En la mayoría de los casos, los nervios nacen desde la inseguridad y del temor a determinadas cuestiones. En principio, debes descubrir qué situaciones o temas provocan tus nervios y atacar la inseguridad. Y algo muy importante: incluso las personas más seguras de si mismas, se ponen nerviosas y titubean cuando algo les incomoda. No eres el único.
El portal de salud 180, nos brinda cinco consejos 'claves' para regular nuestro comportamiento y ganar la batalla frente a los nervios.
1. Aprende a relajarte. Cuando te enfrentes a una situación que te pone nervioso, toma en cuenta que la relajación es fundamental. Es muy importante intentar respirar profundamente: toma aire durante unos segundos lentamente y expúlsalo sin prisa para que tu cuerpo se relaje lentamente mientras lo expulsas. Te sentirás menos tenso, comprenderás que puedes tener el control de ti mismo y eso te calmará.
2. Ensaya frente al espejo. Si te enfrentas a una situación en la que debes hablar en público, como una exposición o un examen oral, y no te sientes seguro de ti mismo, puedes practicar previamente delante del espejo. Piensa que de esta forma podrás observar lo que van a ver los demás. Habla en alto, escucha tu propia voz, examina tus gestos, tu sonrisa.
3. Ten confianza en ti mismo. Cuando estamos nerviosos, la tendencia es de infravalorarnos, de considerarnos menos capaces. Confía en ti mismo. Es fundamental y esa misma confianza la transmitirás a los demás. Ten una actitud positiva. Si te equivocas en algo, no te paralices, seguro que puedes rectificar. Y sobre todo, aprende de tus errores, celebra tus victorias y no te juzgues. Eres humano y puedes equivocarte.
4. Adopta hábitos saludables. El ejercicio ayuda a calmar los nervios y el estrés. Si te sientes nervioso con frecuencia es recomendable que "descargues" esos sentimientos de alguna forma, y practicar algún tipo de ejercicio ayuda a reducir la ansiedad. Ganarás además en seguridad y confianza. En situaciones de estrés la dieta es fundamental, sobre todo para evitar incrementar el grado de ansiedad y nerviosismo. Evita tomar bebidas con cafeína y exceso de azúcar, pero toma mucha agua para hidratar el cuerpo y calmarte.
5. Buen descanso. Si descansas bien, te sentirás más fresco, tendrás la mente más despejada. Sentirte cansado te hará sentir más inseguro. Si los nervios no te permiten conciliar el sueño, aparta de tu mente por un momento aquello que te provoca el nerviosismo. Hay determinadas infusiones que son muy efectivas por sus efectos relajantes y pueden ayudarte a dormir mejor.
Un último consejo: recuerda que el apoyo de los demás es muy importante y un abrazo puede ser la mejor terapia del mundo.
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viernes, 27 de junio de 2014
lunes, 23 de junio de 2014
¿Por qué se nos cierra el estómago cuando estamos nerviosos?
Una entrevista de trabajo, el día de nuestra boda, una primera cita, estar enamorado... hay momentos de la vida en que los nervios se apoderan de nosotros y nos cierran el estómago. Sin embargo, también pasa lo contrario. Por ejemplo, en rachas de mucho estrés por el trabajo o si estamos tristes por una ruptura sentimental, nuestro estómago se convierte en un pozo sin fondo. Podemos comernos cualquier cosa, aunque tendemos a buscar lo sabroso, más que a lo sano, porque nos provoca un placer inmediato. Pero ¿por qué nuestro cuerpo reacciona así?
«Puede estar relacionado con la respuesta hormonal», afirma la doctora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia, profesora visitante en Harvard y autora del libro «Pierde peso sin perder la cabeza». Según explica a ABC la experta, si el estrés es puntual «prima la respuesta de la adrenalina sobre el cortisol, lo que hace que disminuya el apetito y además se produzca movilización de grasa del organismo». Pero si el estrés es crónico, en la respuesta fisiológica a este estrés «prima el cortisol frente a la adrenalina, por lo que aumenta el apetito y además se acumula más grasa en el tejido adiposo abdominal que es dónde tenemos más concentrados los receptores a cortisol».
Estos dos fenómenos, el de la falta de apetito o el hambre provocado por los nervios, «dependen tanto del tipo de estímulo que causa el "estado de nervios", no es lo mismo ansiedad que angustia o tristeza; de la persona que lo sufre (podrá haber personas más susceptibles genéticamente a sufrir estos episodios) y probablemente de condicionantes adquiridos durante la vida», explica a ABC el doctor Esteban Jódar, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Quirón.
