Adicción significa que una persona no puede controlar su deseo de consumir una droga o de beber. Alguien que es adicto a la cocaína, se ha habituado tanto a la droga que no puede dejar de consumirla. La adicción puede ser física, psicológica o de ambos tipos.
Ser físicamente adicto significa que el cuerpo de una persona se vuelve dependiente de una sustancia particular (incluso fumar puede ser adictivo). También aumenta la tolerancia de la persona a esa sustancia, de modo que la persona necesita una dosis cada vez mayor para obtener el mismo efecto. Alguien que es físicamente adicto y deja de consumir una sustancia, como drogas, alcohol o tabaco, experimenta un síndrome de abstinencia. Algunos síntomas del síndrome de abstinencia son diarrea, temblores y sentirse pésimo en general.
Adicción psicológica
La adicción psicológica ocurre cuando el anhelo de consumir una droga es psicológico o emocional. Las personas que son psicológicamente adictas sienten que el deseo de consumir una droga les supera. Pueden mentir e incluso robar para conseguirla. Su vida se centra en su necesidad de la droga.
Signos de adicción
Signos psicológicos
• Consumir drogas o alcohol como una manera de olvidar los problemas o para relajarse
• Retraerse u ocultar secretos a la familia y los amigos
• Pérdida de interés en actividades que antes eran importantes
• Problemas con el rendimiento escolar, como sacar peores notas o faltar a la escuela
• Cambios en las amistades, como salir con amigos que consumen drogas
• Pasar el tiempo pensando cómo conseguir drogas
• Robar o vender pertenencias para pagar las drogas
• Intentos fallidos de dejar de consumir drogas o de beber
• Ansiedad, ira o depresión
• Cambios en el estado de ánimo
Signos físicos:
• Cambios en los hábitos de sueño
• Sentirse débil o encontrarse mal al intentar dejar de consumir la sustancia
• Necesidad de consumir mayor cantidad de esa sustancia para conseguir el mismo efecto
• Cambios en los hábitos de alimentación, incluida pérdida o incremento de peso
Buscar ayuda
Si te parece que eres adicto a alguna droga o al alcohol, reconocer que tienes un problema es el primer paso para conseguir ayuda.
Muchas personas creen que pueden superar el problema solas, pero eso no funciona. Busca una persona en quien confíes para hablar. Para empezar, puede ayudarte hablar con un amigo o con alguien de tu edad, pero lo mejor para conseguir ayuda es que hables con un adulto que pueda apoyarte y entenderte. Si no puedes hablar con tus padres, podrías hacerlo con un consejero escolar, un familiar, un médico, tu profesor preferido o un sacerdote. No es un signo de debilidad que necesites ayuda profesional de un consejero o psicoterapeuta especialista en adicciones. La mayoría de las personas que logran dejar las drogas o el alcohol necesitan ayuda profesional o un tratamiento para lograrlo.
Una vez empieces un tratamiento, sigue estos consejos para que el camino de la recuperación sea menos intrincado:
• Comunica a tus amigos tu decisión de dejar de consumir drogas. Tus verdaderos amigos respetarán tu decisión. Esto puede significar que necesitarás encontrar un nuevo grupo de amigos que te apoyen al 100%.
• Pide a tus amigos o a tu familia que te permitan recurrir a ellos cuando los necesites.
• Acepta invitaciones a lugares donde sepas que no habrán drogas ni alcohol. Ve al cine, juega a los bolos o asiste a clases de alguna actividad artística.
• Piensa de antemano qué harás si te encuentras en una situación en la que hayan drogas o alcohol. Establece un plan con tus padres o hermanos de modo que si llamas a casa utilizando cierto código, sabrán que tu llamada es una señal de que necesitas que vengan a buscarte enseguida.
• Recuerda que tener una adicción no te convierte en alguien débil o malo. Si vuelves a caer en los viejos hábitos (tienes un desliz), habla con un adulto lo antes posible. No hay nada de qué avergonzarse, pero es importante conseguir ayuda lo antes posible para que no se pierda todo el esfuerzo que has dedicado a tu recuperación.
Mantenerse limpio
La recuperación de una adicción a las drogas o el alcohol no termina con un programa de tratamiento de 6 semanas. Es un proceso para toda la vida. Para muchas personas encontrar un grupo de apoyo puede ayudarles a mantenerse sin drogas. Hay grupos de apoyo específicos para adolescentes y jóvenes. Si tienes una recaída, reconocer el problema lo antes posible es esencial. Busca ayuda enseguida para no echar a perder todo el esfuerzo que pusiste en tu recuperación inicial.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
La Espiritualidad en Nuestras Vidas
El último artículo sobre una mente más sana nos explicará la importancia de la espiritualidad. Hemos discutido “El Poder del No”, “La Importancia de los Ejercicios”, “El Bienestar Emocional”, y ahora para completar el círculo debemos entender el espiritualismo. El primer paso es preguntarse: ¿Quién soy y cuál es el sentido de mi vida? Si no puedes responder a estar pregunta con sinceridad, es ahora cuando debes de tomar tiempo para reflexionar profundamente sobre tu ser.
Espiritualismo no significa que tienes que dedicar tú vida a un dios o donar todo tu dinero a una caridad. Contemplar el propósito y significado de la vida humana en este mundo es espiritualidad. ¿Por qué estamos acá? ¿Cuáles son nuestros valores? ¿Qué comportamiento podemos llevar para lograr una vida plena?, son buenas preguntas para contemplar, y abrirán una puerta hacia una vida espiritual.
Durante el camino de la espiritualidad experimentarás alegría, felicidad, plenitud, tristeza, descontento, y tal vez nerviosismo. Sin embargo, mientras trabajas para descubrir y desarrollar un entendimiento de tus ideas espirituales, te convertirás en una persona con más confianza. Además, una y otra vez tus creencias espirituales se disolverán en tus acciones diarias.
¿Cómo podemos direccionar nuestro camino espiritual?
1) Empieza con buscar información
Habla con personas que tengan vidas plenas y sean amables con otros, habla con tu guía espiritual, busca diferentes estilos de espiritualismo.
2) Mantén la mente abierta a nuevas y diferentes ideas
No tienes que estar de acuerdo con todos los ideales que te encontrarás, pero intenta no juzgar.
3) Explora con mayor profundidad los ideales espirituales que te interesen
Atiende seminarios, mira programas relacionados, lee artículos y pregunta a aquellos que tienen un entendimiento más profundo que tú.
4) ¡Práctica, práctica, práctica!
Una cabeza llena de ideas espirituales no llegará tan lejos si no hay práctica que las ordene.
