jueves, 29 de diciembre de 2016

¿Por qué nos volvemos unos energúmenos al volante?

A muchas personas el coche les saca lo peor de sí mismos. Adiós a las buenas maneras, a esa gentileza que hace que dejen la puerta abierta cuando ven que llega un vecino o a que digan “usted primero” antes de entrar en el ascensor. No. En la autopista no todos se cambiarán al carril de la izquierda para que tú, que estás en el de aceleración, puedas incorporarte. Y si cometes la tropelía de tardar dos segundos de más en arrancar en un semáforo, de la sinfonía de pitidos y la visión de algún dedo anular no te libra nadie. Dado que estos conductores agresivos abundan, puede incluso que seas uno de ellos.

En el día a día, son bastantes las situaciones que pueden desencadenar una conducta agresiva al volante. Condiciones externas como la congestión del tráfico y atascos, cortes de carril por obras, falta de aparcamiento o la infracción de otros conductores. También condiciones de uno mismo, como las prisas y el egocentrismo. Y, por supuesto, el consumo de drogas y alcohol, que además de ser una irresponsabilidad, convierte al conductor en un peligro para el resto de usuarios de la carretera.

Los factores que influyen en la agresividad

Bien es cierto que no todos los comportamientos agresivos son iguales (del mal gesto a bajarse del coche buscando pelea dista un mundo), y el amplio abanico de reacciones reflejan la personalidad. “Normalmente la agresividad aparece como cualidad de la persona que, en esas circunstancias adversas, da salida a ella sin control y sin guardar las formas prosociales”, explica Eguzkiñe Zabaleta, psicóloga del Centro Médico San Martín (San Sebastián). Los factores externos no dependen de nosotros, pero los internos sí. “El factor clave es la capacidad personal para controlar una respuesta agresiva”, dice la experta.

La psicóloga habla del fenómeno de la burbuja de anonimato para explicar esta transformación de personas pacíficas y educadas fuera de la carretera que a bordo de sus vehículos dan salida a conductas agresivas. “Dentro del coche los conductores se sienten protegidos de alguna manera por el anonimato y esto hace que actúen sin sentir el compromiso de mostrar un saber estar y sin preocuparse de guardar las formas, dejándose llevar por sus impulsos más primitivos e irracionales. Se da una desindividualización, es decir, las normas sociales se dejan de lado cuando las identidades se ocultan”.

El efecto dominó

Y tanto esfuerzo, tanta irritabilidad manifiesta, ¿para qué? “Se podría decir que el propósito que esconde la actitud agresiva de los conductores es ejercer dominio e imponer deseos frente a resistencias que encuentran en el tránsito mediante violencia”, contesta Zabaleta. Un estudio publicado por investigadores de la Universidad Estatal de Oregón (EEUU) determinó que esta conducción competitiva y agresiva es un reflejo de la cultura que rodea a una persona, tanto en la carretera como a un nivel social más amplio.

Lo peor de todo esto (o parte de lo malo) es que, además, la agresividad se pega. Otro estudio, esta vez realizado por el fabricante de neumáticos Goodyear y la London School of Economics and Political Science (Reino Unido), determinó que el 55% de los cerca de 9.000 conductores encuestados tiende a desahogarse con un tercero cuando un conductor les provoca un enfado. Así que el enfado tiene un efecto dominó en la carretera. La parte positiva de esta encuesta es que el 87% de los participantes estuvo de acuerdo en que la amabilidad de una persona al volante puede, a su vez, inducirles a ser cordiales con otro conductor.



¿QUÉ HACER?

“La herramienta más efectiva para frenar esta agresividad es la educación en toda su extensión y, en concreto, la educación vial. Educar desde la infancia en valores de respeto, de tolerancia a la frustración, en asertividad, empatía y autocontrol es la clave para desarrollar la conducta prosocial”, argumenta la psicóloga.

Como truco explica que para evitar ponernos agresivos podemos pensar antes de actuar que alguien conocido nos está observando, como un familiar por ejemplo, y la vergüenza que sentiríamos si nos vieran insultando o siendo violentos. Seguramente si piensas que tu hijo o tu abuela están mirándote se te corta un poco el rollo de la burbuja del anonimato.

También recomienda salir con suficiente tiempo para evitar las prisas, ser tolerantes, actuar con calma y evitar conducir si estamos muy irritados. O, dicho de otro modo, actuar con un poco de sentido común. Y paciencia, mucha paciencia.