El endocrinólogo alerta de que el apetito relacionado con el estrés puede empeorar «si se toman alimentos más adictivos» o mejorar con la práctica regular de ejercicio. Como dato curioso, comenta que, se ha comprobado que si a mujeres que están siguiendo un programa de modificación de hábitos para cambios en el estilo de vida se les da a oler naranjas frescas antes de ofrecerles chocolate, les resulta más fácil evitarlo.
«Las personas que presentan un mayor estrés crónico se alejan más de la dieta mediterránea, comen menos verduras, frutas y menos carbohidratos complejos mientras que aumenta la ingesta de grasa saturada (bollería, embutidos, mantecas)», explica la doctora Garaulet.
La tristeza también nos despierta el apetito, y no de lo más sano. Más de uno y de una es capaz de devorar un bote de helado entero tras un fracaso. Esto se debe a que en estados de ansiedad y depresión disminuye la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad. «Existen estudios que muestran que la ingesta de hidratos de carbono aumentan la disponibilidad de su precursor, el triptófano, por lo que se incrementa la formación de serotonina. En definitiva, comer dulces nos hace más felices», añade la experta.
Pero cuidado. Porque optar por los alimentos ricos en azúcar y en grasas para calmar nuestra ansiedad «pueden originar una necesidad de consumir cantidades progresivamente mayores para sentir la misma sensación de placer», advierte el doctor Jódar.
«Puede estar relacionado con la respuesta hormonal», afirma la doctora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia, profesora visitante en Harvard y autora del libro «Pierde peso sin perder la cabeza». Según explica a ABC la experta, si el estrés es puntual «prima la respuesta de la adrenalina sobre el cortisol, lo que hace que disminuya el apetito y además se produzca movilización de grasa del organismo». Pero si el estrés es crónico, en la respuesta fisiológica a este estrés «prima el cortisol frente a la adrenalina, por lo que aumenta el apetito y además se acumula más grasa en el tejido adiposo abdominal que es dónde tenemos más concentrados los receptores a cortisol».
Estos dos fenómenos, el de la falta de apetito o el hambre provocado por los nervios, «dependen tanto del tipo de estímulo que causa el "estado de nervios", no es lo mismo ansiedad que angustia o tristeza; de la persona que lo sufre (podrá haber personas más susceptibles genéticamente a sufrir estos episodios) y probablemente de condicionantes adquiridos durante la vida», explica a ABC el doctor Esteban Jódar, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Universitario Quirón.
El endocrinólogo alerta de que el apetito relacionado con el estrés puede empeorar «si se toman alimentos más adictivos» o mejorar con la práctica regular de ejercicio. Como dato curioso, comenta que, se ha comprobado que si a mujeres que están siguiendo un programa de modificación de hábitos para cambios en el estilo de vida se les da a oler naranjas frescas antes de ofrecerles chocolate, les resulta más fácil evitarlo.
«Las personas que presentan un mayor estrés crónico se alejan más de la dieta mediterránea, comen menos verduras, frutas y menos carbohidratos complejos mientras que aumenta la ingesta de grasa saturada (bollería, embutidos, mantecas)», explica la doctora Garaulet.
La tristeza también nos despierta el apetito, y no de lo más sano. Más de uno y de una es capaz de devorar un bote de helado entero tras un fracaso. Esto se debe a que en estados de ansiedad y depresión disminuye la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad. «Existen estudios que muestran que la ingesta de hidratos de carbono aumentan la disponibilidad de su precursor, el triptófano, por lo que se incrementa la formación de serotonina. En definitiva, comer dulces nos hace más felices», añade la experta.
Pero cuidado. Porque optar por los alimentos ricos en azúcar y en grasas para calmar nuestra ansiedad «pueden originar una necesidad de consumir cantidades progresivamente mayores para sentir la misma sensación de placer», advierte el doctor Jódar.
domingo, 22 de junio de 2014
Nuevas puertas – Nuevos ojos
Estamos a veces tan cerrados por nuestra propia cólera, dolor o desgano que no vemos las nuevas puertas que se abren. Todos hemos oído la frase "Cuando una puerta se cierra, la otra se abre", creo que es verdad, pero sucede que a veces no estamos dispuestos a dar vuelta el picaporte.
Es fácil pensar ¿Qué bueno puede venir de ésta difícil situación? Y sin embargo cada día oímos historias de la gente que ha superado batallas físicas, mentales y emocionales para alcanzar, contra todas la probabilidades como objetivos impensados.
