Ser tímido no tiene por qué ser un problema. Es perfectamente adecuado necesitar un tiempo para entrar en calor, coger confianza a personas desconocidas y adaptarse a situaciones nuevas.
A algunas personas les gustaría ser menos tímidas para podérselo pasar mejor a la hora de relacionarse con los demás y cuando están rodeadas de gente. He aquí cinco consejos para vencer la timidez:
1. Empieza poco a poco con gente conocida. Practica las conductas sociales, como el contacto ocular, el lenguaje corporal que expresa seguridad, las presentaciones, las conversaciones triviales, hacer preguntas y las invitaciones, con personas con quienes te sientas cómodo. Sonríe. Así aumentarás la seguridad en ti mismo. Y luego prueba a hacer lo mismo con personas que no conozcas tanto.
2. Piensa en formas de romper el hielo. A menudo lo que más cuesta de llevar una conversación con un desconocido es el principio. Piensa en formas de romper el hielo para iniciar una conversación, como presentarte ("Hola, me llamo Chris, vamos a la misma clase de Inglés"), hacer un cumplido ("Esa chaqueta te sienta de maravilla") o formular una pregunta ("¿Sabes cuándo nos darán las notas?"). Tener pensadas varias formulas para romper el hielo allana el terreno cuando uno quiere mantener una conversación con un desconocido o una persona a quien no le tiene demasiada confianza.
3. Ensaya lo que vas a decir. Cuando estés preparado para probar algo que has estado evitando por culpa de la timidez -como una llamada de teléfono o una conversación- escribe previamente lo que quieres decir. Ensáyalo en voz alta, tal vez delante de un espejo. Luego lánzate. No te preocupes si no te sale exactamente como lo habías ensayado o si no te sale perfecto. De hecho, muy pocas de las cosas que hace la gente que aparentemente está segura de sí misma son perfectas. Siéntete orgulloso de haberte atrevido a probarlo. La próxima vez, todavía te saldrá mejor porque te resultará más fácil.
4. Date una oportunidad. Busca actividades donde puedas relacionarte con personas que comparten tus intereses. Date tiempo para ir conociéndolas e ir cogiéndoles confianza. A las personas tímidas a menudo les preocupa no estar a la altura o qué pensarán de ellas los demás. Este tipo de preocupaciones pueden hacer que te eches atrás y que dejes de hacer cosas que te encantaría hacer. Si en tu caso la autocrítica desempeña un papel importante, pregúntate si serías tan crítico con tu mejor amigo. Lo más probable es que con él no fueras tan exigente y lo aceptaras tal y como es. O sea que trátate como a tu mejor amigo. Date palabras de aliento en vez de esperar el fracaso.
5. Desarrolla la asertividad. Puesto que a las personas tímidas les preocupan mucho las reacciones de los demás, no les gusta crear problemas. Esto no significa que sean "miedosas" o "cobardes" sino que no suelen ser asertivos. Ser asertivo significa defenderte cuando deberías hacerlo, reclamando lo que quieres o necesitas, o expresarte cuando otra persona está hiriendo tus sentimientos.
Sobre todo, sé tú mismo. Está bien que pruebes distintas formas de relacionarte o conversar que utilizan otras personas. Pero haz y di lo que encaje con tu propio estilo. Ser tal y como uno es, y atreverse a mostrárselo a los demás, es lo que más atrae a la gente y la mejor forma de hacer amistades.
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sábado, 11 de febrero de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
Los traumas del pasado pueden ser disueltos con regresión
Son muchos los sufrimientos de tipo psicosomático que pueden eliminarse con la regresión de síntomas específicos.
Yo viví con muchos dolores internos y con muchas molestias corporales hasta que descubrí la práctica de la regresión que es en realidad un simple ejercicio mental sistemático con el cual, partiendo de las palabras del trauma mismo, se van extrayendo archivos olvidados que se reacomodan en la mente consciente produciendo una actualización en nuestro organismo eliminando de esta manera, los dolores de origen sicosomáticos, las conductas traumáticas y el estancamiento en el círculo de la negatividad.
Cualquier persona puede aprender a realizar su propio ejercicio de regresión y comprobar si este ejercicio puede realmente reducir los dolores sicosomáticos y los engramas (programas negativos infantiles o prenatales) a su mínima expresión.
Los traumas son experiencias violentas que se graban en un solo intento y se internalizan en lo profundo del inconsciente y desde esas profundidades van actuando cíclicamente y luego van desapareciendo tal como vinieron; en algunos casos, los traumas quedan “omnipresentes” en cuyo caso la desdicha de la persona se mantiene constante.
