martes, 29 de agosto de 2017

El poder curativo del apoyo emocional

El apoyo emocional es un gran alivio cuando nos sentimos solos o desbordados por las emociones. Este sostén nos puede proporcionar consuelo, seguridad y tranquilidad. ¿Qué aspectos hemos de tener en cuenta si queremos dar este apoyo emocional a otras personas? ¿Y si queremos recibir el apoyo de un hombro amigo?

Para dar apoyo a otras personas vamos a necesitar practicar la escucha y la empatía hacia los demás. En cambio, para recibir apoyo emocional, vamos a tener que asumir que no siempre somos capaces de gestionar todo lo que nos pasa solos. Por eso, en ocasiones vamos a necesitar ayuda de otras personas.

LA IMPORTANCIA

DE LA ESCUCHA ACTIVA

La habilidad para escuchar de forma activa es la base para generar un espacio de entendimiento. Escuchar no es lo mismo que oír, al escuchar, se percibe con todo el cuerpo, con los oídos, los ojos, los gestos, etc. Todo el cuerpo se involucra en la escucha, para que la persona que está hablando pueda sentir que le estamos comprendiendo de verdad.

Una buena forma de demostrar

la escucha activa es resumiendo

y parafrasear lo que la persona va

diciendo a medida que avanza en

su discurso. Así nos aseguramos de que estamos escuchando con plena consciencia y atención y no caemos en distracciones. Es muy fácil que sin darnos cuenta, hablemos antes de tiempo, u opinemos sin tener toda la información completa… o lo que es peor, saquemos el teléfono del bolsillo.

Sentir que estamos conectados con los demás nos puede proporcionar también ese apoyo emocional que nos va tan bien cuando nos sentimos desbordados por nuestras emociones.

Necesitamos “a nuestras personas”, sentir que tenemos alguien interesado en conocer nuestras penas y alegrías porque le importan, alguien que entiende que somos seres

complejos, con un pensamiento complejo y asume el coste, no

siempre agradecido, de intentar comprendernos.

A veces, uno necesita que le digan que todo está bien

APOYO INCONDICIONAL

PALABRAS SINCERAS

Soy una persona fuerte, de esas a la que la vida ha mordido más de una vez. Sin embargo, me gusta que alguien me coja de la mano de vez en cuando y me diga que todo va a salir bien. Que me prometan que hay mucho que hacer y poco de lo que preocuparse. Sentir esta necesidad no es debilidad, sino la valentía de alguien que agradece el buen apoyo y el consuelo cuando así lo necesita.

Decía Antoine de Saint-Exupery con gran acierto que el fracaso fortifica a los fuertes. Esto es así por una razón muy sencilla: para que uno adquiera una adecuada fortaleza de corazón y erija los cimientos del coraje, primero debe haber caído. Primero debe probar en piel propia la herida de la decepción, el vacío de la pérdida o y la marca del error.

Así, y puesto que ese tipo de perfil es un gran entendedor de la secreta artesanía de reparar esas grietas internas, solo ellas, las personas fuertes, entienden lo que supone recibir de vez en cuando una palabra esperanzadora y una mano amiga que se ofrece a levantarlas. En un mundo de espaldas todo apoyo es bueno. En un momento de adversidad, hasta el mejor de los héroes y la más reluciente de las heroínas agradece que alguien le diga que todo va a salir bien, porque si de algo se vive es de fe.

UNA SECRETA NECESIDAD:

EL HAMBRE EMOCIONAL

Ya en 1920, Edward Throndike entendía la Inteligencia Emocional como una “habilidad para comprender a las personas ayudándolas a actuar sabiamente en sus relaciones”.

Aún más, también decía que si hay una dimensión que suele caracterizar al ser humano es el “hambre emocional”. Todos nosotros necesitamos en ocasiones más apoyo del que recibimos, más consideración de la que nos conceden, más reconocimiento e incluso, por qué no, un afecto más presente, más tangible.