Es necesario valorar las cosas buenas que seguimos encontrando en nuestra vida y agradecer por la presencia de algunas personas, como familiares, como amigos, sacerdotes, terapeutas, aceptadores de la confusión, del dolor, de las dudas y seguramente de los momentos más oscuros, todo sería difícil sin ello. Para cada persona lo que hay que agradecer es diferente, seguridad, contención, presencia, y hasta silencio. Date permiso para sentirte bien, estar con los amigos, hacer bromas, los malos momentos vienen por sí solos, pero es voluntaria la construcción de buenos momentos, empecemos prestando atención a los signos, señales y oportunidades a nuestro alrededor, no las uses si no tienes ganas pero no dejes de registrarlas.
Nunca cierres tu corazón al dolor, es importante expresar las emociones que uno siente y no guardarlas, no te guardes por miedo a cansar o molestar, busca a aquellas personas con las cuales puedes expresarte tal y como estás, nada es más impertinente y perverso que interrumpir tu emoción con tus ideas erróneas de condicionamiento de tu supuesta fortaleza protectora del prójimo. Muchos se ocupan de su proceso interno, están tan atentos a su sentir penosos que no prestan atención a su propio cuerpo, es saludable tener un horario para levantarse, acostarse, un horario para las comidas y lo cumplas por supuesto, alimentarse bien, no abusar del tabaco, del alcohol ni de los medicamentos, estos últimos actúan mejor bajo criterio de un médico y no por consejos de familiares, amigos, vecinos.
No te hagas expectativas mágicas, es mejor estar preparado para la recaídas, un suceso inesperado, una visita, el aniversario, la Navidad, etc. no se puede llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo de ayer, pero pinceladas de alegría si adornan mejor tu día, tu ayer y tu mañana.
Saber que "Lo que es, es" implica la aceptación de que los hechos, las cosas, las situaciones son como son, el cambio sólo puede producirse cuando somos conscientes de la situación presente. ¿Cómo podríamos diagramar nuestra ruta a algún lado, sin saber en qué punto del universo nos hallamos?.
Sólo puedo empezar mi camino desde mi punto de partida. Nada que sea bueno es gratis, si deseo algo que es bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello, darse cuenta de que si algo se recibe de afuera, si algo bueno está pasando, si se vive situaciones de placer, es porque uno se las ha ganado y se lo merece.
Nadie pude hacer todo lo que quiere, pero cualquiera puede no hacer nunca lo que no quiere, si soy un adulto nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer, es importante lo siguiente "Nunca hacer lo que no quiero" lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los otros me aprueben, me aplaudan, me quieran, el costo es cuando uno se anima a decir NO, se empieza a conocer algunos aspectos desconocidos de las personas que nos rodean: la nuca, la espalda, cada uno de los instantes que sumados llamamos nuestra vida son importantes, debemos tener nuevos ojos, para construir nuestra casa sobre una base sólida, navegar sobre un río con aguas claras sobre nuevos horizontes y guiarnos con la luz de las estrellas en las noches más oscuras.
Es fácil pensar ¿Qué bueno puede venir de ésta difícil situación? Y sin embargo cada día oímos historias de la gente que ha superado batallas físicas, mentales y emocionales para alcanzar, contra todas la probabilidades como objetivos impensados.
Es necesario valorar las cosas buenas que seguimos encontrando en nuestra vida y agradecer por la presencia de algunas personas, como familiares, como amigos, sacerdotes, terapeutas, aceptadores de la confusión, del dolor, de las dudas y seguramente de los momentos más oscuros, todo sería difícil sin ello. Para cada persona lo que hay que agradecer es diferente, seguridad, contención, presencia, y hasta silencio. Date permiso para sentirte bien, estar con los amigos, hacer bromas, los malos momentos vienen por sí solos, pero es voluntaria la construcción de buenos momentos, empecemos prestando atención a los signos, señales y oportunidades a nuestro alrededor, no las uses si no tienes ganas pero no dejes de registrarlas.
Nunca cierres tu corazón al dolor, es importante expresar las emociones que uno siente y no guardarlas, no te guardes por miedo a cansar o molestar, busca a aquellas personas con las cuales puedes expresarte tal y como estás, nada es más impertinente y perverso que interrumpir tu emoción con tus ideas erróneas de condicionamiento de tu supuesta fortaleza protectora del prójimo. Muchos se ocupan de su proceso interno, están tan atentos a su sentir penosos que no prestan atención a su propio cuerpo, es saludable tener un horario para levantarse, acostarse, un horario para las comidas y lo cumplas por supuesto, alimentarse bien, no abusar del tabaco, del alcohol ni de los medicamentos, estos últimos actúan mejor bajo criterio de un médico y no por consejos de familiares, amigos, vecinos.