Descubrir el estilo de espiritualidad que conecta con tus valores puede tomar una cantidad de tiempo considerable, pero tu vida mejorará si practicas lo que predicas.
Un área en la que recomiendo tener mucha precaución son las religiones y conceptos que oprimen o juzgan. Cada persona tiene el derecho de tener sus ideas y creencias personales, por lo que cualquier influencia opresora debe ser evadida.
Les deseo lo mejor en su camino espiritual. ¡Nos merecemos disfrutar una vida plena! Si tienes alguna pregunta adicional por favor escríbenos a: empoweryourselfretreats@gmail.com.
Espiritualismo no significa que tienes que dedicar tú vida a un dios o donar todo tu dinero a una caridad. Contemplar el propósito y significado de la vida humana en este mundo es espiritualidad. ¿Por qué estamos acá? ¿Cuáles son nuestros valores? ¿Qué comportamiento podemos llevar para lograr una vida plena?, son buenas preguntas para contemplar, y abrirán una puerta hacia una vida espiritual.
Durante el camino de la espiritualidad experimentarás alegría, felicidad, plenitud, tristeza, descontento, y tal vez nerviosismo. Sin embargo, mientras trabajas para descubrir y desarrollar un entendimiento de tus ideas espirituales, te convertirás en una persona con más confianza. Además, una y otra vez tus creencias espirituales se disolverán en tus acciones diarias.
¿Cómo podemos direccionar nuestro camino espiritual?
1) Empieza con buscar información
Habla con personas que tengan vidas plenas y sean amables con otros, habla con tu guía espiritual, busca diferentes estilos de espiritualismo.
2) Mantén la mente abierta a nuevas y diferentes ideas
No tienes que estar de acuerdo con todos los ideales que te encontrarás, pero intenta no juzgar.
3) Explora con mayor profundidad los ideales espirituales que te interesen
Atiende seminarios, mira programas relacionados, lee artículos y pregunta a aquellos que tienen un entendimiento más profundo que tú.
4) ¡Práctica, práctica, práctica!
Una cabeza llena de ideas espirituales no llegará tan lejos si no hay práctica que las ordene.
Descubrir el estilo de espiritualidad que conecta con tus valores puede tomar una cantidad de tiempo considerable, pero tu vida mejorará si practicas lo que predicas.
Un área en la que recomiendo tener mucha precaución son las religiones y conceptos que oprimen o juzgan. Cada persona tiene el derecho de tener sus ideas y creencias personales, por lo que cualquier influencia opresora debe ser evadida.
Les deseo lo mejor en su camino espiritual. ¡Nos merecemos disfrutar una vida plena! Si tienes alguna pregunta adicional por favor escríbenos a: empoweryourselfretreats@gmail.com.
domingo, 13 de noviembre de 2011
Lo que sé
Así contestó, a los 84 años, el actor Kirk Douglas a un cuestionario titulado: Lo que sé:
- Mis hijos no tuvieron las ventajas que tuve yo en mi infancia: cuando uno viene de la pobreza más abyecta, no hay otra dirección adonde ir que no sea hacia arriba.
-Sé que el amor es más hondo a medida que uno envejece.
-Sé que todo el mundo tiene ego.
-Sé que, por más que a los judíos nos enseñen a leer en hebreo, no entendemos lo que estamos leyendo. Cuanto más estudio la Torá menos religioso me vuelvo y más espiritual quizá. En el último Yom Kippur opté por la traducción al inglés y descubrí que Dios no necesita que le cantemos alabanzas sino que seamos mejores como personas.
-Sé que cada hijo es diferente. No aconsejarlos mucho. Hay que dejarlos cometer sus propios errores. Es como el juego de dados, uno lanza y espera a ver qué pasa.
-Sé que, el respeto y el amor a los padres jamás se debe perder por ninguna razón. A ellos les debemos todo, por más errores que hayan cometido. Hayan hecho lo que hayan hecho les debemos perdonar todo. No nos alcanza la vida para pagarles. Estamos vivos por ellos y somos lo que somos por ellos. ¿Se entiende? Soy padre y tengo hijos.
-Sé que a veces lo que te compromete te libera. Yo no quería ser actor de cine. Mi vida era el teatro y la primera vez que me llamaron de Hollywood rechacé el ofrecimiento. Pero entonces nació Michael y hacía falta más dinero, y me vine para acá.
-Sé que todo buen aprendizaje termina solo cuando estás bien muerto.
-Sé que si un hombre me diera a entender que nunca cometió un pecado en su vida, no me interesaría en lo más mínimo hablar con él.
-Sé que el que odia y critica a una persona por algún motivo, (no importa cual), solo es porque no se aguanta ni él mismo, y es idéntico a la persona que critica, por eso lo ataca, generando más odio interno a sí mismo. Penoso y lamentable.
-Sé que por algo es que la política se ha vuelto una mala palabra.
-Sé que pensar un poco en los demás es una manera de distraerse de uno mismo.
-Sé que el que no quiere y no valora a sus padres es un ser muy infeliz. No quisiera estar en su lugar. ¿Cómo explicará a sus hijos que no quiere a sus padres? Ellos le devolverán de la misma manera. ¿Para pensar no?
(Recibido por Internet)
- Mis hijos no tuvieron las ventajas que tuve yo en mi infancia: cuando uno viene de la pobreza más abyecta, no hay otra dirección adonde ir que no sea hacia arriba.
-Sé que el amor es más hondo a medida que uno envejece.
-Sé que todo el mundo tiene ego.
-Sé que, por más que a los judíos nos enseñen a leer en hebreo, no entendemos lo que estamos leyendo. Cuanto más estudio la Torá menos religioso me vuelvo y más espiritual quizá. En el último Yom Kippur opté por la traducción al inglés y descubrí que Dios no necesita que le cantemos alabanzas sino que seamos mejores como personas.
-Sé que cada hijo es diferente. No aconsejarlos mucho. Hay que dejarlos cometer sus propios errores. Es como el juego de dados, uno lanza y espera a ver qué pasa.
-Sé que, el respeto y el amor a los padres jamás se debe perder por ninguna razón. A ellos les debemos todo, por más errores que hayan cometido. Hayan hecho lo que hayan hecho les debemos perdonar todo. No nos alcanza la vida para pagarles. Estamos vivos por ellos y somos lo que somos por ellos. ¿Se entiende? Soy padre y tengo hijos.
-Sé que a veces lo que te compromete te libera. Yo no quería ser actor de cine. Mi vida era el teatro y la primera vez que me llamaron de Hollywood rechacé el ofrecimiento. Pero entonces nació Michael y hacía falta más dinero, y me vine para acá.