La cantidad de engramas o programas negativos inconscientes que tenemos todos los seres humanos es enorme, hay engramas pequeños y fastidiosos, hay engramas que producen la conducta celos, otros engramas simplemente nos entristecen sin razón aparente, otros nos desaniman y desalientan cuando hay que hacer algo importante y así sucesivamente, la cantidad de engramas o programas negativos inconscientes, mientras no se los extrae y se los lleva a la luz de la conciencia, siguen haciendo de las suyas asumiendo el control de nuestros estados de ánimo o de nuestras conductas impidiendo de esta manera que ejerzamos nuestro derecho y nuestro poder de dirigir y elegir nuestros estados de ánimo y nuestras conductas.
Los estados de liberación que se consiguen con los ejercicios de regresión son tan agradables y el hecho de retomar el poder de elegir conscientemente nuestros estados, nuestras conductas e incluso nuestros alimentos nos devuelve gran parte de nuestro poder personal y gran parte de nuestra alegría de vivir porque vivir así realmente es diferente.
Afirmación para pensar varias veces al día:”En cada experiencia de regresión se eliminan una gran cantidad de engramas”
Nota importante: Los programas de cambio y mejoramiento de las conductas de seis días producen personas positivas y sensatas capaces de responsabilizarse de sus vidas y de sus estudios o de sus asuntos con las habilidades mentales y corporales que se aprenden.
Yo viví con muchos dolores internos y con muchas molestias corporales hasta que descubrí la práctica de la regresión que es en realidad un simple ejercicio mental sistemático con el cual, partiendo de las palabras del trauma mismo, se van extrayendo archivos olvidados que se reacomodan en la mente consciente produciendo una actualización en nuestro organismo eliminando de esta manera, los dolores de origen sicosomáticos, las conductas traumáticas y el estancamiento en el círculo de la negatividad.
Cualquier persona puede aprender a realizar su propio ejercicio de regresión y comprobar si este ejercicio puede realmente reducir los dolores sicosomáticos y los engramas (programas negativos infantiles o prenatales) a su mínima expresión.
Los traumas son experiencias violentas que se graban en un solo intento y se internalizan en lo profundo del inconsciente y desde esas profundidades van actuando cíclicamente y luego van desapareciendo tal como vinieron; en algunos casos, los traumas quedan “omnipresentes” en cuyo caso la desdicha de la persona se mantiene constante.
La cantidad de engramas o programas negativos inconscientes que tenemos todos los seres humanos es enorme, hay engramas pequeños y fastidiosos, hay engramas que producen la conducta celos, otros engramas simplemente nos entristecen sin razón aparente, otros nos desaniman y desalientan cuando hay que hacer algo importante y así sucesivamente, la cantidad de engramas o programas negativos inconscientes, mientras no se los extrae y se los lleva a la luz de la conciencia, siguen haciendo de las suyas asumiendo el control de nuestros estados de ánimo o de nuestras conductas impidiendo de esta manera que ejerzamos nuestro derecho y nuestro poder de dirigir y elegir nuestros estados de ánimo y nuestras conductas.
Los estados de liberación que se consiguen con los ejercicios de regresión son tan agradables y el hecho de retomar el poder de elegir conscientemente nuestros estados, nuestras conductas e incluso nuestros alimentos nos devuelve gran parte de nuestro poder personal y gran parte de nuestra alegría de vivir porque vivir así realmente es diferente.
Afirmación para pensar varias veces al día:”En cada experiencia de regresión se eliminan una gran cantidad de engramas”
Nota importante: Los programas de cambio y mejoramiento de las conductas de seis días producen personas positivas y sensatas capaces de responsabilizarse de sus vidas y de sus estudios o de sus asuntos con las habilidades mentales y corporales que se aprenden.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Cómo amar al anciano
Cuando el peso de los años impiden los pasos por los caminos de la vida, la persona, normalmente, se encuentra con actitudes de marginamiento. Muchos, incluso la propia familia, la trata como inservible. Estos consejos ayudan a cumplir con el mandato de Jesús:
- Dejalo hablar, porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien.
-Dejalo vencer en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.
-Dejalo ir a visitar a sus viejos amigos, porque entre ellos se siente que revive.
-Dejalo contar sus historias repetidas, porque se siente feliz cuando las escuchamos.
-Dejalo vivir entre las cosas que amó, porque sufre al sentir que le arrancan pedazos de su vida. -Dejalo gritar cuando se ha equivocado, porque, igual que los niños tienen derecho a la comprensión.
-Dejalo tomar un puesto en el automóvil familiar cuando van de viaje, porque el próximo año tendrás remordimientos de conciencia si ya no existe más.
-Dejalo envejecer con el mismo paciente amor con que dejás crecer a tus hijos, porque todo es parte de la naturaleza.