No te hagas expectativas mágicas, es mejor estar preparado para la recaídas, un suceso inesperado, una visita, el aniversario, la Navidad, etc. no se puede llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo de ayer, pero pinceladas de alegría si adornan mejor tu día, tu ayer y tu mañana.
Saber que "Lo que es, es" implica la aceptación de que los hechos, las cosas, las situaciones son como son, el cambio sólo puede producirse cuando somos conscientes de la situación presente. ¿Cómo podríamos diagramar nuestra ruta a algún lado, sin saber en qué punto del universo nos hallamos?.
Sólo puedo empezar mi camino desde mi punto de partida. Nada que sea bueno es gratis, si deseo algo que es bueno para mí, debería saber que voy a pagar un precio por ello, darse cuenta de que si algo se recibe de afuera, si algo bueno está pasando, si se vive situaciones de placer, es porque uno se las ha ganado y se lo merece.
Nadie pude hacer todo lo que quiere, pero cualquiera puede no hacer nunca lo que no quiere, si soy un adulto nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer, es importante lo siguiente "Nunca hacer lo que no quiero" lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los otros me aprueben, me aplaudan, me quieran, el costo es cuando uno se anima a decir NO, se empieza a conocer algunos aspectos desconocidos de las personas que nos rodean: la nuca, la espalda, cada uno de los instantes que sumados llamamos nuestra vida son importantes, debemos tener nuevos ojos, para construir nuestra casa sobre una base sólida, navegar sobre un río con aguas claras sobre nuevos horizontes y guiarnos con la luz de las estrellas en las noches más oscuras.
La tiranía del éxito y del fracaso
La autora. Es periodista y sicóloga española. Ha escrito ensayos y novelas por los que ha recibido importantes distinciones. Su obra ha sido traducida a más de una veintena de idiomas y publicada en muchos países.
A raíz de la muerte de ese gran campeón que fue Yago Lamela, los medios han vuelto a desempolvar una vez más la larguísima lista de damnificados del deporte. Los famosos juguetes rotos. Al parecer Yago ha muerto de un infarto, pero cuando dejó la competición atravesó por un periodo depresivo que requirió su ingreso en un psiquiátrico, hecho que fue ampliamente reflejado en la prensa. Tal vez ésa sea la principal diferencia, el ‘handicap’ mayor en la existencia de los famosos: que sus debilidades y sus derrotas son un espectáculo público.
Curiosamente, el ciclista Chava Jiménez murió también de infarto en el año 2003 mientras se encontraba ingresado en una clínica por una depresión. Los dos estaban en la treintena, eran fuertes, habían sido atletas de élite. Pero la vida les rompió literalmente el corazón. A veces el cuerpo es de una elocuencia ensordecedora
Y hay más, claro. Muchos más. Como Jesús Rollán, el mejor portero de waterpolo del mundo; o como el futbolista Robert Enke, o el boxeador Urtain. En fin, para qué seguir. A primera vista se diría, en efecto, que los atletas de élite compran más papeletas para la rifa de la desesperación. Reflexionando un poco sobre ello, sin embargo, creo que su experiencia está mucho más próxima a la del resto de los humanos de lo que nos creemos. Sólo que ellos son empujados obsesivamente a llevarlo todo más al extremo, como llevaron hasta las fronteras de lo imposible su propia resistencia, su sacrificio y su aguante.
Casualmente, mientras moría Lamela yo estaba leyendo las pruebas de un libro formidable que saldrá en España el 1 de septiembre: Open, la autobiografía del tenista Andre Agassi, un texto hipnotizante que me mantuvo una noche despierta hasta las siete de la mañana. Tras acabar Open, me reafirmé en algo que ya sospechaba desde hace mucho tiempo: que el éxito y el fracaso forman la columna vertebral de nuestras vidas. O mejor debería decir los éxitos y los fracasos, siempre múltiples, a menudo simultáneos, un agitado rosario de emociones acerbas.
Ser amado o ser rechazado por sus padres es el primer éxito o el primer fracaso que tiene que asumir un niño. Probablemente nunca seamos queridos del todo tal como nosotros deseamos (todo éxito está empañado de fracaso); seguramente el rechazo no será tan permanente ni tan total como nos tememos (todo fracaso está teñido de esperanza). Pero desde lo más remoto de nuestra infancia empezamos a construirnos como siervos de esos dioses crueles. Triunfar, o creer que triunfamos en algo, nos da la vida. Mientras que el fracaso es letal, es una sensación que mimetiza a la muerte. Aún peor: si el fracaso se nos desmesura en la cabeza y adquiere proporciones gigantescas, uno preferiría morir antes que afrontarlo. Tal vez eso es lo que les pasara a algunos de los juguetes rotos.
