jueves, 17 de agosto de 2017

Cómo hacer lo que realmente quiere

Las fuerzas del dolor y del placer configuran nuestras conductas, nuestras acciones y nuestras actitudes; cuando quiera hacer algo que le resulte difícil, incómodo o desagradable y necesite hacer ese algo, debe vincular placer a esa conducta, a esa acción.

Una vez que consiga esa vinculación entre su conducta que quiere hacer y que no puede por alguna razón, con la fuerza del placer la conducta se realizará.

En muchas ocasiones me resulta un tanto difícil escribir estos artículos y la razón es implemente la vinculación a la fuerza del dolor, como que tengo en alguna parte de mi inconsciente la creencia de que es doloroso o difícil hacer estos artículos y para cambiar esa situación tuve que escribir veinte veces el siguiente pensamiento vinculador: “escribir cada artículo es placentero, fácil y muy estimulante para perseverar”.

Cuando una conducta está vinculada al placer, la conducta funciona y se produce con mucha naturalidad, puede perseverar y puede mantenerse en el estado de conexión constante con el tema que necesite desarrollar, como ya lo ha visto con mi propio ejemplo, puede crear su propia conexión. Vamos a la fórmula con la cual logrará que esas acciones y conductas se concreten: “la conducta x significa placer, mucho placer”.

Para que su vinculación funcione debe escribirla entre treinta y cincuenta veces y luego ponerse en acción hasta donde le sea posible y después, seguir escribiendo en series de diez su pensamiento vinculador. De esa manera, conseguirá lo que parecía imposible: hacer las acciones de conductas que usted quiere y necesita, vinculando placer a dicha conducta y lo más sorprendente, saber que puede aplicar esa fórmula y esa estrategia a otras actividades que le parecían antes difíciles y hasta imposibles de hacer.

Nota: Aprender a vincular es una habilidad que se puede aprender mejor en un encuentro personal y si lo necesita, solo hágamelo saber.

jueves, 10 de agosto de 2017

El poder curativo de la música

Una de las leyendas que se han escrito acerca de Albert Einstein es que cada vez que llegaba a un punto en que su razonamiento matemático se estancaba y no podía atar ni desatar en el desarrollo de alguna de sus fórmulas, dejaba todo, agarraba su violín y se ponía a tocarlo por varias horas. Cuenta la leyenda, que Einstein decía que la música le permitía siempre encontrar la respuesta al problema matemático que lo agobiaba. Sin pretender igualarnos al genio, estamos seguros que, además de las emociones que la música nos despierta, muchos usamos la música para relajarnos, encontrarnos con nosotros mismos y ayudarnos a tomar decisiones importantes.

¿Qué tiene la música que logra llegar tan profundamente a nuestro cerebro? ¿Puede la música considerarse un tipo de lenguaje universal? ¿Qué zonas cerebrales se activan o desactivan al escuchar música? ¿Puede la música usarse como una medicina? Esas son algunas de las preguntas que una interesante iniciativa llamada Sound Health: Music and the Mind (Sonido Saludable: Música y la Mente) trata de responder en una rara colaboración entre los Institutos Nacionales de la Salud de EE.UU. y el John F. Kennedy Centro de las Artes en Washington DC.

LA MÚSICA COMO LENGUAJE UNIVERSAL

Un lenguaje tiene dos componentes fundamentales: 1. un conjunto de símbolos que tienen significado (palabras) y 2. Un conjunto de reglas para combinar esos símbolos en combinaciones largas (frases y oraciones) que tienen un cierto significado (sintaxis). Es importante sin embargo, distinguir entre lo que es un verdadero lenguaje de lo que es un sistema de comunicación como el que tienen muchos animales. Ciertos animales emiten sonidos que denotan un significado de hambre o alarma o por ejemplo, pero carecen de las reglas para combinar esos sonidos. Por otro lado, cuando un pájaro macho emite trinos (símbolos) destinados a cortejar a una hembra, cada trino por separado no tiene significado, mientras que la combinación de ellos si lo tiene.