Las claves de la felicidad



El Estudio sobre Desarrollo Adulto, realizado por la universidad de Harvard, comenzó en 1938 con 700 hombres jóvenes, algunos de la prestigiosa universidad, otros de barrios pobres de Boston.

Y acompañó a lo largo de su vida a esos individuos, monitoreando su estado mental, físico y emocional. La investigación continúa ahora con más de mil hombres y mujeres, hijos de los participantes originales.

El actual director del estudio, el cuarto desde su inicio, es el psiquiatra estadounidense Robert Waldinger, quien también es maestro zen.

"Hay muchas conclusiones de este estudio", dijo Waldinger a BBC Mundo. "Pero la fundamental, que vemos una y otra vez, es que lo importante para mantenernos felices y saludables a lo largo de la vida, es la calidad de nuestras relaciones".

Conectados

"Lo que encontramos es que en el caso de las personas más satisfechas en sus relaciones, más conectadas a otros, su cuerpo y su cerebro se mantienen saludables por más tiempo", señaló el académico estadounidense.

"Una relación de buena calidad significa una relación en la que te sientes seguro, en la que puedes ser tú mismo. Claro que ninguna relación es ideal, pero esas son cualidades que hacen que la gente florezca".

En el otro extremo, está la experiencia de soledad, un sentimiento subjetivo de estar menos conectados de lo que nos gustaría.

"¿Estoy haciendo cosas que tienen un significado para mí? ¿Estoy haciendo cosas que me hacen sentir que importo en el mundo? Éstas son las preguntas que nos planteamos cuando hablamos de felicidad", señaló Waldinger.

"No hablamos de estar contentos en cada momento, porque eso es imposible y todos tenemos días, semanas o años difíciles".

Desde la psicología

“El estudio que plantea la Universidad de Harvard con sus respectivas conclusiones, nos marca un camino que el psicoanálisis, la filosofía y las neurociencias ya vienen reflexionando hace tiempo. Son muy interesantes los resultados que marcan el foco de la problemática de la felicidad y su contrapunto con la relación”, comenta a Más Salud, Marcelo Mendes Facundes, doctor en Psicología graduado de la Universidad Complutense de Madrid, respecto al estudio mencionado.

Según el especialista, para la psicología clínica estos resultados también son coincidentes, ya que durante muchos años ha prevalecido la pregunta de cuál es el factor que mejor predice el cambio en un tratamiento, y pese a que mucha gente cree que es la corriente de pensamiento (psicoanálisis, conductismo, cognitivismo), o la habilidad del terapeuta, los responsables del éxito terapéutico, lo que se ha encontrado en los últimos estudios es que, la variable que mejor predice el cambio y mejor predice la efectividad de una terapia es la relación entre paciente y terapeuta.

Con lo cual el resultado del estudio es muy congruente con todas las líneas de pensamiento que abogan por hondear en la eterna pregunta de ¿qué es lo que nos hace felices?

“Ahora nos queda pensar acerca de cómo se dan estas relaciones para no caer en las fantasías imperativas de felicidad y éxito que estamos sometidos todos, hay una exigencia constante en las relaciones, en los medios de comunicación, en las empresas, de que tenemos que ser felices, sí o sí.

Ser feliz es un trabajo, nos es natural, como mucha gente piensa, nuestro cerebro sólo está programado para la supervivencia, si queremos ser felices tenemos que ponernos manos a la obra y comprometernos con nuestro proyecto de vida, y sobretodo aceptar algunas reglas del juego de la felicidad, que están estrechamente vinculadas a nuestra forma de relacionarnos en el mundo y con los demás”, asegura Mendes Facundes.



ALGUNOS APUNTES

El doctor en Psicología Marcelo Mendes Facundes, nos aclara algunos puntos sobre la búsqueda de la felicidad.

• Muchas veces ser feliz y tener éxito, te separan de tu grupo de referencia, ya que no todos pueden llegar a los mismos lugares, y a las mismas posiciones, juntos y a la vez, deseamos cosas distintas y esencialmente somos distintos. Este suele ser uno de los costes de la felicidad para muchos. Es en esta paradoja que se manejan los que apuestan por la felicidad.

• Tolerar el éxito y la felicidad también es difícil, porque conlleva un precio, y el secreto está justo en lo que señala el estudio de Harvard, hay que trabajar la relación. Muchas veces la soledad suele ser la monedad de intercambio del éxito.