El poder esclavizador que los conceptos de éxito y fracaso tienen sobre nosotros se multiplica además por un malentendido: por la extendida creencia de que uno es un triunfador o un perdedor. Como si el éxito y la derrota fueran destinos únicos, irreversibles, absolutos y finales. Nada más erróneo que eso; no creo que exista ni haya existido en el mundo una sola persona que solo sea un triunfador o un perdedor. En cada momento de nuestras vidas acumulamos una colección de aciertos y de errores. Quiero decir que todos tenemos éxito en algo y fracasamos en algo; la vida es precisamente eso, una ondulación constante, compleja, mudable. Una suma de opuestos.
El libro de Agassi rezuma el angustiado dolor del tenista ante cada uno de sus fracasos, empezando por el del amor paterno. Pero no creo que su sufrimiento sea mayor que el de tanta gente humilde y anónima. La mujer que comete un error fatal en el trabajo y que es despedida de malos modos puede sentir que la tierra se le abre bajo los pies del mismo modo triturador que un deportista de élite cuando pierde en el momento cumbre de su carrera. ¿Qué es lo que les sucede a los atletas para que parezcan más frágiles y se vean más afectados? En primer lugar, han alcanzado una fama descomunal siendo por lo general muy jóvenes y estando poco preparados para digerirla.
Además, como ya he dicho antes, fracasan en público y ante millones de testigos, y lo que más enloquece de la derrota es la humillación que conlleva. Por último, y quizá lo más importante, están tan obsesionados por el deporte, tan entregados a ello, que en sus días apenas hay lugar para nada más. Por fortuna para él, Agassi demuestra en su libro que se ha liberado, que ha crecido. Sobrevivió a la tiránica, falsa dicotomía del éxito y el fracaso, y comprendió por fin que se viven muchas vidas en cada vida. Ojalá esta verdad esencial no nos fuera tan difícil de aprender
jueves, 19 de junio de 2014
No te aferres más al pasado
Usualmente, nadie está preparado para afrontar alguna dificultad emocional que surja en las diferentes etapas de la vida, la niñez, la adolescencia, la adultez o la tercera edad. Para superar cada fase será necesario aprender a cerrar el ciclo en que se encuentre; si se insiste en permanecer en éste corre el riesgo de perder el presente y sus oportunidades.
Femenina conversó con la terapeuta del enfoque Gestalt, Rosmery Gongora, quien tuvo varias experiencias en la formación de grupos de apoyo a adolescentes y jóvenes estudiantes de colegio que necesitan descubrir aquello que les molesta emocionalmente y desean cerrar estos ciclos de su vida que no les permite seguir adelante.
“La palabra Gestalt proviene del término alemán que significa forma o configuración y está compuesto por la figura y el fondo. Por ejemplo las letras de un artículo se constituyen en la figura y los espacios en blanco, en el fondo, aunque esta situación en algún momento puede llegar a invertirse”, aseguró Gongora.
Esta forma de terapia se realiza en forma grupal y se maneja bajo tres parámetros esenciales: darse cuenta del mundo exterior, darse cuenta del mundo interior y darse cuenta de la fantasía o zona intermedia.
1.- EL MUNDO EXTERIOR.- El contacto sensorial con los objetos y eventos que se encuentran fuera de uno en el presente, es todo aquello que se ve, se toca, se degusta o huele.
2.- EL MUNDO INTERIOR.- El contacto sensorial actual con eventos internos con lo que ocurre sobre y debajo de la piel, por ejemplo: sensación de molestia, respiración y latidos del corazón.
3.- LA ZONA INTERMEDIA.- Incluye toda la actividad mental que transcurre más allá del presente: el explicar, imaginar, adivinar, pensar y planificar, recordar el pasado y el anticiparse al futuro, etc. Según este enfoque eso es irreal (fantasía), porque aún no ha sucedido algo acerca de ello.
Este tipo de enfoque es utilizado para el autoconocimiento y reconocimiento de las emociones. Todo parte de conocer qué aspecto de nuestra vida nos está causando molestia, qué ciclo aún no ha sido cerrado y de alguna manera postergamos en semanas, meses e incluso años.
“Por ejemplo: si alguien explota y no sabe de dónde viene esa reacción, primero se parte por conocerse uno mismo y luego se procede a analizar qué emoción causa esa actitud y se descubre qué nombre tiene la misma y se trabaja sobre para cerrar este ciclo”, explicó Gongora.
