lunes, 7 de mayo de 2012

No sólo es el rey: a todos nos cuesta pedir disculpas

“Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Nadie más que él sabe cuánto le costó, pero no es difícil imaginarlo. Educado para ordenar, no pedir, ejecutar, no disculpar, los segundos que duró su disculpa pública por haber participado en un viaje de caza en Botswana, deben haber sido para el rey Juan Carlos de España, uno de los momentos más difíciles que pueda recordar.

Sin duda, su caso es particular, pero a pesar que la mayoría de los plebeyos hemos sido criados para aprender a responder por nuestros errores, a todos nos cuesta bajar la cabeza, al punto que muchas veces preferimos perder relaciones de pareja, trabajos o amistades, con tal de no tener que pasar por el suplicio de pedir disculpas. La razón no está en una arrogancia desmedida, sino que, como concuerdan los especialistas, cada vez que pedimos perdón se debilita la imagen que hemos construido de nosotros mismos, ya que implica reconocer frente a otro que hemos hecho algo equivocado. Y después de todo, ¿quién quiere reconocerse a sí mismo como alguien que está en el bando de los que hacen las cosas mal?

El doctor Frederic Luskin, director del Proyecto del Perdón de la Universidad de Stanford, señala que esto es tan potente, que incluso a nuestra constitución biológica y sicológica le cuesta realizar este acto. Explica: “Nuestro sistema nervioso organiza la información primeramente para protegernos, no para darnos una imagen verdadera de la realidad. Una de las formas en que el cerebro hace esto es distorsionando las cosas, para no sentirnos en falta y así mantener nuestra necesidad (de comodidad con nuestra propia imagen) protegida”.

Pero también, el investigador señala que está el tema cultural. En las películas, las teleseries y casi todo lo que vemos en la ficción, los personajes más poderosos y atractivos son aquellos que se salen con la suya sin tener que pasar por el proceso “degradante” de pedir disculpas. Es más, apunta Frederic, “hay pocos modelos culturales para disculparse y muchos más para defender nuestra posición, incluso si está equivocada, de modo que pedir disculpas puede verse como una debilidad desde la perspectiva cultural”. Nuestro yo, sostiene y hace un esfuerzo constante por hacernos sentir únicos, especiales e importantes. “Admitir que nos equivocamos nos hace sentir humanos y falibles, como cualquier otra persona”, agrega.

En la sociedad hay una enorme ventaja, que es reconocer un error y pedir disculpas. Está esa sensación de alivio de saber que al menos se ha intentado reparar la falta. Pero también toda la evolución, que en este acto nos asemeja a otras especies. Diversos investigadores señalan que los primates tienen un lenguaje que involucra las disculpas y que los chimpancés se besan y abrazan tras una pelea. Frans de Waal, quien ha estudiado el comportamiento de los primates en el Living Links Center de la Universidad de Emory, en Estados Unidos, explica: “Hay buena evidencia de que la reconciliación sirve realmente para lo que su nombre sugiere, que es la reparación de las relaciones sociales. La idea dominante es que la reconciliación ocurrirá cada vez que las partes tengan algo valioso que perder si la relación se deteriora. Estos mecanismos parecen tan lógicos, que la ausencia de reconciliación en una especie social es considerada desconcertante”.

A ALGUNOS LES CUESTA MÁS

Más allá de las diferencias particulares y de la noción que tengamos de lo que implica el perdón, para unos es invariablemente más difícil que para otros. Para los hombres, por ejemplo, es un calvario, como lo comprobó un estudio de la Case Western Reserve University, en Estados Unidos, que estableció que las mujeres se sienten más culpables que los hombres cuando cometen una ofensa y por eso les resulta más natural excusarse.

Según el profesor de Sicología de la Virginia Commonwealth University y experto en el tema, Everett Worthington, los hombres lo pasan peor “debido a los estereotipos culturales y (en algunas sociedades) el machismo”. Sin embargo, también asegura que “como los estereotipos culturales van cambiando y las mujeres compiten por trabajos de cada vez mayor nivel y pago igualitario, la brecha se está estrechando”.

