jueves, 15 de septiembre de 2011

El exceso de confianza es una ventaja, según estudio

a tendencia humana al exceso de confianza es una ventaja porque incrementa la ambición, la moral, la credibilidad y las probabilidades de éxito, según un artículo publicado ayer en la revista científica Nature.

A través de estadísticas, los autores del trabajo de investigación afirman haber concluido que los individuos que se creen mejor de lo que son en realidad pueden cometer más errores pero, “al arriesgar más, tienen mayores probabilidades de ganar y a la larga resulta beneficioso”.

Los profesores Dominic Johnson (Reino Unido) y James Fowler (EEUU) utilizan un modelo para calcular quién suele vencer en conflictos entre animales, estrategias de marketing, así como en litigios jurídicos, financieros y militares.

El estudio admite que el exceso de confianza puede estar mal visto culturalmente y haber causado grandes errores históricos, como colapsos financieros y guerras desastrosas.

Sin embargo, los científicos ponen el acento en que este comportamiento, que comparten también algunos animales, ha persistido a lo largo de los siglos y puede ser también un rasgo beneficioso. “Incrementa la fortaleza media de los individuos, así como la recompensa o los beneficios, superando con creces el coste de competir por ellos”, señala el estudio. Cuando el valor de una recompensa excede suficientemente el coste de la competición, se multiplica el exceso de confianza. Los análisis demostraron que el exceso de confianza es ventajoso porque anima los individuos a exigir o tener ambición por objetivos que de otra manera no conseguirían.

¿Eres Susceptible?

Las personas susceptibles tienden a sufrir más angustia y estrés.

Empecemos por entender lo que significa la susceptibilidad: Es una característica de la personalidad que hace que, quien la padece, sea muy sensible a las acciones y comentarios de quienes les rodean. Normalmente estas personas tienen mucho miedo al rechazo o a las burlas y suelen reaccionar de manera agresiva o vengativa contra las personas que no las tratan como ellas se merecen. Carecen de sentido del humor y de tolerancia a las bromas o las críticas.

El mayor problema de las personas susceptibles no es solamente que no sepan aceptar el rechazo o las burlas sino que suelen ver ataques de los demás que realmente sólo están en su imaginación. Su manera de pensar es retorcida, siempre están a la defensiva y buscando cualquier mínima pista que les indique que alguien está intentando hacerles daño. Analizan cada mirada, cada palabra y cada gesto de la gente que está a su alrededor buscando segundas intenciones de las que deben protegerse. Siempre están hipervigilantes y saltan ante la menor provocación, ya sea real o imaginada.

Esta manera de comportarse puede traerles graves complicaciones, tanto en su salud mental, ya que suelen tener altísimos niveles de ansiedad, como en sus relaciones interpersonales, pudiendo verse afectadas áreas como la familiar, la sentimental o la laboral.

Las personas susceptibles tienden a sufrir más del estrés y de la angustia. Esto se debe a que son generalmente quisquillosas, es decir, demasiado delicadas para el trato común, y fáciles de agraviarse o de ofenderse con otros, por pequeños pretextos. Ser susceptible se asocia con mostrarse irritable e irascible. También, con escrupuloso y receloso. El o la susceptible teme, sospecha y desconfía de los demás porque por la mínima situación se siente agredido.

Por otra parte, y a pesar de su aprensión, son personas fácilmente manipulables dado que son altamente impresionables, lo que le permite a terceros persuadirlos de una manera apasionante, o sembrarles ideas o sentimientos con gran fuerza. En el caso de enamoramientos, la persona susceptible, durante el período de aproximación, lo hará con cautela pero una vez que tome confianza en la pareja, le será muy fácil a esta emocionarla y conmoverla.

Se puede ser sensible sin ser susceptible, pero el o la susceptible se deja llevar por los sentimientos y las emociones, lo cual no le permite analizar en frío las circunstancias para actuar adecuadamente. Así, una broma social se convierte en una ofensa, o un comentario crítico positivo en el trabajo con el objeto de estimular un mejor rendimiento, por parte de su supervisor, le genera al susceptible una crisis de autoestima o un cuadro de angustia innecesario.

La susceptibilidad impide las normales relaciones humanas por temores infundados de ser insultados o por falsas percepciones de rechazo. Al mismo tiempo, provoca un enorme desgaste emocional por estar a la defensiva y esperando una agresión.