-Sé que todo buen aprendizaje termina solo cuando estás bien muerto.
-Sé que si un hombre me diera a entender que nunca cometió un pecado en su vida, no me interesaría en lo más mínimo hablar con él.
-Sé que el que odia y critica a una persona por algún motivo, (no importa cual), solo es porque no se aguanta ni él mismo, y es idéntico a la persona que critica, por eso lo ataca, generando más odio interno a sí mismo. Penoso y lamentable.
-Sé que por algo es que la política se ha vuelto una mala palabra.
-Sé que pensar un poco en los demás es una manera de distraerse de uno mismo.
-Sé que el que no quiere y no valora a sus padres es un ser muy infeliz. No quisiera estar en su lugar. ¿Cómo explicará a sus hijos que no quiere a sus padres? Ellos le devolverán de la misma manera. ¿Para pensar no?
(Recibido por Internet)
sábado, 5 de noviembre de 2011
El perdón
El perdón es la base de toda sanidad de la mente, conciencia y corazón. Es la clave de la liberación espiritual. Es una barrera que debemos cruzar para ser totalmente libres en nuestro interior.
Sin perdón hay dolor, hay rencor, hay resentimiento y amargura.
Hay que perdonarse uno mismo
Sé libre hoy de tus propias fallas. ¡Perdónate! Nadie es perfecto, la misma esencia defectuosa, propensa a variar, existe en todos los seres humanos.
Perdonarte a tí mismo es aceptar con humildad tu condición real de ser humano.
Reconoce que no eres perfecto y comienza a mejorar.
Perdonarte a tí mismo es un acto de humildad. Perdonarte a tí mismo te hará depositar la confianza en Dios para recibir la fortaleza y no volver a fallar.
Hay que perdonar a los otros
Las heridas duelen y a veces mucho. Pero alguien dijo: “La mejor venganza es el perdón” porque la falta de perdón te autoesclaviza.
Te lastimas a tí mismo cuando no perdonas, mientras que el ofensor no se percata de tus sentimientos.
Tu falta de perdón hacia otros te mantiene preso y atado a esa persona. ¡Sé libre perdonando. ¿Te fallaron? Bienvenido al planeta Tierra.
Solo los valientes perdonan. Solo los sabios saben perdonar al prójimo. Solo quién tiene verdadero amor.
Hay que perdonar a Dios
¿Qué absurdo dices? Sí, así como lo lees, perdonar a Dios. ¿Acaso Dios se equivoca?
No, en absoluto.
Pero nosotros percibimos por nuestro orgullo e ignorancia que Dios nos ha fallado en algunas ocasiones.
No seamos necios y no echemos culpas a Dios. Cambia tu actitud si estás enojado con Dios. porque Él quiere lo mejor y jamás quiso nada malo para tí.
Finalmente, tenemos el perdón de Dios
Además de fallarnos entre nosotros mismos, también le fallamos muchas veces a Dios. Él es el creador de todo y juez del universo. A pesar de ser juez, no se complace en juzgar sino en perdonar.
Dios es amor. No tiene amor…
Por eso Su naturaleza es perdonar las fallas de sus hijos. No importa lo que hayas hecho.
Sin perdón hay dolor, hay rencor, hay resentimiento y amargura.
Hay que perdonarse uno mismo
Sé libre hoy de tus propias fallas. ¡Perdónate! Nadie es perfecto, la misma esencia defectuosa, propensa a variar, existe en todos los seres humanos.
Perdonarte a tí mismo es aceptar con humildad tu condición real de ser humano.
Reconoce que no eres perfecto y comienza a mejorar.
Perdonarte a tí mismo es un acto de humildad. Perdonarte a tí mismo te hará depositar la confianza en Dios para recibir la fortaleza y no volver a fallar.
Hay que perdonar a los otros
Las heridas duelen y a veces mucho. Pero alguien dijo: “La mejor venganza es el perdón” porque la falta de perdón te autoesclaviza.
Te lastimas a tí mismo cuando no perdonas, mientras que el ofensor no se percata de tus sentimientos.
Tu falta de perdón hacia otros te mantiene preso y atado a esa persona. ¡Sé libre perdonando. ¿Te fallaron? Bienvenido al planeta Tierra.
Solo los valientes perdonan. Solo los sabios saben perdonar al prójimo. Solo quién tiene verdadero amor.
Hay que perdonar a Dios
¿Qué absurdo dices? Sí, así como lo lees, perdonar a Dios. ¿Acaso Dios se equivoca?
No, en absoluto.
Pero nosotros percibimos por nuestro orgullo e ignorancia que Dios nos ha fallado en algunas ocasiones.
No seamos necios y no echemos culpas a Dios. Cambia tu actitud si estás enojado con Dios. porque Él quiere lo mejor y jamás quiso nada malo para tí.
Finalmente, tenemos el perdón de Dios
Además de fallarnos entre nosotros mismos, también le fallamos muchas veces a Dios. Él es el creador de todo y juez del universo. A pesar de ser juez, no se complace en juzgar sino en perdonar.
Dios es amor. No tiene amor…
Por eso Su naturaleza es perdonar las fallas de sus hijos. No importa lo que hayas hecho.
jueves, 27 de octubre de 2011
Lo más lejos del precipio
En cierta ocasión un hombre muy rico y poderoso, pero tambien lleno de años, decidió jubilar a su chofer de toda la vida. Puso un anuncio en el diario de la ciudad, contratando los servicios de un conductor de vehículos motorizados.
Llegaron muchos a la entrevista. Todos traían consigo documentaciones que avalaban sus experiencias para manejar y, sobre todo, prudencia. Pero tenían que pasar una prueba muy elemental
La prueba para ver quién se quedaba con el puesto consistía en una simple pregunta:
- ¿Qué tanto podrían manejar un auto en un barranco sin caer al precipicio?
El primer entrevistado dijo: "Yo podría manejar tan cerca que si usted sacara la cabeza para escupir, su saliva caería al precipicio".
Al hombre rico no le fue muy grato el comentario. Decidió entrevistar otro.
El siguiente dijo: "Yo podría conducir tan cerca que los neumáticos rozarían el precipicio sin caernos y con los ojos vendados".
Todos exclamaron: ¡Oh!
Pero al hombre rico no le asombró.
Todos pensaron que el contratador era un hombre demasiado exigente. Y no se equivocaban.
Y así siguieron las entrevistas. Uno tras otro iba desechando las postulaciones sobre la base de las respuestas.
