos, deberíamos intentar no verla así. Pasar un tiempo sola es un bonito periodo de aprendizaje del que podemos sacar cosas muy positivas. Para empezar, intenta dejar de pensar en que no estar en compañía es algo malo, deja a un lado ese sufrimiento y empieza a disfrutar de la soledad. No exijas a los demás, exígete a ti mismo.
Para aprender a estar sola debes saber depender de ti misma. Al final, tu vida la creas tú, la eliges tú, la conformas tú y la decides tú y aunque parezca una carga muy pesada, tú eres la propia responsable de tus actos. No debes acarrear a otras personas con tus problemas, con tus sueños o ilusiones... Pero sí puedes llegar a compartirlos. Piensa que alguien que no es feliz consigo misma, tiene pocas probabilidades de llegar a serlo estando acompañada, dice a tiempo de dar algunas pautas para conseguirlo, como por ejemplo que te arriesgues saliendo de tu zona de confort y te enfrentes a tus propios miedos. Propóntelo como si fuera un reto, haz una pequeña escapada sola, emprende un viaje sin compañía para aprender a estar contigo y conocer gente nueva, sal un día a tomar o a comer sola o quédate sola en casa. Cualquier situación es buena para probar cómo te sientes pasando ratos contigo mismo. ¡Independízate!
¿Pánico a estar sola?
Existen muchos miedos, pero debes estar alerta si tus temores no van más allá de lo normal. Mucha gente siente miedo al fracaso, a no ser aceptado, a hablar en público, etc., y muchos de éstos pueden convertirse en una fobia que es algo más complicado: fobia al compromiso, a las arañas, a las víboras, y una de las situación en particular que asusta y hasta genera pánico es la anuptofobia, el miedo a estar solo.
Por supuesto que este miedo en particular tiene también una explicación, sobre todo para las mujeres que han crecido en sociedades como la nuestra donde desde muy pequeñas con los típicos cuentos se inculca que el ideal de la vida es encontrar al príncipe y casarse con él para poder ser feliz. Entonces quienes están solas sobre todo por un tiempo muy prolongado o llegan a “cierta edad” que según la sociedad ya se debería estar casada, entonces las presiones aumentan y el miedo por su puesto se incrementa; de hecho esta debe ser, quizá, una de las razones por las que muchas mujeres sienten pánico a estar solas.
Sin embargo y pese a todas las presiones sociales esto está cambiando poco a poco, incluso con relación a la edad en la que una ya debería estar casada para no quedarse “a vestir santos”.
Es importante que como mujer tú misma cambies este pensamiento y tener presente que definitivamente es mejor estar sola que mal acompañada. Por tanto si estás sola, es tú momento, tú tiempo.
APRENDE A ESTAR SOLA
Amaya Lacarra, en su artículo ¿No sabes estar sola?, publicado en Cosmopolitan brinda 5 pautas para aprender a estar sola y que te ayudarán a conocerte y apreciarte mejor.
Sé tú mejor amiga. ¿Con quién es la persona que más tiempo vas a pasar en la vida? Contigo. Así que ya es hora de que te convenzas que ser tu mejor amiga, es lo mejor que puedes hacer por ti. Según Mercedes Bermejo la psicóloga consulta para este reportaje, es muy importante “intentar tener un diario o papel donde escribir ciertos asuntos: cómo estás, cómo te sientes, qué necesitas... es una manera de escucharte a ti misma”, dice la psicóloga.
Debes tener un compromiso con la soledad en las buenas y en las malas. “No recurras a la soledad sólo cuando estás triste o enfadada, dedícate ratos de soledad que puedas disfrutar”, aconseja la psicóloga. Y esto es muy cierto, se suele estar sola cuando quieres llorar o algo malo te ha sucedido, cuando en realidad deberías hacerlo también cuando cosas buenas te suceden o cuando quieres reflexionar sobre algo y en lugar de correr para buscar consejos o aprobaciones, podrías consultar contigo misma.
La psicóloga recomienda que te mimes y cumplas tus caprichos.
Convéncete de que vales por ti misma. No hace falta que alguien te diga que eres linda o inteligente. Tampoco es indispensable un grupo de amigos para disfrutar de un buen baile o una buena película. Bermejo, además, enfatiza que “tienes que decirte cosas bonitas al espejo sobre todo cuando estés algo más desanimada, como si estuvieras consolando a tu mejor amiga”.
Potencia siempre lo positivo. Sé lista: tienes que sacar a relucir lo mejor de ti y el primer paso es ser consciente de cuáles son tus mayores cualidades. “Escribe en un papel las cinco cosas que más te gusten sobre ti. Si no te salen, pídele a gente de tu entorno que te las recuerde”, recomienda la psicóloga. ¿Te consideras muy buena consejera? No dejes de ser ese apoyo cuando alguien lo necesite.
¿Sabes que eres el alma de la fiesta? Exprímelo hasta que te quedes sin fuerza. Solo así podrás dar siempre lo mejor de ti misma. Muestra y potencia la mejor versión de ti misma.
Consigue una rutina. ¿Dedicas media hora cada mañana a desayunar?, ¿ocho a trabajar? perfecto, pero no te olvides que requieres también unos minutos cada día para tu tarea más importante: quererte. “Busca todos los días tu momento, donde puedas reflexionar de cómo estás, cómo está tu cuerpo, qué necesitas...”. ¿Quién crees que es mejor que tú misma para escucharte?
CONSEJOS PARA APRENDER A ESTAR SOLO:
El portal enbuenasmanos.com brinda estos consejos:
• Asiste a psicoterapia si tu temor a estar sola es muy intenso y doloroso.
• Atrévete a estar sola, realiza actividades como: emprender un viaje corto, irte a vivir sola, salir a comer sola, ir al cine o quedarte en casa, etc.
• Quédate un momento totalmente quieta sin hacer otra cosa que pensar, haciendo una introspección, autoconocimiento y autoexploración.
• Baja el ritmo de tus actividades cotidianas para estar más tiempo contigo misma.
No es fácil pero si lo intentas poco a poco lograras aprender. Qué mejor compañía que estar con la persona más importante de tu vida, aquella con la que pasas cada momento, cada instante y cada experiencia que te toca vivir. Te sorprenderá lo bien que te sentirás al aprender a estar sola.
Hablemos de envidia
Ese personaje ficticio que se pone verde de envidia, refleja cómo vivimos varias mujeres. Y es que Zelena, La Bruja Mala del Oeste, representa a más de una fémina y está presente en muchos ámbitos de nuestras vidas…más allá de la lejana tierra de Oz.