Una cosa es lo que suponemos y otra lo que realmente ocurre. Debemos aprender a diferenciar y dar a las situaciones su justo valor. No exageremos, y sobre todo tratemos de mantener el control emocional. Ante cada circunstancia usemos la razón y pensemos cuál es la mejor respuesta para alcanzar nuestros objetivos. No reaccionemos con la sola emoción, sea de rabia, miedo, alegría o amor. Si es necesario comentemos el evento con los seres queridos o amigos y que nos den sus impresiones. De esta forma obtendremos juicios de valor menos cargados emocionalmente.

Los sentimientos son positivos y nos hacen vivir con afecto y satisfacción, pero existen emociones que suscitan desasosiego, ansiedad, zozobra, angustia e intranquilidad. Así como una persona puede llegar a manejar y lidiar con una fobia, las personas susceptibles pueden aprender a controlar sus emociones y dejar de ser tan sensibles e impresionables, sin perder para nada, su forma de ser.

Reír a carcajadas es el mejor analgésico

Así lo acaba de demostrar una investigación de la Universidad de Oxford. El estudio pone de manifiesto que quienes se ríen más son más capaces de soportar el dolor, pero no vale con una simple sonrisa, hay que reírse a carcajadas para que el cuerpo segregue endorfinas que, además de crear euforia, calmen el dolor.

Para llevar a cabo el estudio el director de la investigación, Robin Dunbar, dividió a los voluntarios en dos grupos distintos. El primero de ellos disfrutó de vídeos de humor ("Los Simpsons", "Friends" o "South Park") durante 15 minutos mientras que el segundo grupo vio programas más aburridos, vídeos neutrales. Posteriormente se les sometió a pruebas de dolor para ver hasta donde podían soportar el sufrimiento: por ejemplo, poniéndoles bolsas de hielo en el brazo hasta que no pudieran aguantar más.

El resultado fue, cuanto menos, llamativo. Aquellos que se habían tronchado de risa previamente fueron capaces de resistir el dolor más que quienes habían visto proyecciones menos divertidas.

Además los investigadores han querido destacar el papel de los distintos tipos de risa, pues no todos provocaban el mismo efecto. Mientras que la risa simple y llana no tiene ningún efecto analgésico, las carcajadas sí. Y es que estas últimas liberan endorfinas que, según demuestra este experimento, además de generar un estado de euforia, calman el dolor.

El estudio ha sido publicado en la revista técnica Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences. Como explicaba otro de los autores que previamente había estudiado el poder de la risa en su estudio "Reír: una investigación científica", Robert R. Provine, neurocientífico de la Universidad de Maryland, "se trata de una contribución significativa" al estudio de este fenómeno fisiológico tan habitual: la risa.

Dios ve tus tristezas y alegrías

Un periodista lo entrevistó
a Dios.
¿Qué es lo que más le sorprende de la humanidad?
Dios respondió:
Que se aburren de ser niños y quieran crecer rápido, para después desear ser niños otra vez.
Que desperdicien la salud para hacer dinero y luego pierdan el dinero para recuperar la salud.
Que ansían el futuro y olviden el presente y así no vivan ni el presente ni el futuro.
Que vivan como si nunca fuesen a morir y mueran como si nunca hubieran vivido.
El periodista quedó en silencio y luego dijo:
Padre, ¿cuáles son las lecciones de vida que quieres que tus hijos aprendamos?
Que aprendan que no pueden hacer que nadie los ame sino dejarse amar.
Que lo más valioso en la vida no es lo que tenemos, sino a quien tenemos.
Que una persona rica no es la que tiene más, sino la que tiene felicidad,
Que el físico atrae pero la personalidad enamora.
Que quien no valora lo que tiene, algún día se lamentará por haberlo perdido.
Que quien hace mal, algún día recibirá su merecido.
Si quieres ser feliz, haz feliz a alguien.
Si quieres recibir, da un poco de ti.
Rodeate de buenas personas
Recuerda, a veces a quien menos esperas es quien te hará vivir buenas experiencias.
Nunca arruines tu presente por un pasado que no tiene futuro.
Una persona fuerte sabe cómo mantener en orden su vida. Aun con lágrimas en los ojos, se las arregla para decir con una sonrisa: “estoy bien”.
Periodista, difundí esta información: Yo veo tus tristezas y tus alegrías. Con seguridad te digo, si sigues estos consejos, los tiempos duros pasarán de largo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

No superar los malos recuerdos perjudica la salud física

El cerebro acostumbra a recordar más los buenos que los malos sucesos de nuestra vida. Y es que mirar hacia atrás con ira no es sano ni saludable. Según han observado ahora investigadores de la Universidad de Granada, guardar demasiado los sinsabores del pasado deteriora la salud.

