Todas en algún momento hemos sentido los altibajos de la vida. Situaciones que nos afectan emocionalmente o físicamente. En momentos que no encontramos respuestas, las piedras y cristales podrían darnos una salida.
Equilibrio. Estos elementos son herramientas que ayudan a equilibrar el cuerpo, la mente y las emociones de forma integral, explica Daniel Pacheco, experto en terapias con piedras y cristales. “Se podría decir que nos conectan un poquito más con nuestro centro interior para encontrar respuestas y abrir una nueva etapa”, revela.
Mueven la energía. Hay que aclarar que las piedras en sí “no curan”, explica, sino más bien ayudan a mover la energía o desbloquear, dependiendo el tipo de piedra o cristal. Si el paciente está en procesos de cambios esa energía se va a mover y el proceso de “curación” se hará más profundo.
Herramientas para la salud. Danitza Baianova, terapeuta del centro 5 Elementos, explica que la terapia se la conoce como “gemoterapia” y es una técnica basada en el uso de piedras o gemas que trata el mantenimiento y recuperación de la salud mediante la utilización de estos elementos.
Proceso de equilibrio. Durante la sesión que la terapeuta hace, se comienza con una limpieza y armonización del campo magnético energético a través de los cristales y reiki. Posterior se sigue una armonización del campo mental y emocional con los cristales. Luego se prosigue con una evaluación, limpieza, activación y armonización de los chakras a través de los cristales.
Deben estar limpios. Para activar los cristales es importante limpiarlos, cargarlos y programarlos. Además, asegurarse que son reales y no resinas, es decir que sean cristales originales de la familia de los cuarzos o gemas, resalta Baianova.
Dependen de las necesidades. Las sesiones para el tratamiento pueden ser tres o cinco, para sentir un trabajo más profundo, menciona Pacheco. Sin embargo, esto dependerá de las personas. "Hay quienes hacen 10 sesiones, que necesitan un trabajo más profundo. Pero también hay pacientes que les basta con una", dice.
Ximena Illanes
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jueves, 8 de septiembre de 2016
Lecciones que nos da la vida
Todos estamos obligados en cierta manera a aprender las lecciones que nos da la vida; podemos vivir en estado de resistencia, podemos vivir en estado de falsedad o podemos vivir como nos dé la gana, pero, tarde o temprano, la manifestación de todo lo que hemos pensado y hecho o no hecho, llegará.
Aprender a pensar con sinceridad, aprender a buscar la verdad por sobre todo, aprender a seguir las lecciones de sentido común, aprender a revisar nuestras actitudes dañinas o negativas, aprender a evaluar los resultados que estamos obteniendo en la vida, aprender a orientarnos para saber si nuestra vida es correcta o no, realizar un examen real del estado actual de nuestra vida para poder hacer un dictamen honesto y sincero para saber qué
o quiénes somos en la vida es algo que debemos considerar como una parte de las lecciones que la vida nos da y nos imparte con amor, o con dolor si continuamos negándonos a aprender las lecciones que a la larga tendremos nomás que aprender.
Todo ser humano llega a este mundo con un propósito que tiene que ir descubriendo en su propia conciencia y con su propio pensamiento; cuando se consigue tener éxito en esta búsqueda y se responde con sinceridad, el rompecabezas de la vida se va componiendo; de lo contrario, se irá complicando cada vez más.
Cuando nuestra visión de la vida es negativa y no queremos analizar dicha visión ni efectuar cambio alguno, lo que conseguimos es el bloqueo de nuestra mente subconsciente y nos condenamos a vivir nuestra visión con todas sus consecuencias negativas; por el contrario, cuando decidimos probar con honestidad si la visión que nos enseñaron en el pasado es
correcta, productiva o actual y respondemos con total honestidad, podremos descubrir si esa visión es valedera por los resultados que nos produjo en nuestra vida hasta la fecha y al analizar los resultados que obtuvimos, podremos conocer la verdad, nuestra verdad y decidir si aceptamos reconocer las lecciones que nos da la vida y si decidimos aprenderlas con el corazón.
Las lecciones que nos da la vida provienen de la inteligencia infinita y tienen que ver con el amor, con los valores positivos, con el desarrollo personal, con la responsabilidad y con la capacidad de oír y de oír con total honestidad; cuando una persona se pone dispuesta a oír es cuando el universo de la verdad, del poder interior y de lo correcto se vuelve visible y la paz y la armonía vuelven a entrar en nuestro hogar.
Primera lección de la vida: “Aprendo a perdonar con la imaginación y a reconciliarme con mis padres en el tiempo presente” (Repetir en voz alta leyendo la oración hasta memorizarla por completo y los resultados le sorprenderán).
Etiqueta en el lenguaje
El hablar con propiedad debe ser algo natural y espontáneo, poniendo en cada expresión nuestros sentimientos.
El arte de hablar es una gracia que Dios nos dio, para poder comunicarnos entre seres humanos, y de esta manera poder compartir nuestra vida con otras personas, expresando correctamente con claridad y sinceridad nuestro sentir.
Sin embargo, además de las reglas gramaticales que aprendemos en colegio, existen reglas que no son menos importantes, y el modo de como manejemos esas reglas pueden conducirnos al éxito o al fracaso en la forma de comunicarnos con las personas que nos rodean.
Si nos referimos a las reglas gramaticales, debemos tomar muy en cuenta el uso apropiado de los verbos, los artículos, los signos de puntuación, etc.
Un ejemplo muy clásico es el siguiente:
Expresión Incorrecta:
“La calor aumentará en las próximas horas”
Expresión correcta:
“El calor aumentará en las próximas horas”
Calor es una palabra de género masculino por lo tanto debe llevar el artículo masculino necesariamente.
También se utilizan locuciones erradas en frases cotidianas, de las que muchas veces no nos damos cuenta por la costumbre de oírlas o leerlas.