Rosmery tuvo una interesante experiencia en el área educativa, a través de la materia de Biología. Ella colaboró a un grupo de adolescentes que estaba atravesando por un embarazo no deseado y temía la reacción de sus padres frente a este hecho y las decisiones que éstos tomarían con esa noticia. En ese momento, el apoyo de la terapeuta fue decisivo para que las jóvenes tomen la vida de una manera más madura y vean las posibles soluciones.
“El trabajo realizado fue a partir del consejo grupal, que les ayudó a superar sus heridas y sufrimientos, aumentar su autoestima, gestionar sus emociones de forma saludable, liberarse de condicionamientos y tomar conciencia de cómo vivir su vida en adelante, además de responsabilizarse por ella”, contó la terapeuta.
Góngora afirmó que la reacción normal en una adolescente es pensar en quitarse el problema de encima, sin considerar las consecuencias posteriores. La terapia consiste en aceptarse uno mismo, en vivir el aquí y el ahora, dejar de imaginar para experimentar lo real, abandonar los pensamientos innecesarios a partir de sentir y observar para expresar lo que se siente.
“Para los padres de las estudiantes, ellas han cometido un pecado imperdonable. Lamentablemente estamos educados en la cultura de que no se debe tener equivocaciones y es muy difícil hacerles comprender a los progenitores que precisamente de estos errores el adolescente aprenderá y será una mejor persona al superar esta dificultad”, expresó Góngora.
Las adolescentes embarazadas estaban aceptando su situación actual de la mejor manera, con apoyo de algunas jóvenes que ya habían pasado por un aborto previo y que pudieron compartir esta experiencia con aquellas que habían decidido conservarlos.
“Trabajé por la zona de los Yungas con personas que tenían 12 años y ya se habían practicado en más de una ocasión un aborto. Muchos de estos casos se debían a violaciones. Se trabajó en este episodio de su vida, porque era algo que las perseguía como un mal sueño y que debían dejar atrás para seguir adelante”, aseguró la terapeuta.
EMOCIONAL
La educación para los sentimientos es la manera que cada persona puede identificar lo que siente en un determinado momento. Aunque no se quiera hay cosas que el cuerpo percibe y si se trata de dificultades fuertes, incluso deriva en enfermedad.
“La parte emocional es muy importante en la vida, porque nos muestra los lineamientos sobre los que vamos a actuar y dirigir nuestra conducta. Por ejemplo: es normal escuchar en la televisión “hoy nos levantaremos con el pie derecho para mentalizarnos en tener una jornada positiva”, como una forma de aliento dijo Góngora.
El cerrar un ciclo es como cerrar una herida, hay que saberla curar con el propósito de que ayude a crecer y madurar. Desde luego, nadie busca sufrir, pero surge en algún momento de la vida, entonces hay que aprender a sobrellevar y dejarlo ir una vez que pase su tiempo respectivo.
“Otro grupo con el que trabajé fue de jóvenes de colegio, que si bien tienen un autoestima muy elevada, no saben reconocer muy bien sus emociones y están más acostumbrados a la cultura del Internet. Es necesario ver de dónde viene su rebeldía para trabajar aquello que les molesta y la razón del porqué se dedican demasiado a la bebida”, explicó Góngora.
La terapeuta es maestra de Biología y utiliza este conocimiento para que los alumnos perciban dónde les duele, señalando el cuerpo físico y luego pasen a averiguar qué sentimiento les está afectando en esta área.
Femenina conversó con la terapeuta del enfoque Gestalt, Rosmery Gongora, quien tuvo varias experiencias en la formación de grupos de apoyo a adolescentes y jóvenes estudiantes de colegio que necesitan descubrir aquello que les molesta emocionalmente y desean cerrar estos ciclos de su vida que no les permite seguir adelante.
“La palabra Gestalt proviene del término alemán que significa forma o configuración y está compuesto por la figura y el fondo. Por ejemplo las letras de un artículo se constituyen en la figura y los espacios en blanco, en el fondo, aunque esta situación en algún momento puede llegar a invertirse”, aseguró Gongora.
Esta forma de terapia se realiza en forma grupal y se maneja bajo tres parámetros esenciales: darse cuenta del mundo exterior, darse cuenta del mundo interior y darse cuenta de la fantasía o zona intermedia.
1.- EL MUNDO EXTERIOR.- El contacto sensorial con los objetos y eventos que se encuentran fuera de uno en el presente, es todo aquello que se ve, se toca, se degusta o huele.
2.- EL MUNDO INTERIOR.- El contacto sensorial actual con eventos internos con lo que ocurre sobre y debajo de la piel, por ejemplo: sensación de molestia, respiración y latidos del corazón.