Del mismo modo, la música tiene también reglas muy definidas para combinar sus elementos (sintaxis), pero cada elemento por sí mismo (notas, acordes, intervalos) no tienen un significado definido. Es la composición en su integridad (melodía) la que tiene significado, la que origina fuertes emociones en la persona que escucha la música. Las emociones que despiertan las melodías son parecidas a las que despiertan las melodiosas palabras de un orador o de una persona enamorada y que los lingüistas denominan la prosodia del lenguaje.

LA MÚSICA EN EL CEREBRO

Interesantes experimentos hechos por el médico Charles Limb en la Universidad de Johns Hopkins han revelado que la música utiliza los mismos circuitos cerebrales que se activan al usar el lenguaje verbal. Durante el lenguaje verbal (una conversación), estudios hechos con la resonancia magnética funcional (FMRI) han revelado que el cerebro no solo usa las clásicas zonas cerebrales atribuidas al lenguaje, las cuales van descifrando las palabras y el orden de estas (sintaxis), sino que activa muy fuertemente las zonas cerebrales que tienen que ver con el significado de lo que se dice (semántica).

Pero en su ya clásico experimento en el que un músico tocaba un piano electrónico en una máquina de fMRI, Limb descubrió que el cerebro del músico funciona de manera diferente cuando toca una melodía memorizada de una partitura o cuando improvisa melodías de jazz, que al igual que cuando conversamos con alguien, improvisa notas, acordes y melodías. El médico Limb descubrió que al tocar una melodía memorizada, al igual que al hablar, el cerebro activaba las zonas del lenguaje y del significado (sintaxis y semántica), pero al improvisar música, se inactivaban las zonas cerebrales del significado, lo cual significaría que el improvisar música es más una actividad sintáctica que semántica.

LA MÚSICA COMO UN GATILLO EMOCIONAL

Pero además de las investigaciones neurocientíficas, el proyecto Sound Health estimula las investigaciones para encontrar cómo esos hallazgos pueden ser usados en la música para el tratamiento de algunas enfermedades que afectan al ser humano. Los primeros intentos de usar la música como terapia surgieron en el tratamiento del síndrome de estrés post traumático (PTSD por sus siglas en inglés) después de la segunda guerra mundial. En la actualidad, después de más de 100 revisiones del efecto de la música en la salud, incluyendo 10 análisis de Cochrane (consideradas la forma de análisis de mayor evidencia), puede decirse que la música es un excelente coadyuvante en el tratamiento de algunos síntomas del cáncer infantil, autismo, enfermedad de Alzheimer, dolor crónico y enfermedad de Parkinson.

En ese contexto, dos hallazgos científicos apoyan el uso terapéutico de la música en el ser humano.

El primero es que la música no solo es capaz de aumentar significativamente la concentración de dopamina (el neurotransmisor de las emociones) por el sistema estriado cerebral – por lo que decimos que ciertas melodías “nos llegan al alma”-, sino que el cerebro es capaz de producir dopamina en anticipación al estímulo musical –lo que explicaría el éxito de los conciertos musicales en los que los musicófilos ya están motivados desde antes del concierto-.

El segundo es que ciertas áreas del cerebro (localizadas en la corteza auditiva cerebral) solo responden al sonido de la música pero no a sonidos aislados, por lo que los científicos se preguntan: si la música no fuera tan importante para el ser humano ¿por qué tendría que tener una zona especial en el cerebro, una especie de cuarto de música cerebral solo para recibirla e interpretarla?

Franz Schubert pidió morir escuchando el cuarteto de cuerdas No 14 de Beethoven. ¡Qué manera de llenar su cuarto de música cerebral en su último viaje!

miércoles, 9 de agosto de 2017

El miedo a envejecer: hay que caminar agradecido con el paso de los años



¿Por qué cada vez hay menos velas en las tortas de cumpleaños? ¿Por qué es de mala educación preguntar la edad a una mujer? o ¿por qué se considera un cumplido que nos digan (a hombres y mujeres) que no aparentamos la edad que tenemos?

Para Pilar Sordo, la sicóloga chilena que va a estar en Santa Cruz el 10 de agosto, es una constante en la cultura latina que la gente se rehúse a envejecer. “No se valora la vejez como algo positivo. Creo que en quitar las velas del pastel hay algo depresivo de fondo, que es la poca capacidad que tenemos de celebrar la vida”.