Las palabras escritas o verbales quedan en la memoria de las personas y si estas expresiones no son correctas y corregidas a tiempo, se expande el mal uso de la lengua española. Por lo tanto, es imprescindible enseñar a las personas desde su niñez a expresarse con propiedad.
Doña María José Torner Morales nos ilustra al respecto con algunos ejemplos muy claros de frases mal expresadas.
Los grandes oradores son personas que además de tener facilidad de palabra, cuentan con otros recursos importantes, mucha cultura, buena memoria, seguridad en sí mismas, dominio de la gramática española, tienen la habilidad de resumir en pocas palabras un tema extenso sin perder la atención del público que los escucha.
Cuando otras personas se dirigen a nosotros, nos agrada escuchar expresiones gentiles, amables, sin agresiones, con palabras sencillas y comprensibles. Debemos suponer entonces, que a las personas que nos escuchan, les agrada y esperan lo mismo.
Las personas educadas pensarán detenidamente antes de verter expresiones y frases mal dichas. Nunca es tarde para corregir antiguos errores gramaticales.
El propósito de este artículo es demostrar que el arte de hablar y expresarse, va estrechamente ligado a la Etiqueta. El expresarse con claridad, sencillez, sin palabras rebuscadas, de manera correcta y apropiada es realmente un arte.
Actualmente, es lamentable encontrar el uso mal empleado de frases y palabras en las RRSS (Redes Sociales), se ha vuelto muy común e incluso me animo a decir que muchas veces leer lastima la vista, además de ser incomprensible por la poca coherencia. Constantemente se ve que las palabras sufren un cambio arbitrario en la manera de escribir, destruyen la gramática y ortografía con el pretexto de que existe un lenguaje “nuevo” para escribir por estos medios (whatsapp, Facebook para citar solo algunos ejemplos).
En lugar de escribir: ¿Qué haces?, con la idea de escribir más rápido y hacerlo más fácil se lee muchas veces K ases... es muy lamentable.
Debemos recordar que no podemos escudarnos en que el lenguaje ha evolucionado y por tal razón la forma y ortografía ha sufrido un cambio, no hay cosa más absurda, el que sabe escribir y expresarse correctamente, lo hará así siempre y si por último si se desea abreviar alguna palabra, pues existe la manera correcta y permitida de hacerlo sin necesidad de matar nuestro idioma.
Otro error común es la mala ortografía en las RRSS, escribimos tan mal que al final ya no le damos importancia y decimos: “fue por escribir rápido”… considero que una forma de mostrarnos es a través de la manera de escribir, entonces no está de más pensar antes de enviar textos mal escritos, la misma tecnología nos brinda la posibilidad de revisar la ortografía.
El arte de hablar es una gracia que Dios nos dio, para poder comunicarnos entre seres humanos, y de esta manera poder compartir nuestra vida con otras personas, expresando correctamente con claridad y sinceridad nuestro sentir.
Sin embargo, además de las reglas gramaticales que aprendemos en colegio, existen reglas que no son menos importantes, y el modo de como manejemos esas reglas pueden conducirnos al éxito o al fracaso en la forma de comunicarnos con las personas que nos rodean.
Si nos referimos a las reglas gramaticales, debemos tomar muy en cuenta el uso apropiado de los verbos, los artículos, los signos de puntuación, etc.
Un ejemplo muy clásico es el siguiente:
Expresión Incorrecta:
“La calor aumentará en las próximas horas”
Expresión correcta:
“El calor aumentará en las próximas horas”
Calor es una palabra de género masculino por lo tanto debe llevar el artículo masculino necesariamente.
También se utilizan locuciones erradas en frases cotidianas, de las que muchas veces no nos damos cuenta por la costumbre de oírlas o leerlas.
Las palabras escritas o verbales quedan en la memoria de las personas y si estas expresiones no son correctas y corregidas a tiempo, se expande el mal uso de la lengua española. Por lo tanto, es imprescindible enseñar a las personas desde su niñez a expresarse con propiedad.
Doña María José Torner Morales nos ilustra al respecto con algunos ejemplos muy claros de frases mal expresadas.
Los grandes oradores son personas que además de tener facilidad de palabra, cuentan con otros recursos importantes, mucha cultura, buena memoria, seguridad en sí mismas, dominio de la gramática española, tienen la habilidad de resumir en pocas palabras un tema extenso sin perder la atención del público que los escucha.
Cuando otras personas se dirigen a nosotros, nos agrada escuchar expresiones gentiles, amables, sin agresiones, con palabras sencillas y comprensibles. Debemos suponer entonces, que a las personas que nos escuchan, les agrada y esperan lo mismo.
Las personas educadas pensarán detenidamente antes de verter expresiones y frases mal dichas. Nunca es tarde para corregir antiguos errores gramaticales.
El propósito de este artículo es demostrar que el arte de hablar y expresarse, va estrechamente ligado a la Etiqueta. El expresarse con claridad, sencillez, sin palabras rebuscadas, de manera correcta y apropiada es realmente un arte.
Actualmente, es lamentable encontrar el uso mal empleado de frases y palabras en las RRSS (Redes Sociales), se ha vuelto muy común e incluso me animo a decir que muchas veces leer lastima la vista, además de ser incomprensible por la poca coherencia. Constantemente se ve que las palabras sufren un cambio arbitrario en la manera de escribir, destruyen la gramática y ortografía con el pretexto de que existe un lenguaje “nuevo” para escribir por estos medios (whatsapp, Facebook para citar solo algunos ejemplos).
En lugar de escribir: ¿Qué haces?, con la idea de escribir más rápido y hacerlo más fácil se lee muchas veces K ases... es muy lamentable.