Entre esos casos figura la contestación de un conductor que dijo: "Yo podría manejar tan cerca y sin caer que solo conduciría el auto con las llantas laterales al precipicio en el aire, y las otras rozando la orilla del barranco”.
Hubo otra exclamación todavía más fuerte. Ya nadie podría manejar mejor. Se creyó que ahí concluía todo.
Pero, entre toda la exclamación sobresalió la voz de un hombrecito desde un rincón que dijo: "Yo podría manejar el auto tan lejos del precipicio como me fuera posible".
El hombre lo escuchó y dijo:
-"Este es el hombre que busco, y lo contrato de inmediato". Luego se dirigió a los demás choferes, hablándoles así:¿Por qué buscarle tres patas al gato si sabemos que tiene cuatro?
En el mismo orden, ¿por qué jugar con la tentación hasta estar al caer? Hay que huir de ella lo más lejos posible!
(Versión de Genaro Burela)
Llegaron muchos a la entrevista. Todos traían consigo documentaciones que avalaban sus experiencias para manejar y, sobre todo, prudencia. Pero tenían que pasar una prueba muy elemental
La prueba para ver quién se quedaba con el puesto consistía en una simple pregunta:
- ¿Qué tanto podrían manejar un auto en un barranco sin caer al precipicio?
El primer entrevistado dijo: "Yo podría manejar tan cerca que si usted sacara la cabeza para escupir, su saliva caería al precipicio".
Al hombre rico no le fue muy grato el comentario. Decidió entrevistar otro.
El siguiente dijo: "Yo podría conducir tan cerca que los neumáticos rozarían el precipicio sin caernos y con los ojos vendados".
Todos exclamaron: ¡Oh!
Pero al hombre rico no le asombró.
Todos pensaron que el contratador era un hombre demasiado exigente. Y no se equivocaban.
Y así siguieron las entrevistas. Uno tras otro iba desechando las postulaciones sobre la base de las respuestas.
Entre esos casos figura la contestación de un conductor que dijo: "Yo podría manejar tan cerca y sin caer que solo conduciría el auto con las llantas laterales al precipicio en el aire, y las otras rozando la orilla del barranco”.
Hubo otra exclamación todavía más fuerte. Ya nadie podría manejar mejor. Se creyó que ahí concluía todo.
Pero, entre toda la exclamación sobresalió la voz de un hombrecito desde un rincón que dijo: "Yo podría manejar el auto tan lejos del precipicio como me fuera posible".
El hombre lo escuchó y dijo:
-"Este es el hombre que busco, y lo contrato de inmediato". Luego se dirigió a los demás choferes, hablándoles así:¿Por qué buscarle tres patas al gato si sabemos que tiene cuatro?
En el mismo orden, ¿por qué jugar con la tentación hasta estar al caer? Hay que huir de ella lo más lejos posible!
(Versión de Genaro Burela)
viernes, 21 de octubre de 2011
Fobia social la que más padecemos
Sus padres no estaban enterados de que intentó suicidarse dos veces. O quizá tres. Su caso llegó a tiempo a manos del sicólogo José Ernesto Vargas. A sus 14 años, Beto (nombre supuesto) siente un temor irracional a relacionarse con otras personas. El trastorno emocional que sufre es intenso, totalmente desproporcionado cuando se encuentra frente a otras personas. Beto padece la más incapacitante de las casi 250 clases de fobia conocidas. Hay miedo a las arañas, a los perros, a las alturas y a casi todo lo imaginable, pero la fobia social es como un monstruo silencioso que invade toda la personalidad. Sin contar a la panfobia, que es el miedo a todo, la fobia social es la más incapacitante de todas.
Cada mañana, ante el sencillo reto de ir a la escuela, el temor extremo de Beto le provoca pánico y náuseas. Se siente incapaz de saludar a sus compañeros o de reaccionar a sus bromas. Su autoestima está hecha un guiñapo. Se cree feo. Sufre un cuadro de ansiedad y angustia. La ansiedad lo mantiene pensando en nada, nervioso, como flotando envuelto en una nube negra; la angustia es una opresión en el pecho. “Siempre en el pecho”, explica el sicoanalista. Tiembla, tartamudea y sufre de taquicardia.
Al volver a su casa, desgastado y sin un atisbo de solución, cree que su única salida es eliminarse. Se ha cansado de la computadora y de revisar sitios web con algunos juegos. La música ya no es suficiente.
LOS ORÍGENES
Según José Ernesto Vargas, son dos las causas de la fobia social. Tienen un rasgo hereditario en pequeño porcentaje, pero es el entorno familiar el que puede favorecer su aparición. En el caso de Beto, fue la figura paterna la que lo llevó a esa situación. Desde su niñez, el padre no lo convirtió en un protagonista. No lo hizo sentir seguro. Esa actitud se explicaba porque el padre tenía un complejo de inferioridad. Era un hombre poco sociable. La timidez de Beto era un pasto que ardió con la personalidad del padre.
Alguien sugirió que Beto sea tratado con sicoterapia. Felizmente, sus padres escucharon el consejo y empezaron las sesiones. Las preguntas del profesional eran siempre respondidas con monosílabos. Al fin y al cabo, el sicólogo es un extraño. Poco a poco, la conversación avanza. Beto no llegó a contar explícitamente acerca de sus intentos de suicidio, pero empezó a abrirse a las técnicas que empleaba el terapeuta. Poco a poco, empezó a descongelar el sufrimiento que tenía guardado desde hace años. En la quinta sesión estalló en llanto y empezó a formarse lo que se llama una alianza terapéutica, que no es otra cosa que la empatía entre paciente y sicólogo. Esa empatía es la que siempre le faltó en su vida.
A partir de ese momento, fue posible plantear algunos ejercicios para ayudarlo a superar su fobia. Vargas le sugiere pequeñas estrategias. “Vas a saludar a un amigo al llegar al colegio”, le pide; “vas a salir al recreo y te vas a quedar cinco minutos en un grupito”. Con esas pequeñas tareas, Beto ha empezado a superar su miedo extremo. Estuvo a punto de usar ansiolíticos, que, en ocasiones, son necesarios. Alcira Schlusselberg es siquiatra, por lo tanto tiene la potestad de prescribir algunos ansiolíticos. En la clínica de salud mental Monte Sinaí, donde trabaja, siempre se acompaña la terapia sicológica con el tratamiento siquiátrico si es necesario. Es previsible que Vargas prefiera encontrar la raíz del problema y superarlo, puesto que ve a los ansiolíticos “como un calmante”. Cita a un siquiatra que conoció en un reciente congreso en Buenos Aires: “La psiquiatría ayuda con un 30% del problema; en cambio la psicología lo resuelve en 70%”.