ACCIÓN REIVINDICATORIA

El rol que jugamos dentro de una determinada comunidad también influye en el modo en que nos enfrentamos a esta acción reivindicatoria. Luskin asegura que para las personas es más complicado reconocer un equívoco cuando sienten que tienen la razón o que, simplemente, tienen más conocimiento frente al tema en cuestión que la persona a la que deben pedir disculpas.

Así, dice, “en la casa puede ser más difícil para una mujer pedir disculpas por algo doméstico” si es que ella es la que principalmente se ocupa de la casa. Las diferencias de poder, obviamente, influyen.

“Es más difícil para una persona con mucho poder -como en el caso del rey de España- pedir disculpas si cree que, a través de ese gesto, está disminuyendo su poder” frente a otras personas. Lo mismo puede llegar a ocurrirle a un jefe frente a un subalterno.

Y precisamente de estas diferencias puntuales depende la capacidad que tienen las personas de hacer que esas disculpas se vuelvan efectivas. No es lo mismo pedir disculpas por haber roto el jarrón favorito de alguien, que por no haber querido ir a visitarlo cuando estaba enfermo.

En esto pesa mucho el valor que la persona le asigne a la ofensa. Por ejemplo, dice Frederic, cuando una persona ha sido agraviada en algo importante, siente que hay una brecha de injusticia que hay que llenar, lo que vuelve muy difícil conceder el perdón y, por tanto, pedirlo de una manera adecuada.

Lo mismo ocurre cuando alguien viola algo que una persona considera muy sagrado, dice el experto, “como su religión, su idea del valor del matrimonio o su propio país, si se trata de una persona particularmente patriota”.

En estos casos, el esfuerzo deberá ser mucho más grande e incluir algún tipo de acción que repare la falta.

domingo, 6 de mayo de 2012

Cuando el cliente no siempre tiene la razón

¿Alguna vez llegaste a un restaurante sin hacer reservación? ¿Tomaste una mesa sin esperar que te acomoden? ¿Quisiste pagar con tarjeta de crédito cuando el restaurant no las aceptaba? O peor aún, ¿decidiste no pagar la cuenta porque no te dieron lo que pediste? Y claro, no te dieron la razón. La etiqueta en restaurantes tiene diferentes reglas de acuerdo a la cultura, la ocasión y la compañía.

Selecciona el restaurante y haz reservación. Toma el tiempo necesario para averiguar si el restaurante es apropiado para ti, tu familia, tus invitados, tus niños o tu pareja. Haz la reservación indicando el número de personas que irán contigo.

Al llegar. Solicita la atención del mesero para tu acomodación e indicación del menú. No te demores en leer la cartilla, cuida tu postura y coloca la servilleta en las faldas en forma triangular.

El menú. Normalmente va a consistir en bebidas, entrada, plato principal, postre y té o café. Pregunta al mesero si no estás familiarizado con el menú.

Los meseros. Tu trato siempre respetuoso, desde el gerente hasta el asistente de camarero.

Si se cayó uno de los utensilios, encontraste un pelo, derramaste el vino o cualquier otro accidente que no sea de tu dominio, llamas al mesero y le susurras al oído.

La cuenta y la propina. No te quedes más tiempo del necesario, pide la cuenta y págala con su merecida propina; nada de calculadoras ni bolígrafos.

Lo que no debes hacer. Hablar con la boca llena; poner los codos sobre la mesa; atender llamadas de celular; limpiarte la nariz; salar o condimentar la comida sin antes probarla; usar los mondadientes; picotear o probar de otros platos, etc.

El secreto radica simplemente en actuar con soltura, enfocarse en la ocasión y ser tan cortés como si uno estuviera en una casa invitado. ¡A mover el bigote!

viernes, 4 de mayo de 2012

Controla la ira con ‘tiempo fuera’

Si no quieres que tus hijos vivan los nefastos efectos de la violencia familiar como si fuera algo normal, empieza por controlar tu ira practicando lo que en psicología se conoce como “tiempo fuera”.