Debemos recordar que no podemos escudarnos en que el lenguaje ha evolucionado y por tal razón la forma y ortografía ha sufrido un cambio, no hay cosa más absurda, el que sabe escribir y expresarse correctamente, lo hará así siempre y si por último si se desea abreviar alguna palabra, pues existe la manera correcta y permitida de hacerlo sin necesidad de matar nuestro idioma.
Otro error común es la mala ortografía en las RRSS, escribimos tan mal que al final ya no le damos importancia y decimos: “fue por escribir rápido”… considero que una forma de mostrarnos es a través de la manera de escribir, entonces no está de más pensar antes de enviar textos mal escritos, la misma tecnología nos brinda la posibilidad de revisar la ortografía.
martes, 6 de septiembre de 2016
¿Quiénes son los fracasados?
Muy a menudo, la gente confunde el éxito con el fracaso. Si uno triunfa en la carrera a que había aspirado, y luego se le ve pobre, eso basta para que se le crea “caído”, entretanto que se rinden honores a las medianías que han conseguido hacer capital.
No confundamos fracaso con pobreza. A veces, el rico es un desgraciado; y el pobre, el que verdaderamente ha triunfado en la vida.
Triunfar, es conseguir lo que más se desea. Y, si uno no aspira a enriquecerse, sino que tiene otros ideales más elevados que juntar riquezas materiales; cuando los realiza, ha conseguido un triunfo.
Esa confusión entre las personas comunes, hace que, en muchos casos, se tome por victoria lo que, en realidad, no es más que una derrota.
El mundo entero creyó a Alemania victoriosa en 1871; y no sabía que ella estaba echando en suelo fecundo las semillas de la gran derrota de 1918.
El orgullo de aquella victoria del 71, la llevó a entregarse a la casta militar, que no sólo la oprimió por muchos años, sino que la condujo al desastre.
A Milton, un ciego, se le tuvo en sus días por un fracasado. No obstante eso, él dictó, para que sus hijas lo escribieran, “El Paraíso Perdido”, obra que le inmortalizó.
Ciego y todo, alcanzó que su nombre pasara a la posteridad; lo que tantos han deseado, sin conseguirlo.
Las muchedumbres de entonces despreciaban al ciego, mientras que adulaban a insignificantes personajes, que, tan pronto murieron, fueron olvidados por completo.
Milton no aspiró a riquezas materiales, sino al éxito artístico; y lo alcanzó.
También a Cervantes, en un tiempo, se le tuvo por un fracasado. ¡Un infeliz, manco y pobre! ¿Quién se fijaría en él? No obstante eso, la posteridad le ha consagrado.
En todas las carreras de la vida, hay su-puestos fracasados, que no son más que grandes victoriosos; pues muchas derrotas encierran hermosas victorias.
Cristo, expirando en una cruz, venció al mundo. No importa que aquéllos que le contemplaban crucificado, le creyesen “caído”. El triunfaba, por haber dado la vida por un ideal.
¿Quién se atrevería hoy, a comparar a algún general romano, por más victorias que hubiese conquistado, con el humilde Nazareno?
Los grandes guerreros, lo mismo los romanos que los de otros pueblos, tienden a ser olvidados; mientras que los hombres que han servido a un ideal, o han realizado una gran obra, siempre serán recordados.
¿Dónde está la gloria de Alejandro? Los siglos la han borrado. En cambio, Homero tiene un nombre universal.
La espada de Alejandro se está oxidan-do; mientras que la lira del cantor de Troya, adquiere mayores esplendores.
Al correr de los siglos, la gallarda figura del guerrero se empequeñece, y casi se va borrando por completo del horizonte de la Historia; entretanto que las murallas de Troya parece que se alzan cada día a ma-yor altura, para que el mundo entero admire las glorias del poeta.
Por lo tanto, creemos que cuando una persona consigue obtener lo que más de-sea, ha triunfado en esta vida, aunque lo obtenido parezca a los demás cosa de po-co valor.
Tomado de Almanaque Ilustrado HISPANO-AMERICANO.
No confundamos fracaso con pobreza. A veces, el rico es un desgraciado; y el pobre, el que verdaderamente ha triunfado en la vida.
Triunfar, es conseguir lo que más se desea. Y, si uno no aspira a enriquecerse, sino que tiene otros ideales más elevados que juntar riquezas materiales; cuando los realiza, ha conseguido un triunfo.
Esa confusión entre las personas comunes, hace que, en muchos casos, se tome por victoria lo que, en realidad, no es más que una derrota.
El mundo entero creyó a Alemania victoriosa en 1871; y no sabía que ella estaba echando en suelo fecundo las semillas de la gran derrota de 1918.
El orgullo de aquella victoria del 71, la llevó a entregarse a la casta militar, que no sólo la oprimió por muchos años, sino que la condujo al desastre.
A Milton, un ciego, se le tuvo en sus días por un fracasado. No obstante eso, él dictó, para que sus hijas lo escribieran, “El Paraíso Perdido”, obra que le inmortalizó.
Ciego y todo, alcanzó que su nombre pasara a la posteridad; lo que tantos han deseado, sin conseguirlo.
Las muchedumbres de entonces despreciaban al ciego, mientras que adulaban a insignificantes personajes, que, tan pronto murieron, fueron olvidados por completo.
Milton no aspiró a riquezas materiales, sino al éxito artístico; y lo alcanzó.
También a Cervantes, en un tiempo, se le tuvo por un fracasado. ¡Un infeliz, manco y pobre! ¿Quién se fijaría en él? No obstante eso, la posteridad le ha consagrado.
En todas las carreras de la vida, hay su-puestos fracasados, que no son más que grandes victoriosos; pues muchas derrotas encierran hermosas victorias.
Cristo, expirando en una cruz, venció al mundo. No importa que aquéllos que le contemplaban crucificado, le creyesen “caído”. El triunfaba, por haber dado la vida por un ideal.