FRECUENTE EN BOLIVIA
A punto de marcharse a Australia a un posdoctorado, el siquiatra Guillermo Ribera considera que en Bolivia este tipo de fobia es muy frecuente. “Los bolivianos somos tímidos si nos comparamos con nuestros vecinos ,como los argentinos, brasileños o hasta los peruanos. En general el boliviano es considerado como un sujeto reservado y que no siempre dice esta boca es mía”. Varios de sus pacientes lo consultaron cuando se percataron de que no podían formar una pareja. Tenían tanta timidez y tanta fobia a tratar íntimamente que se dieron cuenta de que debían pedir ayuda. Y entre las pacientas había mujeres muy hermosas. Urgentemente necesitaban ver la realidad desde otro ángulo. Eso es lo que hace la terapia cognitiva.
Ese procedimiento puede evitar un problema que viene asociado a esta fobia. Es el alcoholismo. Cuando estas personas ven que al tomar alcohol desaparece la timidez, comienzan a consumirlo. Luego necesitan más y se crean dos problemas. El abordaje, en este punto, debe hacerse con fármacos. Después de 16 sesiones profesionales se forman grupos de terapia que son como un laboratorio para probar las nuevas habilidades. Ahí preguntan abiertamente qué piensan los demás de él, o si lo consideran ‘poca cosa’.
“Ahí llegan a la conclusión de que la mayoría de las ideas que tienen respecto al contacto social son falsas. Sus nuevas habilidades les permiten tener una vida plena”, comenta Ribera.
BASTA UNA PERSONA
A veces, la fobia social se desarrolla en un ambiente específico. Fue el caso que vio la terapeuta Janeth Llanos. Alfredito (nombre supuesto) pasó por todos los médicos antes de ir con Llanos. Sus síntomas eran fiebre, infecciones y dolor de estómago.
Todo empezó cuando la maestra le dijo que él era el ‘peor castigo’ de su kínder. Ni bien llegaba a la puerta, empezaba a sudar y sentía dolores. La sicóloga tuvo que ir hasta el lugar para analizar si no era un simple capricho infantil. No lo era. El pequeño, de cinco años, tenía una fobia a la maestra. “Fue discriminado por ella. Todo el tiempo lo consideraba un niño problema. Sí tenía un problema de conducta, pero llegó a tener tanto miedo que se pasaba todo el tiempo sin participar”. Su problema de conducta era fácilmente superable. Se debía, en parte, a que era hijo único de un padre que, a su vez, era hijo único. Obviamente, era también el único nieto para sus abuelos paternos.
El caso empezó a aclararse cuando llegó una maestra remplazante, y Alfredito cambió. Se mostró participativo. Cuando regresó la maestra antigua, comenzó con dolor en una pierna, problemas gástricos y una infección intestinal. Los médicos tuvieron que internarlo por los problemas en la pierna. Las radiografías y hasta otros estudios complicados no mostraban nada mal. Estuvo internado tres veces por otros problemas médicos.
Llanos pidió que se evalúe el caso con una maestra agradable y accesible, puesto que las maneras y el estilo de enseñanza de la titular eran anticuados: gritos, palabras desagradables y maltrato. Cinco meses después de la terapia, su autoestima ha mejorado y acude de vez en cuando a visitar a su terapeuta, con la que siempre juega.
EL CUARTO OSCURO Y LA CAJA BOBA
La siquiatra infantil y de adolescentes María Eugenia López, que enseña en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, tuvo que atender varias solicitudes escritas de alumnos que no podían hablar en sus disertaciones. Dos de ellos están asistiendo a una consulta. No es raro que dificultades de este tipo tengan origen en algunos encierros que algunos adultos (padres o cuidadores) obligan a los niños. El encierro está acompañado frecuentemente de amenazas. En la edad adulta pueden surgir ansiedades y fobias que requieren de tratamiento. “Los medicamentos son lo último que se intenta. Se usan durante tres a seis meses, siempre con sicoterapia”, insiste López.
Ingrid Saavedra asegura que la fobia social es más frecuente en mujeres. Ha atendido a personas que entran en pánico cuando deben ingresar a un banco o conversar con amigas. También usa terapia cognitiva conductual para ayudar a reinterpretar la realidad. Se incluye relajación y lo que se llama ‘confrontación con la situación temida’. Griselda es un caso extremo. Sufrió un abuso sexual en la niñez y en la adolescencia no pudo adaptarse con sus compañeros, que la maltrataron sicológicamente. Salió del país, pero tampoco pudo encajar en ningún lado. “Se sentía sucia, pensaba que olía mal y que las personas hacían gestos ante su presencia”, cuenta la terapeuta. No ha podido terminar una carrera, pero ha empezado a confrontar el profundo trauma de su infancia, que es el más fuerte. Aunque ha empezado a tener amigas y se ha inscrito en una universidad, aún no tiene pareja. “No puede vincularse por la renuencia hacia el otro. Tiene tendencia a la depresión y ha pensado en el suicidio. También estoy trabajando con la familia, porque estos casos necesitan de mucho apoyo”, comenta Saavedra.
Estelita, de cinco años, tiene miedo a la contaminación y a enfermar de cáncer. El detonante fue un documental de televisión que vio a los cuatro años. En él se contaba cómo la contaminación fue una de las causas del cáncer de una persona. Desde ese día empezó a tener miedo de comer cualquier cosa. Se preocupaba de que estuviera mal manipulada y se lavaba las manos constantemente. ¡Cuatro años! Todos los días, si estornudaba o tosía levemente, preguntaba a su mamá si ya estaba enferma con cáncer. En una siguiente fase, empezó a pedir que la madre no se separase de ella. Dejó de dormir y despertaba para preguntar si estaba enferma o contaminada. Lloraba constantemente y no dejaba que nadie se le acerque. La terapia era inevitable.
Solo en la cuarta sesión Estelita aceptó que alguien esté cerca de ella. También aceptó quedarse a solas con Janeth Llanos, su terapeuta. Lo que hacían era jugar. Con muñecos y muñecas se recreaba la situación. Así pudo trabajar en la noción de ciencia ficción de algunos programas televisivos. Al final fue integrada a un jardín de niños para poder facilitar su relacionamiento.