Según la psicoterapeuta familiar Scherezada Exeni, la violencia física y psicológica no son buenas y pueden traer repercusiones lamentables. “Se ha comprobado que gran parte de los niños que se han criado en hogares muy violentos son inseguros, miedosos, dependientes, tienen sentimientos culposos, no tienen éxito y terminan en hospitales mentales”.

La técnica del “tiempo fuera” da muy buenos resultados y tiene la finalidad de conseguir eliminar aquellas conductas que son consideradas negativas. Si tú, como papá o como mamá, estás hablando con un tono de voz muy elevado, insultando, tirando las cosas y finalmente sientes que vas a actuar de manera agresiva, opta por salir de ese ambiente por unos minutos hasta que puedas controlar la rabia que tienes.

“Para que esto realmente funcione, lo primero es que tengas la voluntad de querer hacerlo y no usar pretextos como: ‘ella merece que le grite’ o ‘él se lo busca por hacerme renegar tanto’, aconseja Exeni.

“Cuando sientas que estás empezando a enojarte y no quieres ser violento, sal de ese lugar —la casa, la habitación, el restaurante, el cine o el auto—, toma aire y camina para controlar tu ira y poder pensar mejor las cosas”, sugiere la terapeuta.

Otra técnica es el del “conjunto de los reguladores” que se usan para controlar la violencia. Por ejemplo, puedes pedirle a alguien de confianza, que te escuche cuando estés en esos momentos críticos —acudiendo a tu casa o atendiendo una llamada telefónica—, para que te puedas descargar lo que llevas dentro y luego puedas hablar más fríamente con tu pareja. Así, si tienes hijos, ellos no serán testigos de esos malos momentos y no lo replicarán más adelante.

Exeni aclara que los reguladores también pueden ser: la Policía, la Brigada de Protección a la Familia, algún psicólogo o un trabajador social que sea experto en el tema.

Algunos trucos útiles

Cuando la persona se enoja, le sube la presión arterial en la sangre y esto le impide pensar con claridad. “Lo mejor es mojarte con agua fría o tomar un vaso de agua, también fría, y lavarse las manos, esto ayuda físicamente. La ira baja y la persona vuelve a tener la capacidad de pensar adecuadamente”, comenta.

La rabia no es una mala emoción, es normal y en ciertos casos es buena, porque ayuda a defenderse. Lo que es malo es no saber controlarla y dejar que salga y dañe a otra persona. Según el psicólogo Carlos Velásquez, la violencia es muy dañina pero muy habitual. No sólo lastima a la pareja, sino a terceros que, en este caso, son los hijos. “La violencia física o psicológica tiende a ser practicada más por los varones que por las mujeres, esto por razones de posición aunque puede ocurrir lo contrario”.

El enojo o la disconformidad de una persona en relación con la otra lo hace actuar muchas veces sin control. “Lo mejor es usar la técnica del ‘tiempo fuera’ para controlar la situación y que no se replique en los pequeños, que suelen copiar lo que viven en el hogar”, dice el psicólogo.

Excepción

Otra técnica para no practicar la violencia es la denominada ‘excepción’. Se trata de controlar la ira en el momento clave y la pareja debe identificar este acto para premiarlo con algo significativo.

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Si tu hijo se cría en un ambiente violento creerá que es normal que le hagan daño y buscará a futuro a una pareja violenta.

El BOCHORNO que no le perdoné

Uno puede haber hecho todos los movimientos perfectos para conquistar a una mujer hasta que comete un error imperdonable. A veces es culpa de uno, a veces ellas son demasiado exquisitas. En estas páginas, féminas consultadas vía Facebook nos cuentan algunos bochornos que han pasado por culpa de algún ejemplar masculino al que “el chistecito” le significó el adiós definitivo.