¿Quién se atrevería hoy, a comparar a algún general romano, por más victorias que hubiese conquistado, con el humilde Nazareno?
Los grandes guerreros, lo mismo los romanos que los de otros pueblos, tienden a ser olvidados; mientras que los hombres que han servido a un ideal, o han realizado una gran obra, siempre serán recordados.
¿Dónde está la gloria de Alejandro? Los siglos la han borrado. En cambio, Homero tiene un nombre universal.
La espada de Alejandro se está oxidan-do; mientras que la lira del cantor de Troya, adquiere mayores esplendores.
Al correr de los siglos, la gallarda figura del guerrero se empequeñece, y casi se va borrando por completo del horizonte de la Historia; entretanto que las murallas de Troya parece que se alzan cada día a ma-yor altura, para que el mundo entero admire las glorias del poeta.
Por lo tanto, creemos que cuando una persona consigue obtener lo que más de-sea, ha triunfado en esta vida, aunque lo obtenido parezca a los demás cosa de po-co valor.
Tomado de Almanaque Ilustrado HISPANO-AMERICANO.
lunes, 5 de septiembre de 2016
7 Consejos para encontrar la felicidad
Todos, sin excepción, queremos ser felices. Nos pasamos la vida buscando la felicidad por todos lados, sin encontrarla, pensando que es un lugar a dónde ir o una meta que alcanzar. Por eso, el día de hoy, quiero hablarte de la felicidad y de cómo encontrarla. Ser felices es un derecho de nacimiento. Cuando finalices la lectura, sabrás exactamente qué tienes que hacer para encontrar la felicidad.
¿Qué es la felicidad?
La felicidad es el sentimiento de sentirse a gusto y alegre con uno mismo/a. Es sentirse satisfecho con lo que haces y con el lugar donde te encuentras en cada momento de tu vida. La felicidad es lograr el equilibrio entre lo que se es, lo que se tiene y a lo que se aspira, para obtener como resultado el bienestar y la satisfacción personal.
Siete Caminos Para Encontrar La Felicidad
1. Haz ejercicio: puede ser yoga, natación, caminar, correr, trotar, montar en bicicleta o ir al gimnasio. Los expertos aseguran que la actividad física ayuda a eliminar la depresión, y es la manera más rápida de estimular la liberación de endorfinas, que son conocidas como las hormonas de la felicidad y de la alegría.
Así que recuerda, cuando te sientas triste, deprimido/a, estresado/a, puedes sustituir inmediatamente ese estado de ánimo por el sentimiento de la felicidad practicando tres minutos de tu ejercicio preferido.
2. Practica la gratitud: cada día al levantarte, dedica un par de minutos a dar gracias por tener la oportunidad de respirar y ver el sol un día más. Agradece a la vida todo lo que te hace feliz. Esto te ayudará a empezar la jornada con una actitud positiva y, por consiguiente, experimentando felicidad.
3. Sonríe y ríe a carcajadas. Con una ligera sonrisa, nuestro cuerpo comienza a segregar la hormona de la felicidad. La risa libera tensiones y mejora la respiración. Por eso, es la mejor fuente de endorfinas, y en consecuencia, de la felicidad.
4. Valora las pequeñas cosas: observa, vive y disfruta de la felicidad que puedes encontrar en las cosas sencillas. Tener la oportunidad de vivir un día más, el café calentito que tomas, prepararle el desayuno a tu familia, el silencio de la mañana, tu buena salud o, sencillamente, tener el dinero para pagar las cuentas. Pequeñas cosas que deberían motivar una sonrisa.
5. Conecta con tus recuerdos felices: busca imágenes o fotos de las remembranzas bonitas, alegres y dichosas de tu pasado. Posteriormente, pega esos recuerdos por todos lados, ya sea en el refrigerador, la computadora, el escritorio, la sala o en tu cuarto. De esta forma, cada vez que los veas, te conectarás con ese sentimiento positivo, y volverás a revivir la felicidad.
6. Compra experiencias que te hagan feliz: invierte tu dinero en experiencias y no en cosas. Un estudio reveló que el 75% de las personas se sentían más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases; mientras que sólo el 34% afirmaba sentirse más feliz cuando compraba cosas.
7. Escucha música: se ha comprobado que la música ayuda a crear una sensación de bienestar. Así que cuando sientas frustración, pon tu canción preferida, escúchala y déjate llevar por su ritmo para cantar o bailar. Te ayudará a recuperar la alegría.
Ya tienes en tus manos siete caminos para encontrar la felicidad. Así que te invito a que desde hoy apliques diariamente alguno de estos siete consejos, para que conscientemente vivas la felicidad, y por ende, empieces a construir una vida más satisfactoria, más alegre y con mayor bienestar.
Ten siempre presente que has nacido para reírte y ser plenamente dichoso. Por tanto, libérate del pasado y empieza a vivir tu presente con alegría y felicidad. ¡Te lo mereces!
¿Qué es la felicidad?
La felicidad es el sentimiento de sentirse a gusto y alegre con uno mismo/a. Es sentirse satisfecho con lo que haces y con el lugar donde te encuentras en cada momento de tu vida. La felicidad es lograr el equilibrio entre lo que se es, lo que se tiene y a lo que se aspira, para obtener como resultado el bienestar y la satisfacción personal.
Siete Caminos Para Encontrar La Felicidad
1. Haz ejercicio: puede ser yoga, natación, caminar, correr, trotar, montar en bicicleta o ir al gimnasio. Los expertos aseguran que la actividad física ayuda a eliminar la depresión, y es la manera más rápida de estimular la liberación de endorfinas, que son conocidas como las hormonas de la felicidad y de la alegría.
Así que recuerda, cuando te sientas triste, deprimido/a, estresado/a, puedes sustituir inmediatamente ese estado de ánimo por el sentimiento de la felicidad practicando tres minutos de tu ejercicio preferido.