-Dejalo rezar como él sabe y quiere, porque así descubre la sombra de Dios en el camino que le falta recorrer.
-Dejalo morir entre brazos con piedad, porque el amor de los hermanos en la tierra nos hace presentir mejor el torrente infinito de amor del padre en el cielo.
- Dejalo hablar, porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien.
-Dejalo vencer en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.
-Dejalo ir a visitar a sus viejos amigos, porque entre ellos se siente que revive.
-Dejalo contar sus historias repetidas, porque se siente feliz cuando las escuchamos.
-Dejalo vivir entre las cosas que amó, porque sufre al sentir que le arrancan pedazos de su vida. -Dejalo gritar cuando se ha equivocado, porque, igual que los niños tienen derecho a la comprensión.
-Dejalo tomar un puesto en el automóvil familiar cuando van de viaje, porque el próximo año tendrás remordimientos de conciencia si ya no existe más.
-Dejalo envejecer con el mismo paciente amor con que dejás crecer a tus hijos, porque todo es parte de la naturaleza.
-Dejalo rezar como él sabe y quiere, porque así descubre la sombra de Dios en el camino que le falta recorrer.
-Dejalo morir entre brazos con piedad, porque el amor de los hermanos en la tierra nos hace presentir mejor el torrente infinito de amor del padre en el cielo.
jueves, 2 de febrero de 2012
La dianética contribuye a desarrollar una vida plena
La dianética es una terapia que contribuye a borrar todo evento físico o emocional doloroso que exista en la vida de una persona, a través de una técnica que comprende diez pasos que son aplicados por un terapeuta profesional, quien trabajará específicamente sobre los engramas o traumas que la persona tratada tenga en su vivencia personal, lo cual no le permite desarrollarse en el plano intelectual, profesional, laboral y emocional.
Femenina quiso conocer más detalles acerca de la dianética, una técnica que promete contribuir en el desarrollo de una vida plena y feliz, al respecto se conversó con la terapeuta en dianética Rosemary Jordán.
F.- ¿En qué consiste la dianética?
RJ.- La palabra dianética proviene del griego día “a través” y nous “mente o alma”, es la ciencia de la mente. El autor de la dianética es Ronald Hubbard quien menciona que el ser humano está regido por tres mentes: La primera es la mente analítica que es aquella parte de la mente que percibe y retiene problemas de manera racional que es con la que usualmente actuamos. La segunda es la mente psicosomática (psico-mente y somático-cuerpo), esto significa que la mente puede hacer enfermar al cuerpo. La tercera es la mente reactiva, es aquella parte de la mente que archiva y retiene el dolor físico y la emoción dolorosa convirtiéndose en órdenes engrámicas, estás por ejemplo pueden ser: No sirvo para nada, tengo miedo, todo me asusta, me enfermo mucho, soy un tonto, no puedo respirar, no puedo ver, no mejoraré, entre muchas otras que son grabados generalmente antes de nacer, es decir, en la etapa prenatal.
Si la madre durante la gestación tuvo problemas emocionales que le causaron mucho dolor o incluso en el momento de dar a luz , todo esto se queda grabado en la mente del nuevo ser.
F.- ¿Cuál es el proceso que se sigue en la Dianética?
RJ.- La persona que va a realizar la terapia no debe consumir antidepresivos, aspirina, alcohol o drogas. Al trabajar con la memoria, en este estado se reduce y por tanto no permite localizar incidentes del pasado. Para estimular esta capacidad es recomendable el consumo de vitaminas.
F.- ¿Cómo beneficia al ser humano esta terapia?
RJ.- Los beneficios para la persona que se somete a esta terapia es el experimentar más alegría en su vida, debido a que ya no existirá el dolor físico ni la emoción dolorosa o algún tipo de bloqueo de la infancia que lo perturbe.
Cada individuo que hace la terapia aumenta su capacidad para resolver sus problemas, posee una imaginación positiva, sube notablemente su autoestima y seguridad, mejora su memoria, mejora sus relaciones interpersonales, mejora su salud y siente ganas de vivir, pero, vivir feliz.
La dianética en general es aplicada con la finalidad de eliminar la psicosis, neurosis, enfermedades psicosomáticas y en general la aberración humana entendida como la ansiedad, el orgullo y el comportamiento irracional.
F.- ¿Qué ambiente es el apropiado para esta práctica?
RJ.- Un ambiente tranquilo donde el terapeuta y la persona puedan conversar en confianza, pero lo más importante es que el paciente tenga la predisposición para someterse a esta terapia. El individuo debe abrirse de manera sincera con el terapeuta de dianética para que las sesiones sean un éxito, esto le ayudará a descubrir con detalle los momentos que le afligen y la causa de sus problemas, en cada sesión se descargará todo acontecimiento negativo que le haya sucedido. De esta manera el terapeuta encontrará incidentes con áreas de dolor para descargar y borrar, posteriormente se le devolverá la tranquilidad y felicidad al paciente.