“Todavía recuerdo al imbécil al que pesqué in fraganti cenando con otra chica”, recuerda Marisol. “La verdad, podía no haberme dado cuenta hasta que él me dijo, en público y voz alta, ‘pero mi amor, pensé que querías un trío, estaba buscando una candidata’. ¡Me puse como el diablo!”.

Los modales en la mesa valen muchísimos puntos en una cita. “El tipo era tierno y encantador, pero comía como un cerdo”, cuenta Raquel. “Nos sentamos en la mesa y cuando llegó la sopa, la levantó con las manos y empezó a sorber como recién salido de la selva. Casi me meto debajo del mantel. Jamás lo volví a ver.”

¿Qué puede arruinar una tórrida noche de pasión? “Encantada acepté ir a un hotel con un hombre muy seductor. La pasé increíble hasta que, antes de irnos, el tipo me dijo que se olvidó la billetera y me pidió que fuera a traerla mientras él se quedaba de prenda... ¡Qué tipo más cínico!”, cuenta enfurecida Lucrecia.

“Una vez mi chico se embriagó hasta las patas y, cuando se indispuso porque quería vomitar... ¡se le cayó su dentadura postiza! Estaba yo con mis amigos y fue una gran vergüenza”, se ríe Rosario. “Lo peor fue que al día siguiente me dijo que había sufrido un accidente y que perdió los dientes, o sea, ni se acordó que yo lo vi sin su dentadura”.

“En el último año del colegio salimos con casi todo mi curso a una fiesta. Mi novio ya estaba en la universidad y tenía tarjeta de crédito, era lo único que manejaba para pagar. Ya a punto de entrar a la disco fuimos a sacar plata, pero el cajero se tragó su tarjeta y él no tenía ni un solo peso en el bolsillo. Yo era muy niña y llevaba diez bolivianos encima. Él se avergonzó mucho y renegó, así que nos peleamos y se fue. Yo me quedé con mis amigos porque tenía ganas de ir a bailar, lo que causó otra terrible pelea y terminamos”, relata Janice.

“Un novio me dijo que se iba a España por un mes. A los días, estaba en la calle con mis amigas y una me dijo: ‘¿Ese no es tu chico?’. El otro se puso pálido, se acercó y frente a ellas me dijo: “Este... nunca me fui a España, tenía miedo de terminarte”.

De todas las anécdotas, las más comunes son con alcohol. “Tras una parrillada con sus amigos me dio alcance en un boliche. Llegó apestando a humo, sudor y trago. Luego empezó a tomar una copa de vino de otra mesa... gritaba, se caía... ¡qué horror!”, todavía se lamenta Ximena.

Peatón enfurecido

“Caminábamos por la Plaza del Estudiante y un taxista nos tocó bocina. Mi novio era algo histérico y lo desafió a pelear. Como el taxista no se bajó del auto, el chico no atinó a abrir la puerta y se metió por la ventana a pegarle al hombre. Yo, en pleno llanto desconsolado, trataba de sacarlo jalándole las piernas hacia afuera y se me rompieron las uñas”, rememora Lía.

Tragos y más tragos

“Era pasante en una fundación. Un día, la secretaria me anunció que tenía una visita. Entonces apareció un pretendiente con flores. El problema fue que el ramo estaba totalmente destrozado porque el tipo se había tomado hasta el agua del florero y apestaba a trago. Toda la oficina lo vio y entonces lo odié: a él y a la secretaria, por dejarlo pasar”, aclara Clío.

Lametazo

“Era la primera cita y fuimos a cenar. Él se pidió una hamburguesa y, luego de terminársela, levantó el plato y empezó a lamer los restos de salsa. Todoel mundo miraba”, recuerda Jessy.

Todos tenemos poder mágico en nuestros pensamientos

Piense en un deseo, piense en algo que usted necesita y desea que suceda,piense con su imaginación y visualice una escena en la que su deseo está sucediendo, tómese unos instantes, cierre los ojos e imagine esa escena real o representativa, sienta alegría mientras imagina y sepa que puede repetir ese ejercicio en cada momento en que pueda hacerlo y si persiste y persevera, su deseo, de alguna manera se realizará.