No es necesario que una mujer tenga la piel verde, siempre lleve consigo una escoba y le encanten los sombreros. Las personas que lanzan dardos venenosos de envidia pueden ser reconocidas por cómo miran a una, por cómo se incomodan ante ciertas presencias, por sus comentarios punzantes y en peores casos, por cómo accionan para hacer daño.
En estas páginas, te invitamos a auto examinarte. Es hora de que hagamos las paces entre mujeres y mantener la envidia, este sentimiento que lo han bautizado como característico del género femenino, ¡a raya!
¿Qué es la envidia?
Cristina Rubín de Celis E., psicóloga de Psicoconsulting y docente de la Universidad Mayor de San Simón, explica a M de Mujer que desde muchos puntos de vista a nivel mundial y desde épocas antiguas, la envidia es considerada como un sentimiento negativo que conlleva impulsos agresivos destructivos y autodestructivos al establecer comparaciones de posesiones con los otros, todo ello muestra las carencias emocionales. “La envidia daña la capacidad de gozar o disfrutar la vida”, agrega.
¿Y cuáles son las consecuencias de sentir frecuentemente envidia? Rubín de Celis explica que este sentimiento deriva en rabia, frustración, amargura, energía negativa e impulsividad agresiva. “Sentirla en gran magnitud genera psicosomatizaciones y conductas delincuenciales”, especifica.
La especialista aclara que comúnmente se habla de la envidia “buena” y envidia “mala”. La envidia “buena” es la que genera sentimientos de autocomparación y autocompasión que muchas veces puede llegar a ser un motivante de progreso.
Pero, en realidad solo existe una que es la patológica que es la envidia “mala”. Rubín de Celis especifica que es la que genera sentimientos negativos autodestructivos y autosaboteadores, que incluso toman forma en verbalizaciones, maneras de comunicarse física y verbalmente, destruye amistades y causa limitaciones a grupos sociales. “Estos se convierten en crónicos cuando ocasionan daño a personas de su alrededor (hurtos) y cuando se convierte en una forma de vida el buscar obsesivamente comparaciones. El envidioso moderado siente desprecio por sí mismo. Sin embargo, el envidioso patológico desprecia a los demás”, añade.
¿Cosa de mujeres?
Las mujeres tenemos fama de ser el género envidioso por excelencia, ¿hasta qué punto es esto cierto? La psicóloga afirma que la mayoría sí son envidiosas. “Es ´normal`, ya que nosotras las mujeres tendemos a compararnos por competencia, ya sea de belleza, aceptación o aprobación”.
Aclara que, en realidad, en cada persona, la intensidad de la envidia estará presente en proporción a sus sensaciones reprimidas de la insignificancia e impotencia cuando se fue niño. A continuación, te presentamos un manual práctico para que identifiques si eres una mujer que sufre problemas de envidia.
¿CÓMO RECONOZCO SI TENGO PROBLEMAS DE ENVIDIA?
Rubín de Celis explica que la mujer envidiosa frecuentemente piensa que lo que la otra tiene es mejor, aunque muchas veces no sea algo digno de ser envidiable, pero, solo ve el objeto de su deseo y que puede ser cualquier cosa, desde las más comunes: belleza, bienes (ropa, accesorios, zapatos), dinero, inteligencia, dotes artísticas, gracia al hablar, capacidad para hacer amistades, la pareja que tiene, etc. “La envidiosa tiene conciencia de sus carencias emocionales que están ligadas estrechamente a su baja autoestima. ´Dime qué envidias y te diré de qué careces`”, resalta. La experta indica que la persona con envidia suele utilizar una curiosa “racionalización” para mantener su estado de envidia: argumenta que en su vida ha tenido “mala suerte” y que la envidiada, por el contrario, ha sido beneficiada por la “buena suerte”. Por ejemplo, suele tener este pensamiento: “ella tiene todo porque sus papás son ricos, en cambio yo no, porque trabajo para tener lo que tengo. A mí nadie me ayuda, a ella todos. Ese chico está con ella por su dinero, si yo tuviera dinero como ella, él estaría conmigo”.
La envidiosa es (según el perfil psicológico del envidioso):
• Insegura al no saber por qué otras tienen lo que ella no tiene. Tiende a decir frases hirientes para hacer daño, para bajar el autoestima a la otra persona.
• Suele hablar mal de la persona a la que envidia.
• Tiene complejo de culpa e inferioridad (que se expresa como complejo de superioridad “yo soy mejor…por qué ella y no yo que soy mejor”).
• Propensa a padecer estrés, ansiedad, rabia, llantos, debido a su idea competitiva de la vida y no lograr sus objetivos a tiempo (alcanzar lo que la otra tiene).
• Su discurso es repetitivo y compulsivo respecto de lo que envidia y de con quién compite. La insatisfacción, la frustración y la rabia, la dominan y hacen que su vida le resulte poco grata.
• Tiene miedo perder lo que ha alcanzado haciéndola “celosa” de sus pertenencias (pareja, bienes, trabajo, posición social)
• Ese miedo también la limita a hacer amistades.
• Pensamientos de robo.
• Es una persona rencorosa, susceptible, sarcástica e hiriente.
• Cuando alguien le dice envidiosa, da explicaciones del porqué no lo es (negación), cuando en realidad demuestra que sí siente envidia.
¿QUÉ PUEDO HACER AL RESPECTO?
Una vez que se realiza un análisis introspectivo de estas conductas, reconocer conscientemente y aceptar que nos están afectando, lo mejor es acudir a un especialista para tratar a tiempo estas conductas y que este comportamiento no se convierta en un comportamiento familiar, ya que se ha visto en estudios que la envidia se transmite de generación en generación, aconseja Rubín de Celis.
Al acudir a un especialista, se debe reflexionar sobre la razón por la cual no hemos alcanzado ese deseo que envidiamos en particular y por último, identificar los recursos que necesitamos para obtenerlo. Ser empáticas y enfocarnos en nuestro éxito personal. También es importante hacer un análisis F.O.D.A (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas); respecto de las amenazas que nos impulsen a este sentimiento negativo, podría ser el rodearnos de personas que solo presumen, si es así, lo mejor es alejarnos, ya que ellos también tienen un problema de autoestima. La psicóloga también recomienda mejorar nuestra autoconfianza, ser solidarias con los que necesitan y ser positivas.
CUANDO UNA ES EL BLANCO DE LA ENVIDIA DE OTRAS
La especialista señala que la mujer que es constantemente blanco de envidia generalmente lo es por sus atributos destacables y logros excepcionales. Estos son demostrables por manifestaciones de “alardeos”, lo que publicamos en redes sociales mostrando lo felices que somos, las posesiones, viajes y lo que tenemos. “La mejor manera de reaccionar a comentarios ofensivos o poco gratos es agradecer y tomar una postura asertiva, ponerse en el lugar del otro y agradecer su comentario, su gentileza de manera diplomática”, resalta Rubín de Celis.