El juego es la manera de abordar la terapia con un niño. Hora de juego diagnóstica es el nombre de este procedimiento. En el caso de Estelita, jugó a su favor el hecho de que tuviera un coeficiente intelectual que correspondía a una niña de siete años. No muchos adultos tienen la fortuna de buscar ayuda a tiempo. Muchos optan por convivir con las fobias específicas como el miedo a las alturas o el miedo a los espacios abiertos. Como cuenta Llanos, algunos no pasan por la consulta sicológica.
Algunas fobias están ligadas a los trastornos obsesivo-compulsivos, es decir, son rasgos de otro cuadro. La agorafobia o miedo a los espacios abiertos, por ejemplo, puede ser una manifestación de la fobia social. Lo mismo ocurre con la ansiedad y la angustia. Todas pueden ser tratadas a veces en pocas sesiones.
DEL CONSULTORIO LOCAL
- Tiene 39 años y se desmaya cuando ve la fotografía de una serpiente. Se desvanece ni bien ve la revista con la foto dentro. La terapia consiste en una aproximación progresiva. Primero, tocará otra revista; luego, la de la serpiente, sin ver la foto. Finalmente, llegará a tocar la fotografía y una serpiente de goma. El origen de la fobia: cuando era niña pasó al lado de una serpiente y tuvo que pisarla. Permaneció con el pie en el reptil hasta que alguien vino a matarlo.
- Tiene 72 años y cuando entra a un río o a una piscina tiene que salir inmediatamente. Siente que se está cayendo de espaldas. No ha empezado ninguna terapia, pero recuerda que de niña, cerca de Yotala, estuvo a punto de ahogarse. La salvó su cuñado, sacándola de los cabellos. Desde entonces tiene fobia a las acumulaciones de agua.
- Cuando llueve tiembla de pánico. Tiene 12 años. No recuerda cuándo empezó a tener ese problema. Quizá fue en un día de fuertes truenos. Ha empezado el tratamiento hace tres semanas. Su ansiedad es tan acentuada que es necesario utilizar una medicación. En niños se utilizan dosis de ansiolíticos muy suaves.
- Tiene 13 años y cada vez que menstrúa se desmaya. Cuando debe cambiar la toallita higiénica, vuelve a perder el conocimiento. Se llama hemofobia. El origen fue un accidente en el que vio mucha sangre. Superó el accidente pero quedó la fobia. En estos casos puede utilizarse una relajación profunda.
- Guillermo Ribera utiliza un software que simula el despegue de un avión y el ambiente de un aeropuerto para curar la fobia a volar. Se requieren diez sesiones y luego unas cuatro más pero muy espaciadas. Todos logran luego disfrutar de los vuelos.
- Un paciente evitaba el contacto con otros hombres porque tenía miedo de volverse homosexual. Es un trastorno obsesivo compulsivo que puede desencadenar una homofobia. El trastorno obsesivo consiste en angustiarse por pensamientos o imágenes en las que el paciente se ve haciendo daño a otros.
- Según la Organización Mundial de la Salud, el 25% de la población padece fobias específicas y un 13% sufre de fobia social.
Cada mañana, ante el sencillo reto de ir a la escuela, el temor extremo de Beto le provoca pánico y náuseas. Se siente incapaz de saludar a sus compañeros o de reaccionar a sus bromas. Su autoestima está hecha un guiñapo. Se cree feo. Sufre un cuadro de ansiedad y angustia. La ansiedad lo mantiene pensando en nada, nervioso, como flotando envuelto en una nube negra; la angustia es una opresión en el pecho. “Siempre en el pecho”, explica el sicoanalista. Tiembla, tartamudea y sufre de taquicardia.
Al volver a su casa, desgastado y sin un atisbo de solución, cree que su única salida es eliminarse. Se ha cansado de la computadora y de revisar sitios web con algunos juegos. La música ya no es suficiente.
LOS ORÍGENES
Según José Ernesto Vargas, son dos las causas de la fobia social. Tienen un rasgo hereditario en pequeño porcentaje, pero es el entorno familiar el que puede favorecer su aparición. En el caso de Beto, fue la figura paterna la que lo llevó a esa situación. Desde su niñez, el padre no lo convirtió en un protagonista. No lo hizo sentir seguro. Esa actitud se explicaba porque el padre tenía un complejo de inferioridad. Era un hombre poco sociable. La timidez de Beto era un pasto que ardió con la personalidad del padre.
Alguien sugirió que Beto sea tratado con sicoterapia. Felizmente, sus padres escucharon el consejo y empezaron las sesiones. Las preguntas del profesional eran siempre respondidas con monosílabos. Al fin y al cabo, el sicólogo es un extraño. Poco a poco, la conversación avanza. Beto no llegó a contar explícitamente acerca de sus intentos de suicidio, pero empezó a abrirse a las técnicas que empleaba el terapeuta. Poco a poco, empezó a descongelar el sufrimiento que tenía guardado desde hace años. En la quinta sesión estalló en llanto y empezó a formarse lo que se llama una alianza terapéutica, que no es otra cosa que la empatía entre paciente y sicólogo. Esa empatía es la que siempre le faltó en su vida.
A partir de ese momento, fue posible plantear algunos ejercicios para ayudarlo a superar su fobia. Vargas le sugiere pequeñas estrategias. “Vas a saludar a un amigo al llegar al colegio”, le pide; “vas a salir al recreo y te vas a quedar cinco minutos en un grupito”. Con esas pequeñas tareas, Beto ha empezado a superar su miedo extremo. Estuvo a punto de usar ansiolíticos, que, en ocasiones, son necesarios. Alcira Schlusselberg es siquiatra, por lo tanto tiene la potestad de prescribir algunos ansiolíticos. En la clínica de salud mental Monte Sinaí, donde trabaja, siempre se acompaña la terapia sicológica con el tratamiento siquiátrico si es necesario. Es previsible que Vargas prefiera encontrar la raíz del problema y superarlo, puesto que ve a los ansiolíticos “como un calmante”. Cita a un siquiatra que conoció en un reciente congreso en Buenos Aires: “La psiquiatría ayuda con un 30% del problema; en cambio la psicología lo resuelve en 70%”.
FRECUENTE EN BOLIVIA
A punto de marcharse a Australia a un posdoctorado, el siquiatra Guillermo Ribera considera que en Bolivia este tipo de fobia es muy frecuente. “Los bolivianos somos tímidos si nos comparamos con nuestros vecinos ,como los argentinos, brasileños o hasta los peruanos. En general el boliviano es considerado como un sujeto reservado y que no siempre dice esta boca es mía”. Varios de sus pacientes lo consultaron cuando se percataron de que no podían formar una pareja. Tenían tanta timidez y tanta fobia a tratar íntimamente que se dieron cuenta de que debían pedir ayuda. Y entre las pacientas había mujeres muy hermosas. Urgentemente necesitaban ver la realidad desde otro ángulo. Eso es lo que hace la terapia cognitiva.