F.- Cuál es la edad adecuada para someterse a esta terapia?
RJ.- Lo recomendable para un tratamiento con dianética es a partir de los 5 años de edad y después sin límite de edad. En el caso de los más pequeños por lo general sus padres los traen por problemas de rebeldía, algunos por alergias, fiebre, asma o porque afirman haber visto algo sobrenatural, aquí lo importante es descubrir qué hecho es el que desencadena este problema y también conocer cómo es la relación entre padres e hijos. En el caso de los adolescentes por lo general se abordan dificultades por depresión, rupturas de pareja, consumo de algún tipo de droga, desórdenes alimenticios, entre otros. Los conflictos de pareja como el divorcio o separación temporal, incompatibilidad de caracteres y falta de comunicación, con esta terapia se puede conseguir que las personas logren aceptar una separación con madurez emocional. Lo usual es que las personas de la tercera edad para llamar la atención busquen estar enfermas para lograr que la compadezcan y les den un poco de cariño, pero con esta terapia se logra que ellas puedan recuperar su propósito en la vida.
Femenina quiso conocer más detalles acerca de la dianética, una técnica que promete contribuir en el desarrollo de una vida plena y feliz, al respecto se conversó con la terapeuta en dianética Rosemary Jordán.
F.- ¿En qué consiste la dianética?
RJ.- La palabra dianética proviene del griego día “a través” y nous “mente o alma”, es la ciencia de la mente. El autor de la dianética es Ronald Hubbard quien menciona que el ser humano está regido por tres mentes: La primera es la mente analítica que es aquella parte de la mente que percibe y retiene problemas de manera racional que es con la que usualmente actuamos. La segunda es la mente psicosomática (psico-mente y somático-cuerpo), esto significa que la mente puede hacer enfermar al cuerpo. La tercera es la mente reactiva, es aquella parte de la mente que archiva y retiene el dolor físico y la emoción dolorosa convirtiéndose en órdenes engrámicas, estás por ejemplo pueden ser: No sirvo para nada, tengo miedo, todo me asusta, me enfermo mucho, soy un tonto, no puedo respirar, no puedo ver, no mejoraré, entre muchas otras que son grabados generalmente antes de nacer, es decir, en la etapa prenatal.
Si la madre durante la gestación tuvo problemas emocionales que le causaron mucho dolor o incluso en el momento de dar a luz , todo esto se queda grabado en la mente del nuevo ser.
F.- ¿Cuál es el proceso que se sigue en la Dianética?
RJ.- La persona que va a realizar la terapia no debe consumir antidepresivos, aspirina, alcohol o drogas. Al trabajar con la memoria, en este estado se reduce y por tanto no permite localizar incidentes del pasado. Para estimular esta capacidad es recomendable el consumo de vitaminas.
F.- ¿Cómo beneficia al ser humano esta terapia?
RJ.- Los beneficios para la persona que se somete a esta terapia es el experimentar más alegría en su vida, debido a que ya no existirá el dolor físico ni la emoción dolorosa o algún tipo de bloqueo de la infancia que lo perturbe.
Cada individuo que hace la terapia aumenta su capacidad para resolver sus problemas, posee una imaginación positiva, sube notablemente su autoestima y seguridad, mejora su memoria, mejora sus relaciones interpersonales, mejora su salud y siente ganas de vivir, pero, vivir feliz.
La dianética en general es aplicada con la finalidad de eliminar la psicosis, neurosis, enfermedades psicosomáticas y en general la aberración humana entendida como la ansiedad, el orgullo y el comportamiento irracional.
F.- ¿Qué ambiente es el apropiado para esta práctica?
RJ.- Un ambiente tranquilo donde el terapeuta y la persona puedan conversar en confianza, pero lo más importante es que el paciente tenga la predisposición para someterse a esta terapia. El individuo debe abrirse de manera sincera con el terapeuta de dianética para que las sesiones sean un éxito, esto le ayudará a descubrir con detalle los momentos que le afligen y la causa de sus problemas, en cada sesión se descargará todo acontecimiento negativo que le haya sucedido. De esta manera el terapeuta encontrará incidentes con áreas de dolor para descargar y borrar, posteriormente se le devolverá la tranquilidad y felicidad al paciente.
F.- Cuál es la edad adecuada para someterse a esta terapia?