3.- LA ZONA INTERMEDIA.- Incluye toda la actividad mental que transcurre más allá del presente: el explicar, imaginar, adivinar, pensar y planificar, recordar el pasado y el anticiparse al futuro, etc. Según este enfoque eso es irreal (fantasía), porque aún no ha sucedido algo acerca de ello.
Este tipo de enfoque es utilizado para el autoconocimiento y reconocimiento de las emociones. Todo parte de conocer qué aspecto de nuestra vida nos está causando molestia, qué ciclo aún no ha sido cerrado y de alguna manera postergamos en semanas, meses e incluso años.
“Por ejemplo: si alguien explota y no sabe de dónde viene esa reacción, primero se parte por conocerse uno mismo y luego se procede a analizar qué emoción causa esa actitud y se descubre qué nombre tiene la misma y se trabaja sobre para cerrar este ciclo”, explicó Gongora.
Rosmery tuvo una interesante experiencia en el área educativa, a través de la materia de Biología. Ella colaboró a un grupo de adolescentes que estaba atravesando por un embarazo no deseado y temía la reacción de sus padres frente a este hecho y las decisiones que éstos tomarían con esa noticia. En ese momento, el apoyo de la terapeuta fue decisivo para que las jóvenes tomen la vida de una manera más madura y vean las posibles soluciones.
“El trabajo realizado fue a partir del consejo grupal, que les ayudó a superar sus heridas y sufrimientos, aumentar su autoestima, gestionar sus emociones de forma saludable, liberarse de condicionamientos y tomar conciencia de cómo vivir su vida en adelante, además de responsabilizarse por ella”, contó la terapeuta.
Góngora afirmó que la reacción normal en una adolescente es pensar en quitarse el problema de encima, sin considerar las consecuencias posteriores. La terapia consiste en aceptarse uno mismo, en vivir el aquí y el ahora, dejar de imaginar para experimentar lo real, abandonar los pensamientos innecesarios a partir de sentir y observar para expresar lo que se siente.
“Para los padres de las estudiantes, ellas han cometido un pecado imperdonable. Lamentablemente estamos educados en la cultura de que no se debe tener equivocaciones y es muy difícil hacerles comprender a los progenitores que precisamente de estos errores el adolescente aprenderá y será una mejor persona al superar esta dificultad”, expresó Góngora.
Las adolescentes embarazadas estaban aceptando su situación actual de la mejor manera, con apoyo de algunas jóvenes que ya habían pasado por un aborto previo y que pudieron compartir esta experiencia con aquellas que habían decidido conservarlos.
“Trabajé por la zona de los Yungas con personas que tenían 12 años y ya se habían practicado en más de una ocasión un aborto. Muchos de estos casos se debían a violaciones. Se trabajó en este episodio de su vida, porque era algo que las perseguía como un mal sueño y que debían dejar atrás para seguir adelante”, aseguró la terapeuta.
EMOCIONAL
La educación para los sentimientos es la manera que cada persona puede identificar lo que siente en un determinado momento. Aunque no se quiera hay cosas que el cuerpo percibe y si se trata de dificultades fuertes, incluso deriva en enfermedad.
“La parte emocional es muy importante en la vida, porque nos muestra los lineamientos sobre los que vamos a actuar y dirigir nuestra conducta. Por ejemplo: es normal escuchar en la televisión “hoy nos levantaremos con el pie derecho para mentalizarnos en tener una jornada positiva”, como una forma de aliento dijo Góngora.
El cerrar un ciclo es como cerrar una herida, hay que saberla curar con el propósito de que ayude a crecer y madurar. Desde luego, nadie busca sufrir, pero surge en algún momento de la vida, entonces hay que aprender a sobrellevar y dejarlo ir una vez que pase su tiempo respectivo.
“Otro grupo con el que trabajé fue de jóvenes de colegio, que si bien tienen un autoestima muy elevada, no saben reconocer muy bien sus emociones y están más acostumbrados a la cultura del Internet. Es necesario ver de dónde viene su rebeldía para trabajar aquello que les molesta y la razón del porqué se dedican demasiado a la bebida”, explicó Góngora.
La terapeuta es maestra de Biología y utiliza este conocimiento para que los alumnos perciban dónde les duele, señalando el cuerpo físico y luego pasen a averiguar qué sentimiento les está afectando en esta área.
miércoles, 18 de junio de 2014
LA VERDADERA PAZ
Había un grupo de personas tratando de describir una situación, escenario o símbolos que representara la paz.
Uno dijo “para mí, una paloma es un símbolo de paz, es blanca, frágil, indefensa y a la vez puede volar alto, como que sobrepasara todo impedimento y dificultad”.