*A un amigo que veía como muy negativo y vivía en un mundo exclusivamente material le pregunté si creía en esta función de la mente,

la función de atraer y de propiciar actos y encuentros que podrían beneficiarnos y beneficiar a la otra persona, él me dijo que en algún tiempo lo había intentado y como no pasaba nada había dejado de creer en ello y le pregunté acerca de cuántos de sus pensamientos los dedica a los demás para crear el equilibrio necesario de su proceso pensante. Me miró extrañado como diciendo ¿de qué me estás hablando? y le expliqué que cuando nuestra mente está en desequilibrio pensante, no produce coincidencias ni atracciones positivas y tal como estaba intuyendo, mi amigo sólo pensaba en sí mismo todo el tiempo, tal vez en su enamorada pero el centro de su pensamiento siempre era él y solo él.

*Le expliqué que estamos emitiendo energía pensante todo el tiempo y que cuando en algunos momentos enviamos pensamientos positivos de cualquier naturaleza a los demás, se establece y se crea el equilibrio necesario para poder poner en acción a nuestro poder de atracción y a nuestro poder creador.

*Como mi amigo nunca había oído nada ni parecido ni semejante, no tenía idea que se podría pensar algo así de cuando en cuando:”Envío pensamientos de alegría a todos los seres y a todas las personas de este mundo” o “envío pensamientos de salud a todas las personas de este mundo” o “Que todas las personas atribuladas por grandes problemas reciban asistencia de la mente universal y que sus problemas sean divinamente resueltos”.

*Usted mi querido amigo o usted mi querida amiga puede hacerlo desde este mismo momento y puede ensayar a enviar esta clase de pensamientos que son proyectados desde su mente hacia todas las personas o entidades a las que usted quiera ayudar o beneficiar con sus pensamientos benéficos y amorosos que decida emitir.

*Está práctica es interesante y realmente necesaria para crear el equilibrio imprescindible para que los poderes de nuestra mente se pongan en acción.

*Como las actividades que se repiten se vuelven hábitos, tome la decisión de enviar o emitir cualquier pensamiento amoroso o constructivo que se le ocurra y repítalo cinco veces contando con los dedos de la mano y el equilibrio tan necesario llegará a su vida, a su hogar y a sus asuntos.

*Preguntas vivenciales: ¿Qué es lo que le gustó del presente artículo? ¿Cuál es la idea que más le ha llamado la atención?

*Palabras del autor:”Ahora ya sabe cómo crear equilibrio en su vida”

*Sugerencia: Puede llamar al autor para comentar el artículo si así lo desea.

*Nota** importante: Los programas de cambio y mejoramiento de las conductas de veintidós días producen personas positivas y sensatas capaces de responsabilizarse de sus vidas y de sus estudios o de sus asuntos con las habilidades mentales y corporales que se aprenden.

Activa tu intuición

Todos poseemos eso que llamamos intuición. Ese rayo de luz que nos llega en un instante cuando vemos o estamos en una situación especial en la que tenemos que tomar una decisión importante. Es algo que nos llega sin tener que razonar ese conocimiento que nos sale de adentro. Le podríamos llamar también instinto o sentimiento. Esta función del instinto está ligada estrechamente al subconsciente pero en realidad surge de una fuerza mayor dentro de nosotros, el alma.

La intuición es la manera en la cual el ser humano percibe la realidad. Nuestro ser intuitivo, por lo tanto es el más elevado. Mediante nuestra intuición podemos percibir las acciones de nuestra personalidad mental y espiritual en el mundo y a su vez ser espectadores de las experiencias de la vida según se van dando.

Nuestra intuición nos ayuda a entendernos y a comprender nuestro propósito en la vida y también nos ayuda a desarrollar nuestra creatividad. Llamamos intuición a eso que se despierta de diferentes maneras, en cada uno de nosotros.