RJ.- Lo recomendable para un tratamiento con dianética es a partir de los 5 años de edad y después sin límite de edad. En el caso de los más pequeños por lo general sus padres los traen por problemas de rebeldía, algunos por alergias, fiebre, asma o porque afirman haber visto algo sobrenatural, aquí lo importante es descubrir qué hecho es el que desencadena este problema y también conocer cómo es la relación entre padres e hijos. En el caso de los adolescentes por lo general se abordan dificultades por depresión, rupturas de pareja, consumo de algún tipo de droga, desórdenes alimenticios, entre otros. Los conflictos de pareja como el divorcio o separación temporal, incompatibilidad de caracteres y falta de comunicación, con esta terapia se puede conseguir que las personas logren aceptar una separación con madurez emocional. Lo usual es que las personas de la tercera edad para llamar la atención busquen estar enfermas para lograr que la compadezcan y les den un poco de cariño, pero con esta terapia se logra que ellas puedan recuperar su propósito en la vida.
Diferencias entre ego y autoestima
Muchas veces se confunden autoestima y ego porque, de algún modo, pueden simular ser parecidos. Está bien tener autoestima porque significa querernos y aceptarnos. Es más, no podemos querer a otros si no nos queremos nosotros primero y eso no es egocentrismo. Egocentrismo quiere decir que todo gira alrededor de uno y la persona no tiene vista para nada más que su propio ser.
La autoestima es beneficiosa, pues hace querernos y aceptarnos a nosotros mismos. También es autoestima el aprender a decir “no”, pues muchas veces el ego tiene miedo de decir “no” por temor a lo que dirá el otro, de modo que el ego depende de la aprobación de los demás. Con la autoestima nos queremos y aceptamos independientemente de lo que piense el otro. La autoestima se puede transformar en ego si es excesiva, haciendo que nos queramos por encima de todo y no importándonos nada más, y eso es ego porque necesita. La autoestima no necesita, y nunca puede ser perjudicial porque es la que nos levanta anímicamente al hacernos sentir importantes.
Mucha gente, cuando habla del ego, se refiere a la persona valerosa, pedante, soberbia, narcisista, etc., es decir, aquella que está en un pedestal. Sin embargo, el ego tiene otras facetas: la persona sumamente tímida y vergonzosa que no se anima a involucrarse con otras personas por no saber cómo les caerá, esa persona que nunca va a buscar un empleo porque piensa que otro lo va obtener, que no se atreve a iniciar una relación de pareja porque va a pensar que la otra parte le va a rechazar, etc. El ego es manipulador y tienta. Por ejemplo, esa persona un poco obesa que a las tres de la madrugada se levanta con hambre y el ego le dice “abre la heladera y cómete todo lo que haya dentro”. Entonces, la persona se somete a su ego y devora hasta saciar su apetito, y una vez saciado otro rol de ego le reprocha esa actitud -“¿qué has hecho? Mañana, cuando te peses, vas a tener un kilo más”-. Y la persona piensa a si misma -porque el ego es uno mismo y se habla mentalmente-: “Tiene razón. ¿Por qué lo hice?”.
El ego nos hace sentir culpa pero primero nos puso la zanahoria delante de los ojos, y una vez que la comimos nos señala: “Mira, ¿qué has hecho?”. Y nos sentimos desgraciados: “¿Por qué me deje vencer? ¿Por qué me dejé dominar por esa tentación? No sirvo para nada”. En ese momento el ego baja la autoestima y la persona se siente poquita cosa. El ego se transmuta y, así como el camaleón cambia de colores, el ego cambia de actitudes, y al día siguiente te está pinchando con otra cosa. El ego desea y si no lo consigue se encapricha como un niño.
El ego no es algo ajeno a nosotros… ¡Somos nosotros mismos! ¿El ego se puede eliminar? No, porque forma parte de la mente reactiva y ésta forma parte de nuestro propio espíritu, pero se puede integrar en un Yo Central y, consecuentemente, los roles del ego no serán los que tomen el timón del barco sino la persona con su mente analítica para que antes de tomar una decisión la razone. Recordemos que el ego actúa por impulsos y es peligroso porque, si bien es un fruto de la mente reactiva que se mueve con impulsos, absorbe el conocimiento de la mente analítica, de ahí que pueda tramar cosas.
El rol del ego, como busca la aprobación de los demás, hace que la persona no se respete porque si me respeto es porque me acepto y si me acepto es porque me quiero -por como soy, no por lo que tengo o por lo que aparento- y por dentro no voy a precisar la aprobación de los demás. Soy un ser humano que vive en comunidad y me va a agradar interactuar con el otro, pero eso no significa depender exclusivamente de la opinión del otro. Puedo equivocarme o tener razón pero, para mí, mi opinión va a ser la válida para conmigo mismo, y si tengo cosas que corregir ya veré como corregirlas, pero no por eso voy a desestimarme.