Otra persona se refirió al tema así “no hay como un hermoso paisaje para evocar la paz, un cielo azul, con frondosos árboles, un riachuelo de aguas cristalinas, el trinar de las aves y el fresco aroma de las flores, eso para mí es un lugar donde te encuentras cara a cara con la paz”.
“Un momento en mi habitación a solas, con música clásica, un buen libro y luz tenue me invita a sentir paz”, dijo otro. Hubo también quien dijo que lo más placentero y que le hacía experimentar la sensación de paz era después de una tormenta cuando las flores, los árboles y toda la vegetación aún están húmedas con pequeñas gotas de agua y se apreciaba nuevamente la calma.
Uno a uno fue describiendo con mucho entusiasmo sus percepciones, las cuales todas eran hermosas. Sin embargo, hubo un hombre que habló al final y dijo “para mí el escenario donde yo experimenté la verdadera paz fue en la cárcel, tras los grises barrotes de hierro y las húmedas paredes de cemento.
Hasta ese entonces había vivido en medio del caos, la violencia, el desprecio, el odio, la persecución, cuando un día, alguien me predicó acerca de un hombre que había dado su vida por mí, que había muerto en la cruz para liberarme de todo el peso de mis pecados y mi maldad, me dijo que si me arrepentía y aceptaba a Jesús como mi Señor y Salvador podría volver a nacer. Así lo hice, lloré noches enteras, arrepentido por todo el daño que había causado, por los malos caminos que había caminado, entró en mi ser una convicción total de mi culpa y al fin acepté con firmeza pagar mi condena. Poco a poco fui experimentando el perdón, no solo de Dios sino también de mis seres queridos, cada vez que me sumergía en su palabra, sentía como me iba limpiado y convirtiendo en un hombre nuevo
VALERIA NAZER
Uno dijo “para mí, una paloma es un símbolo de paz, es blanca, frágil, indefensa y a la vez puede volar alto, como que sobrepasara todo impedimento y dificultad”.
Otra persona se refirió al tema así “no hay como un hermoso paisaje para evocar la paz, un cielo azul, con frondosos árboles, un riachuelo de aguas cristalinas, el trinar de las aves y el fresco aroma de las flores, eso para mí es un lugar donde te encuentras cara a cara con la paz”.
“Un momento en mi habitación a solas, con música clásica, un buen libro y luz tenue me invita a sentir paz”, dijo otro. Hubo también quien dijo que lo más placentero y que le hacía experimentar la sensación de paz era después de una tormenta cuando las flores, los árboles y toda la vegetación aún están húmedas con pequeñas gotas de agua y se apreciaba nuevamente la calma.
Uno a uno fue describiendo con mucho entusiasmo sus percepciones, las cuales todas eran hermosas. Sin embargo, hubo un hombre que habló al final y dijo “para mí el escenario donde yo experimenté la verdadera paz fue en la cárcel, tras los grises barrotes de hierro y las húmedas paredes de cemento.
Hasta ese entonces había vivido en medio del caos, la violencia, el desprecio, el odio, la persecución, cuando un día, alguien me predicó acerca de un hombre que había dado su vida por mí, que había muerto en la cruz para liberarme de todo el peso de mis pecados y mi maldad, me dijo que si me arrepentía y aceptaba a Jesús como mi Señor y Salvador podría volver a nacer. Así lo hice, lloré noches enteras, arrepentido por todo el daño que había causado, por los malos caminos que había caminado, entró en mi ser una convicción total de mi culpa y al fin acepté con firmeza pagar mi condena. Poco a poco fui experimentando el perdón, no solo de Dios sino también de mis seres queridos, cada vez que me sumergía en su palabra, sentía como me iba limpiado y convirtiendo en un hombre nuevo
VALERIA NAZER
Vivir y pensar con sencillez
Como buen filósofo que era, Sócrates creía que la persona sabia viviría instintivamente de manera frugal. Él mismo ni siquiera llevaba zapatos; sin embargo, una y otra vez cedía al hechizo de la plaza del mercado y solía acudir allí a ver las mercancías que se exhibían.
Cuando un amigo le preguntó la razón, Sócrates le dijo: “Me encanta ir allí y descubrir sin cuántas cosas soy perfectamente feliz.”
La espiritualidad no consiste en saber lo que quieres, sino en comprender lo que no necesitas.
Cuando un amigo le preguntó la razón, Sócrates le dijo: “Me encanta ir allí y descubrir sin cuántas cosas soy perfectamente feliz.”
La espiritualidad no consiste en saber lo que quieres, sino en comprender lo que no necesitas.
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