• “Entender éstas y otras dinámicas relacionales, son lo que van permitiendo que se sea feliz en lo que se hace, porque nuestra felicidad siempre está en contrapunto con la felicidad del otro, somos gregarios y vivimos en sociedad, es imposible ser feliz solo”, explica Marcelo Mendes Facundes.

• Mendes explica que es importante señalar que siempre hay un descompás entre lo que uno desea y la felicidad. “Nunca vamos encontrar una fórmula mágica, cerrada y definitiva para esto, ya que la felicidad es dinámica, y es sobretodo un bien individual y subjetivo, la tenemos que inventar y responsabilizarnos de ella, no hay una formula universal que dé cuenta de esto. En la medida que mejor conozcamos nuestros deseos, mejor podremos proyectarlos en el mundo y es a partir de ahí que entra la relación con el otro. Es como si tuviéramos que convencer a los demás de que esto es felicidad”.

• Respecto a aislarse, Mendes explica que puede ser bueno o malo según se maneje. “En la historia de la cultura, hay diferentes relatos que nos muestra el aislamiento como manera de pensar, lo vemos en los relatos bíblicos, en la pintura rupestre en la cavernas, donde diferentes manifestaciones de aislamiento sirven de manera positiva, como un espacio de reflexión. Lo que sí está claro, es que esta no puede ser la única vía, ya que, es en la relación con el otro que aprendemos a mirarnos, a saber quiénes somos”, dice el especialista.



EL ESPECIALISTA

Marcelo Mendes Facundes es Doctor en Psicología, graduado de la Universidad Complutense de Madrid. Es profesor de Procesos Psicosociales Básicos y Psicología de la Salud en el Real Centro Universitario Escorial - María Cristina y Psicólogo Docente de Práctica Clínica - Facultad de Psicología, en España.


“La Navidad me pone triste, ¿Soy raro o los raros son los demás?"



Nos encanta trazar líneas divisorias. Las que separan a los amantes de las letras de los locos por las ciencias, a los que prefieren la carne al pescado, el mar a la montaña… En todos estos casos, colocarse a un lado o a otro depende de una elección propia. Sin embargo, hay ocasiones en que responde a razones que se nos escapan de las manos. Y uno de esos casos es la Navidad.

En estas fechas, el mundo comienza a resquebrajarse entre aquellos que adoran la Navidad y a los que les gustaría desaparecer desde el día de la Lotería hasta después de Reyes. El problema es que si lo hicieran no sería por haber cobrado el "Gordo", sino empujados por sentimientos como la nostalgia o la pena. ¿Extraño? No tanto. "Este sentimiento afecta a muchas personas, incluso a las más equilibradas emocionalmente", asegura la coach Carmen Terrasa.

"Sentir tristeza es algo normal y necesario", afirma tranquilizadora la psicóloga clínica, Elisa Múgica, del Centro Vitae de Zaragoza (España), quien considera que el verdadero problema de este sentimiento reside en "cómo hemos aprendido a vivir esta emoción o el modo en que tratamos de superarla, a base de compensaciones patológicas, negación o rabia".

Pérdidas no resueltas

La tristeza "tiene una función adaptativa, de supervivencia", sostiene la experta. A medida que pasa el tiempo y vamos cumpliendo años, lo habitual es que vayamos experimentando pérdidas, las cuales pueden estar asociadas a una época de nuestra vida, como la infancia, una situación económica, una relación personal o la desaparición de un ser querido. "Si esas experiencias no han sido trabajadas correctamente, quedarán como heridas abiertas. Los estímulos navideños nos evocan esas situaciones mal resueltas que quedan en la mente como congeladas, ya que el cerebro no es capaz de almacenarlas de forma adaptativa", explica la psicóloga.

Así, todas esas luces, villancicos y adornos de colores se convierten en implacables recordatorios de otros tiempos y situaciones, los cuales pueden traernos momentos felices, pero también otros muy tristes.

Aquellos maravillosos (o no) años

La Navidad nos hace añorar nuestra infancia, cuando éramos felices y no teníamos problemas. Lo cual nos hace ver que ahora somos quizá menos felices y nos rodean los problemas. Incluso puede que ese retorno al pasado sea traumático porque no tuvimos una infancia dorada. "Las personas a las que los estímulos navideños les recuerdan que tuvieron una infancia dolorosa o unos cuidadores maltratadores, negligentes o fríos —dice Múgica—, asocian estos momentos al afecto no saciado, no seguro, y si no han realizado un proceso de sanación de la experiencia, reviven dolores tempranos".