Sordo hizo una investigación por todo el mundo hispano, que le demandó cuatro años, la cual condensó en el libro No quiero envejecer. Ahí se destaca el concepto que da a esa etapa de la vida. “Envejecer es cuando los recuerdos superan a los proyectos”. Para ella, mientras uno está generando proyectos y no está anclado en los recuerdos, el proceso de envejecimiento es mucho más grato”.

Miedo a envejecer
Cuando Sordo preguntó a la gente por qué tenía miedo a esa etapa de la vida todo giraba en torno a tres aspectos: asociaban envejecer a la pobreza, a la soledad y a depender físicamente de alguien. Y ella le agrega un cuarto motivo, “le tenemos miedo porque cada año que cumplimos nos hace dar cuenta de que tenemos menos tiempo para arreglar las ‘metidas de pata’ que hemos cometido. Por lo tanto, el miedo tiene más que ver con cómo estoy viviendo hoy y enfrentarme a la sensación de que no he logrado lo que quería”.

Idealizar la juventud
“Hay una idealización de la juventud asociada a la belleza y al éxito. La gente se empeña en rejuvenecer porque no se quiere morir y detener el tiempo es algo que parece atractivo y recurre a todo, al gimnasio, a la cirugía, a lo que sea”.
La sicóloga hace notar que en realidad envejecemos desde el minuto en que nacemos y lo coherente es decir yo quiero envejecer (vivir) lo más que pueda, pero de la mejor forma posible.

Tomar medidas
En lugar de asociar la vejez a aspectos negativos, es mejor cambiar la idea que tenemos y pensar que aumentar de dígito es sinónimo de tiempo libre, sabiduría y posibilidad de establecer nuevos proyectos.
Otra medida empieza por preguntarse ¿cuánto estamos invirtiendo para tener la seguridad de que habrá alguien que se va a hacer cargo de nosotros? Con esta interrogante Sordo sugiere preocuparse más por depositar amor que dinero en una cuenta, porque las personas a las que les entreguemos amor, después se van a hacer cargo de nosotros. A esto Pilar le llama ser previsores sentimentalmente.

Y, por último, subraya que hay que prepararse, planificar y decidir cómo, con quién y dónde se quiere envejecer y esta decisión debe tomarse en la juventud. Por ejemplo, cambiar la tina del baño por una ducha, pues ya entrado en años no se podrá levantar las piernas para ingresar y salir de la bañera con facilidad. También sugiere trasladarse a vivir a un lugar en el que se necesite poco, es decir, que no haga sentir carencias que suelen percibirse más en las ciudades grandes. En los sitios pequeños y sencillos no se requiere mucho para vivir y no se va a sufrir estrés por conseguir las cosas materiales.

Resignificar la vejez
Sordo invita a resignificar el concepto de vejez y tomar consciencia de que con los años “se va agarrando templanza, cierta desfachatez, se siente menos verguenza y el temor al ridículo disminuye porque se es más consciente de que hay que disfrutar el tiempo”.
La premisa es que la vejez se está viviendo pésimamente, cuando en realidad hay que caminar agradecido con el paso de los años sin desear retroceder porque como somos hoy es una versión mejorada de cuando teníamos 10 o 20 años menos.



jueves, 3 de agosto de 2017

Video La neuroconciencia nos puede llevar al éxito



¿Tiene un proyecto en mente? ¿Está atravesando una difícil situación sentimental, laboral o financiera en su vida? Si su respuesta es sí a alguna de estas interrogantes, el taller Neuroconciencia del Éxito, que presentará Marc Monroy, un investigador y científico reconocido, y que se desarrollará el 5 y 12 de agosto en la UTEPSA, es para usted.

“No quiero que crean todo lo que les digo, quiero que lo comprueben”, dice Marc Monroy, el boliviano encargado de dar el taller cien por ciento vivencial que buscará hacer cambiar el rumbo de las vidas de los participantes.

“Yo siempre digo que somos robots programados…. Lo que tenemos que hacer es reprogramarnos para alcanzar el éxito en todas las áreas de nuestras vidas…“, afirma Monroy, quien lleva 15 años investigando la conciencia a nivel cuántico.

Monroy es un líder en proyectos con más de 30 años de experiencia como consultor para empresas líderes a nivel mundial, como la petrolera Shell Oil Internacional y Disney Corporation.