ALGUNOS ESTUDIOS
• Un estudio del catedrático del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, Antonio Cabrales, publicada en “SERIEs”, la revista de la Asociación Española de Economía, ha tratado de descubrir el origen evolutivo de la envidia y probar de forma teórica los posibles efectos de la misma en las empresas.
La investigación plantea la envidia como resultado de una competición por unos recursos limitados. Lo que se demuestra en el artículo es que hay poderosas razones evolutivas para que seamos envidiosos y, por tanto, “que la llevamos codificada en los genes”, afirma el profesor Cabrales.
Según esta hipótesis, la envidia puede tener su origen en el hecho de que los recursos que se obtienen en el trabajo, por ejemplo, se utilicen después en algún tipo de conflicto interpersonal, como a la hora de obtener la mejor pareja o la dominancia en el rebaño. En estos casos, es importante haber acumulado más recursos que el contrario, de manera que la victoria no solo dependería de tener mucho, sino de tener más que otra persona.
Una de las conclusiones que se extraen del estudio es que hay muchos fenómenos del mercado de trabajo que son más fáciles de entender una vez que se tiene en cuenta la envidia. Por ejemplo, debido a las promociones internas o los abanicos salariales, los trabajadores están más comprimidos en las empresas de lo que se esperaría si simplemente se considerara la productividad de los individuos.
• Un estudio publicado en la revista “Basic and Applied Social Psychology” concluye que el sentimiento de la envidia, aunque puede manifestarse en cualquier momento, tiene una relación con la edad, de forma que es más frecuente en los más jóvenes, especialmente en los menores de 30 años.
Con la edad, la envidia se va a atenuando. Eso sí, no en todas las áreas: si bien se envidian menos el éxito académico, social o el aspecto físico, se tiende a envidiar más el dinero.
Además, encontraron que la envidia no depende del sexo: los hombres y las mujeres son igual de envidiosos ante los éxitos de los demás.
Las investigadoras han llegado a tal conclusión en el transcurso de un estudio del que participaron 900 personas de entre 18 y 80 años. Se les preguntó si habían tenido envidia de alguien y si la siguen teniendo actualmente.
Con datos de Muy Interesante y Qué!
jueves, 23 de marzo de 2017
El llanto expresa una emoción auténtica
Quién no ha llorado algunas vez ante la pérdida de un ser querido, ante un amor no correspondido, de impotencia, por ira o por la razón que fuera. El llanto se constituye en una emoción auténtica que se expresa a través de las lágrimas, algunas veces incontrolables y otras veces reprimidas.
Lo cierto es que esta emoción, en muchas ocasiones, es permitida a las mujeres y no así a los varones, porque se piensa erradamente que es un signo de debilidad y no así de un estado de ánimo. A los varones desde niños se les enseña a reprimir esta emoción con la conocida frase que repiten las mamás: “No llores porque eres hombrecito”.
Al respecto, Femenina conversó con las psicólogas Marcela Montaño y Paola Miranda, quienes explicaron cuándo el llanto es positivo y cuándo no, por qué razones lo hacen los niños, qué sucede a medida que se va desarrollando el ser humano y por qué se reduce la frecuencia del mismo en la vida adulta.
“Hay que entender que el llanto es una forma de comunicación, en particular, cuando es de bebés o niños pequeños. Ellos lloran porque tienen hambre, frío, miedo, dolor o están mojados, esto debido a la ausencia del lenguaje oral. El llanto les permite reclamar la atención necesaria para sus cuidados”, asegura Marcela Montaño.
A medida que el niño va creciendo, a sus 3 ó 4 años de edad lo hace por dolor o por miedo, pero las madres afortunadamente tienen un sexto sentido que les ayuda a reconocer los diferentes tipos de llanto, que no son por un berrinche para satisfacer un capricho, sino por otra razón de fondo..
“Si desde pequeños se les enseña a mal interpretar las emociones cuando sentimos rabia lloramos e incluso golpeamos, en muchas ocasiones los papás no se dan cuenta que las emociones auténticas deben ser expresadas y no reprimidas cuando se le dice al niño no llores por una tontería cuando lo que ellos necesitan es consuelo y que nos expliquen el motivo de su llanto”, explica Montaño.
Para Paola Miranda el llanto es negativo cuando los niños pequeños recurren a éste para conseguir lo que quieren. Primero comienzan poco a poco y suben el tono de su llanto para conseguir algo que desean y más aun si ven que los padres ceden ante esta estrategia. Entonces sabrán que si lloran sin parar podrán conseguir lo que desean.
Por ejemplo: cuando un niño durante el almuerzo en un restaurante pide un caramelo y los padres le indican que le darán una vez que termine de comer, el pequeño comienza a llorar tan fuerte que llama la atención de todos a su alrededor, entonces para calmarlo los padres ceden para no escuchar comentarios negativos. En cambio si esto sucede en el hogar, el padre le puede indicar con voz firme que luego del almuerzo tendrá el dulce deseado y que no tiene por qué llorar. Si continúa el llanto, la psicóloga Miranda recomienda dejarlo llorar hasta que se calme poco a poco y así se le demostrará que con el llanto no podrá conseguir nada.
RAZONES
El ser humano tiene la capacidad de llorar desde que nace hasta que muere, pero a lo largo de su desarrollo socioemocional, el mecanismo del llanto modula su función evolutiva de supervivencia en función a la capacidad de independencia que va ganando. Por esta razón, es menos frecuente que un adulto llore por hambre o frío.
Pero lo que está claro es que el llanto no es solo un efecto biológico, sino un mecanismo complejo que incluye factores: fisiológico, psicológico y social, que comienza en la niñez y termina en la edad adulta.
“Sucede que en nuestra sociedad está permitido llorar a la mujer y se reprime al varón de expresar esta emoción y crece con ello hasta la edad adulta. En el caso de la mujer incluso se la consuela, pero en el varón no ocurre lo mismo. Y los problemas surgen en la adolescencia cuando el joven desea exteriorizar esos sentimientos de rabia y tristeza que muy pocas veces logran y se transforma en agresiones físicas”, enfatiza Miranda.
Una de las funciones que cumplen las lágrimas es el mantenimiento de una buena salud ocular, porque los ojos se lubrican, el llanto los limpia y protege de agentes externos y está asociado a estímulos de carácter emocional que pueden ser de alegría y no necesariamente de tristeza.
Lo cierto es que esta emoción, en muchas ocasiones, es permitida a las mujeres y no así a los varones, porque se piensa erradamente que es un signo de debilidad y no así de un estado de ánimo. A los varones desde niños se les enseña a reprimir esta emoción con la conocida frase que repiten las mamás: “No llores porque eres hombrecito”.