Esa mirada a esos días que no volverán abarca mucho más. "Las pérdidas también están asociadas a las raíces, al lugar de origen de los que emigraron, a las rupturas sentimentales, e incluso, a las condiciones económicas", apunta Múgica.

Pero, ¿por qué afloran ahora estos sentimientos y no cualquier día del mes de marzo? "Esta época del año está asociada a la familia, la infancia, el consumo... Y tiene el poder de evocar los dolores y sinsabores que acompañan a las ausencias de los seres queridos o a los cambios en nuestro estilo de vida o nivel económico", aclara la psicóloga.

Temor al tic-tac y al paso del tiempo

Instalarse en la tristeza navideña no obedece sólo a la intensidad con que rememoramos episodios ya vividos; también la sensación del inexorable paso del tiempo hace mella en nuestro estado de ánimo. "La juventud parece un tesoro que tenemos que conservar a toda costa a pesar de que la realidad nos evidencie el deterioro de nuestro cuerpo y sus funciones vitales", reflexiona Múgica quien afirma "somos una sociedad que maltrata a las personas mayores y eso nos impele a no querer ser viejos. Por otro lado, los miedos relacionados con las enfermedades propias de la senectud y con la muerte, hacen el resto". Un día cualquiera de abril puede parecerse a otro de octubre, pero la Navidad es una alerta anual que nos hace ser un poco más conscientes de que nos queda menos de vida.

Y encima, el tiempo navideño no acompaña

Por si no tuviéramos suficiente con remembranzas cargadas de emociones o con el imparable devenir hacia la vejez, todo ello se nos presenta perfectamente envuelto con frío, lluvia, viento y pocas horas de sol. La climatología es otro factor que según la psicóloga también explicaría la tristeza navideña. "Hay numerosos estudios que indican que los factores atmosféricos tienen incidencia sobre el padecimiento de trastornos mentales en la población, sobre todo los asociados a la tristeza y los estados depresivos", asegura.



CÓMO HACER PARA QUE PASE RÁPIDO LA TRISTEZA

Durante unas semanas el mundo entero parece entrar en otra dimensión en la que sólo tienen cabida el amor, la paz, la solidaridad y, por supuesto, gente feliz, o al menos, sonriente. "La sociedad entera nos impone vivir estos días como una época idílica en la que todo es positivo", sostiene la ‘coach’ Carmen Terrasa. "Cuando nuestra situación particular difiere del ambiente de alegría y felicidad que nos rodea, se produce un conflicto interno que muchas veces no sabemos gestionar y que acabamos resolviendo a través de sentimientos de tristeza y malestar". La experta señala cinco consejos para que este año ni los renos, ni las luces, ni los villancicos te impidan disfrutar de estos días.

Reivindica tu derecho a estar triste

Si por alguna razón llega el 24 de diciembre y estamos tristes, "es importante estar tranquilos y saber que no pasa nada por sentirnos así", recuerda Terrasa, quien recomienda "poner de nuestra parte para que la velada sea fluida, sin posicionarnos como víctimas ni esperando que toda la atención se vuelque en nosotros".

Recuerda sin miedo

"En el caso de que falte una persona allegada y muy querida es recomendable compartir los momentos que se vivieron con ella". Y remarca: "Lo dañino sería no nombrarla y simular que todo va bien y que nadie la echa de menos".

Sustituye el foco de atención

Si no paras de darle vueltas al hecho de que vas a ver a un familiar que te hace la vida imposible, la ‘coach’ aconseja que "te centres en otra de las personas de la reunión que te hace pasar buenos momentos".

Párate a pensar

Aprovechando que el calendario señala como festivos algunos de estos días, tómatelos "como una época para valorar los errores, reflexionar y enfocar el futuro", sugiere Terrasa.

Reserva tiempo para ti

La experta nos recuerda que el día tiene 24 horas y que "es fundamental encontrar tiempo para visitar a los amigos y familiares, pero también para estar solo, relajarse y descansar"

Los extrovertidos potencian sus estados de ánimo positivos

Salir a dar un paseo, escuchar música o intentar pensar desde un ángulo más constructivo son ejemplos de conductas que pueden activarse en respuesta a un estado de tristeza”, explica Gonzalo Hervás, investigador de la facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), publica el portal Noticias de la ciencia.