Cuando el ego está integrado la persona busca su propia aprobación, y no la del otro. Si de repente tengo una ropa y alguien me dice “¿Qué te has puesto?” no tengo porqué ir corriendo a cambiarme porque a tal persona no le gusta esta ropa. Es mi opinión y voy a respetarla. La autoestima significa aceptarnos. El ego nunca está conforme y nos juega en contra porque siempre vamos a buscar la aprobación del otro para hacernos sentir bien.
El ego es presa de los halagos tipo “¡Qué maravilla!” y, a su vez, es enemigo de las críticas. El ego manipula y permite que nos manipulen. El ego es servil tipo “no se preocupe jefe, le preparo otro memorando; no importa si me quedo hasta más tarde”. Y cuando el ego te condiciona y te maneja no se tiene el control del barco porque el ego te ciega y te hace cometer actos que, en momentos reflexivos, no los cometerías. La autovaloración es la verdadera autoestima. Si yo me respeto voy a exigir que el otro me respete.
El ego anula la inteligencia porque, si bien abreva un poco de la mente analítica, es absolutamente impulsivo. Entonces, si nosotros nos aceptamos y amamos podemos poner límites a las cosas que son perjudiciales.
La autoestima es beneficiosa, pues hace querernos y aceptarnos a nosotros mismos. También es autoestima el aprender a decir “no”, pues muchas veces el ego tiene miedo de decir “no” por temor a lo que dirá el otro, de modo que el ego depende de la aprobación de los demás. Con la autoestima nos queremos y aceptamos independientemente de lo que piense el otro. La autoestima se puede transformar en ego si es excesiva, haciendo que nos queramos por encima de todo y no importándonos nada más, y eso es ego porque necesita. La autoestima no necesita, y nunca puede ser perjudicial porque es la que nos levanta anímicamente al hacernos sentir importantes.
Mucha gente, cuando habla del ego, se refiere a la persona valerosa, pedante, soberbia, narcisista, etc., es decir, aquella que está en un pedestal. Sin embargo, el ego tiene otras facetas: la persona sumamente tímida y vergonzosa que no se anima a involucrarse con otras personas por no saber cómo les caerá, esa persona que nunca va a buscar un empleo porque piensa que otro lo va obtener, que no se atreve a iniciar una relación de pareja porque va a pensar que la otra parte le va a rechazar, etc. El ego es manipulador y tienta. Por ejemplo, esa persona un poco obesa que a las tres de la madrugada se levanta con hambre y el ego le dice “abre la heladera y cómete todo lo que haya dentro”. Entonces, la persona se somete a su ego y devora hasta saciar su apetito, y una vez saciado otro rol de ego le reprocha esa actitud -“¿qué has hecho? Mañana, cuando te peses, vas a tener un kilo más”-. Y la persona piensa a si misma -porque el ego es uno mismo y se habla mentalmente-: “Tiene razón. ¿Por qué lo hice?”.
El ego nos hace sentir culpa pero primero nos puso la zanahoria delante de los ojos, y una vez que la comimos nos señala: “Mira, ¿qué has hecho?”. Y nos sentimos desgraciados: “¿Por qué me deje vencer? ¿Por qué me dejé dominar por esa tentación? No sirvo para nada”. En ese momento el ego baja la autoestima y la persona se siente poquita cosa. El ego se transmuta y, así como el camaleón cambia de colores, el ego cambia de actitudes, y al día siguiente te está pinchando con otra cosa. El ego desea y si no lo consigue se encapricha como un niño.
El ego no es algo ajeno a nosotros… ¡Somos nosotros mismos! ¿El ego se puede eliminar? No, porque forma parte de la mente reactiva y ésta forma parte de nuestro propio espíritu, pero se puede integrar en un Yo Central y, consecuentemente, los roles del ego no serán los que tomen el timón del barco sino la persona con su mente analítica para que antes de tomar una decisión la razone. Recordemos que el ego actúa por impulsos y es peligroso porque, si bien es un fruto de la mente reactiva que se mueve con impulsos, absorbe el conocimiento de la mente analítica, de ahí que pueda tramar cosas.
El rol del ego, como busca la aprobación de los demás, hace que la persona no se respete porque si me respeto es porque me acepto y si me acepto es porque me quiero -por como soy, no por lo que tengo o por lo que aparento- y por dentro no voy a precisar la aprobación de los demás. Soy un ser humano que vive en comunidad y me va a agradar interactuar con el otro, pero eso no significa depender exclusivamente de la opinión del otro. Puedo equivocarme o tener razón pero, para mí, mi opinión va a ser la válida para conmigo mismo, y si tengo cosas que corregir ya veré como corregirlas, pero no por eso voy a desestimarme.