Al respecto, Femenina conversó con las psicólogas Marcela Montaño y Paola Miranda, quienes explicaron cuándo el llanto es positivo y cuándo no, por qué razones lo hacen los niños, qué sucede a medida que se va desarrollando el ser humano y por qué se reduce la frecuencia del mismo en la vida adulta.
“Hay que entender que el llanto es una forma de comunicación, en particular, cuando es de bebés o niños pequeños. Ellos lloran porque tienen hambre, frío, miedo, dolor o están mojados, esto debido a la ausencia del lenguaje oral. El llanto les permite reclamar la atención necesaria para sus cuidados”, asegura Marcela Montaño.
A medida que el niño va creciendo, a sus 3 ó 4 años de edad lo hace por dolor o por miedo, pero las madres afortunadamente tienen un sexto sentido que les ayuda a reconocer los diferentes tipos de llanto, que no son por un berrinche para satisfacer un capricho, sino por otra razón de fondo..
“Si desde pequeños se les enseña a mal interpretar las emociones cuando sentimos rabia lloramos e incluso golpeamos, en muchas ocasiones los papás no se dan cuenta que las emociones auténticas deben ser expresadas y no reprimidas cuando se le dice al niño no llores por una tontería cuando lo que ellos necesitan es consuelo y que nos expliquen el motivo de su llanto”, explica Montaño.
Para Paola Miranda el llanto es negativo cuando los niños pequeños recurren a éste para conseguir lo que quieren. Primero comienzan poco a poco y suben el tono de su llanto para conseguir algo que desean y más aun si ven que los padres ceden ante esta estrategia. Entonces sabrán que si lloran sin parar podrán conseguir lo que desean.
Por ejemplo: cuando un niño durante el almuerzo en un restaurante pide un caramelo y los padres le indican que le darán una vez que termine de comer, el pequeño comienza a llorar tan fuerte que llama la atención de todos a su alrededor, entonces para calmarlo los padres ceden para no escuchar comentarios negativos. En cambio si esto sucede en el hogar, el padre le puede indicar con voz firme que luego del almuerzo tendrá el dulce deseado y que no tiene por qué llorar. Si continúa el llanto, la psicóloga Miranda recomienda dejarlo llorar hasta que se calme poco a poco y así se le demostrará que con el llanto no podrá conseguir nada.
RAZONES
El ser humano tiene la capacidad de llorar desde que nace hasta que muere, pero a lo largo de su desarrollo socioemocional, el mecanismo del llanto modula su función evolutiva de supervivencia en función a la capacidad de independencia que va ganando. Por esta razón, es menos frecuente que un adulto llore por hambre o frío.
Pero lo que está claro es que el llanto no es solo un efecto biológico, sino un mecanismo complejo que incluye factores: fisiológico, psicológico y social, que comienza en la niñez y termina en la edad adulta.
“Sucede que en nuestra sociedad está permitido llorar a la mujer y se reprime al varón de expresar esta emoción y crece con ello hasta la edad adulta. En el caso de la mujer incluso se la consuela, pero en el varón no ocurre lo mismo. Y los problemas surgen en la adolescencia cuando el joven desea exteriorizar esos sentimientos de rabia y tristeza que muy pocas veces logran y se transforma en agresiones físicas”, enfatiza Miranda.
Una de las funciones que cumplen las lágrimas es el mantenimiento de una buena salud ocular, porque los ojos se lubrican, el llanto los limpia y protege de agentes externos y está asociado a estímulos de carácter emocional que pueden ser de alegría y no necesariamente de tristeza.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Tips para vencer la timidez
Para muchas personas la timidez es un problema que les impide relacionarse adecuadamente con su entorno o les dificulta hacer nuevas relaciones. A continuación, unos consejos para encarar la situación:
1. Reconoce que eres tímido
Si lo que preocupa es la timidez, lo mejor es admitirla. Existen más tímidos de lo se cree, y afirmarlo abiertamente puede hacer que otras personas conecten y empaticen contigo.
2. Haz un cumplido
Una buena forma de romper el hielo es hacer un cumplido para iniciar una conversación, siempre que este sea creíble. Por tanto, si se acaba de conocer a esa persona es mejor hacer un comentario centrado en su aspecto, como por ejemplo decir que nos gusta su reloj o cualquier otro complemento.
3. Usar preguntas clásicas.
Hay preguntas clásicas que nunca mueren, y si no se sabe qué decir, se las puede usar.Algunas simples y sencillas son ¿de dónde eres? ¿a qué te dedicas? Esto permite que la persona cuente algo de sí mismo.
4. Sonríe y haz contacto visual.
Es importante sonreír y establecer contacto visual para dar sensación de apertura. Además, otro punto importante es practicar lo que se llama escucha activa que consiste en mantener contacto visual con el otro.
1. Reconoce que eres tímido
Si lo que preocupa es la timidez, lo mejor es admitirla. Existen más tímidos de lo se cree, y afirmarlo abiertamente puede hacer que otras personas conecten y empaticen contigo.
2. Haz un cumplido
Una buena forma de romper el hielo es hacer un cumplido para iniciar una conversación, siempre que este sea creíble. Por tanto, si se acaba de conocer a esa persona es mejor hacer un comentario centrado en su aspecto, como por ejemplo decir que nos gusta su reloj o cualquier otro complemento.
3. Usar preguntas clásicas.
Hay preguntas clásicas que nunca mueren, y si no se sabe qué decir, se las puede usar.Algunas simples y sencillas son ¿de dónde eres? ¿a qué te dedicas? Esto permite que la persona cuente algo de sí mismo.
4. Sonríe y haz contacto visual.
Es importante sonreír y establecer contacto visual para dar sensación de apertura. Además, otro punto importante es practicar lo que se llama escucha activa que consiste en mantener contacto visual con el otro.
Lecturas sutiles El que más bebe es el amo absoluto
Paradójicamente, Karl Abraham había señalado la estrecha relación existente entre la proeza del beber y las hazañas realizadas en el ámbito de lo sexual. Según el razonamiento planteado, quien más toma, en un grupo de hombres, es el más potente. Mientras tanto, el que no bebe es considerado débil y, por lo tanto, impotente.
Abraham llega a enunciar que “el que más bebe es el amo absoluto”. Y el amo es el más potente.
Cierta intervención del filósofo Giles Deleuze, acerca del hábito de beber, permite ajustar la precisión. La proeza de beber implica, además, no
desplomarse.