En un estudio publicado en Anales de Psicología, Hervás e Irene López-Gómez, también de la UCM, descubrieron que tanto las personas extrovertidas como las introvertidas regulan de manera similar los estados de ánimo negativos, pero no los positivos.

“Los extrovertidos se muestran más proclives que los introvertidos a incrementar un estado previo positivo”, afirma Hervás. “Mientras que estos últimos tienden a “plantarse” cuando ya están en un buen estado de ánimo, los extrovertidos no se conforman y siguen buscando más”, añade.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores contaron con 112 participantes, todos ellos estudiantes universitarios con una edad media de 21 años. Tras ser evaluados con cuestionarios iniciales para saber si encajaban en un perfil extrovertido, introvertido o ambivertido (una mezcla de ambos), se les provocó un estado de ánimo triste o alegre y después, fueron sometidos a una tarea de regulación emocional.

El estado de ánimo se inducía con una combinación de música triste, Russia Under the Mongolian Yoke de Serguéi Prokófiev, o alegre, una versión jazz del Concierto de Brandenburgo No.3 de Johann Sebastian Bach, tocada por Hubert Laws. Mientras escuchaban estas canciones, se les pedía que imaginaran tres escenas positivas o negativas, previamente validadas, como si les estuvieran ocurriendo a ellos.

Los jóvenes rellenaban un cuestionario relativo a lo que acababan de experimentar. Después, simulando ser un estudio diferente, se les proponía ver una película de entre seis posibilidades (tres alegres y tres neutrales), sobre las que tenían que expresar su preferencia.

Cambio de actitud




Para lograr un cambio de actitud es necesario estar motivado, creer en uno mismo y tener elevada autoestima.

Muchas veces uno siente que día a día avanza en automático, sin tener el control de su propia vida y sin saber cuál es su verdadero potencial, tanto en lo personal como en lo profesional. Por ello, es importante observarse, mirar hacia adentro, conocerse mejor, pues es el primer paso para movilizarse y ser protagonistas de nuestra propia vida.

Así, la actitud con la que uno enfrenta el día día permitirá llevar de mejor manera situaciones adversas.

La actitud es la manera en la que un individuo se adapta de forma activa a su entorno y es la consecuencia de un proceso cognitivo, afectivo y conductual.

Por ello, la actitud es una motivación social antes que una motivación biológica. A partir de la experiencia, las personas adquieren una cierta predisposición que les permite responder ante los estímulos.

Así, "para un cambio de actitud hace falta estar motivado, creer en uno mismo y tener elevada la autoestima, factores que son importantes en mujeres y hombres, jóvenes y adultos", dice Claudia Herbas, directora general de ACHcom.

Por ello, con el objetivo de motivar a las personas a un cambio de actitud positiva, ACHcom organiza el curso taller: “Imagen e Impacto personal” que se realizará del 12 al 15 de diciembre en El Cortijo, en Cochabamba.

"Más de 150 personas participaron en los cuatro talleres anteriores con resultados exitosos, pues se trabaja de adentro hacia afuera", explica la directora.

"En el curso se los motiva al desarrollo de una actitud positiva, de adentro hacia afuera, se trabaja en su autoestima para que se quieran y valoren a sí mismos", explica Herbas.

Los temas que se desarrollan a cargo de expertos son: Utiliza el subconsciente y la automotivación para conquistar el mundo y cambiar de actitud, imagen y vestuario con impacto, técnicas de expresión oral y corporal, etiqueta en la mesa y el apropiado comportamiento, zumba, automaquillaje y cuidado personal para el varón.

Las personas interesadas en el curso pueden comunicarse al 77456012 o al 4520603.

Herbas señala que "la llave del motor de la motivación se llama actitud, que es la disposición al cambio. Es ocuparte y no preocuparte para echar a andar el motor".



La adolescente empoderada

“Asistí a los cursos en diciembre 2015 porque necesitaba un cambio, ya que tenía muy baja autoestima y me sentía impotente conmigo misma y con mi imagen. Rompía en llanto encerrada en mi dormitorio. No me valoraba a mí misma, trataba de mejorar, pero siempre había algo que me desanimaba. Me acomplejaba mucho de mi baja estatura”, comenta Adriana Zurita, de 16 años.