Prestando atención a la misma podemos irla desarrollando. He aquí unos pasos a seguir que nos servirán de ayuda para desarrollar al máximo nuestra intuición y de esta manera sacar el mejor provecho a la misma especialmente cuando nos vemos ante problemas difíciles en nuestras vidas.

Es importante crear un lugar especial, se podría decir un tipo de altar o lugar sagrado donde podamos estar en paz, rodeados de velas, incienso y música suave.

Es aquí donde nos vamos a relajar o a meditar llevando a cabo ejercicios básicos de respiración profunda.

Una forma de despertar nuestra intuición es por medio del sentimiento claro, transparente o sea cuando recibimos información por medio de algo que sentimos que se manifiesta en nuestro cuerpo físico. Es como una reacción involuntaria que sacude el cuerpo físico, algo que nos toca el alma.

El yo intuitivo se puede comunicar contigo creando en tu cuerpo sensaciones de calor, frío, nerviosismo, etc., y son a estas sensaciones a las que debemos ponerle suma atención. Por medio de este “sentir” podemos intuir o entender el dolor, la alegría, el miedo y es por esto que muchas veces, cuando estamos junto a otras personas negativas o depresivas nos sentimos cargados de negatividad o por el contrario si estamos junto a alguien alegre nos contagiamos de esa alegría.

Esta habilidad de sentir o presentir, te alerta cuando tú sientes que una situación en particular es peligrosa y así te alejas o te proteges de la misma.

Otra manera de desarrollar la intuición es mediante el sentido auditivo. Escuchando atentamente. Cuando nos escuchamos cuando ponemos atención a nuestra voz interior, advertimos que hay un mensaje para nosotros. Aquí se puede integrar la telepatía o la comunicación mental. A cuántos nos ha pasado que estamos pensando en alguien y de momento suena el teléfono, tocan la puerta o recibimos un correo de parte de esa persona. Se impone que para que desarrolles tu intuición lleves a cabo ejercicios que te motiven a hablar y expresar tus verdaderos sentimientos.

La vista es otro de nuestros sentidos que nos lleva a desarrollar nuestra intuición. Podemos, si nos lo proponemos, desarrollar la habilidad de percibir la verdad por medios visuales. Es aquí donde vemos visiones, imágenes, símbolos, sueños, etc. que guardan o contienen un mensaje muy significativo cuando los interpretamos.

Centrando nuestra atención en lo que percibimos podemos ver más allá de nuestros ojos físicos. Podemos percibir lo invisible y lo visible. Si desarrollamos nuestro sentido visual, seremos capaces de percibir o ver patrones en las vidas de otras personas como lo serían sus relaciones o los eventos que les van a acontecer.

El saber, el estar en la completa seguridad de que algo es de la manera en que lo presentimos, es otra forma de lo que llamamos intuición. Cuando algo así nos pasa debemos estar preparados a actuar en el momento que se nos ha revelado ese sentimiento de seguridad, de saber, sin duda alguna, que lo que presientes es la verdad. Cuando nos permitimos funcionar a este nivel de percepción intuitiva, comenzamos a desenvolvernos en un flujo continuo de experiencias creativas como lo son la confianza, la comunión y el sentido de pertenecer, de ser uno con la Creación. Es aquí donde nos convertimos en seres iluminados en donde sabemos que todo lo que existe, lo que ha existido y que existirá esta accesible en nuestra consciencia si la despertamos.

martes, 1 de mayo de 2012

Lenguaje no sexista

CONDUCTOR.- Te imaginas –dirigiéndose a su ayudante- el otro día en el colegio a mi hija le habían hablado del lenguaje sexista y no sé cuántas cosas más. Yo he protestado harto, mucho siempre me he calentado che, cómo pues les van a charlar a los “changos” (joven-zuelos) algunos “profes” vivarachos sobre “excitar”.

AYUDANTE.- Jefe, como sabes yo también estoy en el colegio, pero en nocturno. También he escuchado sobre eso, pero creo que no es como vos dices.