Participó activamente en entornos de primer orden, como gerente de proyectos vanguardistas en Asia, Europa, Medio Oriente y las Américas. Es consultor en el área de “enfoque” para empresas y coach personal en áreas de finanza, liderazgo y Neuroconciencia. Está por publicar su primer libro sobre investigación del éxito y probados métodos de ‘Creación Consciente’.

“La neuroconciencia – explica - es la ciencia que estudia la interacción entre el individuo y la realidad, el cómo creamos la realidad. Todo lo que recibe el cerebro son frecuencias electromagnéticas que convierte en imágenes y les da sentido. Pero también está comprobado a través de la física cuántica que el observador, a través de la sinapsis neuronal está mandando información a los átomos de la materia y esos átomos se comportan según lo que tu esperas”, asevera. El taller tiene un costo de $us 150 para el sector Vip y $us 100 para general.

Para convertirse en un triunfador emocional

Cuando las persona se ven como derrotadas emocionalmente, se les acaban las ganas de vivir, es por esa razón que debemos aprender a ser y mantenernos siendo “triunfadores emocionales permanentes”.

Alguna vez leí estas palabras: “Tal como están tus sentimientos está tu salud y tu vida” y creo que la persona que las escribió sabía lo que decía.

Usted y yo aprenderemos a escribir una lista de emociones o sentimientos verdaderos, no fingidos, que querramos sentir hoy día.

A modo de ensayo sugeriré algunas emociones no tradicionales para pensarlas, para vivirlas y para actuarlas por un día en nuestra vida; la decisión de mantenerse en paz todo este día; la decisión de hacer una sola cosa bien hecha; la decisión de enviar energías de amor y perdón a las personas desagradables de nuestro mundo personal; la decisión de repetir en estado de trance o concentración mental la siguiente sugestión: “mi salud continúa mejorando, mi salud continúa mejorando” tres veces al día hasta que se vean resultados.

Como podrá darse cuenta nuestro querido lector o nuestra apreciada lectora, las emociones o sentimientos pueden tomar la forma de decisiones de acción y cuando las escribimos y las ponemos en práctica, todas las costumbres y creencias que nos mantenían en la mediocridad o en la negatividad, van quedando en la parte trasera de nuestra vida.

Ahora ya sabemos que, lo que leemos influye en nuestra vida, en nuestra calidad personal y en la manera en que pasamos por la misma.

Las personas que no quieren leer, que solo quieren divertirse y pasarla bien sin hacer aporte alguno a este mundo que les ha dado todo, suelen vivir tal como la han pensado y diseñado, la calidad y los valores no forman parte de su vida ni de sus resultados y las personas que eligieron optar por su mejoramiento personal, por el cultivo de su inteligencia íntima obtienen y logran el premio que es una vida bien vivida, un aprendizaje hecho a conciencia y una persona de calidad, de alta calidad lograda por méritos y decisiones propias.

Yo lo felicito con todo mi corazón querido lector, apreciada lectora por el esfuerzo que hace de leer estos artículos y de coleccionarlos.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Las a-dicciones o las over-dicciones, ¿las que más debemos temer?

La medicina psicosomática actual, cada día adiciona a su lista de enfermedades más y más manifestaciones patológicas ligadas al estrés o simplemente no saben el origen o causa que las provocan. Médicos, psicólogos, consejeros están en búsqueda no solo del origen sino de las consecuencias, pues se ha hecho cada vez más difícil realizar un diagnóstico certero para poder empezar un tratamiento y llegar a la cura. Estas enfermedades llamadas silenciosas no miden raza, economía, ni posición social

Se les da varios nombres: depresión, ansiedad, alergias, diabetes, asma; son resultado de eso “de no saber hablar”, o “de no saber escuchar”. Hemos perdido toda posibilidad de una “puesta en palabra saludable”, de un “hacerme entender de manera adecuada”, de “enojarme sin necesidad de maltratar al otro” y tampoco “de maltratarme a mí mismo”, de “enojarme si sentir culpa”, de no saber “decir las cosas en su momento y con las palabras correctas”, de decir “qué nos molesta” o “qué nos gusta de verdad”