2. Practica la gratitud: cada día al levantarte, dedica un par de minutos a dar gracias por tener la oportunidad de respirar y ver el sol un día más. Agradece a la vida todo lo que te hace feliz. Esto te ayudará a empezar la jornada con una actitud positiva y, por consiguiente, experimentando felicidad.
3. Sonríe y ríe a carcajadas. Con una ligera sonrisa, nuestro cuerpo comienza a segregar la hormona de la felicidad. La risa libera tensiones y mejora la respiración. Por eso, es la mejor fuente de endorfinas, y en consecuencia, de la felicidad.
4. Valora las pequeñas cosas: observa, vive y disfruta de la felicidad que puedes encontrar en las cosas sencillas. Tener la oportunidad de vivir un día más, el café calentito que tomas, prepararle el desayuno a tu familia, el silencio de la mañana, tu buena salud o, sencillamente, tener el dinero para pagar las cuentas. Pequeñas cosas que deberían motivar una sonrisa.
5. Conecta con tus recuerdos felices: busca imágenes o fotos de las remembranzas bonitas, alegres y dichosas de tu pasado. Posteriormente, pega esos recuerdos por todos lados, ya sea en el refrigerador, la computadora, el escritorio, la sala o en tu cuarto. De esta forma, cada vez que los veas, te conectarás con ese sentimiento positivo, y volverás a revivir la felicidad.
6. Compra experiencias que te hagan feliz: invierte tu dinero en experiencias y no en cosas. Un estudio reveló que el 75% de las personas se sentían más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases; mientras que sólo el 34% afirmaba sentirse más feliz cuando compraba cosas.
7. Escucha música: se ha comprobado que la música ayuda a crear una sensación de bienestar. Así que cuando sientas frustración, pon tu canción preferida, escúchala y déjate llevar por su ritmo para cantar o bailar. Te ayudará a recuperar la alegría.
Ya tienes en tus manos siete caminos para encontrar la felicidad. Así que te invito a que desde hoy apliques diariamente alguno de estos siete consejos, para que conscientemente vivas la felicidad, y por ende, empieces a construir una vida más satisfactoria, más alegre y con mayor bienestar.
Ten siempre presente que has nacido para reírte y ser plenamente dichoso. Por tanto, libérate del pasado y empieza a vivir tu presente con alegría y felicidad. ¡Te lo mereces!
Nuevos estudios El estres puede encoger su cerebro
El hipocampo, el centro de operaciones de la memoria, es el más afectado por el estrés. No recordar dónde hemos puesto las llaves o qué comimos el día anterior es producto de este nivel de estrés al que estamos sometidos en la actualidad: ya sea a nivel laboral (presiones o preocupaciones), académico (exámenes) o personal (enfermedades propias o familiares, problemas sentimentales...).
Cuando esta situación continúa a lo largo del tiempo, el estrés puede provocar que nuestro cerebro se encoja.
Así lo ha determinado una nueva investigación llevada a cabo por científicos del Centro Nacional de Ciencias Biológicas de Bangalore (India) y el laboratorio de Shane O’Mara en el Trinity College en Dublín (Irlanda), que sometieron a un grupo de roedores -que reaccionan de forma similar a los humanos- a diversas situaciones de estrés durante 120 minutos a lo largo de 10 días.
Antes, durante y después del experimento, examinaron sus cerebros mediante pruebas de resonancia magnética y pruebas de memoria, descubriendo que tan solo tres días después de estar sometidos a estrés el hipocampo de las ratas se había reducido en comparación con el grupo de control.
Al final de la prueba, el hipocampo de los ratones estresados se había reducido aún más, detectando significativas diferencias en las pruebas de memoria entre las ratas estresadas y las que no lo estaban.
Así pues, la estructura del cerebro cambia con el estrés y este cambio también es la antesala de la pérdida de memoria. Teniendo en cuenta que unos días de estrés prolongado no se consideran estrés crónico, los resultados de este estudio son cuanto menos sorprendentes pues nos revela lo vulnerable que se vuelve nuestro codificador oficial de recuerdos ante el estrés.
estrategias bajar el estrÉs
* Meditación: los individuos que practican meditación tenían menos niveles de cortisol y de presión arterial.
* Música: esta puede calmar al cerebro y reducir los niveles de estrés generados por cualquier circunstancia.
* Dormir lo suficiente: Descansar ocho horas diarias puede significar un 50 por ciento más de cortisol en el organismo.
* Té negro: las personas que tomaban té negro después de una tarea estresante reducían en un 47 por ciento los niveles de cortisol.
* Amistades: el simple hecho de salir con un amigo puede moderar la respuesta hormonal del estrés con solo reírse un lapso de tiempo.
* Goma de mascar: masticar chicle reduce la tensión y los niveles de cortisol salival en alrededor de un 12 por ciento . ante el estrés.
Cuando esta situación continúa a lo largo del tiempo, el estrés puede provocar que nuestro cerebro se encoja.
Así lo ha determinado una nueva investigación llevada a cabo por científicos del Centro Nacional de Ciencias Biológicas de Bangalore (India) y el laboratorio de Shane O’Mara en el Trinity College en Dublín (Irlanda), que sometieron a un grupo de roedores -que reaccionan de forma similar a los humanos- a diversas situaciones de estrés durante 120 minutos a lo largo de 10 días.
Antes, durante y después del experimento, examinaron sus cerebros mediante pruebas de resonancia magnética y pruebas de memoria, descubriendo que tan solo tres días después de estar sometidos a estrés el hipocampo de las ratas se había reducido en comparación con el grupo de control.
Al final de la prueba, el hipocampo de los ratones estresados se había reducido aún más, detectando significativas diferencias en las pruebas de memoria entre las ratas estresadas y las que no lo estaban.