Sin embargo, si hay algo que nos

recomiendan la mayoría de libros

de autoayuda es que aprendamos

a “auto-abastecernos”. Es decir, debemos poner en práctica adecuadas estrategias para disponer de un buen amor propio, una autoestima resistente y una personalidad fuerte con la que salir airosos de cualquier adversidad. Si bien es cierto que todo ello es positivo y hasta recomendable, hay un matiz que conviene tener muy claro.

La persona que invierte en su crecimiento personal y en sus fortalezas psicológicas no debe caer en el extremo de practicar un “auto-abastecimiento” tan agresivo, donde dejar de necesitar nada de nadie. Porque a veces, quien no necesita nada, tampoco ofrece nada y casi sin darse cuenta acaba practicando un auténtico materialismo emocional.

La clave está en el equilibrio y en entender que una persona fuerte no es alguien inmune al sufrimiento, ni insensible ni carente de sentimientos. Los fuertes son quienes un día se permitieron ser débiles y quienes en su interior, siguen sufriendo la huella de la adversidad, por tanto ellos más que nadie deberían no solo dar apoyo, sino permitirse también recibir esas caricias emocionales con las que saciar su hambre, con las que seguir curando sus silenciosas heridas.

TODO VA A SALIR BIEN,

CONFÍA EN MI

Todos necesitamos que en algún momento de nuestra vida alguien nos coja de la mano y nos diga que todo va a salir bien. Hay instantes así, esos donde la confianza en uno mismo no llega, esos donde una buena autoestima no garantiza el éxito, la resolución o el buen desenlace. Hay momentos puntuales en que nada es tan catártico compartir cargas, aligerar el peso de los miedos y la carcoma de las preocupaciones.

Se sabe, por ejemplo, que aquellos médicos que toman la mano de sus pacientes y les ofrecen mensajes positivos, cálidos y esperanzadores, logran reducir el miedo y la ansiedad en los enfermos.

Asimismo, pocos calmantes son tan reconfortantes como ese padre o esa madre capaz de apagar las inquietudes de sus hijos, invitándolos a confiar, diciéndoles que todo va a salir bien.

Hay veces, y esto nos pasa a todos, en que el cerebro se nubla y aparecen las tinieblas mentales. Porque los pensamientos negativos tienen la mala costumbre de ser resistentes, de ser como el estaño que ensambla el negativismo con la pesadumbre, la incertidumbre con el caos.

Cuando esto ocurre, cuando los jinetes del miedo cabalgan libres, no siempre logramos por nosotros mismos aplicar ese enfoque racional donde entender que una derrota no es una catástrofe o que un desengaño el fin del mundo.

En esos momentos una mano amiga, una mente clara y un corazón dispuesto pueden hacer milagros. Porque no todos los caminos hacia la sanación los podemos hacer en soledad, porque aunque hayamos aprendido a auto-abastecernos nadie está libre de experimentar estos instantes de ofuscación, de falibilidad y debilidad.



Objetivos realistas para sobrevivir en el laberinto de las expectativas



Este es solo un ejemplo de cómo unas expectativas iniciales pueden acabar tornándose en otro destino. Sin embargo, no habría mayor problema de no ser porque este “cambio de planes” trae consigo la infelicidad de las personas.

Las expectativas tienen que ver con cómo “nos pensamos” en el futuro. Dependiendo de cómo tracemos las mismas y de cómo las usemos, podrán ser positivas o negativas.

Sergio García nos trae las claves para vivir con expectativas acordes a la realidad y que sean beneficiosas para nuestra salud emocional.

Según el psicólogo, “cuando hay una sobreexpectativa ya no se está viviendo en el mundo, sino en una ilusión” y si las expectativas nos afectan, “lo que estamos haciendo de alguna manera es tener un prejuicio”. Es decir, expectativa y prejuicio pueden llegar a ser lo mismo.

Las expectativas pueden llegar a frustrarnos gravemente. Para que no resulten perjudiciales, es necesario detenerse a pensar primero en hacer aquello que de manera natural se tenga más predisposición a realizar.

La clave es “dejarse llevar por el aquí y ahora y ser conscientes de cuáles son nuestras posibilidades”. De este modo, se eliminarán del camino aquellas expectativas que sean negativas.