Explica que el curso de Imagen e Impacto personal la ayudó muchísimo y la cambió. Aprendió a quererse, valorarse y saber que todo se puede en esta vida, sólo hace falta luchar por los sueños.

“Hoy estoy motivada y sé que puedo lograr lo que me proponga. Hago las cosas con más ganas y actitud. Los comentarios que recibí de mi familia y amigos fueron muy positivos sobre mi cambio", señala Zurita.

No caigas en la negatividad

Con más frecuencia de la que pudiéramos imaginar y en una gran cantidad de hogares, la vibración negativa hace de las suyas logrando que las personas se peleen, se disgusten y discutan como si cada cual tuviera la razón, sin darse cuenta de que es la vibración negativa la que está reinando y provocando inarmonía, discusiones violentas e innecesarias y la destrucción de la posibilidad de pasar un buen momento en la vida.

Tratar de atacar o resistirse a la vibración negativa solo hace que nos hundamos más en el fango de la negatividad.

Aprender a conocer el hecho de que en nuestra mente solo hay dos clases de vibraciones, las vibraciones positivas y las vibraciones negativas, es de vital importancia, pues la ley de atracción funciona de acuerdo con el tipo de vibración que nuestra mente está emitiendo.

Para aprender a vivir en un estado de vibración positiva es necesario recordar las razones que tenemos para ser felices en el día de hoy y practicar el poder creador de las palabras escribiendo: “Los pensamientos tienen poder creativo cuando se los escribe hasta memorizarlos, sentirlos y llevarlos a la acción”.

En la mayor parte de las situaciones de estrés, la escritura de pensamientos creadores es el recurso que nos puede sacar de dicho estado o de dicha situación, todo lo que necesitas es un cuaderno y un buen bolígrafo y la decisión de ponerte a escribir un pensamiento que quieras que se convierta en estado mental, en acción y en realidad.

Cuando conocemos el tremendo poder de la vibración negativa aprendemos a reconocer dicho poder negativo de una vibración mental de esa característica y aprendemos a evitar ese estado mental controlando nuestro “hablar” y, sobre todo, evitando hablar con personas que están en la vibración negativa, si lo haces, te aseguro que acabarás por renegar, por sentirte mal, pues de las personas negativas no se pueden obtener vibraciones positivas y si estás obligado a compartir con este tipo de personas, lo mejor es un respetuoso silencio y nada más.

Para poder mantener tu vibración positiva, en caso de que una imagen de personajes negativos se filtren en tu pantalla mental, debes trazar con un marcador imaginario de color azul o morado una “x” y luego desplazar o mover dicha imagen hacia tu lado derecho, cortar en pedazos con una tijera imaginaria y quemar dichos trozos de imagen en un turril que contenga fuego imaginario y de esa manera, toda imagen negativa será desintegrada y tu mente gozará de paz y de bienestar mental.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Una Navidad sin estrés

Las compras de última hora, las reuniones sociales y los preparativos para las comidas y cenas familiares pueden hacer de la Navidad una época muy estresante. Para evitarlo, un psicólogo nos ofrece algunas recomendaciones que nos ayudarán a vivir las fiestas de forma más relajada

“Lo importante no son las formas sino el fondo. No es la comida, no son los regalos ni el dinero. Es compartir tiempo con la gente significativa para nosotros”, destaca el psicólogo Alberto Soler.

“Vea los inevitables tropiezos como oportunidades para mostrar flexibilidad y capacidad de adaptación. Un árbol que ha quedado asimétrico o un costillar que se ha quemado no arruinarán la fiesta, sino que crearán un recuerdo familiar”, apunta la Asociación Americana de Psicología.

-“No quiero ir a cenar otra vez a casa de tus padres, ya fuimos el año pasado. Acordamos que este año pasaríamos la Nochebuena con mi familia”.

- “Lo sé, pero viven muy lejos y me da pereza recorrer tantos kilómetros”.

-“Bien, pues entonces me iré sin ti”.

Conversaciones como estas son frecuentes en algunos hogares cuando se acerca la Navidad. Los encuentros con la familia política o con la propia, la agenda repleta de eventos y los muchos gastos en los que se suele incurrir en estas fechas, pueden desencadenar verdaderas situaciones de estrés.

“Estamos sometidos a una enorme presión para que todo sea perfecto; nos toca compartir más tiempo con familiares con los que no hay necesariamente mucha química; nos vemos presionados a gastar y consumir por encima de nuestra capacidad económica; cambiamos nuestras rutinas; nos desplazamos; rompemos aquello que nos da estabilidad... y aparece el estrés”, explica el psicólogo Alberto Soler.