Así pues, la estructura del cerebro cambia con el estrés y este cambio también es la antesala de la pérdida de memoria. Teniendo en cuenta que unos días de estrés prolongado no se consideran estrés crónico, los resultados de este estudio son cuanto menos sorprendentes pues nos revela lo vulnerable que se vuelve nuestro codificador oficial de recuerdos ante el estrés.
estrategias bajar el estrÉs
* Meditación: los individuos que practican meditación tenían menos niveles de cortisol y de presión arterial.
* Música: esta puede calmar al cerebro y reducir los niveles de estrés generados por cualquier circunstancia.
* Dormir lo suficiente: Descansar ocho horas diarias puede significar un 50 por ciento más de cortisol en el organismo.
* Té negro: las personas que tomaban té negro después de una tarea estresante reducían en un 47 por ciento los niveles de cortisol.
* Amistades: el simple hecho de salir con un amigo puede moderar la respuesta hormonal del estrés con solo reírse un lapso de tiempo.
* Goma de mascar: masticar chicle reduce la tensión y los niveles de cortisol salival en alrededor de un 12 por ciento . ante el estrés.
Infoxicados, ¿qué hacer?
“Estar ‘bien’ alimentados no es lo mismo que estar ‘muy’ alimentados. Una dosis de alimentos adecuadamente seleccionados es positiva, pero una dosis excesiva de alimentos no organizados bajo el paraguas de un propósito concreto puede ser no solo negativa, sino absolutamente nociva para la salud. En el tema de la información es exactamente igual”, dice la psicóloga Isabel La Fuente.
Siempre se dice que el tiempo no alcanza para nada. Bueno, si a ese pensamiento, que se asemeja mucho a la realidad, le añadimos la “nueva” costumbre de estar a informados por múltiples vías, casi todas digitales, tenemos como resultado a una persona saturada, además de por sus actividades habituales, por una necesidad de estar hiperconectada la mayor parte del tiempo.
La ‘infoxicación’, una palabra que arroja cerca de 400.000 resultados en el buscador Google, es definida por la psicóloga Isabel La Fuente Taborga como una “intoxicación informativa”. Es, según su criterio profesional, “un exceso de alguna manera patológico (porque intoxica) de información, que de ninguna manera ayuda sino más bien perjudica, ralentiza, obstaculiza el proceso de toma de decisiones, y limita el proceso ‘normal’ de informarse y decidir sobre determinadas situaciones”. Para algunos, la denominada “infoxicación” es la enfermedad de la sociedad digital de este siglo... ¿La conocemos?
Para sustentar su razonamiento —el vínculo entre la rebose de información y el exceso—, la psicóloga cruceña consultada por ECOS introduce a continuación un término que puede ser considerado un sinónimo de aquel otro: ‘infobesidad’.
“En ese sentido”, agrega ella, “no podemos pensar en la infoxicación como algo saludable, lo cual de alguna manera es complejo ya que solemos pensar que ‘estar bien informados’ sobre un tema es algo positivo”.
Una complejidad
Efectivamente, la complejidad (y la relativa novedad) de este tema entraña una incipiente disquisición intelectual, lo que significa que está en plena elaboración. Tanto que mucha gente no acaba de digerirlo. ¿Qué tan mala será la infoxicación? ¿O puede, quizá, ser buena?
Las miradas al respecto pueden venir de la mano de distintas ciencias, profesiones u oficios. Pero una tiene relación directa con el asunto.
La periodista Mery Vaca, directora informativa de la Agencia de Noticias Fides (ANF) y docente en la Universidad Católica de La Paz, maneja una gran cantidad de información todos los días. Ella está pendiente de la red Internet desde muy temprano en la mañana y, sin descuidar sus actividades personales (tiene una hija de tres años), se “desconecta” del mundo poco tiempo antes de dormirse. Casada con un periodista, el suyo es un hogar en el que, sí o sí, impera la comunicación.
Según Vaca, si le dieran a elegir entre la ‘infoxicación’ y la ‘desinformación’, sin dudas que optaría por la primera. Pero también recuerda que “ningún extremo es bueno” y que, ante la magnitud de la información que recibimos a diario por los medios digitales, “podríamos caer en la confusión o, lo que es peor, en un colapso nervioso que deteriore nuestra salud” (VER RECUADRO DE LA PÁG. 16).
El límite: entre “bien” y “muy”
Para la psicóloga La Fuente, el límite está en la palabra “bien”, que no es lo mismo que “muy” o que “excesivamente”. Y luego compara nuestro tema con el hecho de ingerir alimentos, “pues de alguna manera ‘ingerimos’ información”.
Entonces, explica lo siguiente: “Estar ‘bien’ alimentados no es lo mismo que estar ‘muy’ alimentados. Una dosis de alimentos adecuadamente seleccionados es positiva, pero una dosis excesiva de alimentos no organizados bajo el paraguas de un propósito concreto puede ser no solo negativa, sino absolutamente nociva para la salud. En el tema de la información es exactamente igual”.
Remarca que estar “bien” informados significa seleccionar la información que consumiremos (ingeriremos) de acuerdo a la calidad de la información, la validez de las fuentes y el propósito para el que queremos consumirla. Esto no solo por un criterio de utilización adecuada del tiempo, ya que no hay forma humana posible de consumir “toda” la información generada sobre un tema.
Infonomía: “con propósito”
En economía se maneja un concepto que (también) tiene una corta vida: ‘infonomía’. Significa “gestión inteligente de la información” y un ‘infonomista’ es, entonces, un “gestor de información”. ¿Será posible que alguien ‘infoxicado’ sea capaz de convertirse en ‘infonomista’, es decir, que pueda gestionar inteligentemente la abundante información que maneja?