Personas con actitud negativa presentan peores indicadores en calidad de salud. Una investigación de esta universidad española revela que la actitud de las personas hacia los eventos pasados, las vivencias presentes o las expectativas futuras influye en la percepción de la salud y en su calidad de vida.

El estudio realizado en Granada ha observado que cuando las personas tienen una actitud negativa hacia los eventos pasados de su vida y se tiene una actitud pesimista o fatalista respecto de los eventos presentes se generan mayores problemas en sus relaciones y son estas personas las que presentan los peores indicadores en calidad de salud.

Tres perfiles, tres estilos

En concreto, evaluaron mediante cuestionarios y pruebas de estimación temporal a 50 individuos, 25 mujeres y 25 hombres entre los 20 y 70 años, de una muestra aleatoria.

La dimensión más influyente es la percepción del pasado. Tras analizar los datos obtenidos, encontraron tres perfiles temporales entre los participantes del estudio, que corresponden a tres estilos: predominantemente negativo y predominantemente orientado al futuro -los dos más extremos- y otro más equilibrado.

Según Cristián Oyanadel, uno de los investigadores, "la dimensión más influyente es la percepción del pasado. Una visión negativa de este se relaciona altamente con peores indicadores de salud".

Las personas con esta tendencia negativa reportan dificultades para esforzarse físicamente en actividades cotidianas y limitaciones físicas para el rendimiento en el trabajo, perciben mayor dolor corporal y tienen mayor predisposición a enfermar.

Estas personas, además presentan tendencia a estados depresivos, ansiosos y alteraciones conductuales en general.

ALGUNOS DATOS

• La actitud de las personas hacia el pasado influye en su calidad de vida.


• Según una investigación de la Universidad de Granada, cómo se asumen las vivencias presentes o las expectativas futuras también influye.


• Las personas con esta tendencia negativa perciben mayor dolor corporal y tienen una mayor predisposición a enfermar.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Las temidas crisis de pánico

Atención.

Cómo reaccionar

REVISTA CONSUMER

La sensación de angustia es muy similar al estado que domina al individuo con miedo.

En ambos casos, además de la sensación subjetiva y psicológica de temor y amenaza, existen una serie de síntomas corporales y respuestas del organismo. Sin embargo, existen matices que permiten diferenciarlos.

Mientras que el miedo se acompaña siempre de algo concreto a lo que se teme, la angustia aparece como un sentimiento aparentemente inmotivado y en la mayoría de las ocasiones independiente de las circunstancias objetivas externas; no se puede reconocer el objeto.

Como su nombre lo indica, las crisis de pánico provocan temor y ansiedad excesivos en los pacientes. Se trata de una enfermedad que no es mortal y que tiene la posibilidad de un excelente tratamiento si se diagnostica de manera precoz.

Las crisis de pánico afectan más a mujeres que a hombres y a personas que tienen entre 16 y 25 años.

A pesar de presentar características comunes en los individuos, existen diferencias en las crisis de cada uno. Por ejemplo, para unas personas son más evidentes los síntomas relacionados con el corazón, otras presentan dificultades de tipo respiratorio. El número de síntomas también es variable, lo mismo que la frecuencia.

Falta de control.

¿Me moriré?

Los síntomas físicos de una persona con crisis de pánico son: sensación de que no puede respirar (ahogo); atoro, presión del pecho, palpitación (taquicardia), temblores, sudoración de manos y cuerpo, cambios bruscos de temperatura en las extremidades y la cara, cambios en la percepción de la sensibilidad, molestias gastrointestinales, náuseas y mareos.

A todo lo anterior se suma que la persona acusa una sensación de muerte inminente y el convencimiento de que pierde el control de la situación. La persona piensa que está sufriendo un ataque de algo grave.

Síntomas de una crisis de pánico:

• Palpitaciones rápidas o violentas.