El especialista señala que habitualmente se manifiesta con síntomas físicos, pero en otros casos “es más bien una percepción subjetiva de malestar y ‘ganas de que pase esto rápido’. Así, los enfados y las prisas son, a veces, manifestaciones de este estrés”.

Época de compras

Las compras se han convertido en una seña de identidad del periodo navideño. Regalos para familiares y amigos, comida, bebida, adornos, o incluso ropa nueva para lucir en los múltiples eventos que se suceden durante estos días, hacen que la cuenta bancaria se resienta.

Además, metidos en la dinámica de comprar, no es raro dejarse llevar y acabar con más artículos de los que realmente se necesitan. En este sentido, es importante valorar si de verdad nos hace falta el artículo que vamos a adquirir y no caer en la compra impulsiva.

“La principal característica de una compra impulsiva es su elevado componente emocional. No se parte del análisis previo de la necesidad de comprar el producto ni se hace un balance decisional de elementos a favor y en contra.”, detalla Alberto Soler, quien comenta que las marcas y comercios se esfuerzan por incrementar el número de compras impulsivas, que les reportan gran cantidad de beneficios.

Del mismo modo, el psicólogo indica que la mayoría de las familias asume más gastos durante las celebraciones de lo que les gustaría.

“La presión social es responsable de ello. Temen no estar a la altura de su entorno y se acaba produciendo lo que se conoce como ‘una carrera hacia el abismo’. Se asumen demasiadas cosas de facto, como que es necesario hacer regalos o que éstos deben ser de un importe determinado, cuando no tendría por qué ser así. Los regalos no sólo se compran, también pueden ser cosas no materiales, manualidades, etc. Y, en caso de tratarse de objetos comerciales, no es necesario que sean de un precio elevado”, expone.

En este periodo del año también tienden a acumularse las reuniones y eventos de todo tipo, con los compañeros del trabajo, con los amigos y con la familia. Muchas personas disfrutan enormemente de estos encuentros, mientras otras darían cualquier cosa por poder librarse de ellos.

“Cada persona es un mundo. Hay quienes la comida familiar de Navidad ya es un compromiso que les genera agobio, pero también aquellas que estarían todo el año siendo anfitriones para los demás”, señala Soler.

Para los que se ven sobrepasados por el gran número de reuniones que se agolpan en estos días, los especialistas de la Fundación Española del Corazón recomiendan no intentar llegar a todos los compromisos, si no es posible.

“Recuerda que hay muchos más días en los que puedes reunirte con amigos y seres queridos y pasar un buen momento con ellos. De las prisas sólo queda el cansancio”, advierten.

De igual modo, aconsejan redactar una lista de tareas y establecer prioridades, pues así, si no es posible hacer todo lo previsto, no quedarán pendientes las cosas más importantes.

Nada hay perfecto

La Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés) destaca que, ni la Navidad ni ninguna otra fiesta son perfectas.

“Vea los inevitables tropiezos como oportunidades para mostrar flexibilidad y capacidad de adaptación. Un árbol que ha quedado asimétrico o un costillar que se ha quemado no arruinarán la fiesta, sino que crearán un recuerdo familiar”, apunta esta entidad.

En este sentido, Alberto Soler afirma que tendemos a fijarnos en lo accesorio (la comida, los regalos, los adornos, etc.) y no en el verdadero motivo de la reunión, es decir, en compartir tiempo y estar a gusto con gente significativa para nosotros, vernos e intercambiar experiencias y emociones sin la presión del día a día. “Si nos centramos en ese objetivo, sobra todo lo demás”, asegura.

Para prevenir el estrés en el periodo navideño, el psicólogo hace hincapié en la importancia de bajar la presión.

“No todo tiene que ser perfecto ni tenemos que ser extraordinariamente felices durante las fiestas. Simplemente son unos días en los que se celebra y se comparte”, subraya.

El especialista sostiene que es necesario tener un pensamiento crítico y cambiar de objetivos. “Lo importante no son las formas sino el fondo. No es la comida, no son los regalos ni el dinero. Es compartir tiempo con la gente significativa para nosotros. Teniendo esto en cuenta, hay que cuidar lo accesorio en la medida en la que nos ayude a sentirnos mejor, pero sin confundir el fin con los medios”, concluye.