Cuando el ego está integrado la persona busca su propia aprobación, y no la del otro. Si de repente tengo una ropa y alguien me dice “¿Qué te has puesto?” no tengo porqué ir corriendo a cambiarme porque a tal persona no le gusta esta ropa. Es mi opinión y voy a respetarla. La autoestima significa aceptarnos. El ego nunca está conforme y nos juega en contra porque siempre vamos a buscar la aprobación del otro para hacernos sentir bien.
El ego es presa de los halagos tipo “¡Qué maravilla!” y, a su vez, es enemigo de las críticas. El ego manipula y permite que nos manipulen. El ego es servil tipo “no se preocupe jefe, le preparo otro memorando; no importa si me quedo hasta más tarde”. Y cuando el ego te condiciona y te maneja no se tiene el control del barco porque el ego te ciega y te hace cometer actos que, en momentos reflexivos, no los cometerías. La autovaloración es la verdadera autoestima. Si yo me respeto voy a exigir que el otro me respete.
El ego anula la inteligencia porque, si bien abreva un poco de la mente analítica, es absolutamente impulsivo. Entonces, si nosotros nos aceptamos y amamos podemos poner límites a las cosas que son perjudiciales.
Chocolate caliente. Principios del vacío
¿Tenés el hábito de juntar objetos creyendo que un día vas a necesitarlos? ¿Tenés el hábito de guardar ropa, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas del hogar que ya no usás desde hace mucho tiempo?
¿Y dentro tuyo qué pasa? ¿Tenés el hábito de guardar broncas, resentimientos, tristezas y miedos?
¡Eso jamás lo hagás! ¡Va contra tu prosperidad! Es preciso que dejés un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a tu vida.
Es necesario que te deshagás de todo lo inútil que hay en vos y en tu vida, para que la prosperidad llegue. La fuerza de ese vacío es lo que absorberá y atraerá todo eso que realmente, deseás.
Mientras estés, material o emocionalmente, cargando sentimientos viejos e inútiles, no tendrás espacio para nuevas oportunidades.
Los bienes necesitan circular. Limpiá los cajones, los armarios, el cuarto de enseres, el garage... Doná todo lo que ya no usés. La actitud de guardar un montón de cosas inútiles solo encadena tu vida. No son los objetos guardados los que estancan tu existencia, sino el significado de la actitud de guardar.
Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Se cree que mañana podrá faltar, y que no tendrás manera de cubrir esas necesidades. Con esa idea, le estás enviando dos mensajes a tu cerebro y a tu vida: que no confías en el mañana, y que piensas que lo nuevo y lo mejor no son para vos. Por eso guardás cosas viejas e inútiles. Deshacete de lo que ya perdió el color y el brillo. Dejá entrar lo nuevo a tu casa y dentro de vos mismo. Por eso, después de leer esto, no lo guardés, envialo a otros.
(Enviado por Janet Dajer)
¿Y dentro tuyo qué pasa? ¿Tenés el hábito de guardar broncas, resentimientos, tristezas y miedos?
¡Eso jamás lo hagás! ¡Va contra tu prosperidad! Es preciso que dejés un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a tu vida.
Es necesario que te deshagás de todo lo inútil que hay en vos y en tu vida, para que la prosperidad llegue. La fuerza de ese vacío es lo que absorberá y atraerá todo eso que realmente, deseás.
Mientras estés, material o emocionalmente, cargando sentimientos viejos e inútiles, no tendrás espacio para nuevas oportunidades.
Los bienes necesitan circular. Limpiá los cajones, los armarios, el cuarto de enseres, el garage... Doná todo lo que ya no usés. La actitud de guardar un montón de cosas inútiles solo encadena tu vida. No son los objetos guardados los que estancan tu existencia, sino el significado de la actitud de guardar.
Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Se cree que mañana podrá faltar, y que no tendrás manera de cubrir esas necesidades. Con esa idea, le estás enviando dos mensajes a tu cerebro y a tu vida: que no confías en el mañana, y que piensas que lo nuevo y lo mejor no son para vos. Por eso guardás cosas viejas e inútiles. Deshacete de lo que ya perdió el color y el brillo. Dejá entrar lo nuevo a tu casa y dentro de vos mismo. Por eso, después de leer esto, no lo guardés, envialo a otros.
(Enviado por Janet Dajer)
miércoles, 1 de febrero de 2012
Maria Marin es motivadora y autora de “Pide más, espera más y obtendrás más”.
Seguramente has escuchado esta expresión un millón de veces. Yo no estoy de acuerdo con estas palabras, y no es que me guste llevar la contraria, (todo lo contrario), pero hay ocasiones que justifican plenamente un enfrentamiento ante quien sea.