PASAJERO 1.- Cada cosa que se escucha en estos días, Dios nomás nos libre ¡cómo es po-sible pues que les hablen de ese lenguaje para “excitar”!

CONDUCTOR.- Si pues, eso estaría bien para algunos compañeros del gremio que son medio “mandarinas” (hombres hogareños) y a ellos les interesaría ese lenguaje “excitado”.

PASAJERA 1.- No se desvíe pues maestro, si en el colegio han tocado eso es pues porque saben y conocen, y no creo que se trate de lo que al parecer usted interpreta maliciosamen-te, o al menos eso me parece, y discúlpeme si me equivoco.

PASAJERO 2.- Bueno, dispensen que me entrometa en la conversación, pero no es ni lo uno ni lo otro. Estoy interiorizado sobre el “lenguaje sexista” y es algo interesante…

PASAJERA 2.- ¡Hombre pues tenía que ser, por eso dice pues que es interesante!

PASAJERO 1.- Me parece que las señoras tienen razón, hasta yo estoy empezando a mo-lestarme y con justa razón, con justa razón…

PASAJERO 2.- Disculpen, yo decía que es algo interesante, porque de verdad lo es, pero lamentablemente en nuestro atrasado medio aún no conocemos mucho al respecto, y por eso me parece bien que en el colegio les ins-truyan a nuestros hijos al respecto. Así que “maestrito” (conductor) usted sobre todo debe dejar de lado esa morbosidad al hablar del tema.

CONDUCTOR.- ¿Qué cosita? Ahorita lo arre-glamos a golpes, no me ofenda.

AYUDANTE.- Qué le pasa caballero hágase respetar por favor, y antes de llegar a las ma-nos mejor bájese por favor del vehículo, no le voy a aguantar que lo insulte al maestro.

PASAJERA 1.- Ya basta, suficiente por favor, no es para tanto caramba, hombres tenían que ser, “maestro” mejor apúrese porque muy lerdo está yendo usted.

EN EL MERCADO

VENDEDORA 1.- A ver, en el colegio sonse-ras creo que les están enseñando a nuestros hijos.

VENDEDORA 2.- Sí, lo mismo siempre digo yo. Entonces para qué van al colegio si no es para aprender cosas buenas.

VENDEDORA 1.- Cómo pues les van a ense-ñar sobre sexo, sexo y nada más.

VENDEDORA 2.- Dicen que para aclarar todo ha de haber una reunión de padres de familia.

VENDEDORA 1.- Yo estoy de acuerdo, ahí siempre he de estar para hacerles conocer que estoy renegando mucho.

VENDEDORA 2.- Si pues, a ver hablarles del “lenguaje del sexo” nomás, me parece mal, muy mal comadrita.

COMPRADORA 1.- No, casera no es como dicen. Eso del lenguaje sexista creo que está bien que les “metan” a los alumnos hasta por los tuétanos para que ya no cometan más erro-res. No sólo ellos sino todos nosotros.

COMPRADORA 2.- Creo que ustedes están muy equivocadas. Mi hijo también está en el colegio y me ha dicho que le ha parecido muy bien eso del lenguaje “sexista”.

VENDEDORA 1.- ¡Claro pues, porque es varón! A los hombres siempre pues les gusta eso, a nosotras las mujeres no, muy mal siem-pre nos cae que en eso nomás estén pensan-do.

COMPRADORA 2.- No, no, no se trata de lo que están pensando seguramente ustedes, por el contrario es más bien algo favorable para nosotras, porque así lograremos nuestro ver-dadero sitial en la sociedad.

COMPRADORA 1.- Mejor ya no hablaremos de estas cosas y veremos qué dicen en la reu-nión del colegio, a ver qué explicación dan.

VENDEDORA 1.- Sí, es mejor, ya no estare-mos dando vueltas como trompos y sin motivo. En esa reunión de padres de familia se ha de aclarar todo, sino mi marido me ha dicho que va a poner todo en orden.