Ese procedimiento puede evitar un problema que viene asociado a esta fobia. Es el alcoholismo. Cuando estas personas ven que al tomar alcohol desaparece la timidez, comienzan a consumirlo. Luego necesitan más y se crean dos problemas. El abordaje, en este punto, debe hacerse con fármacos. Después de 16 sesiones profesionales se forman grupos de terapia que son como un laboratorio para probar las nuevas habilidades. Ahí preguntan abiertamente qué piensan los demás de él, o si lo consideran ‘poca cosa’.
“Ahí llegan a la conclusión de que la mayoría de las ideas que tienen respecto al contacto social son falsas. Sus nuevas habilidades les permiten tener una vida plena”, comenta Ribera.
BASTA UNA PERSONA
A veces, la fobia social se desarrolla en un ambiente específico. Fue el caso que vio la terapeuta Janeth Llanos. Alfredito (nombre supuesto) pasó por todos los médicos antes de ir con Llanos. Sus síntomas eran fiebre, infecciones y dolor de estómago.
Todo empezó cuando la maestra le dijo que él era el ‘peor castigo’ de su kínder. Ni bien llegaba a la puerta, empezaba a sudar y sentía dolores. La sicóloga tuvo que ir hasta el lugar para analizar si no era un simple capricho infantil. No lo era. El pequeño, de cinco años, tenía una fobia a la maestra. “Fue discriminado por ella. Todo el tiempo lo consideraba un niño problema. Sí tenía un problema de conducta, pero llegó a tener tanto miedo que se pasaba todo el tiempo sin participar”. Su problema de conducta era fácilmente superable. Se debía, en parte, a que era hijo único de un padre que, a su vez, era hijo único. Obviamente, era también el único nieto para sus abuelos paternos.
El caso empezó a aclararse cuando llegó una maestra remplazante, y Alfredito cambió. Se mostró participativo. Cuando regresó la maestra antigua, comenzó con dolor en una pierna, problemas gástricos y una infección intestinal. Los médicos tuvieron que internarlo por los problemas en la pierna. Las radiografías y hasta otros estudios complicados no mostraban nada mal. Estuvo internado tres veces por otros problemas médicos.
Llanos pidió que se evalúe el caso con una maestra agradable y accesible, puesto que las maneras y el estilo de enseñanza de la titular eran anticuados: gritos, palabras desagradables y maltrato. Cinco meses después de la terapia, su autoestima ha mejorado y acude de vez en cuando a visitar a su terapeuta, con la que siempre juega.
EL CUARTO OSCURO Y LA CAJA BOBA
La siquiatra infantil y de adolescentes María Eugenia López, que enseña en la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, tuvo que atender varias solicitudes escritas de alumnos que no podían hablar en sus disertaciones. Dos de ellos están asistiendo a una consulta. No es raro que dificultades de este tipo tengan origen en algunos encierros que algunos adultos (padres o cuidadores) obligan a los niños. El encierro está acompañado frecuentemente de amenazas. En la edad adulta pueden surgir ansiedades y fobias que requieren de tratamiento. “Los medicamentos son lo último que se intenta. Se usan durante tres a seis meses, siempre con sicoterapia”, insiste López.
Ingrid Saavedra asegura que la fobia social es más frecuente en mujeres. Ha atendido a personas que entran en pánico cuando deben ingresar a un banco o conversar con amigas. También usa terapia cognitiva conductual para ayudar a reinterpretar la realidad. Se incluye relajación y lo que se llama ‘confrontación con la situación temida’. Griselda es un caso extremo. Sufrió un abuso sexual en la niñez y en la adolescencia no pudo adaptarse con sus compañeros, que la maltrataron sicológicamente. Salió del país, pero tampoco pudo encajar en ningún lado. “Se sentía sucia, pensaba que olía mal y que las personas hacían gestos ante su presencia”, cuenta la terapeuta. No ha podido terminar una carrera, pero ha empezado a confrontar el profundo trauma de su infancia, que es el más fuerte. Aunque ha empezado a tener amigas y se ha inscrito en una universidad, aún no tiene pareja. “No puede vincularse por la renuencia hacia el otro. Tiene tendencia a la depresión y ha pensado en el suicidio. También estoy trabajando con la familia, porque estos casos necesitan de mucho apoyo”, comenta Saavedra.
Estelita, de cinco años, tiene miedo a la contaminación y a enfermar de cáncer. El detonante fue un documental de televisión que vio a los cuatro años. En él se contaba cómo la contaminación fue una de las causas del cáncer de una persona. Desde ese día empezó a tener miedo de comer cualquier cosa. Se preocupaba de que estuviera mal manipulada y se lavaba las manos constantemente. ¡Cuatro años! Todos los días, si estornudaba o tosía levemente, preguntaba a su mamá si ya estaba enferma con cáncer. En una siguiente fase, empezó a pedir que la madre no se separase de ella. Dejó de dormir y despertaba para preguntar si estaba enferma o contaminada. Lloraba constantemente y no dejaba que nadie se le acerque. La terapia era inevitable.
Solo en la cuarta sesión Estelita aceptó que alguien esté cerca de ella. También aceptó quedarse a solas con Janeth Llanos, su terapeuta. Lo que hacían era jugar. Con muñecos y muñecas se recreaba la situación. Así pudo trabajar en la noción de ciencia ficción de algunos programas televisivos. Al final fue integrada a un jardín de niños para poder facilitar su relacionamiento.
El juego es la manera de abordar la terapia con un niño. Hora de juego diagnóstica es el nombre de este procedimiento. En el caso de Estelita, jugó a su favor el hecho de que tuviera un coeficiente intelectual que correspondía a una niña de siete años. No muchos adultos tienen la fortuna de buscar ayuda a tiempo. Muchos optan por convivir con las fobias específicas como el miedo a las alturas o el miedo a los espacios abiertos. Como cuenta Llanos, algunos no pasan por la consulta sicológica.
Algunas fobias están ligadas a los trastornos obsesivo-compulsivos, es decir, son rasgos de otro cuadro. La agorafobia o miedo a los espacios abiertos, por ejemplo, puede ser una manifestación de la fobia social. Lo mismo ocurre con la ansiedad y la angustia. Todas pueden ser tratadas a veces en pocas sesiones.