Durante una rica exposición acerca de la bebida, Deleuze hace referencia a su propio beber y reflexiona acerca del alcoholismo en general. Se la encuentra en un largo reportaje filmado, que recibió el nombre de “Abecedario”.
Allí señala que beber es una cuestión de cantidad. Y vincula dicha cantidad con la adhesión a determinada bebida. En la adopción de una bebida se oculta un cómputo. El beber siempre la misma bebida provee un marco a la ingesta, que permite calcular una cantidad.
Deleuze continúa su razonamiento. Afirma que el alcohólico, tal como lo concibe, a lo que quiere llegar es al último vaso. Beber es hacer todo lo posible para acceder al último vaso. Así postulado, este último vaso hace excepción y ordena una serie.
Explica que no es el primero, ni el segundo el que interesa. Es el último. Aquí la cantidad se presenta bajo la forma de la evaluación; lo evaluado es lo que se puede soportar sin derrumbarse.
¿Cuál es la idea que subyace a este modo de beber? Seguir bebiendo. Ese último vaso es un más allá del borde. Es donde no se aguanta más bebida. Beber ese último vaso es lo que escapa al poder de bebedor. Superado ese límite hay un desplomarse y hay que abandonar el beber. Quizá hospitalizarse.
Entonces, conociendo el último vaso, se trata de llegar al anterior, al penúltimo, para poder recomenzar al día siguiente. Mantenerse erguido y continuar bebiendo mañana.
El beber que reflexiona Deleuze guarda relación con la potencia. Se trata de una práctica de exceso, pero de un exceso medido, con cierta ilusión de control. Es un beber que no debería escapar al poder de quien bebe, ni a la potencia que se traduce en la erección del cuerpo. Eso siempre que el cálculo no falle.
Pero la proeza del bebedor, para completarse, necesita de la mirada. Lo que se muestra es un cuerpo en erección. Es una ofrenda a la mirada, representada en los otros bebedores. También en una oscura instancia, que se traduce en la autoevaluación.
Este modo de ingesta, si bien excesivo, es todavía regulado. Diversos elementos ordenan el límite, como son el cálculo y el ideal de hombría aludido en la potencia. La referencia al falo también está presente en la erección del cuerpo.
En la hazaña del beber hay riesgo calculado, sostenido en un trueque: el encuentro con el otro sexo, si bien aludido, es puesto en el horizonte, permutado por la ingesta. En esta paradójica potencia se trata de hacer semblante de ser el falo, no de tenerlo. Mucho menos de instrumentalizarlo.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook: LECTURAS SUTILES
Abraham llega a enunciar que “el que más bebe es el amo absoluto”. Y el amo es el más potente.
Cierta intervención del filósofo Giles Deleuze, acerca del hábito de beber, permite ajustar la precisión. La proeza de beber implica, además, no
desplomarse.
Durante una rica exposición acerca de la bebida, Deleuze hace referencia a su propio beber y reflexiona acerca del alcoholismo en general. Se la encuentra en un largo reportaje filmado, que recibió el nombre de “Abecedario”.
Allí señala que beber es una cuestión de cantidad. Y vincula dicha cantidad con la adhesión a determinada bebida. En la adopción de una bebida se oculta un cómputo. El beber siempre la misma bebida provee un marco a la ingesta, que permite calcular una cantidad.
Deleuze continúa su razonamiento. Afirma que el alcohólico, tal como lo concibe, a lo que quiere llegar es al último vaso. Beber es hacer todo lo posible para acceder al último vaso. Así postulado, este último vaso hace excepción y ordena una serie.
Explica que no es el primero, ni el segundo el que interesa. Es el último. Aquí la cantidad se presenta bajo la forma de la evaluación; lo evaluado es lo que se puede soportar sin derrumbarse.
¿Cuál es la idea que subyace a este modo de beber? Seguir bebiendo. Ese último vaso es un más allá del borde. Es donde no se aguanta más bebida. Beber ese último vaso es lo que escapa al poder de bebedor. Superado ese límite hay un desplomarse y hay que abandonar el beber. Quizá hospitalizarse.
Entonces, conociendo el último vaso, se trata de llegar al anterior, al penúltimo, para poder recomenzar al día siguiente. Mantenerse erguido y continuar bebiendo mañana.
El beber que reflexiona Deleuze guarda relación con la potencia. Se trata de una práctica de exceso, pero de un exceso medido, con cierta ilusión de control. Es un beber que no debería escapar al poder de quien bebe, ni a la potencia que se traduce en la erección del cuerpo. Eso siempre que el cálculo no falle.
Pero la proeza del bebedor, para completarse, necesita de la mirada. Lo que se muestra es un cuerpo en erección. Es una ofrenda a la mirada, representada en los otros bebedores. También en una oscura instancia, que se traduce en la autoevaluación.
Este modo de ingesta, si bien excesivo, es todavía regulado. Diversos elementos ordenan el límite, como son el cálculo y el ideal de hombría aludido en la potencia. La referencia al falo también está presente en la erección del cuerpo.
En la hazaña del beber hay riesgo calculado, sostenido en un trueque: el encuentro con el otro sexo, si bien aludido, es puesto en el horizonte, permutado por la ingesta. En esta paradójica potencia se trata de hacer semblante de ser el falo, no de tenerlo. Mucho menos de instrumentalizarlo.
NOTA: Para cualquier consulta o comentario sobre la columna, contactarse con Claudia Méndez Del Carpio al correo claudiamen@hotmail.com Visítanos en Facebook: LECTURAS SUTILES
Primeros auxilios psicológicos ¿sabe cómo darlos?
ESTRATEGIAS DE APOYO
La intervención psicológica durante emergencias brinda una serie de recursos para afrontar situaciones de crisis.
Los primeros auxilios psicológicos tienen como objetivo reducir la angustia emocional que producen los eventos traumáticos. Apoyar a los seres humanos para que se reencuentren con su capacidad para afrontar los hechos.
Prestar un soporte inicial para que la experiencia no se torne devastadora. Para prestar los primeros auxilios psicológicos a alguien que los necesita debes conocer los cinco principios pilares en los que se basan. Obviamente este tipo de intervenciones solo deben hacerse si no hay un profesional competente a mano. Pero, en cualquier caso, son válidos para poner un límite a los efectos traumáticos en el afectado.
Cinco SON LOS principios:
Permitir la libre expresión.
No intentemos centrar su discurso en lo que ha sucedido, dejar que se exprese del modo que quiera. No se trata de una conversación, ni siquiera es imprescindible que comprendas su discurso. Lo que el afectado necesita la mayoría de las veces es sentir que estás cerca.
La escucha responsable.
El afectado no necesita consejos, ni mucho menos sermones.