Cuenta el experto que las personas no pueden saber a dónde van a llegar “si no lo hacen caminando”. Lo interesante es que en ese camino que cada uno emprende, éste sea capaz de darse cuenta de lo que “se tiene a mano” y, a partir de ahí, tomar decisiones, comenta.

Además, apunta que es interesante “realizar ciertos parones que nos permitan coger fuerza y así generar otro tipo de vías que deriven del camino inicial”.

Como si de un árbol se tratase, “vamos creciendo con diferentes ramas y diferentes direcciones”. Por lo tanto, el crecimiento no se puede medir de una manera automática en base a una previsión de antemano, sino que hay que saber que “uno crece de manera inusual”.

“No se puede saber el lugar donde se quiere llegar porque este va a ir cambiando en función de los pasos que demos, el camino que tengamos y las circunstancias que nos vayamos encontrando”.

¿Y si nos influencian las expectativas de los demás?

Más allá de la autoexigencia y de las expectativas frustradas a título personal, cabe el desengaño producido por las sobreexpectativas generadas por las personas que nos rodean.

“Esto puede generar que no nos veamos a nosotros mismos, pues para poder saber quiénes somos tenemos el espejo de los demás”, afirma.

Dependiendo de con quién nos relacionemos, dicha persona “colocará” una expectativa sobre nosotros. Asumir de manera automática tales expectativas de los demás sobre nosotros mismos “conducirá al engaño, ya que veremos que no somos la persona que nos están diciendo”.

Esas expectativas tienen que ser filtradas por cada persona pues, “cuando uno se deja llevar por las expectativas de los demás, está viviendo una vida impostada”.

Cuando esos anhelos o aspiraciones no son de la persona en concreto, sino que son importados de la familia u otras personas a las que aprecian, la frustración llega al “no darse cuenta de que se trata de una expectativa falsa frente a lo que yo quería”, asegura.

¡La respuesta a todo!



¿Eres de las personas que cuando tienen que tomar una decisión importante lo consultas con tu mejor amiga, tu mamá, un sicólogo, o hasta alguien que te lea la mano? ¿Todo para que te ayuden a decidir qué debes hacer? Y aún así, no encuentras un: “¡Ajá, esta es la solución!”.

Si no consigues una respuesta es porque quien sabe lo que te conviene, mejor que nadie, es tu instinto, conocido como tu sexto sentido que te murmura lo que debes hacer y qué decisión tomar. Pero no escuchas y buscas respuestas en otros lados.

El ser humano tiene seis sentidos, no obstante, únicamente cinco están científicamente reconocidos: vista, audición, olfato, tacto y gusto. El sexto, la intuición, es un mecanismo de defensa que Dios te dio para cuidarte. Los animales también lo poseen. Cuando ocurre un maremoto, muchos se salvan porque antes de llegar la ola, escapan hacia terrenos elevados. Así como los animales escuchan su instinto, nosotros debemos oírlo.

Por cada decisión que vayas a tomar, existe solo una opción correcta. Por ejemplo, si contemplas la decisión de quedarte o no en una relación, mudarte o no a otra ciudad o aceptar o no una oferta de empleo, para cada una de estas situaciones solo hay una decisión que te conviene. Entonces, ¿qué hacer?



1. No busques respuestas en otros. Toma tiempo a solas para meditar: relájate, respira profundamente, cierra los ojos y pregúntate qué sucedería al escoger cada una de tus opciones.



2. Presta atención a las sensaciones de tu cuerpo. Aquella opción que te de inquietud e incomodidad, significa que tu instinto te está indicando otro camino. Por el contrario, la decisión que te haga sentir relajada y en paz, es la correcta.



3. Antes de seguir los pasos 1 y 2, recomiendo que dejes a un lado tus miedos. Imagina que eres fuerte y valiente; de esta forma tus temores no podrán confundirte.

De ahora en adelante, para buscar la solución, ¡presta atención a tu intuición!



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martes, 22 de agosto de 2017

Sobre el carácter

• El mejor agricultor es aquel que se cultiva a sí mismo.

• No existe fruto que no haya sido ácido antes de madurar.

• Nada revela tan fiablemente el carácter de una persona como su voz (Benjamín Disraeli).

• Las personas que tienen buen carácter son las más dignas de ser queridas (Antístenes).

• Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre (Proverbio chino).

• Las pequeñas acciones de cada día son las que hacen o deshacen el carácter (O. Wilde).

• El que domina su cólera, domina su carácter (Confucio).

• El carácter no está cortado en mármol, no es algo sólido e inalterable. Es algo vivo y cambiante (G. Eliot).

• Pocos hombres tienen la fuerza de carácter suficiente para alegrarse del éxito de un amigo sin sentir en lo más profundo de su corazón una cierta envidia (Esquilo).

• El hombre de carácter podrá ser derrotado pero jamás destruido (E. Hemingway).

jueves, 17 de agosto de 2017

Cómo hacer lo que realmente quiere

Las fuerzas del dolor y del placer configuran nuestras conductas, nuestras acciones y nuestras actitudes; cuando quiera hacer algo que le resulte difícil, incómodo o desagradable y necesite hacer ese algo, debe vincular placer a esa conducta, a esa acción.

Una vez que consiga esa vinculación entre su conducta que quiere hacer y que no puede por alguna razón, con la fuerza del placer la conducta se realizará.

En muchas ocasiones me resulta un tanto difícil escribir estos artículos y la razón es implemente la vinculación a la fuerza del dolor, como que tengo en alguna parte de mi inconsciente la creencia de que es doloroso o difícil hacer estos artículos y para cambiar esa situación tuve que escribir veinte veces el siguiente pensamiento vinculador: “escribir cada artículo es placentero, fácil y muy estimulante para perseverar”.

Cuando una conducta está vinculada al placer, la conducta funciona y se produce con mucha naturalidad, puede perseverar y puede mantenerse en el estado de conexión constante con el tema que necesite desarrollar, como ya lo ha visto con mi propio ejemplo, puede crear su propia conexión. Vamos a la fórmula con la cual logrará que esas acciones y conductas se concreten: “la conducta x significa placer, mucho placer”.

Para que su vinculación funcione debe escribirla entre treinta y cincuenta veces y luego ponerse en acción hasta donde le sea posible y después, seguir escribiendo en series de diez su pensamiento vinculador. De esa manera, conseguirá lo que parecía imposible: hacer las acciones de conductas que usted quiere y necesita, vinculando placer a dicha conducta y lo más sorprendente, saber que puede aplicar esa fórmula y esa estrategia a otras actividades que le parecían antes difíciles y hasta imposibles de hacer.

Nota: Aprender a vincular es una habilidad que se puede aprender mejor en un encuentro personal y si lo necesita, solo hágamelo saber.

jueves, 10 de agosto de 2017

El poder curativo de la música

Una de las leyendas que se han escrito acerca de Albert Einstein es que cada vez que llegaba a un punto en que su razonamiento matemático se estancaba y no podía atar ni desatar en el desarrollo de alguna de sus fórmulas, dejaba todo, agarraba su violín y se ponía a tocarlo por varias horas. Cuenta la leyenda, que Einstein decía que la música le permitía siempre encontrar la respuesta al problema matemático que lo agobiaba. Sin pretender igualarnos al genio, estamos seguros que, además de las emociones que la música nos despierta, muchos usamos la música para relajarnos, encontrarnos con nosotros mismos y ayudarnos a tomar decisiones importantes.

¿Qué tiene la música que logra llegar tan profundamente a nuestro cerebro? ¿Puede la música considerarse un tipo de lenguaje universal? ¿Qué zonas cerebrales se activan o desactivan al escuchar música? ¿Puede la música usarse como una medicina? Esas son algunas de las preguntas que una interesante iniciativa llamada Sound Health: Music and the Mind (Sonido Saludable: Música y la Mente) trata de responder en una rara colaboración entre los Institutos Nacionales de la Salud de EE.UU. y el John F. Kennedy Centro de las Artes en Washington DC.