DEL CONSULTORIO LOCAL
- Tiene 39 años y se desmaya cuando ve la fotografía de una serpiente. Se desvanece ni bien ve la revista con la foto dentro. La terapia consiste en una aproximación progresiva. Primero, tocará otra revista; luego, la de la serpiente, sin ver la foto. Finalmente, llegará a tocar la fotografía y una serpiente de goma. El origen de la fobia: cuando era niña pasó al lado de una serpiente y tuvo que pisarla. Permaneció con el pie en el reptil hasta que alguien vino a matarlo.
- Tiene 72 años y cuando entra a un río o a una piscina tiene que salir inmediatamente. Siente que se está cayendo de espaldas. No ha empezado ninguna terapia, pero recuerda que de niña, cerca de Yotala, estuvo a punto de ahogarse. La salvó su cuñado, sacándola de los cabellos. Desde entonces tiene fobia a las acumulaciones de agua.
- Cuando llueve tiembla de pánico. Tiene 12 años. No recuerda cuándo empezó a tener ese problema. Quizá fue en un día de fuertes truenos. Ha empezado el tratamiento hace tres semanas. Su ansiedad es tan acentuada que es necesario utilizar una medicación. En niños se utilizan dosis de ansiolíticos muy suaves.
- Tiene 13 años y cada vez que menstrúa se desmaya. Cuando debe cambiar la toallita higiénica, vuelve a perder el conocimiento. Se llama hemofobia. El origen fue un accidente en el que vio mucha sangre. Superó el accidente pero quedó la fobia. En estos casos puede utilizarse una relajación profunda.
- Guillermo Ribera utiliza un software que simula el despegue de un avión y el ambiente de un aeropuerto para curar la fobia a volar. Se requieren diez sesiones y luego unas cuatro más pero muy espaciadas. Todos logran luego disfrutar de los vuelos.
- Un paciente evitaba el contacto con otros hombres porque tenía miedo de volverse homosexual. Es un trastorno obsesivo compulsivo que puede desencadenar una homofobia. El trastorno obsesivo consiste en angustiarse por pensamientos o imágenes en las que el paciente se ve haciendo daño a otros.
- Según la Organización Mundial de la Salud, el 25% de la población padece fobias específicas y un 13% sufre de fobia social.
Cuarto para las 12
¿Te has dado cuenta de que el panorama suele verse más negro poco antes de ocurrir un viraje positivo?
El hombre de negocios afirma que justo antes de hacer su fortuna, estaba a punto de claudicar. Le llegaba el agua al cuello cuando, de repente, todo empezó a cambiar.
A punto de renunciar, se mantuvo firme justo lo necesario para dar a su trayectoria un giro de 180 grados y cosechar los frutos.
Quizás te haya ocurrido que cuando sientes que no vale la pena vivir, aparece una persona en tu vida que eleva tu ánimo hasta las nubes.
La vida es así porque existe el principio del ‘cuarto para las doce’.
Siempre hace más frío y está más oscuro antes del amanecer. Si resistimos lo suficiente, recibiremos nuestra recompensa.
En el acto de dar a luz, este principio entra en acción. Justo antes del gran milagro de la vida, la resistencia de la futura madre es sometida a una prueba de fuego por medio de intensos dolores y gran angustia. ¡Me contó mi mamá que valió la pena!
En cuanto reconocemos la existencia del ‘cuarto para las doce’, la vida pierde mucho de su carácter traumático. En efecto, la creación parece someternos a prueba todo el tiempo, para ver si en verdad tomamos en serio nuestras metas. Si resistimos ese poquito más... Realmente, ¡qué alegría!
Conocer este principio es tener una buena ventaja, cuando todo es un caos podemos decirnos: no todo marcha mal.
Eso quiere decir que aquello por lo que tanto he luchado puede estar a la vuelta de la esquina.
Por lo tanto, deberíamos sentirnos mejor.
Generalmente estaremos a prueba, en alguna forma, antes de recibir algo valioso. No hay que desesperarse. La paciencia debe ser nuestro capital.
Si estamos conscientes del principio del ‘cuarto para las doce’ y enfrentamos las dificultades sabiendo que son partes del proceso de lograr el éxito, en primer lugar no seremos desertores y, en segundo, obtendremos lo que queremos en la vida.
Cuando todo se ve ‘color de hormiga’ puede ser el momento de celebrar. Quizás ya estés cerca de la meta.
Amigos, que esta semana sea el ‘cuarto para las doce’ de sus más caros anhelos.
Recibido por Internet (Escrito por Andrew Mathews).
El hombre de negocios afirma que justo antes de hacer su fortuna, estaba a punto de claudicar. Le llegaba el agua al cuello cuando, de repente, todo empezó a cambiar.
A punto de renunciar, se mantuvo firme justo lo necesario para dar a su trayectoria un giro de 180 grados y cosechar los frutos.
Quizás te haya ocurrido que cuando sientes que no vale la pena vivir, aparece una persona en tu vida que eleva tu ánimo hasta las nubes.
La vida es así porque existe el principio del ‘cuarto para las doce’.
Siempre hace más frío y está más oscuro antes del amanecer. Si resistimos lo suficiente, recibiremos nuestra recompensa.
En el acto de dar a luz, este principio entra en acción. Justo antes del gran milagro de la vida, la resistencia de la futura madre es sometida a una prueba de fuego por medio de intensos dolores y gran angustia. ¡Me contó mi mamá que valió la pena!
En cuanto reconocemos la existencia del ‘cuarto para las doce’, la vida pierde mucho de su carácter traumático. En efecto, la creación parece someternos a prueba todo el tiempo, para ver si en verdad tomamos en serio nuestras metas. Si resistimos ese poquito más... Realmente, ¡qué alegría!
Conocer este principio es tener una buena ventaja, cuando todo es un caos podemos decirnos: no todo marcha mal.
Eso quiere decir que aquello por lo que tanto he luchado puede estar a la vuelta de la esquina.
Por lo tanto, deberíamos sentirnos mejor.
Generalmente estaremos a prueba, en alguna forma, antes de recibir algo valioso. No hay que desesperarse. La paciencia debe ser nuestro capital.
Si estamos conscientes del principio del ‘cuarto para las doce’ y enfrentamos las dificultades sabiendo que son partes del proceso de lograr el éxito, en primer lugar no seremos desertores y, en segundo, obtendremos lo que queremos en la vida.
Cuando todo se ve ‘color de hormiga’ puede ser el momento de celebrar. Quizás ya estés cerca de la meta.
Amigos, que esta semana sea el ‘cuarto para las doce’ de sus más caros anhelos.
Recibido por Internet (Escrito por Andrew Mathews).
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