Sin embargo, por mucha ciencia y tecnología avanzada que tenemos, no hemos avanzado en el tema de hacerme escuchar o entender lo que sientes o lo que te pasa. Hemos retrocedido en la manera de comunicarse, y no estamos encontrando maneras de comunicarnos: no tenemos charlas en la familia, cada uno dialoga de manera virtual y lo hace de manera efectiva, cierto. Hasta el punto de esforzarnos los más de los adultos, en aprender usar el whatsapp entre muchos otros. Eso se evidencia cuando escuchamos sonar nuestro celular, el timbre multiplicador anuncia abrazos, buenos deseos, besos, cariños, bendiciones, etc. Cadenas de mensajes que se vuelven incontrolables e insaciables, no terminan contentando a nadie, se producen más penas que alegrías. Lo importante es que no se haga incontrolable lo controlable y alcanzar con racionalidad un equilibrio en el uso de estos medios. ¿Están de acuerdo?
¿Cómo no preocuparse al respecto? Cuando nos encontramos con más imposibilidades que posibilidades ¿cómo le digo?... ¿cómo le reprendo? ¿Cómo le reprocho? ¿Cómo le digo que no? Y…como no puedo hablar, el resultado es depresión, violencia, somatizaciones, hipertensión, diabetes, anorexia y uno de los peores padecimientos: las adicciones (a- dicción = no – dicho) o las over-dicciones (a mi entender lo demasiado hablado)

Por tanto, que nos queda hablar, pero… hablar de verdad si interferencias, sin celular en medio…con un lenguaje hablado, tibio, sereno, puro, ligero
y suave; esta… estoy segura es la mejor receta para prevenir las temidas enfermedades silenciosas.
Los psicoanalistas nos sugieren “transitar del silencio a la palabra”.

* Mgr. en Educación Superior, Diplomado en Didáctica de Educación
Superior, Diplomado en Educación Superior Basado en Comportamiento,
Especialidad en Clínica Prenatal, Docente en Psicología y Medicina
NOTA: Para cualquier consulta o comentario, contactarse con Claudia
Méndez Del Carpio, responsable de la columna, al correo electrónico
claudiamen@hotmail.com. Visítanos en Facebook: LECTURAS SUTILES

martes, 1 de agosto de 2017

Nuestro guía interior

Quieres tomar las riendas de tu vida, decidir lo que realmente quieres y conseguirlo, siguiendo el sendero que has elegido y no el que los demás tratan de imponerte? Las tres palabras mágicas para convertirte en la persona que quieres ser son ‘Sistema de Activación Reticular’ (SAR), un conjunto de fibras neuronales localizado en el tronco del encéfalo del cerebro, de acuerdo a Allan y Barbara Pease, dos escritores australianos especializados en relaciones de pareja, lenguaje corporal, relaciones humanas y comportamiento social.

“El SAR tiene un papel decisivo en funciones biológicas tan importantes como los ciclos de sueño y de vigilia, la respiración, el latido del corazón y la motivación de la conducta”, explican los Pease (www.peaseinternational.com) en ‘La respuesta’, el último de sus dieciocho bestsellers de autoayuda, que incluyen diez libros números uno en ventas.

Pero además, este pequeño haz de fibras neuronales funciona como un “guía interior”, que podemos programar para que nos ayude a alcanzar nuestras metas sin que nos desviemos y para que nuestro cuerpo se ponga en acción para hacer realidad lo que nuestra mente decide, según las investigaciones de estos autores.

“El SAR es una red de circuitos nerviosos que filtra toda la información sensorial que recibimos del mundo exterior, influye en lo que percibimos y en nuestro nivel de excitación, y decide qué información accederá a nuestro cerebro y cuál no”, aseguran.

Cualquier cosa que veamos, oigamos, sintamos o probemos pasará a través este centro de control y comando del cerebro, con el que podemos filtrar toda esa información y extraer de ella solo lo que es importante para nosotros en un momento concreto, de acuerdo a los Pease.

Cómo programarnos para el éxito

“Nuestro SAR evalúa la información entrante y la prioriza en forma de mensajes que reclaman nuestra atención, y nuestro cerebro, en ese momento, da instrucciones a nuestro cuerpo para realizar las acciones físicas necesarias para cumplir con la imagen que el SAR nos indica”, señalan.