La Fuente dice a ECOS que, ante la copiosa información que circula por Internet, “tenemos que aprender a ‘perder’ y elegir solo los documentos que realmente aporten a lo que queremos saber y al propósito de porqué queremos saberlo. De ahí que un factor clave para consumir información sea el qué, el por qué y el para qué. Y eso guarda relación directa con un autoanálisis y autoconocimiento”.
Después apunta un problema derivado: “…cuando no tenemos claros nuestros propósitos y/o no sabemos seleccionar adecuadamente la validez de las fuentes, somos propensos a consumir más información de la que necesitamos. Igual que con los alimentos”.
Y cierra la idea señalando que “muchas veces eso se debe a que o no somos lo suficientemente maduros para saber elegir lo que queremos, o no tenemos las bases para hacerlo, o quizás no sabemos perder y por lo mismo no queremos ‘soltar’ información; o como en el caso de la comida, estamos atravesando procesos personales de angustia y estrés que hace que nos demos ‘atracones’ informativos. Cualquiera sea el caso, la consecuencia puede ser la infoxicación, vale decir, la intoxicación por sobredosis de información”.
Por último, la psicóloga considera que “lo ideal es aprender a gestionar la información que recibimos, y esa es la principal característica de la infonomía, es decir, economizar o gestionar la información”. Por eso mismo, aconseja administrar de forma óptima tanto nuestro tiempo como nuestros intereses: saber qué queremos saber, por qué y para qué.
“Proceso de procrastinación”
Como la idea del consumo de información es no afectar el normal desempeño personal, laboral y social, la psicóloga Lafuente indica que debemos trabajar también en el “proceso de procrastinación”, que es el que muchas veces lleva a la infoxicación. ‘Procrastinar’ significa “diferir, aplazar”. La psicóloga consultada por esta
revista explica que “a veces entramos a Facebook, o a Google, y en lugar de ver lo que necesitamos, saltamos de una página a otra, de un perfil a otro, de una información a otra, sin estructura ni planificación, y en lugar de estar 15 minutos navegando se nos pasan ocho, diez horas sin siquiera ser conscientes de ello”.
Ante esta situación muy frecuente en los usuarios de Internet, “debemos organizar nuestro día a día, de tal forma que no solo gestionemos adecuadamente nuestro tiempo, y establezcamos propósitos y metas de nuestro día, nuestro trabajo, nuestros quehaceres, sino que además esas acciones permitan protegernos de la infoxicación y sus consecuencias”.
El tratamiento
Según La Fuente, “muy pocas personas acuden a terapia por el problema mismo de infoxicación. Generalmente llegan por las consecuencias colaterales de la misma, por los síntomas (VER RECUADRO DE LA PÁG. 15), y en la mayoría de los casos no saben o no asocian los síntomas a los hechos, por lo que la tarea del psicólogo es determinar más bien si el cuadro tiene relación con una sobrecarga de información”.
En general, se aborda la infoxicación como con cualquier tipo de afectación psicocognitiva, aunque atendiendo “el nivel de afectación y de limitaciones que genera en la vida del paciente, ya sea depresión, insomnio, ansiedad, etcétera”.
Pero, “para el caso de la intoxicación informativa en sí misma, se trabaja con técnicas cognitivo-conductuales, se le da una suerte de ‘tareas’ al paciente que le permiten autoconocerse y descubrir sobre qué, por qué y para qué quiere informarse. Se le ayuda a encontrar estrategias para limitar, escoger y filtrar la información, de forma que no vuelva al proceso que generó el malestar, y estrategias para paliar los síntomas y mejorar las condiciones de salud mental y salud en general para restablecer su equilibrio psicofísico”.
Síntomas y adicción
No necesariamente hablando de infoxicación, la psicóloga cuenta que “en mi labor terapéutica he visto y tratado muchos de esos síntomas y en un número importante estaban asociados con conductas que llamamos ‘adictivas’, en relación con Facebook, redes sociales, juegos en red, y en general adicciones a Internet.
He atendido a personas que han sentido síntomas de infoxicación por haber estado permanentemente expuestas y revisando información sobre una noticia en particular, como en el caso del 11 de enero, o hechos de magnitud similar”.
¿Estás infoxicado/a? Estos son los síntomas
Según la psicóloga cruceña Isabel La Fuente, las consecuencias de estar infoxicado son de gran consideración y requieren atención psicológica. Dice que, como en todas las intoxicaciones, principalmente de orden cognitivo, los síntomas son parecidos. Pueden ser algunos de estos:
- Sensación de agobio
- Sensación de sobrecarga
- Cansancio mental
- Sensación de pérdida de tiempo
- Mal manejo del tiempo
- Fatiga crónica
- Muchas veces, insomnio (el cerebro ha estado permanentemente estimulado, ha consumido mucha información y le cuesta entrar en reposo)
- Otras, episodios depresivos, ansiedad, angustia
- A veces, ataques de pánico
- Dificultad para memorizar
- Desconcierto
- Bloqueo cognitivo
- Dificultad para concentrarse
- Parálisis en la toma de decisiones
- Embotamiento e incapacidad de reaccionar a las situaciones de manera efectiva
- Incapacidad para proyectar y avanzar
- Dificultades para alcanzar resultados
- En general, un descenso de la productividad a todo nivel
- Esto último deriva en irritabilidad y cambios de humor constantes
Fuente: Isabel La Fuente Taborga
“Soy adicta”
Cecilia De Marchi (Poeta y editora)
- Soy adicta. Eso es lo primero que tengo que decir. Mi vida (o al menos gran parte de ella) se desarrolla en línea: trabajo para una pequeña página web, hago traducciones de noticias sensacionalistas online, mis clientes de las correcciones se encuentran cuando menos en otra ciudad, y en algunas ocasiones en otro continente. Casi todos mis amigos, los que tengo cerca, están tras sus pantallas en lugares tan cercanos como Sucre, tan lejanos como Palestina.