LA MÚSICA COMO LENGUAJE UNIVERSAL

Un lenguaje tiene dos componentes fundamentales: 1. un conjunto de símbolos que tienen significado (palabras) y 2. Un conjunto de reglas para combinar esos símbolos en combinaciones largas (frases y oraciones) que tienen un cierto significado (sintaxis). Es importante sin embargo, distinguir entre lo que es un verdadero lenguaje de lo que es un sistema de comunicación como el que tienen muchos animales. Ciertos animales emiten sonidos que denotan un significado de hambre o alarma o por ejemplo, pero carecen de las reglas para combinar esos sonidos. Por otro lado, cuando un pájaro macho emite trinos (símbolos) destinados a cortejar a una hembra, cada trino por separado no tiene significado, mientras que la combinación de ellos si lo tiene.

Del mismo modo, la música tiene también reglas muy definidas para combinar sus elementos (sintaxis), pero cada elemento por sí mismo (notas, acordes, intervalos) no tienen un significado definido. Es la composición en su integridad (melodía) la que tiene significado, la que origina fuertes emociones en la persona que escucha la música. Las emociones que despiertan las melodías son parecidas a las que despiertan las melodiosas palabras de un orador o de una persona enamorada y que los lingüistas denominan la prosodia del lenguaje.

LA MÚSICA EN EL CEREBRO

Interesantes experimentos hechos por el médico Charles Limb en la Universidad de Johns Hopkins han revelado que la música utiliza los mismos circuitos cerebrales que se activan al usar el lenguaje verbal. Durante el lenguaje verbal (una conversación), estudios hechos con la resonancia magnética funcional (FMRI) han revelado que el cerebro no solo usa las clásicas zonas cerebrales atribuidas al lenguaje, las cuales van descifrando las palabras y el orden de estas (sintaxis), sino que activa muy fuertemente las zonas cerebrales que tienen que ver con el significado de lo que se dice (semántica).

Pero en su ya clásico experimento en el que un músico tocaba un piano electrónico en una máquina de fMRI, Limb descubrió que el cerebro del músico funciona de manera diferente cuando toca una melodía memorizada de una partitura o cuando improvisa melodías de jazz, que al igual que cuando conversamos con alguien, improvisa notas, acordes y melodías. El médico Limb descubrió que al tocar una melodía memorizada, al igual que al hablar, el cerebro activaba las zonas del lenguaje y del significado (sintaxis y semántica), pero al improvisar música, se inactivaban las zonas cerebrales del significado, lo cual significaría que el improvisar música es más una actividad sintáctica que semántica.

LA MÚSICA COMO UN GATILLO EMOCIONAL

Pero además de las investigaciones neurocientíficas, el proyecto Sound Health estimula las investigaciones para encontrar cómo esos hallazgos pueden ser usados en la música para el tratamiento de algunas enfermedades que afectan al ser humano. Los primeros intentos de usar la música como terapia surgieron en el tratamiento del síndrome de estrés post traumático (PTSD por sus siglas en inglés) después de la segunda guerra mundial. En la actualidad, después de más de 100 revisiones del efecto de la música en la salud, incluyendo 10 análisis de Cochrane (consideradas la forma de análisis de mayor evidencia), puede decirse que la música es un excelente coadyuvante en el tratamiento de algunos síntomas del cáncer infantil, autismo, enfermedad de Alzheimer, dolor crónico y enfermedad de Parkinson.

En ese contexto, dos hallazgos científicos apoyan el uso terapéutico de la música en el ser humano.

El primero es que la música no solo es capaz de aumentar significativamente la concentración de dopamina (el neurotransmisor de las emociones) por el sistema estriado cerebral – por lo que decimos que ciertas melodías “nos llegan al alma”-, sino que el cerebro es capaz de producir dopamina en anticipación al estímulo musical –lo que explicaría el éxito de los conciertos musicales en los que los musicófilos ya están motivados desde antes del concierto-.

El segundo es que ciertas áreas del cerebro (localizadas en la corteza auditiva cerebral) solo responden al sonido de la música pero no a sonidos aislados, por lo que los científicos se preguntan: si la música no fuera tan importante para el ser humano ¿por qué tendría que tener una zona especial en el cerebro, una especie de cuarto de música cerebral solo para recibirla e interpretarla?

Franz Schubert pidió morir escuchando el cuarteto de cuerdas No 14 de Beethoven. ¡Qué manera de llenar su cuarto de música cerebral en su último viaje!