Si no eres un profesional de la salud mental, lo mejor es limitarte a escuchar y a intervenir solamente estimulando que el otro se exprese. No es el momento de mostrarse directivo, solo de acompañar.
Transmitir aceptación.
Debes estar listo a aceptar todo lo que el afectado quiera decir. Puede ser que incluso haga afirmaciones descabelladas o que exprese sentimientos que no corresponden con la situación. Dile que no está loco por no sentir miedo cuando ha ocurrido una catástrofe o tristeza cuando ha perdido un ser querido.
Propiciar confianza y empatía. Hazle saber al afectado que puede contar contigo, que estás ahí para apoyarlo y ayudarlo. Sobre todo, que tu intención no es juzgarlo, o juzgar los hechos, sino darle soporte.
Proporcionar información.
Es importante que te pongas a su disposición para conseguir toda la información que en ese momento necesite. Ya sea revisar listas de heridos o su propio parte médico.
Hasta que llegue un profesional es mejor que seas tú y solo tú, o la persona que esté prestando los primeros auxilios, el que haga de canal de comunicación entre la persona y el mundo.
El protocolo de los primeros
auxilios psicológicos. Así como hay unos pasos definidos para prestar primeros auxilios físicos, también existen esas rutas a seguir en el caso de una emergencia
psicológica.
Los pasos que se deben llevar a cabo no han sido establecidos de manera arbitraria. Son el resultado de la experiencia de profesionales que han dedicado sus esfuerzos a estudiar los efectos de diferentes tipos de intervención en situaciones de emergencia.
El protocolo a seguir es el que te presentamos a continuación:
Establecer contacto y acercamiento. Incluye presentarte (si no conoces al afectado), decir por qué estás ahí, invitar a la persona a sentarse y garantizar que haya cierta privacidad.
Ofrecer seguridad y alivio. Primero que todo, debes ofrecer seguridad física. Esto es, verificar que la persona está fuera del alcance de la amenaza. Enseguida, debes informar de qué es lo que vas a hacer. Después, asegurarte de que la persona se sienta cómoda y que no presente una alteración física que requiera atención, o brindársela de algún modo, si la requiere.
Estabilizar. Nuestro objetivo va a ser que la víctima no cierre todas las vías de comunicación y deje un canal abierto, por pequeño que sea. Si la persona está muy agitada, pídele que te mire y te escuche. Muéstrale la ruta de ayuda que vas a seguir. Alienta a la persona para que haga ejercicios de respiración hasta que consiga un poco de calma.
Recopilar información. Se trata de preguntarle al afectado cómo se siente, qué quiere y qué necesita. Dale tiempo si no quiere hablar. No lo presiones. Simplemente hazle saber que estás a su disposición. Indaga sobre su condición médica, piensa que muchos afectados en estado de sock no solo han desconectado del exterior, sino que también son incapaces de sentir el dolor que en otras condiciones, con los mismos daños físicos, sentirían. También es frecuente que, al ver un despliegue tan enorme y ser conscientes de la demanda que existe de ayuda médica, no se atrevan a solicitarla por iniciativa propia.
Ofrecer asistencia práctica. Con base en la información recopilada, diseña un plan de acción básico y actúa. Esa acción básicamente contactar con los servicios a los que debe acudir el afectado, tomar nota de sus necesidades y responder a las que sea posible.
Los primeros auxilios psicológicos contribuyen a que una situación de crisis no tenga efectos más graves de los que ya ha producido. Tu principal tarea, sin duda, es lograr que la persona afectada consiga la asistencia de un profesional. Tu labor se limita a un “mientras tanto” y así debe ser ejecutada y comprendida. La clave está en servir de enlace.
La intervención psicológica durante emergencias brinda una serie de recursos para afrontar situaciones de crisis.
Los primeros auxilios psicológicos tienen como objetivo reducir la angustia emocional que producen los eventos traumáticos. Apoyar a los seres humanos para que se reencuentren con su capacidad para afrontar los hechos.
Prestar un soporte inicial para que la experiencia no se torne devastadora. Para prestar los primeros auxilios psicológicos a alguien que los necesita debes conocer los cinco principios pilares en los que se basan. Obviamente este tipo de intervenciones solo deben hacerse si no hay un profesional competente a mano. Pero, en cualquier caso, son válidos para poner un límite a los efectos traumáticos en el afectado.
Cinco SON LOS principios:
Permitir la libre expresión.
No intentemos centrar su discurso en lo que ha sucedido, dejar que se exprese del modo que quiera. No se trata de una conversación, ni siquiera es imprescindible que comprendas su discurso. Lo que el afectado necesita la mayoría de las veces es sentir que estás cerca.
La escucha responsable.
El afectado no necesita consejos, ni mucho menos sermones.
Si no eres un profesional de la salud mental, lo mejor es limitarte a escuchar y a intervenir solamente estimulando que el otro se exprese. No es el momento de mostrarse directivo, solo de acompañar.
Transmitir aceptación.
Debes estar listo a aceptar todo lo que el afectado quiera decir. Puede ser que incluso haga afirmaciones descabelladas o que exprese sentimientos que no corresponden con la situación. Dile que no está loco por no sentir miedo cuando ha ocurrido una catástrofe o tristeza cuando ha perdido un ser querido.
Propiciar confianza y empatía. Hazle saber al afectado que puede contar contigo, que estás ahí para apoyarlo y ayudarlo. Sobre todo, que tu intención no es juzgarlo, o juzgar los hechos, sino darle soporte.
Proporcionar información.
Es importante que te pongas a su disposición para conseguir toda la información que en ese momento necesite. Ya sea revisar listas de heridos o su propio parte médico.
Hasta que llegue un profesional es mejor que seas tú y solo tú, o la persona que esté prestando los primeros auxilios, el que haga de canal de comunicación entre la persona y el mundo.
El protocolo de los primeros
auxilios psicológicos. Así como hay unos pasos definidos para prestar primeros auxilios físicos, también existen esas rutas a seguir en el caso de una emergencia
psicológica.
Los pasos que se deben llevar a cabo no han sido establecidos de manera arbitraria. Son el resultado de la experiencia de profesionales que han dedicado sus esfuerzos a estudiar los efectos de diferentes tipos de intervención en situaciones de emergencia.
El protocolo a seguir es el que te presentamos a continuación:
Establecer contacto y acercamiento. Incluye presentarte (si no conoces al afectado), decir por qué estás ahí, invitar a la persona a sentarse y garantizar que haya cierta privacidad.
Ofrecer seguridad y alivio. Primero que todo, debes ofrecer seguridad física. Esto es, verificar que la persona está fuera del alcance de la amenaza. Enseguida, debes informar de qué es lo que vas a hacer. Después, asegurarte de que la persona se sienta cómoda y que no presente una alteración física que requiera atención, o brindársela de algún modo, si la requiere.