• Dolores de pecho.

• Vértigo, mareo, náusea.

• Dificultad para respirar.

• Cosquilleo o entumecimiento en las manos.

• Sofoco o escalofrío.

• Sensación de estar soñando o deformación de la percepción.

• Terror, sentir que algo horrible va a pasar y que no se puede evitar.

• Miedo de perder el control y hacer algo que dé vergüenza.

• Miedo de morir.

¿Qué hacer?

Brindar apoyo

Aunque el susto para la persona que la vive y para quien está con ella, es grande, no constituye riesgo para la salud, ni en el momento que se experimenta ni en el futuro.

Si presencia una crisis de pánico, lo más recomendable es acompañar a la persona, abrazarla con cariño y hablarle con una voz tranquilizadora.

Dejarle claro que no va a pasar nada como consecuencia de la crisis; que esta situación no va a comprometer su integridad, no va morir.

Lo normal es que una crisis de este tipo dure entre tres y cinco minutos luego de los cuales el paciente queda con un gran agotamiento físico y emocionalmente muy frágil.

Es importante tratar de que no se relaje tomando café o alcohol, o fumando cigarrillos, porque pueden empeorar la crisis.

Si es primera vez que la persona se ve afectada, lo más probable es que quiera acudir a un servicio de urgencia ya que queda muy asustada.

Como el afectado teme experimentar una nueva crisis, es común que en los primeros días necesite compañía y no se atreva a hacer cosas habituales. Debe consultar con un especialista para comprender que existe un tratamiento.

Testimonio.

“No tengo miedo”

“Desperté de golpe y me senté a la orilla de la cama. Intenté respirar más lentamente, pero el aire se quedaba trancado a la altura de mi pecho; en pocos segundos, una mezcla de síntomas aparecía en mi cuerpo y la sensación de pérdida de control se apoderaba de mi mente”.

“Los latidos de mi corazón se aceleraron tanto, que sentía que cualquier rato explotaría. Me paré rápidamente para ir a buscar un vaso de agua a la cocina y así tranquilizarme; pero cada paso que daba se tornaba un gran esfuerzo. Mis manos y pies estaban adormecidos y mi boca estaba seca”.

“Agarrándome de las paredes llegué hasta el teléfono y marqué el número de mi hermana. “Háblame, necesito tranquilizarme”, le dije con voz temblorosa. Poco a poco, la taquicardia fue disminuyendo y la respiración se normalizó”. “Habían pasado pocos minutos desde que desperté, pero para mi duró una eternidad. Esa fue la primera vez que tuve un ataque de pánico, no fue el último, aunque cada vez es menos frecuente, pero ya no tengo miedo”.

“Después de buscar ayuda y encontrar información sobre este tipo de crisis, aprendí a racionalizar la situación y a mejorar la respiración durante el episodio de pánico. Si tu sufres un ataque no te desesperes, no te morirás, respira lentamente... todo volverá a la normalidad”.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Vos sos lo más importante

Para vos que estás viviendo la vida a un ritmo vertiginoso, quiero recordarte que lo más importante que tenés en la vida sos vos mismo y los que te rodean. Por tanto, recordá que:
Urgente, es una palabra con la que vivimos día a día en nuestra agitada existencia y a la cual le hemos perdido ya el significado de premura y prioridad.


Urgente es la manera más pobre de vivir en este mundo, porque el día que nos vamos dejamos pendientes las cosas que, verdaderamente, fueron urgentes.


Urgente es que hagás un alto en tu ajetreada vida y te preguntés: ¿qué significado tiene todo esto que yo hago?


Urgente es que seás más amigo, humano y hermano.


Urgente es que sepás valorar el tiempo que te pide un niño... una niña.


Urgente es que cada mañana, cuando veás salir el sol, te impregnés de su calor, y le des gracias al Señor.


Urgente es que mirés a tu familia, a tus hijos, a tu esposa y a todos los que te rodean, y valorés ese tan maravilloso tesoro.


Urgente es que no se te vaya la vida en un soplo que todo lo hizo... ¡urgente!


De nada servirá que la gente diga que fuiste un gran empresario, un gran artista, un gran profesional que llenó su agenda de urgencias, de citas, proyectos, pero dentro de todo, lo más importante… se te olvidó vivir.