Además, según los Pease, nuestro SAR lleva incorporado el equivalente a un sistema GPS.

“En un GPS introducimos los datos relativos a dónde queremos ir y el software del sistema averigua cómo llegar dirigiéndonos hacia allí. Del mismo modo, una vez hemos decidido nuestro objetivo, nuestro SAR empieza a ver todo lo que está conectado con dicho objetivo y, si nos desviamos, nos devuelve a la ruta”, explican.

Si queremos que nuestro SAR trabaje a nuestro favor, tenemos que programarlo para que esté atento a lo que nos interesa, ya que “cuando programamos una idea concreta o un objetivo, nuestro SAR encontrará exactamente lo que le hemos dicho que encuentre, independientemente de si estamos dormidos o despiertos, o pensando sobre ello o no”, según Allan y Barbara.

“Elegirá entonces los datos relevantes de entre los millones de bits de información que nos rodean para que prestemos atención a ello, y eliminará la información irrelevante”, destacan.

“Programamos nuestro SAR con nuestras reflexiones y expectativas. Cuando creamos una imagen clara, bien enfocada, de lo que queremos obtener, este haz de fibras neuronales, que atraviesan el tallo cerebral, se lanzará a gran velocidad a por ella y no se detendrá hasta que encuentre lo que queremos, y todo ello sin que intervenga la fuerza de voluntad”, enfatizan.

Según los Pease podemos programar de forma deliberada nuestro SAR si elegimos los mensajes exactos que tenemos que enviarle a través de la mente consciente, y “¡ello quiere decir que podemos crear nuestra propia realidad!”, enfatizan.

Decida seguir adelante, pase lo que pase

“La razón por la cual la mayoría de las personas no consiguen mucho o no tienen mucho en sus vidas es porque no lo han decidido”, explican a Efe Allan y Barbara Pease, desde Buderim (Queensland, Australia).

“Para decidirlo, hay que escribir una lista de todas y cada una de aquellas cosas que uno piense que siempre has deseado alcanzar o realizar en su vida, sin importar cuán trivial pueda parecer a otras personas”, sugieren estos autores australianos.

“En esa lista, se deben incluir los sueños en la medida en que puedan ser recordados y que todavía tengan algún significado”, señalan.

“Además, hay que registrar en esa enumeración cualquier idea que hayamos visto u oído y que nos toque las fibras más sensibles”, aconsejan.

“Trate de tener al menos de diez a veinte puntos en esta lista e incluya cualquier cosa, lo que sea, que haya sido atractiva para usted. Una vez elaborada y escrita a mano, ¡el camino para lograr esos objetivos aparecerá!. Así es como funciona el SAR”, concluyen.

Una vez que sepamos aquello que nos gustaría llegar, los Pease indican que “resulta crucial no renunciar nunca a la forma en que hemos elegido vivir”.

Admiten que “en el camino hacia el logro de nuestras metas habrá obstáculos y personas que tratarán de detenernos, pero estas distracciones no deben interponerse en el camino y se debe tener cuenta que algunos miembros de la familia pueden llegar a ser los que causen los peores problemas”.

“¡Decide seguir adelante, pase lo que pase! y plantéate, desde el principio, de forma decidida, no escuchar a aquellas personas presentes en tu vida que te digan que no puedes hacer algo”, indica el matrimonio Pease.

“Cada decisión que tomemos para avanzar tiene riesgos, y necesitamos tomar nuestras decisiones informándonos bien, pero no debemos dejar que nadie que se haya rendido en su camino por hacer realidad sus sueños, nos robe los nuestros”, concluyen.



“El primer paso para decidir aquello que queremos llegar a ser, consiste en escribir una lista de todas y cada una de aquellas cosas que siempre hemos deseado alcanzar o realizar en la vida”, señalan los autores

“El SAR es un conjunto de fibras neuronales localizado en el encéfalo, que podemos programarlo para alcanzar nuestras metas sin desviarnos de ellas”, según Allan y Barbara Pease, autores del libro “La respuesta”.

“Una vez que tengas esa lista, de diez a veinte puntos, escrita a mano, ¡el camino para lograr esos objetivos aparecerá! Así funciona nuestro SAR, que nos guiará en ese camino como si fuera un GPS”, explican a Efe el matrimonio Pease.