Estabilizar. Nuestro objetivo va a ser que la víctima no cierre todas las vías de comunicación y deje un canal abierto, por pequeño que sea. Si la persona está muy agitada, pídele que te mire y te escuche. Muéstrale la ruta de ayuda que vas a seguir. Alienta a la persona para que haga ejercicios de respiración hasta que consiga un poco de calma.
Recopilar información. Se trata de preguntarle al afectado cómo se siente, qué quiere y qué necesita. Dale tiempo si no quiere hablar. No lo presiones. Simplemente hazle saber que estás a su disposición. Indaga sobre su condición médica, piensa que muchos afectados en estado de sock no solo han desconectado del exterior, sino que también son incapaces de sentir el dolor que en otras condiciones, con los mismos daños físicos, sentirían. También es frecuente que, al ver un despliegue tan enorme y ser conscientes de la demanda que existe de ayuda médica, no se atrevan a solicitarla por iniciativa propia.
Ofrecer asistencia práctica. Con base en la información recopilada, diseña un plan de acción básico y actúa. Esa acción básicamente contactar con los servicios a los que debe acudir el afectado, tomar nota de sus necesidades y responder a las que sea posible.
Los primeros auxilios psicológicos contribuyen a que una situación de crisis no tenga efectos más graves de los que ya ha producido. Tu principal tarea, sin duda, es lograr que la persona afectada consiga la asistencia de un profesional. Tu labor se limita a un “mientras tanto” y así debe ser ejecutada y comprendida. La clave está en servir de enlace.
martes, 21 de marzo de 2017
Cinco claves que alertan cuándo has cruzado la línea roja con el alcohol
l consumo de alcohol produce 3,3 millones de muertes al año en el mundo y es un factor que causa más de 200 enfermedades, incluidos algunos tipos de cáncer según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). A pesar de esto, no es ningún secreto que todos somos algo más indulgentes de lo normal con esta sustancia psicoactiva y nos resulta de lo más natural “premiarnos” tras una larga jornada laboral con una cervecita cual flamante trofeo. Pero cuando esas cervezas, esas borracheras en reuniones sociales o esos chupitos al término de una comilona de domingo comienzan a hacerse cada vez más frecuentes, más de uno se pregunta: ¿cómo sé si tengo un problema con el alcohol?
Javier Porto Janeiro es coordinador terapéutico del centro de desintoxicación Cc Adicciones (España) y explica: “el alcoholismo o dependencia del alcohol es un trastorno de tipo mental que se produce en sujetos con una predisposición a sufrirlo y que están en contacto con la bebida. Se podría decir que la persona predispone y el ambiente dispone”. Entonces, a mismo ambiente y contacto con la bebida, ¿cómo es posible que haya personas que acaben padeciendo alcoholismo y otras, en cambio, se consigan librar? Porto Janeiro nos cuenta que la explicación a la dependencia es “multifactorial” y entran en juego distintas variables: las sustancias que el sujeto consume, el estilo de vida, entorno, historia de vida y también factores como la personalidad, dificultades médicas, educación y genética.
De hecho, un estudio publicado hace pocos meses en la revista PLOS Genetics ha revelado que la predisposición al alcoholismo está relacionada con más de 900 genes. Lo cual probaría que lo que los investigadores denominan "preferencia por el alcohol" algunos la traen de serie y es un asunto más complejo del que parece. "Es un rasgo que depende de tantos genes que probablemente tira por tierra la idea de que el alcoholismo se cura con una simple pastilla", han declarado los expertos de la Universidad de Indiana (EE UU).
"Al alcoholismo, como a cualquier otra adicción, se entra muy despacio desde infinitas variables y desde mucho antes que la primera consumición”, dice Santiago Rotaeche, director terapéutico del Centro de Tratamiento de Adicciones CENTRA. En su opinión quizás la diferencia la marca “la habilidad para tomar consciencia, aceptar y reaccionar ante las dificultades de la vida”.
El hecho de que el consumo de alcohol pase de moderado (o “bajo control”) a dependiente “estriba en una serie de factores que afectan a la persona en un periodo de tiempo que pude variar en función de sus condicionantes vitales; este tiempo se conoce como silencio clínico. Es el periodo de gestación de la enfermedad”, relata Porto Janeiro. Teniendo en cuenta que hay un sinfín de botones que pueden activar esta enfermedad y que a cada uno nos afecta de distinta manera, vale la pena entonces prestar atención a las señales de alerta, que nos van a responder la pregunta antes formulada.
Si antes te mareabas con una copa, ahora necesitas cinco
“En la mayoría de los casos se va observando que el consumo va aumentando en dosis y va apareciendo tolerancia física a la sustancia” relata Javier Porto. Es decir, se empiezan a tener las mismas reacciones físicas con cinco copas que antes aparecían con apenas una.
Incluyes el beber entre tus rutinas diarias
Además de este deseo es muy común que “se emplee demasiado tiempo en estar consumiendo o buscando la sustancia”, cuenta Javier Porto. Se pierde el control sobre la sustancia y los consumos se dejan de espaciar para pasar a ser cada vez más “frecuentes e intensos” añade el especialista. Ahí es posible que se manifieste otro síntoma que apunta Santiago Rotaeche y es “que tú mismo lo sospeches”.
Discutes más con tu familia
Otra señal de alerta es cuando el alcohol empieza a afectar el rendimiento laboral e inevitablemente también acaba afectando al entorno familiar y social. Concretamente, se presentan “problemas graves tales como agresividad, violencia, descuidos familiares, abandono de responsabilidades, etc…”, describe Javier Porto.
Cuando no bebes, te duele todo
La abstinencia son las reacciones corporales que se experimentan cuando una persona deja de tomar una sustancia. En el caso del alcohol, “pese a lo que se pueda creer en el imaginario social es, junto con los barbitúricos, la única sustancia con un síndrome de abstinencia mortal”, explica Porto. Los síntomas del síndrome de abstinencia pueden aparecer tan pronto como seis horas después de la última copa y alcanzan su pico máximo entre las 24 a 72 horas después de esa última ingesta. Estas manifestaciones incluyen ansiedad, depresión, fatiga, temblores, piel fría y húmeda, dolor de cabeza, inapetencia, palidez, náuseas y vómitos (entre otras). Además de la abstinencia también son señales de alerta las primeras complicaciones médicas y psiquiátricas, Javier Porto nos enumera algunas, “daño hepático, temblores, cambios de humor, agresividad, caídas y golpes…".