- Cada día, igual que muchas otras personas, me conecto para saber novedades. Una de las consecuencias indiscutibles de la vida en línea es la sensación de que si no estás conectado, si no actualizas tu navegador cada cierto tiempo, podrías perderte algo muy importante, una noticia que tenga trascendencia, una razón para sentirte con la última novedad.
- La lucha contra esta necesidad de actualización es dura, difícil y urgente; pero no imposible. En lo personal, casi siempre me mantengo desconectada del chat, tengo ocultas varias cuentas de “amigos” que ponen contenido que no me interesa y suelo siempre cotejar las fuentes de noticias con varios medios tradicionales antes de compartir información.
- Pero quizá mi mayor vicio en la web ha sido el descubrimiento de las posibilidades de formación. Hay tantos cursos virtuales, tantos libros online, tantos documentales e información, que puede dar cierto vértigo. Hay varias plataformas que ofrecen cursos de las universidades más prestigiosas del mundo. Hay cursos gratuitos de idiomas. Talleres de escritura de códigos informáticos. Tutoriales para cocina vegana...
- La cuestión es seleccionar el área de interés. Yo elegí literatura y lingüística, y me enfoco en ver cada día uno o dos documentales breves, y tomar un curso a la vez, de los ofertados por las plataformas edx, Coursera y FutureLearn, para ir profundizando mis conocimientos del área. Cuando tengo mucho trabajo, me los salto para dar prioridad a lo urgente: generar los recursos suficientes para pagarme el wifi y la vida. En ese orden.
- Eso sí: me resulta casi imposible no salir de la “dieta bit” y perderme navegando. La distancia entre buscar un término de una traducción sobre restauración de marcos coloniales con pan de oro y la página de los posibles usos de los magnetrones en la vida cotidiana, es de solo ocho clics.
Mejor ‘infoxicados’ que desinformados
Mery Vaca (Periodista)
La infoxicación es, en pocas palabras, una intoxicación por la sobrecarga informativa que impide al ser humano discernir lo que realmente le sirve de aquello que le estorba. Se podría decir que en estos tiempos somos más propensos a la infoxicación, porque estamos conectados las 24 horas del día y recibimos información de diversas fuentes y de herramientas digitales de lo más diversas.
Pertenecemos a varios grupos de WhatsApp y tenemos decenas de conversaciones simultáneas por medio de esa aplicación. Y, como nos parece que eso no es suficiente, también nos actualizamos por el Facebook, chateamos por Messenger, nos informamos por Twitter, miramos fotos por Instagram, chequeamos por Snapchat, clickeamos en Youtube. Y, eso sin citar a los medios “antiguos” como el correo electrónico que rebalsa cada vez con más frecuencia, la televisión que pone a disposición más de 100 canales, las decenas de periódicos impresos y digitales, la lista interminable de libros, la radio, la publicidad…
La lista de herramientas, medios y canales por donde nos llega la información podría ser interminable, como también es interminable la cantidad de información que recibimos. Así las cosas, es difícil distinguir el trigo de la paja y, en medio de tanta información, podríamos caer en la confusión o, lo que es peor, en un colapso nervioso que deteriore nuestra salud.
El otro extremo es la desinformación. En este caso, es el desconocimiento y la ignorancia los que provocan la confusión. En este caso, estamos ante la violación del derecho del ciudadano a estar debidamente informado. Por lo general, la desinformación es producto de alguna manipulación que impide que la información fluya libremente.
Ningún extremo es bueno, pero si hay que elegir, sin dudarlo un minuto, escojo la infoxicación frente a la desinformación. Es como elegir la libertad frente a la esclavitud. Y, ahí no hay dónde perderse: elijo ser libre, elijo recibir toda la información que el mundo produce, elijo ser yo quien discrimine lo bueno de lo malo que me llega al celular.
Y lo digo en momentos en que el presidente Evo Morales se da el lujo de afirmar que en Bolivia existe exceso de libertad de expresión o, lo que es lo mismo, existe un exceso de información. Como si los derechos se podrían limitar o se podrían medir por metros, litros o kilos.
Es cierto que los ciudadanos corremos el riesgo de “infoxicarnos” con tanta información, pero, lo que queda es apelar al buen juicio de cada uno para no dar por cierta la información falsa, para no perder la perspectiva de la información que sirve y de aquella que no sirve, para no tragarnos píldoras cuadradas ni sapos dorados.
Pero, en última instancia, reivindico el derecho ciudadano de recibir mucha información, frente a los intentos por acallar, restringir y cortar el libre flujo de ideas.
“El receptor discrimina esa avalancha de información”
Carlos Coca Marín (Comunicador social)
La infoxicación o la infonomía son comportamientos y nuevos códigos y variantes que utilizan las nuevas generaciones merced a las TICs (tecnologías de la información y la comunicación). No olvidemos que esta ola informativa deviene de estos nuevos canales de información.
Es importante tomar en cuenta la disponibilidad de tiempo, prioridad y la readaptación de las personas ante esta lluvia informativa; también el factor generacional, porque los más jóvenes no leen periódicos, no ven informativos, no asisten al cine sino que prefieren bajar la película de Internet, o la canción de moda; tampoco se compran música en CD.
Mientras que los que trabajamos en medios ya no tenemos tiempo para leer páginas, blogs, agencias de noticias; en lugar de esto damos un vistazo a sus titulares en Twitter.
Por otro lado, los varones ya no ven el deportivo: solo los resúmenes. Ven los resultados en tiempo real y, si se puede, ven un partido en TV cable.
El receptor está discriminando esa avalancha de información y adecuando ese flujo. Y las redes sociales juegan, hoy, un rol integral para los medios tradicionales. Allí ubicamos una noticia, un video, un audio, un viral, un link...
También hay generaciones anteriores que, ante este flujo informativo y ante la accesibilidad, aprenden nuevas capacidades.
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