miércoles, 2 de agosto de 2017

Las a-dicciones o las over-dicciones, ¿las que más debemos temer?

La medicina psicosomática actual, cada día adiciona a su lista de enfermedades más y más manifestaciones patológicas ligadas al estrés o simplemente no saben el origen o causa que las provocan. Médicos, psicólogos, consejeros están en búsqueda no solo del origen sino de las consecuencias, pues se ha hecho cada vez más difícil realizar un diagnóstico certero para poder empezar un tratamiento y llegar a la cura. Estas enfermedades llamadas silenciosas no miden raza, economía, ni posición social

Se les da varios nombres: depresión, ansiedad, alergias, diabetes, asma; son resultado de eso “de no saber hablar”, o “de no saber escuchar”. Hemos perdido toda posibilidad de una “puesta en palabra saludable”, de un “hacerme entender de manera adecuada”, de “enojarme sin necesidad de maltratar al otro” y tampoco “de maltratarme a mí mismo”, de “enojarme si sentir culpa”, de no saber “decir las cosas en su momento y con las palabras correctas”, de decir “qué nos molesta” o “qué nos gusta de verdad”

Sin embargo, por mucha ciencia y tecnología avanzada que tenemos, no hemos avanzado en el tema de hacerme escuchar o entender lo que sientes o lo que te pasa. Hemos retrocedido en la manera de comunicarse, y no estamos encontrando maneras de comunicarnos: no tenemos charlas en la familia, cada uno dialoga de manera virtual y lo hace de manera efectiva, cierto. Hasta el punto de esforzarnos los más de los adultos, en aprender usar el whatsapp entre muchos otros. Eso se evidencia cuando escuchamos sonar nuestro celular, el timbre multiplicador anuncia abrazos, buenos deseos, besos, cariños, bendiciones, etc. Cadenas de mensajes que se vuelven incontrolables e insaciables, no terminan contentando a nadie, se producen más penas que alegrías. Lo importante es que no se haga incontrolable lo controlable y alcanzar con racionalidad un equilibrio en el uso de estos medios. ¿Están de acuerdo?
¿Cómo no preocuparse al respecto? Cuando nos encontramos con más imposibilidades que posibilidades ¿cómo le digo?... ¿cómo le reprendo? ¿Cómo le reprocho? ¿Cómo le digo que no? Y…como no puedo hablar, el resultado es depresión, violencia, somatizaciones, hipertensión, diabetes, anorexia y uno de los peores padecimientos: las adicciones (a- dicción = no – dicho) o las over-dicciones (a mi entender lo demasiado hablado)

Por tanto, que nos queda hablar, pero… hablar de verdad si interferencias, sin celular en medio…con un lenguaje hablado, tibio, sereno, puro, ligero
y suave; esta… estoy segura es la mejor receta para prevenir las temidas enfermedades silenciosas.
Los psicoanalistas nos sugieren “transitar del silencio a la palabra”.

* Mgr. en Educación Superior, Diplomado en Didáctica de Educación
Superior, Diplomado en Educación Superior Basado en Comportamiento,
Especialidad en Clínica Prenatal, Docente en Psicología y Medicina
NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia
Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico
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