A pesar de todo, sigues
Si a pesar de sufrir las consecuencias físicas y mentales derivadas del consumo de alcohol se sigue manteniendo la ingesta de este psicoactivo es la señal definitiva de que hay que pedir ayuda. Otros comportamientos alarmantes, según Santiago Rotaeche, también son “que te descubras justificando tus consumos, aunque sea en tono de humor. Que alguien cercano a ti te haga algún comentario al respecto o que te descubras cancelando o valorando si te apetece algún plan con respecto a su oferta alcohólica”. En palabras de Javier Porto, “cuando convergen todas estas variables en un sujeto podemos estar hablando de alcoholismo”.
El alcoholismo, como cualquier enfermedad, requiere de un tratamiento dirigido por un profesional de la salud especializado en adicciones con el que se inicie un proceso de desintoxicación y deshabituación. "Es una enfermedad muy específica y con unos síntomas muy peculiares y por ello es de vital importancia que el profesional escogido esté totalmente especializado en la temática”, advierte Porto. Como a muchos enfermos les cuesta identificar su propia condición en ocasiones es el entorno de los mismos quienes dan la voz de alarma. En estos casos los familiares “tendrán que seguir las pautas marcadas por el equipo profesional que va a tratar al paciente en los previos y durante el transcurso del mismo”, concluye Javier Porto.
Javier Porto Janeiro es coordinador terapéutico del centro de desintoxicación Cc Adicciones (España) y explica: “el alcoholismo o dependencia del alcohol es un trastorno de tipo mental que se produce en sujetos con una predisposición a sufrirlo y que están en contacto con la bebida. Se podría decir que la persona predispone y el ambiente dispone”. Entonces, a mismo ambiente y contacto con la bebida, ¿cómo es posible que haya personas que acaben padeciendo alcoholismo y otras, en cambio, se consigan librar? Porto Janeiro nos cuenta que la explicación a la dependencia es “multifactorial” y entran en juego distintas variables: las sustancias que el sujeto consume, el estilo de vida, entorno, historia de vida y también factores como la personalidad, dificultades médicas, educación y genética.
De hecho, un estudio publicado hace pocos meses en la revista PLOS Genetics ha revelado que la predisposición al alcoholismo está relacionada con más de 900 genes. Lo cual probaría que lo que los investigadores denominan "preferencia por el alcohol" algunos la traen de serie y es un asunto más complejo del que parece. "Es un rasgo que depende de tantos genes que probablemente tira por tierra la idea de que el alcoholismo se cura con una simple pastilla", han declarado los expertos de la Universidad de Indiana (EE UU).
"Al alcoholismo, como a cualquier otra adicción, se entra muy despacio desde infinitas variables y desde mucho antes que la primera consumición”, dice Santiago Rotaeche, director terapéutico del Centro de Tratamiento de Adicciones CENTRA. En su opinión quizás la diferencia la marca “la habilidad para tomar consciencia, aceptar y reaccionar ante las dificultades de la vida”.
El hecho de que el consumo de alcohol pase de moderado (o “bajo control”) a dependiente “estriba en una serie de factores que afectan a la persona en un periodo de tiempo que pude variar en función de sus condicionantes vitales; este tiempo se conoce como silencio clínico. Es el periodo de gestación de la enfermedad”, relata Porto Janeiro. Teniendo en cuenta que hay un sinfín de botones que pueden activar esta enfermedad y que a cada uno nos afecta de distinta manera, vale la pena entonces prestar atención a las señales de alerta, que nos van a responder la pregunta antes formulada.
Si antes te mareabas con una copa, ahora necesitas cinco
“En la mayoría de los casos se va observando que el consumo va aumentando en dosis y va apareciendo tolerancia física a la sustancia” relata Javier Porto. Es decir, se empiezan a tener las mismas reacciones físicas con cinco copas que antes aparecían con apenas una.
Incluyes el beber entre tus rutinas diarias
Además de este deseo es muy común que “se emplee demasiado tiempo en estar consumiendo o buscando la sustancia”, cuenta Javier Porto. Se pierde el control sobre la sustancia y los consumos se dejan de espaciar para pasar a ser cada vez más “frecuentes e intensos” añade el especialista. Ahí es posible que se manifieste otro síntoma que apunta Santiago Rotaeche y es “que tú mismo lo sospeches”.
Discutes más con tu familia
Otra señal de alerta es cuando el alcohol empieza a afectar el rendimiento laboral e inevitablemente también acaba afectando al entorno familiar y social. Concretamente, se presentan “problemas graves tales como agresividad, violencia, descuidos familiares, abandono de responsabilidades, etc…”, describe Javier Porto.
Cuando no bebes, te duele todo
La abstinencia son las reacciones corporales que se experimentan cuando una persona deja de tomar una sustancia. En el caso del alcohol, “pese a lo que se pueda creer en el imaginario social es, junto con los barbitúricos, la única sustancia con un síndrome de abstinencia mortal”, explica Porto. Los síntomas del síndrome de abstinencia pueden aparecer tan pronto como seis horas después de la última copa y alcanzan su pico máximo entre las 24 a 72 horas después de esa última ingesta. Estas manifestaciones incluyen ansiedad, depresión, fatiga, temblores, piel fría y húmeda, dolor de cabeza, inapetencia, palidez, náuseas y vómitos (entre otras). Además de la abstinencia también son señales de alerta las primeras complicaciones médicas y psiquiátricas, Javier Porto nos enumera algunas, “daño hepático, temblores, cambios de humor, agresividad, caídas y golpes…".
A pesar de todo, sigues
Si a pesar de sufrir las consecuencias físicas y mentales derivadas del consumo de alcohol se sigue manteniendo la ingesta de este psicoactivo es la señal definitiva de que hay que pedir ayuda. Otros comportamientos alarmantes, según Santiago Rotaeche, también son “que te descubras justificando tus consumos, aunque sea en tono de humor. Que alguien cercano a ti te haga algún comentario al respecto o que te descubras cancelando o valorando si te apetece algún plan con respecto a su oferta alcohólica”. En palabras de Javier Porto, “cuando convergen todas estas variables en un sujeto podemos estar hablando de alcoholismo”.
El alcoholismo, como cualquier enfermedad, requiere de un tratamiento dirigido por un profesional de la salud especializado en adicciones con el que se inicie un proceso de desintoxicación y deshabituación. "Es una enfermedad muy específica y con unos síntomas muy peculiares y por ello es de vital importancia que el profesional escogido esté totalmente especializado en la temática”, advierte Porto. Como a muchos enfermos les cuesta identificar su propia condición en ocasiones es el entorno de los mismos quienes dan la voz de alarma. En estos casos los familiares “tendrán que seguir las pautas marcadas por el equipo profesional que va a tratar al paciente en los previos y durante el transcurso del mismo”, concluye Javier Porto.
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