Por ejemplo, cuando se trata de defender tus sueños, cuando alguien comete una injusticia contigo, cuando te hieren o menosprecian sin necesidad, cuando te quitan un derecho que te mereces, o en cualquier circunstancia en que algo muy importante para ti está en juego.
Discutir es parte de la vida, y no hacerlo significaría renunciar al crecimiento personal que nos aporta enfrentar un desacuerdo o aprender a lidiar con los demás. Sin embargo hay muchos que evitan una discusión a toda costa, “yo no le digo nada porque pelear me pone nerviosa”, dicen quienes se tragan todo.
¿Pero quien dijo que para exponer tu punto de vista tienes que pelear? ¡ni siquiera hay que alzar la voz! Una cosa es pelar y otra cosa muy diferente es discutir. Una pelea se desata cuando la otra persona se siente juzgada o atacada. Esto sucede cuando atacas a la persona y no el asunto.
Tal vez tu pareja es adicto al trabajo y en vez de atacar el problema y hablar de cómo este comportamiento le perjudica a él y a la familia, atacas su persona: “¡Eres un egoísta y desconsiderado, te importa más el trabajo que tus hijos!”. Si en la discusión te pones a juzgar a tu antagonista o mezclas sentimientos acumulados del pasado, este se sentirá ofendido y la discusión pasará a otro nivel.
Puedes discrepar y exponer tu criterio contrario y sin entrar en conflicto desagradable ni llegar a la violencia de palabras mientras haya respeto mutuo. He aquí algunos consejos para que una discusión nunca escale a pelea: Ponte en el lugar de la otra persona y considera las razones que ella tiene para estar en desacuerdo contigo.
¡Quizás ambos están mirando la misma solución desde dos puntos de vista diferentes! En vez de empeñarte tercamente en algo, trata de encontrar formas diferentes de lograrlo. Nunca saldrás de un conflicto si no busca nuevas ideas que traten de conciliar tu posición.
Presenta tus ideas de forma que tu antagonista se dé cuenta de que él o ella va a ganar más siguiendo tu idea que continuando el desacuerdo. Antes de empezar una discusión recuerda las palabras sabias del filósofo chino Confucio: “Es posible conseguir algo luego de tres horas de pelea, pero es seguro que podrás conseguirlo con apenas tres palabras impregnadas de amor”.
Por ejemplo, cuando se trata de defender tus sueños, cuando alguien comete una injusticia contigo, cuando te hieren o menosprecian sin necesidad, cuando te quitan un derecho que te mereces, o en cualquier circunstancia en que algo muy importante para ti está en juego.
Discutir es parte de la vida, y no hacerlo significaría renunciar al crecimiento personal que nos aporta enfrentar un desacuerdo o aprender a lidiar con los demás. Sin embargo hay muchos que evitan una discusión a toda costa, “yo no le digo nada porque pelear me pone nerviosa”, dicen quienes se tragan todo.
¿Pero quien dijo que para exponer tu punto de vista tienes que pelear? ¡ni siquiera hay que alzar la voz! Una cosa es pelar y otra cosa muy diferente es discutir. Una pelea se desata cuando la otra persona se siente juzgada o atacada. Esto sucede cuando atacas a la persona y no el asunto.
Tal vez tu pareja es adicto al trabajo y en vez de atacar el problema y hablar de cómo este comportamiento le perjudica a él y a la familia, atacas su persona: “¡Eres un egoísta y desconsiderado, te importa más el trabajo que tus hijos!”. Si en la discusión te pones a juzgar a tu antagonista o mezclas sentimientos acumulados del pasado, este se sentirá ofendido y la discusión pasará a otro nivel.
Puedes discrepar y exponer tu criterio contrario y sin entrar en conflicto desagradable ni llegar a la violencia de palabras mientras haya respeto mutuo. He aquí algunos consejos para que una discusión nunca escale a pelea: Ponte en el lugar de la otra persona y considera las razones que ella tiene para estar en desacuerdo contigo.
¡Quizás ambos están mirando la misma solución desde dos puntos de vista diferentes! En vez de empeñarte tercamente en algo, trata de encontrar formas diferentes de lograrlo. Nunca saldrás de un conflicto si no busca nuevas ideas que traten de conciliar tu posición.
Presenta tus ideas de forma que tu antagonista se dé cuenta de que él o ella va a ganar más siguiendo tu idea que continuando el desacuerdo. Antes de empezar una discusión recuerda las palabras sabias del filósofo chino Confucio: “Es posible conseguir algo luego de tres horas de pelea, pero es seguro que podrás conseguirlo con apenas tres palabras impregnadas de amor”.
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